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    Sputnik entrevistó a Victoria Donda, la presidenta del Instituto Nacional contra la discriminación, la xenofobia y el racismo (Inadi), organización que recibe denuncias, elabora diagnósticos e impulsa políticas públicas para generar mayor igualdad.

    Donda nació en la Esma, uno de los más siniestros centros clandestinos de tortura durante la dictadura militar argentina. Sus padres aún están desaparecidos. Fue apropiada por un militar que le ocultó su verdadero origen. Recuperó su identidad en 2003, a los 26 años. La buscaba y la encontró en su abuela de sangre, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Victoria, aún antes de conocer su verdadera historia, ya se había unido a la lucha por los derechos humanos y los desprotegidos.

    — Victoria, hemos visto en Argentina grupos muy violentos que han surgido con la excusa de que la cuarentena les coarta la libertad. También hemos visto expresiones de odio en EEUU, Alemania y otros países. ¿El coronavirus ha incrementado los comportamientos discriminatorios y de odio?

    — Los números más concretos que tenemos son las denuncias por discriminación, que han aumentado un 40% en el Inadi. Esto puede ser leído de dos formas: o efectivamente hay más casos o estamos atendiendo el teléfono, cosa que no pasaba durante el anterior Gobierno de Mauricio Macri.

    Pero sí, con la pandemia, como en toda crisis profunda, queda al desnudo una desigualdad que en otro momento se puede tapar más fácilmente.

    No es que antes no hubiera discriminación a las comunidades trans o la migrante, que viven en situación de vulnerabilidad, pero estaba solapado. En esta pandemia, no hay posibilidad de paliarlo de otra forma. Percibimos que ha aumentado el odio y que aumentaron los casos de discriminación movidos por la bronca. Ahora está claro el andamiaje de la violencia que se construyó, en la sociedad, durante la profundización del neoliberalismo.  

    — ¿Esta situación alteró el trabajo del Inadi? Ustedes tienen un plan nacional contra la discriminación. ¿Cómo está esa iniciativa?  

    — Tuvimos que modificar la forma: la idea era poder encontrarnos y charlar. Ahora hacemos foros virtuales por regiones. Es un diálogo transversal entre las distintas áreas del Estado y entre los distintos estamentos de los Estados nacional, provinciales y municipales.  

    — Un informe del organismo dice que donde más se discrimina es en el ámbito laboral, luego en el educativo. ¿Qué lectura hacen de esto?  

    — No es que sean los ámbitos donde más se discrimina, sino que son los sectores que más pueden denunciar. La pobreza y el racismo constituyen la primera causa de discriminación en Argentina. La segunda tiene que ver con las cuestiones de género. Pero los sectores populares no saben qué es el Inadi. Y en los grupos vulnerables está naturalizado que te discriminen. Poca gente llama al Inadi para denunciar que no lo dejaron entrar a un local por cómo está vestido. Cree que es natural que sea así.

    — ¿Cómo están abordando la problemática de los pueblos originarios, unos de los más discriminados en Argentina?

    — El Indadi no tomaba como discriminación racial sino como una cuestión de minorías. Cuando hablamos de racismo en Argentina, tal vez pensamos en la comunidad senegalesa. Pero en nuestro país no solo es una cuestión de color de piel, sino también de estructura social. Estamos acostumbrados a decir que el racismo no existe en Argentina, pero no es así.

    Creemos eso porque fue muy efectivo el relato colonizador que nos decía que nosotros descendíamos todos de barcos europeos. Pero la verdad es que una parte importante de los argentinos desciende de los barcos esclavistas de África y una gran parte tenemos un antepasado que viene de una comunidad originaria.

    No hablamos de minorías, sino de mayorías y de racismo. Estas comunidades originarias autopercibidas son de las más discriminadas porque tenemos un Estado estructuralmente racista. Este verano un grupito de rugbiers mataron a un joven a patadas en una vereda de un baleario argentino al grito de "negro de mierda", y seguimos diciendo que no hay racismo.

    — ¿Es igual la discriminación contra las nuevas oleadas de inmigrantes que llegan de Colombia y Venezuela?

    — El artículo 25 de la Constitución argentina sigue diciendo que nuestro país va a seguir fomentando la inmigración europea. No hablo de gobiernos de turno. El presidente Alberto Fernández da impulso para combatir el racismo. Es el primer presidente de la historia argentina que se refirió a la discriminación por color de piel. Pero todavía vivimos en un estado estructuralmente racista. Los privilegios se han ido acumulado históricamente en las mismas familias, que siguen siendo las más ricas y que nos gobernaron en el período anterior como los Bullrich o los Pinedo.

    — Como militante y dirigente política, ¿cómo ves esta etapa de Gobierno? Me refiero a proyectos como el impuesto por única vez a las grandes riquezas.

    — El primer desafío es esta pandemia. Hemos tenido la suerte de que nos tocó atravesar esta debacle con un Gobierno que piensa en todos y todas. Y con la responsabilidad de gobernar. Lo veo muy bien parado al Presidente y a todos los integrantes del Gobierno, pensando de dónde sacar el dinero para transitar el tiempo de pandemia y en las necesidades que van a quedar.

    ​Toda la sociedad ha hecho un esfuerzo enorme, los trabajadores, las pymes, los comerciantes que sostienen todo a costa de su propia calidad de vida. Pero hay un pequeño sector de la sociedad que sí se ha beneficiado y entonces, que hoy pague un impuesto de forma extraordinaria para resolver los problemas de los más necesitados, es para mí un acto de justicia.

    — ¿Cómo encara el Inadi la discriminación por género?  

    — El desafío es entender que no somos todas las mujeres iguales. El feminismo me enseñó a desconfiar de todo y a repensarlo todo. Es momento de admitir que no estamos todas las mujeres en la misma situación. Necesitamos reconocer estas diferencias para que el Estado esté a la altura de las circunstancias y pueda dar respuestas a esas diferencias. Voy a dar un ejemplo. No es lo mismo ser una mujer blanca universitaria en Buenos Aires que ser una mujer colla en Humahuaca.

    Si el feminismo no es antirracista, le falta una parte. Es mi aporte hoy al feminismo y mi forma de mirar el mundo. Además de las lentes rosas, hay que poner otras lentes y ver las diferencias de clase y de raza que tenemos. Las feministas más ligadas a la mirada europea se han caracterizado por pedir más trabajo en las calles y más igualdad, pero las mujeres negras, racializadas, han trabajado siempre en las casas de las ricas blancas. Esas diferencias hay que aceptarlas, para tener respuestas. Si no las miramos, parece que no existieran.

    — En otros países de la región también hay racismo. ¿Hay otros espejos positivos que sirvan a la Argentina? 

    — Hay experiencias positivas, pero lamentablemente no tenemos parámetros nacionales. La primera encuesta que pregunta acerca de la afrodescendencia es la que se hizo hace 10 años. Pero no hay reflexión sobre nuestros antepasados afro en la región. Tampoco era un número que sea totalmente adecuado a la realidad que vivimos. Entonces al no tener parámetros nacionales, cuesta ubicarse respecto a otros países. Pero hay buenas prácticas en Uruguay y en Colombia. Estamos considerando replicarlas aquí.

    Etiquetas:
    derechos humanos, mujeres, desigualdad social, desigualdad, discriminación de género, discriminación, racismo, Argentina
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