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    Es joven, mujer, andaluza, formada en la educación pública y defensora de dones tan sencillos como el tesón y la curiosidad. Es María Cumplido, una personalidad llamada a romper clichés y estereotipos y una voz emergente en la ciencia que reclama más investigación y más protagonismo femenino.

    Atiende la llamada de Sputnik sobrepasada por la atención que ha despertado su logro: con solo 28 años, esta cordobesa ha logrado solucionar un problema matemático en el que la comunidad científica llevaba 20 años zozobrando sin éxito, lo que le ha valido obtener uno de los Premios de Investigación Matemática Vicent Caselles de la Real Sociedad Matemática Española y la Fundación BBVA 2020. Confinada en Edimburgo, donde ejerce como investigadora en la Universidad Heriot-Watt –María habla tres idiomas– contagia su entusiasmo y, a la vez, comparte la nostalgia de su tierra.


    — Resolver un problema que esperaba 20 años a una solución, ¿cómo sienta eso?

    —Cuando llegas a la solución, al principio no te lo puedes ni creer, te dices que seguro que te has equivocado, pero cuando con mis compañeros confirmamos que lo habíamos logrado, fue una sensación guay, que un buen puñado de matemáticas lo hayan intentado y que seas tú quien lo logra es todo satisfacción.

    — ¿Cuánto tiempos has invertido en el problema, mucho o ha sido rápido?

    — Un año y medio, pero es que las matemáticas no son un proceso lineal, puedes pasarte meses encallada y avanzar más en tres días que en tres meses, hasta que no se enciende la bombilla no hay un verdadero progreso. Los matemáticos decimos en broma que siempre estamos de vacaciones, pero siempre trabajando a la vez, porque nunca dejamos de abordar los problemas.

    — Según entiendo, tu solución al problema viene a ofrecer una combinación de ámbitos matemáticos que, hasta ahora, no estaban relacionados, ¿es así?

    — Exacto, yo investigo la teoría de grupos, que siempre se ha enfocado desde el álgebra, pero por otro lado, los campos en los que yo trabajo son los grupos de Artin, los grupos de Trenzas, que en cambio, tienen definiciones geométricas. Así que, creo que nuestro principal hallazgo ha sido tomar definiciones que son geométricas y llevarlas al álgebra, a los grupos de Artin. Es la unión de geometría y álgebra.

    — ¿Y ahora qué, esa unión abre un mundo de posibilidades?

    — En el área específica sí. Ofrece herramientas inéditas a los matemáticos que trabajan en teoría de grupos, herramientas geométricas a los algebristas. En cualquier rama del conocimiento avanzado hay de especialidades diferentes, cuando se encuentran atajos que integran disciplinas distintas, en definitiva, surgen muchas nuevas opciones a explorar.

    Con solo 28 años, María Cumplido ha logrado solucionar un problema matemático en el que la comunidad científica llevaba 20 años zozobrando sin éxito
    © Foto : Cortesía de María Cumplido
    Con solo 28 años, María Cumplido ha logrado solucionar un problema matemático en el que la comunidad científica llevaba 20 años zozobrando sin éxito

    — Ahora viene una pregunta que me temo te harán todos los días: ¿Y eso para qué sirve?

    — Yo lo que hago es matemática pura, no matemática aplicada. Para poder hacer matemática aplicada, se necesita previamente una noción profunda de la matemática pura. Por ejemplo, en un principio se preveía que los grupos de trenzas que yo he estudiado podían servir para hacer criptosistemas, sistemas de seguridad informática. Pero claro, tampoco puedes implementarlo a la ligera, porque entonces el nivel de seguridad del sistema informático depende de lo difícil que sea resolver un problema, por eso importan haber estudiado en profundidad el objeto matemático para garantizar, por ejemplo, la seguridad informática.

    — ¿Es más relevante entonces la matemática pura?

    —Siempre digo que necesitamos ambas líneas de investigación, no podemos prescindir ni del matemático puro ni del aplicado, el primero estudia cosas que le parece interesantes y el segundo desarrolla su aplicación a la sociedad. Si hace 100 años a los matemáticos les hubiéramos exigido que sus investigaciones fueran útiles, hoy no existiría el algoritmo de Google, por ejemplo. En definitiva, se necesitan cimientos sobre los que construir y desarrollar más ciencia.

    — Especializarte en los grupos de trenzas es algo muy concreto, ¿te has dejado algo atrás en lo que te gustaría haber llegado tan lejos, no solo me refiero a las matemáticas?

    — Fíjate que en el Instituto a mi me encantaba la Lengua, de hecho, cuando accedí a la Universidad, después de Matemáticas mi segunda opción era Filología Hispánica. Las Humanidades me gustaban mucho más que otras ciencias.

    — ¿Cómo es tu día a día?

    — La verdad es que la tesis y este tipo de carreras son muy demandantes. Ahora en Edimburgo estamos confinados desde hace meses, mi vida social es bastante reducida porque cuando vine aquí con mi novio, no conocíamos a nadie. La investigación científica es muy sacrificada, no se consiguen trabajos fijos. Yo he cambiado de ciudad tres veces en cinco años, socialmente se hace difícil encontrar tu sitio.

    — Eres una trotamundos, cordobesa, estudiaste en la Universidad de Sevilla, en París, Rennes, ahora Edimburgo, ¿la cultura de cada país hace muy diferente la manera de hacer ciencia e investigar?

    — Totalmente, he sido alumna y docente en Francia. El sistema educativo y el de investigación es diferente. Francia es mejor que España, sobre todo, porque da muchas más facilidades, es mucho más fácil conseguir un contrato de doctorado y vivir investigando. Por otro lado, España ofrece otras cosas. Francia es un país muy elitista porque no tienen una Universidad pública, accesible y de calidad como la de España.

    Tienen escuelas con mucho prestigio que te preparan a un nivel de exigencia altísimo antes de entrar a la Universidad. Eso viene a crear un alumnado de dos velocidades, con una diferencia abismal entre unos y otros, en España en cambio hay más igualdad de oportunidades y un sistema mucho más cabal.

    — ¿Cómo se valora a los matemáticos y profesionales españoles que emigran?

    — Creo que en muchas áreas estamos muy preparados, en general se valora muy bien a los profesionales españoles porque nuestra educación pública es muy buena. Pero depende mucho del ramo, por ejemplo, en Francia, respecto al nivel medio somos muy buenos matemáticos, pero el nivel de ese grupo de élite francés es muy superior. Pero poco a poco, las matemáticas españolas se van construyendo un nombre.

    — De hecho, tú estudiaste en el Instituto El Tablero (público) y luego en la Universidad de Sevilla, también pública, ¿te sientes como una anomalía por ello en los niveles de investigación en los que te mueves?

    — No, es lo bueno de nuestro sistema educativo, que ofrece, en principio posibilidades a todos. Eso no pasa en el sistema francés. Me gusta reclamar una educación pública, digna y de calidad que te permite desarrollarte en un buen puesto de trabajo.

    — Pero eso no pasa en España, de hecho, has tenido que emigrar para tener oportunidades.

    — Bueno, lo que yo he conseguido es bueno y me enorgullece, pero estoy en camino, espero que me sirva para volver a mi país con un trabajo que sea una verdadera oportunidad. Eso es lo importante, hacer un buen trabajo.

    Me gustaría desmitificar la figura del genio científico único y sobresaliente, me gusta más valorar la apuesta por un buen trabajo dedicado, reconocido, basado en el esfuerzo y en la curiosidad.

    Creo que el mito del genio no le hace bien a los investigadores, un matemático simplemente necesita trabajar mucho y tener curiosidad. Además, esa imagen del genio excéntrico genera otro estereotipo, el de los hombres brillantes, sí, pero el de las mujeres trabajadoras.

    —Es una cuestión ineludible, ¿por qué hay pocas mujeres en la ciencia?, solo el 35% de las carreras STEM son mujeres y solo el 28% de la investigación de todo el mundo la hacen ellas, según la UNESCO.

    Hay numerosos estudios que nos explican por qué somos tan pocas, sobre todo en las matemáticas, algunos muy elocuentes, a alumnos de 5 o 6 años que hacen una misma tarea, cuando se les dice que es una tarea matemática, los niños la resuelven mejor, pero cuando se les dice que es de dibujo, son ellas las que destacan, pero en el fondo, el ejercicio es el mismo. A edades tempranas, las niñas ya creen que las matemáticas no son para ellas. La razón está en la socialización, en como se nos educa desde pequeños. A las niñas se les enseña una cosa y a los niños otra, incluso jugamos a juegos diferentes.

    — Cuando estudiaste, ¿no echabas de menos referentes femeninos? y, precisamente por eso, ¿crees que podrías convertirte tú ahora en referencia para las más jóvenes?

    — Precisamente por eso no he dicho que no a una sola entrevista desde que resolvimos el problema. Creo que es muy importante tener ejemplos y visualizar esas referentes femeninas. Las niñas que no siguen la tendencia y hacen matemáticas y las disfrutan son las repelentes y currantas, mientras que a los niños se les recompensa porque tienen talento. A mi me ha pasado y lo he sufrido y, al igual, todas mis compañeras hemos pasado por lo mismo.

    Por eso, creo que la educación en los más jóvenes es la prioridad. Está muy bien la discriminación positiva para las científicas mientras siga habiendo techo de cristal, están muy bien las campañas de visibilización, pero el problema seguirá existiendo si no lo atacamos de raíz y dejamos de lado el rosa para ellas y el azul para ellos, dejar de asociar sentimientos y comportamientos determinados a ser mujer. Hay que eliminar los roles de género.

    — Mujer científica y científica española, lo tienes doblemente difícil, ¿cuándo decidiste emigrar?

    — Yo no me quería ir, quería seguir en Sevilla, pero no encontré contratos doctorales ni financiación para hacer una tesis, así que me fui a Francia, así de fácil de explicar. Nunca he podido trabajar en España porque no hay oportunidades.

    — ¿Crees que podrás volver, crees que la teoría de invertir en I+D+I de los gobiernos se hará alguna vez realidad?, incluso ahora , en plena pandemia, no hablamos de resolver una crisis sanitaria invirtiendo en ciencia sino que hablamos de incentivar el turismo.

    — El problema de invertir en I+D+I no es algo que puedas vender y de resultados medibles de un día para otro, si puedes presumir de la cantidad de turistas que te visitan, pero los políticos no ven una rentabilidad inmediata en invertir en ciencia, porque los resultados son a largo plazo. No somos ese tipo de sociedad aún. Por ejemplo, ahora soy candidata para las Becas Juan de la Cierva del Ministerio de Ciencia e Innovación, pero en el caso de que ganara esa plaza, lo cual sería un logro enorme, no reporta ni 1.500 euros al mes, ¿cómo vive una familia con ese sueldo en Madrid?, sobre todo teniendo en cuenta que en el extranjero te pagan el triple.

    • María Cumplido, matemática española que ahora trabaja en Edimburgo
      María Cumplido, matemática española que ahora trabaja en Edimburgo
      © Foto : Cortesía de María Cumplido
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    María Cumplido, matemática española que ahora trabaja en Edimburgo

    — ¿Y no te arrepientes de haber buscado un camino menos tortuoso que el de la investigación?

    — Es cierto que no hay estabilidad, que no hay contratos fijos y menos cuando eres joven como yo y que, por ejemplo, ahora ni siquiera puedo plantearme formar una familia, pero es una cuestión de vocación. 

    — ¿Contemplas dedicarte en el futuro a la docencia o solo seguir en la investigación?

    Yo contemplo ambos caminos, compaginar, y creo que es la mejor opción porque la investigación puede ser muy frustrante y paralizante. Alimentar el proceso de investigación con la interacción con el alumnado es más estimulante, porque dan una satisfacción semanal, algo que la investigación te puede denegar durante meses.

    Etiquetas:
    matemática, científicos, ciencia, España
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