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    España concreta el plan para iniciar la desescalada gradual del confinamiento (206)
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    "Es como si todos los políticos mundiales fueran como ese incompetente alcalde de Amity Island en la conocida película de Steven Spielberg, Tiburón". Así lo manifiesta el catedrático en Bioquímica y Biología Molecular, Jorge Laborda, de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) en relación a la gestión de la pandemia.

    Recientemente, Laborda, ha publicado el libro Tus defensas frente al coronavirus, donde explica los fundamentos del sistema inmunitario y cómo este reacciona frente a la infección por este tipo de virus y otros patógenos para protegernos y producir una diversidad de síntomas dependiendo de los genes de cada persona. Todo ello, huyendo de tecnicismos con un lenguaje entendible para la sociedad.

    A su vez, es autor de más de 20 obras, un millar de artículos de divulgación y también ha participado en más de 650 podcast. Entre sus aportaciones a la ciencia se encuentra el descubrimiento de dos genes implicados en la regulación de la actividad de los receptores Notch, unos de los más importantes reguladores del crecimiento y de la diferenciación celular, y que participan de manera importante en el desarrollo de varios tipos de tumores.

    Como investigador ha trabajado en varios centros de Francia y Estados Unidos, en particular en el Centro para la Investigación y la Regulación de Productos Biológicos (CBER) de aplicación terapéutica, de la agencia de Administración de Alimentos y Medicamentos​ del gobierno de los Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés).

    —Un reciente estudio concluye que la gripe de febrero enmascaró la llegada del coronavirus a España. ¿Está de acuerdo con esta afirmación? ¿Cuándo cree que llegó el virus a España?

    —Dada la similitud entre algunos síntomas de la gripe y de la enfermedad COVID-19, esto es una posibilidad. Esos pocos casos iniciales incontrolados podrían haber acelerado la dispersión del virus, no solo en España, sino en todos los países, porque esta confusión pudo producirse desde el inicio de la pandemia.

    —Usted sostiene que los científicos vieron venir la pandemia, pero que se prefirió no alarmar a la población, ¿hicieron bien o se tomó una decisión equivocada?

    —Varios científicos expertos en epidemiología alertaron de la posibilidad de una pandemia muy grave desde enero. Sin embargo, quienes tienen que tomar las decisiones son los políticos. Por tanto, creo que los científicos hicieron bien en comunicar al público sus temores, fundamentados en los datos y conocimientos que poseían, y creo que los políticos no tomaron en serio estas advertencias, o actuaron sobre ellas cuando era tarde. De nuevo, hay que precisar que no se trata de políticos de un determinado país o de una determinada ideología, sino de políticos en general, de los que no hay que olvidar persiguen una serie de intereses comunes a todos ellos, intereses simplemente relacionados con el mantenimiento del poder.

    —Explíqueme un poco más este hecho, ¿cuándo lo vieron venir? ¿Se avisó al resto de países?

    —La primera advertencia seria de la que tuve noticia fue en el programa de divulgación científica Science Friday emitido el viernes 31 de enero. En este programa, el inmunólogo Kristian Andersen y autor de un muy citado artículo sobre el SARS-CoV-2, y el especialista en enfermedades infecciosas, Michael Osterholm, director del Centro para la Investigación y Prevención de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota, advertían de que la dinámica de contagio que habían observado en China era completamente diferente de la de los otros coronavirus anteriormente aparecidos, el SARS y el MERS, y que, de acuerdo con sus modelos, el mundo estaría como China estaba en ese momento en unos seis meses.

    El mismo día o al día siguiente de que se emitiera ese programa de Science Friday, Fernando Simón manifestaba que en España solo tendríamos unos dos o tres casos controlados, nada más. Obviamente la diferencia entre ambas declaraciones es abismal y no creo que sea debida a una mera discrepancia en la interpretación de los datos que se conocían.

    —¿Se podría haber podido evitar una pandemia como la que estamos viviendo si se hubiera realizado una mayor investigación científica?

    —Pues mi respuesta podrá sorprender, pero yo creo que no, aunque más investigación sí hubiera podido permitir disponer de mejores herramientas terapéuticas una vez declarada la epidemia. 

    La razón por la que creo que más investigación por sí sola no hubiera podido evitar la epidemia es que antes de que se declarara ya se había producido una importante investigación científica sobre el tema de posibles epidemias por coronavirus. Varios científicos, algunos de origen chino, habían estudiado los coronavirus de murciélago y habían publicado artículos en los que se advertía que esos virus estaban "listos" para saltar al ser humano. 

    Incluso otros estudios habían determinado que alrededor del 3% de las personas más cercanas a los murciélagos o que comercializaban animales vivos en los mercados húmedos de China, poseían anticuerpos contra los coronavirus de murciélago. Esto indicaba que esos virus ya podían infectar y saltar al ser humano, aunque, por el momento, no habían causado enfermedad grave a nadie. La ciencia, por tanto, ya había advertido del posible peligro.

    —¿Escucharon los gobernantes las previsiones de los científicos o miraron hacia otro lado cuando se les avisó de lo que se pronosticaba?

    —Y bien, a pesar de los datos que he mencionado, no se tomaron medidas para evitar la existente transmisión de coronavirus antes de que la epidemia se declarara. No se regularon los mercados de animales en China, lo que creo que ahora ya se ha hecho, aunque tarde. Que yo sepa, tampoco hubo presiones políticas a China por parte de otros países para solicitar esa regulación. En resumen, la investigación científica había ya revelado el posible peligro, pero quienes toman las decisiones que, recordemos, no son los científicos sino los políticos, desearon hacer oídos sordos. 

    Es como si todos los políticos mundiales fueran como ese incompetente alcalde de Amity Island en la conocida película de Steven Spielberg, Tiburón. Por tanto, no es la falta de investigación la que no ha sido capaz de impedir la pandemia, sino la falta de sensibilidad y responsabilidad ante lo que la ciencia ya decía, ante lo que la ciencia advertía al poco de desencadenarse la epidemia, y la falta de cultura científica de la mayoría de los políticos mundiales.

    —¿Por qué se está tardando tanto en obtener una vacuna? ¿Cuándo cree que estará lista?

    —Generar una vacuna eficaz y segura y que además esté disponible para todo el mundo, literalmente, no es una tarea sencilla. Tengamos en cuenta que no se trata ahora de vacunar solo a los bebés o niños pequeños, o a la sección de la población de mayor edad. Se trata de vacunar a todos, si es posible mañana. Y bien, no es posible. Incluso si entre los numerosos proyectos y ensayos clínicos para generar una vacuna que ya están en marcha alguno de ellos demostrara que la composición de su vacuna es eficaz y segura en los próximos meses, ya que es muy difícil que esas pruebas no requieran un tiempo menor, aún habría que generar la vacuna a escala industrial y con unas mínimas garantías de eficacia y seguridad. El desafío es gigantesco y no es seguro que podamos ganarlo en el tiempo que sería conveniente, es decir, antes de que la mayoría de la población mundial se haya contagiado de manera natural con el coronavirus.

    Por otra parte, hay que advertir de que es también posible que una vacuna eficaz no sea posible. Por ejemplo, no existe vacuna contra el virus VIH causante del SIDA. Tampoco hay vacuna contra el coronavirus MERS (Middle East Respiratory Syndrome), aparecido en 2012 en Arabia Saudí, y que aún sigue causando enfermedad en ese país y brotes epidémicos esporádicos, como el ocurrido en Corea del Sur en 2015.

    Los estudios realizados sobre el nuevo y otros coronavirus indican, además, que mediante mutaciones este puede variar la molécula que utiliza como medio de entrada en las células y, sin embargo, esta sigue siendo eficaz para infectarlas. Esa variación puede convertir en inútiles a los anticuerpos generados mediante la vacunación, e incluso la los generados tras pasar enfermedad. Es, por tanto, posible que tengamos que producir vacunas estacionales cada año, o cada poco mes, como se hace hoy con el virus de la gripe. Que ganemos la batalla de la vacuna eficaz, estable y única contra el coronavirus no está garantizado

    —A la espera de una vacuna, ¿habrá que inmunizar a la población? ¿Cómo se podría hacer eso?

    —Que yo sepa sin vacuna no se puede inmunizar a la población, a menos que esta vaya adquiriendo inmunidad de manera natural a medida que sus miembros se van contagiando y superando la enfermedad… o muriendo. Esta es la única manera por el momento en la que la población irá adquiriendo poco a poco inmunidad, aunque no sabemos cuál puede ser la duración media de esa inmunidad, si meses, años, o para el resto de la vida.

    —¿Vamos a pasar todos por el virus, es decir, caeremos todos infectados?

    —Esta es una cuestión que he hablado con algunos médicos y profesionales sanitarios amigos míos, y creo que no hay nadie que piense lo contrario. Sí, tarde o temprano todos entraremos en contacto con el virus, si no lo hemos hecho ya, lo cual no quiere decir que caigamos enfermos por su causa, ya que muchas personas no sufren ningún síntoma y otros muchos solo síntomas leves.

    —Las cifras de fallecidos bailan, ¿sabemos realmente cuántos pacientes están muriendo por coronavirus?

    —No tengo datos sobre esta cuestión, pero en mi opinión no sabemos a ciencia cierta las muertes causadas directamente por coronavirus. En el pico de las epidemias, cuando todos los esfuerzos se dedican a contenerla, es muy difícil adquirir datos fiables sobre todas las personas fallecidas por su causa.

    —¿Por qué hay tantos muertos en España?

    —La mortalidad en España no es probablemente significativamente diferente de la que se ha observado en otros países del entorno. No obstante, siempre que una enfermedad afecta a una población es posible que determinados factores genéticos propios de esta población afecten al curso de la enfermedad y a la mortalidad que causa. 

    Es muy posible que esos factores genéticos influyan también en que unas personas caigan muy enfermas y otras no tengan apenas síntomas. A pesar de que la mortalidad es mayor a mayor edad, es importante darse cuenta de que no todas las personas mayores que han entrado en contacto con el virus han muerto, ni siquiera han caído enfermas. De nuevo, diferencias genéticas, que no sabemos en detalle cuáles pueden ser, pero que seguramente están relacionadas con el funcionamiento del sistema inmunitario y con los genes de defensa que todas las células poseen para contrarrestar la infección por virus, sean las responsables. Si por cualquier razón la población española posee una mayor frecuencia de ciertos genes, esto podría incidir en la mortalidad media sufrida por ella.

    —Expertos concluyen que el virus afecta más a obesos y fumadores que al resto de población, ¿por qué ocurre eso?

    —Por lo que creo que se sabe, la obesidad está asociada a un mayor nivel de inflamación general. Este mayor nivel de inflamación, causado por una desregulación de sistema inmunitario en las personas obesas, puede aumentar el riesgo de sufrir síntomas y una enfermedad más grave, lo cual está relacionado con la intensidad de la respuesta inmunitaria frente al virus, aunque no es el único factor.

    Con respecto al tabaco, hay datos contradictorios. Mientras algunos estudios sugieren que el papel inmunosupresor de la nicotina podría proteger de una respuesta inmunitaria exacerbada frente al virus, que es la que causa los mayores problemas a los infectados por el coronavirus, otros estudios indican que fumar aumenta en el pulmón la cantidad de la proteína receptora para el virus y que este necesita para infectar, aumentando así la susceptibilidad a ser infectado.

    —Otros estudios sostienen que COVID-19 no solo afecta a los pulmones, sino que puede afectar a muchos órganos, ¿podría explicar esto un poco mejor y detallar a qué otros órganos puede afectar?

    —La proteína receptora que el virus emplea para infectar a las células no solo se encuentra en el pulmón, sino también en los riñones, el corazón, estómago e intestinos, y también en ciertas células del cerebro. Por esta razón, el virus podría afectar directamente a esos órganos. Además de esto, la respuesta inmunitaria e inflamatoria que este virus puede desencadenar podría ser demasiado potente y afectar a la circulación sanguínea, por lo que otros órganos además de los pulmones podrían ser indirectamente afectados por ella, debido una deficiencia circulatoria.

    —Algunos expertos están siendo muy críticos con la flexibilización del confinamiento. ¿Considera que el levantamiento de ciertas restricciones es correcto?

    —En mi opinión, todas las medidas que se toman son más o menos adecuadas según el objetivo que se persiga. Si el objetivo perseguido fuera exclusivamente proteger la salud física (que no mental) de los ciudadanos, continuar con el confinamiento estricto sería lo más adecuado. Sin embargo, las medidas que se toman no solo persiguen ese objetivo, sino reabrir la economía y acercarnos a una vida normalizada con el menor riesgo posible para la salud. 

    Si finalmente asumimos, como creo que debería hacerse, que la mayoría, por no decir todos, vamos a entrar en contacto con este nuevo coronavirus, porque no se va a poder erradicar antes de que eso suceda, me parece razonable suponer que las medidas que se tomen deberían perseguir el objetivo de lograr que ese contagio generalizado se produzca de la manera más paulatina posible y con el menor coste posible en vidas.

    —¿Volveremos a vivir un nuevo rebrote? 

    —Creo que eso no lo podemos saber con certeza, aunque un rebrote no debemos descartarlo. Al fin y al cabo, cada año tenemos rebrotes de catarros, muchos de ellos causados por coronavirus mucho menos peligrosos, pero que vuelven cada año, o incluso más frecuentemente. La cuestión importante no es solo si habrá un rebrote, sino cuál puede ser la magnitud esperable de ese rebrote. Creo que esta magnitud será mucho menor si somos cuidadosos con nuestra salud y la de los demás y tomamos las medidas de higiene personal y colectiva que han sido recomendadas por las autoridades sanitarias nacionales e internacionales.

    —¿Destacaría algún otro aspecto que le llame la atención de esta brutal pandemia?

    —Un aspecto que tendrá que ser elucidado es cuál es el origen de este virus, ¿Proviene directamente de los murciélagos? ¿Hay o no un animal intermediario desde el que salta a la especie humana? ¿Por qué el virus ha aparecido en un estado tan "maduro" que le permite infectar con rapidez a nuestra especie si proviene de otro animal? Por lo que se sabe, no parece que el virus haya sido deliberadamente diseñado en un laboratorio, como se ha llegado a afirmar. No obstante, la ausencia de evidencia de diseño humano no acaba de explicar otras propiedades con las que este virus ha nacido, propiedades que sería muy conveniente explicar para evitar en el futuro pandemias similares a esta.

    —¿Qué reclamaría a las autoridades?

    —A mí me gustaría que las autoridades no tuvieran tanto miedo de admitir la realidad, se informaran mejor de los aspectos científicos y objetivos de ella, no hicieran caso de las presiones de aquellos que pretenden negarla porque les conviene, que tampoco tuvieran miedo de explicar esa realidad a todos los ciudadanos y, por último, que no tuvieran miedo de actuar frente a ella tomando las medidas necesarias avaladas por el mejor conocimiento disponible.

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    España concreta el plan para iniciar la desescalada gradual del confinamiento (206)
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