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    El 22 de febrero, Izquierda Unida lanzó un tuit en el que confirmaba la expulsión del Partido Feminista de España (PFE). Con el 85% de votos de la Asamblea Político y Social, la formación quedaba fuera tras pasar cinco años junto al partido de Alberto Garzón, actual ministro de Consumo. Una decisión que no entiende Lidia Falcón, presidenta del PFE.

    El dictamen de Izquierda Unida es uno de los puntos a tratar en el III Congreso del Partido Feminista de España, celebrado los días 28 y 29 de febrero y el 1 de marzo. Precisamente, en el segundo, en 2015, la formación decidió integrarse en la coalición de la que ahora es expulsada. Sin embargo, en el madrileño salón del edificio de Abogados de Atocha, lugar donde se realiza la reunión, se tratan otros temas, como el avance de los partidos de ultraderecha en Europa, el paro, la marginación o el desmantelamiento de los servicios públicos y como todo esto afecta a las mujeres.  El modo de producción doméstico, la reproducción, la explotación sexual, la prostitución…centran el debate del PFE y marcan el programa del partido, que también se definirá en este congreso.

    ​Y al frente de esta línea de actuación, su presidenta, Lidia Falcón. Abogada y activista desde los tiempos de Franco, encerrada en varias ocasiones por sus reivindicaciones, la líder del PFE ha visto con sus propios ojos el devenir del feminismo, desde la dictadura franquista hasta las manifestaciones del 8 de marzo. Una mirada crítica hacia un movimiento del que es parte, pero que, a veces, la turba.

    -¿Cómo recibiste la expulsión del Partido Feminista de España de Izquierda Unida?

    Pues muy triste, muy disgustada y muy irritada. La verdad es que fue una sorpresa. Después de discutir durante un par de meses, nos reunimos en una colegiada de la organización. Allí nos dijeron que habían tomado la decisión de abrirnos un expediente, pero que no era de expulsión. Así me lo aseguraron los altos cargos de la coalición. Una decisión que, además, no era estatutaria, porque no estaba en el orden del día.

    Ya en la asamblea del sábado 22 de febrero, nos dieron las acusaciones y me dejaron cinco minutos para defenderme. Todo esto sin distribuir entre los asistentes los motivos de defensa que yo misma había escrito. Más tarde, publicaron el resultado de la votación como si fuera una resolución última y así lo plasmaron en Twitter. Y no es una resolución firme, porque se puede presentar un recurso ante la comisión de garantías y, luego, podemos ir al juzgado. Lo hicieron todo de una manera penosa, indigna de una organización de izquierdas.

    -¿Por qué tomaron la decisión de expulsar al PFE?

    Según ellos, no cumplimos las resoluciones de la organización, por no decir los principios. Y es que ellos apoyan, de palabra, la Ley Trans, que es lo que está de fondo. Yo les pedí por tres veces, y una por burofax, en que asamblea se había tomado la decisión de apoyar esta ley, además de la fecha y la copia del acta de los resultados de la votación. A día de hoy, no me los han dado. Yo creo que es mentira, que no han tomado ninguna decisión.

    Igualmente decir que estamos en contra de los principios de Izquierda Unida es una falsedad. Son de más largo calado, ya que el partido es marxista, contra la OTAN, republicano… principios con los que estamos de acuerdo. Lo que se ha tratado aquí es beneficiar al colectivo trans, que no sé la influencia que puede tener, pero parece que bastante.

    Hace unos años las miembros del área de la Mujer de Izquierda Unida, ya disuelta, se fueron de la coalición tras decir que no podrían hacer nada en la organización porque era machista. Su salida y nuestra expulsión hace ver que Izquierda Unida ha eliminado el feminismo de la organización.

    -Entonces, ¿qué es con lo que no están de acuerdo en la Ley Trans?

    No estamos de acuerdo en nada, la ley es una monstruosidad. En la primera línea de exposición de motivos dice que todos tenemos que autodeterminarnos de género, lo cual no entendemos. Viene a decir que se puede ser mujer simplemente porque uno lo diga, pero no podemos negar lo establecido por la biología. Ser mujer no solo es una estructura social. La naturaleza es la que es y es la que nos rige como especie que somos. Es como negar la ley de la gravitación universal. Ahora no me caigo, tírate por el balcón y verás.

    Por eso, el propósito de la ley es que los que quieran cambiar de sexo, más allá de la existencia de la construcción corporal, puedan hacerlo por su propio deseo sin ningún tipo de informe médico, únicamente por su palabra.  

    El problema es que esto también se aplica a los menores. Si un niño a los 5 años dice que es una niña, se toma en serio, se le trata como una niña y se remarcan las expresiones de género. A los 9 años, que es cuando empieza la pubertad según la ley, pueden tomar bloqueadores de hormonas y luego hormonas del sexo contrario. Esto es autodeterminado, no hace falta ningún informe fisiológico o psiquiátrico lo indique, simplemente se hace porque el niño o niña lo dice. Pueden, incluso, operarse quirúrgicamente a partir de los 16. Esto es una monstruosidad y más cuando la legislación española ya permite los cambios de sexo, aunque a partir de la mayoría de edad y con un informe médico. Estos dos últimos puntos es lo que quieren eliminar.

    Por otro lado, la ley está a favor de los vientres de alquiler y la legalización de la prostitución, ambos entes de opresión contra las mujeres.

    Tampoco aceptamos las propuestas léxicas de la Ley LGTBI. Aquí dicen que quieren cambiar mujer o madre y hombre o padre por progenitor gestante o no gestante. Ya no existen más seres humanos, no tenemos un cuerpo determinado desde el nacimiento, somos unos entes definidos como gestantes o no gestantes. El conjunto es una ciencia ficción.

    -Según lo que comenta, parece que un grupo está legislando a su favor…

    Sí, pero tampoco sé si realmente estos proyectos que quieren aprobar van a su favor. En el Reino Unido, Canadá, Estados Unidos, Australia…sacaron leyes similares antes y ahora hay grupos de arrepentidos, muchos de ellos niños y niñas que se operaron sin recibir información y que más tarde quisieron echarse atrás. Y es que no puedes dejar a un niño de 10, 12 o 16 años, que no tiene la madurez suficiente, decidir sobre estos temas. Entiendo que un niño tiene el derecho a elegir el camino que quiera en su vida, pero si no puede votar, comprarse una casa o un pasaporte hasta los 18, lo mismo con los cambios de sexo.

    El problema es que, además, están haciendo campaña en colegios e institutos, donde activistas trans fomentan el cambio de sexo y dicen que nadie puede oponerse. Les llegan a explicar que, si sus padres no les dejan, los pueden llevar a un proceso judicial. Y a los que no aceptamos esto, nos pueden perseguir por delito de odio.

    Se ha hecho una mafia con todo esto, que está imponiendo su criterio para la creación de leyes y desde Izquierda Unida se está siguiendo la línea que marcan estos colectivos y que se está aplicando al feminismo.

    -¿Cuál es la línea feminista que usted está defendiendo?

    El feminismo tiene como columna vertebral la abolición de la prostitución, la lucha contra la violencia de las mujeres, la prohibición de los vientres de alquiler y de la pornografía, que está fomentando que la sexualidad se basa en la violencia contra la mujer, y, por supuesto, no aprobar la Ley Trans. Además, luchamos por una sociedad igualitaria y una república. Todo lo demás son perversiones que se han metido dentro y que pueden disolver el movimiento.

    -¿Cree que el colectivo trans está desvirtuando o diluyendo el movimiento feminista?

    A mí me da igual lo que sean y lo que tengan entre las piernas. Sean hombres, mujeres o transexuales, o lo que sean. Yo lo que quiero es que todo el mundo que se acerque al feminismo defienda los principios de los que hablaba antes, que son innegociables. Lo que no puede ser es que te metas en el feminismo y quieras legalizar la prostitución, que va en contra de las mujeres. El movimiento tiene que estar liderado por mujeres y por principios feministas y ellos no los defienden. No me parece que se tengan que adueñar del movimiento.

    Sí que es cierto, que, con tantas desviaciones, el feminismo puede llegar a partirse. Yo no voy a ir a la manifestación del 8 de marzo, porque en el manifiesto no se habla de la abolición de la prostitución. Si queremos que esto perdure, tenemos que ir juntas para todo y no solo para según qué. 

    -Por su discurso, puede dar la sensación que está en contra de este grupo…

    Para nada. Yo tengo muchos años y cuando la mayoría no había ni nacido, yo estaba defendiendo a muchos trans y homosexuales que apaleaban, perseguían y detenían. Recuerdo cuando se disfrazaban de mujer en Carnaval, la policía los arrestaba y yo, como abogada, iba a los cuarteles a sacarles de allí. Por otro lado, en un número de Vindicación Feminista, que fue la primera revista feminista de España, sacamos en portada una defensa del derecho de amar libremente de las lesbianas.

    Participé también en numerosos procesos judiciales por su defensa, incluso, con un grupo de abogados, hicimos una campaña contra la Ley de Peligrosidad Social de 1970, la cual les perseguía. Por eso, cuando ahora me llaman tránsfoba y se les llena la boca de insultos, cuando me he pasado años defendiéndoles, me duele y me indigna.

    -El Partido Feminista de España lleva luchando desde su constitución en 1979 por los derechos de las mujeres. Desde ese año hasta el 2020, la situación ha cambiado bastante. El feminismo ha crecido cada vez más y eso se puede ver en las masivas manifestaciones del 8 de marzo. ¿Cómo puede ser que, ante tal ola feminista, el PFE no haya ganado más adeptos?

    Es porque el movimiento feminista es apartidista y apolítico. Tiene una inmensa vocación cultural y social, pero no política. Así, el movimiento se convierte en algo marginal. Mucha gente en el 8M, pero, ¿qué pasa con el resto del año? No sirve de nada manifestarse, si después no estamos en el Parlamento o en los ayuntamientos, porque no podemos legislar, ni sacar las leyes por las que luchamos.

    Tienen que despertar de la ensoñación en la que viven y entender que hay que meterse en política. Para ello, tiene que haber un partido fuerte que llegue a los órganos públicos. Igual si nos apoyaran, los 52 escaños de Vox en el Congreso de los Diputados serían nuestros.

    En las elecciones andaluzas de 2018, dentro de Izquierda Unida, intentamos hacer un llamamiento para que el movimiento feminista tomara partido y pidiera consigna de voto. Ni caso, pero después, cuando gano la derecha, salían todas las feministas a manifestarse. Se quejaban porque hacían políticas de derechas. ¿Y qué quieren que haga la derecha si gana? Pues políticas de derechas.

    Mientras siga siendo así, por mucha presencia que tenga y mucha gente vaya al 8M, el movimiento feminista será estéril y estará condenado a la irrelevancia.

    Etiquetas:
    ley, transexual, mujeres, feminismo, entrevista, Lidia Falcón
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