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    BUENOS AIRES (Sputnik) — La vicepresidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, vuelve temporalmente a ser jefa de Estado con la primera salida al exterior del mandatario Alberto Fernández, lo que radicalizará a sectores de la oposición en un país y un contexto en el que la polarización política esta sobrerrepresentada.

    El hecho de que la vicepresidenta se convierta en mandataria durante la ausencia del presidente, que parte este martes rumbo a Israel, "no va a producir ningún cambio real en la gestión de Gobierno, pero sí puede ser un motivo para que los sectores opositores de Cambiemos (coalición que gobernó con el expresidente Mauricio Macri entre 2015 y 2019) radicalicen su posición", adujo a Sputnik el director del Observatorio de Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), Agustín Salvia.

    Ese enfrentamiento no tiene tanto lugar en el espacio político, institucional o parlamentario, "sino en todo caso a través de portavoces o líderes que operan a través de las redes sociales y de algunos medios de comunicación creando un clima de tensión", consideró el director del Observatorio de la UCA, institución de referencia en sus mediciones de pobreza e indigencia.

    "Quedamos entrampados en una grieta ideológica motorizada por sectores marginales del sistema social y político pero que logran ocupan un espacio muy relevante sobre todo a las redes sociales, a lo cual el periodismo también termina respondiendo", añadió el doctor en ciencias sociales.

    Según Salvia, "algunas actitudes políticas" del Gobierno de Cristina Fernández (2007-2015), y la manera en que se cuestionó "el relato político" de su gestión, fueron una circunstancia "que agravó esas diferencias ideológicas".

    El Presidente argentino, Alberto Fernández, frente a la multitud reunida en Plaza de Mayo
    © Foto : Gentileza Prensa Alberto Fernández
    Según Salvia, profesor universitario e investigador del Consejo Nacional Superior de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), tras su asunción en diciembre de 2015, la estrategia de comunicación política del Gobierno que presidió Mauricio Macri apuntó a sostener esas diferencias.

    El Ejecutivo de Macri "hizo lo posible para mantener esa grieta, pero no tanto desde el Gobierno, que intentó no polarizar desde la voz o la imagen del presidente, sino en su decisión de no hacer ningún intento de acuerdo político o social que mostrara que la grieta era una contradicción secundaria", observó el especialista.

    Con esa lógica, la administración anterior "tuvo posibilidades de aliarse al radicalismo más crítico, al socialismo, y de construir consensos no alrededor de un Gobierno sino en políticas de Estado, pero no quiso quedar vinculado con el sector peronista", agregó.

    Grieta argentina

    Toda sociedad tiene conflictos y confrontaciones políticas e ideológicas, y Argentina no escapa a ese equilibrio de poderes que enfrenta "una mirada de un país liberal y republicano frente a un país más populista y distributivo", expresó el investigador.

    "Pero esa confrontación no es nueva, y está atravesada por el peronismo y el antiperonismo, que son parte de la cultura política argentina", observó Salvia.

    La grieta, entonces, expresa las posturas extremas de la sociedad, pero no la representa.

    "La sociedad argentina en su mayoría no está atravesada por la grieta, sino que la sufre por distintos aspectos, víctima de una política comunicacional interesada en creer que Argentina está dividida", afirmó el titular del Observatorio de Deuda Social de la UCA.

    Para el sociólogo, existen diferencias políticas e ideológicas entre los dirigentes y representantes sociales y económicos del país, pero también hay capacidad para crear consensos con el aporte y con un mayor espacio de acción de una parte de la sociedad que propone un diálogo racional entre los sectores políticos.

    En un fenómeno similar a lo que ocurrió con el ascenso de Macri al Gobierno, el nuevo presidente "parece apostar por un intento de neutralizar el agravamiento de la grieta", señaló Salvia.

    Prueba de ello fueron las reuniones que mantuvo el actual jefe de Estado con alcaldes y gobernadores afines al Ejecutivo anterior, incluso antes de los encuentros que sostuvo con dirigentes propios.

    "El punto más crucial son los juicios de corrupción (contra funcionarios de la actual gestión, incluida la actual vicepresidenta), a los cuales unos llaman "juicios políticos" o "juicios contra los detenidos o presos políticos", y otros quieren justicia porque son delitos económicos", explicó el docente.

    Ante esta situación, "el Gobierno de Fernández intenta que los juicios continúen sin darle esa connotación ni de presos políticos ni un veredicto previo al dictado de la justicia", continuó Salvia.

    Ese intento de cerrar grietas y de rebajar la tensión podrá apreciarse también a partir de febrero, cuando comiencen las sesiones extraordinarias del Congreso y se conformen las comisiones, por lo que habrá que cerrar acuerdos políticos en el contexto de un clima social "que enfrente los problemas económicos, sociales e institucionales sin tanta polarización", dijo el especialista.

    Para Salvia, es importante que el actual presidente no deposite "su mayor poder" en el sector más "radicalizado" del kirchnerismo.

    Esto, expresó el especialista, "requiere de esa amplia avenida del medio de la sociedad que es heterogénea para construir no sólo consensos sino apoyo político".

    Entre tanto, "las redes sociales de sectores de Cambiemos están muy activas para marcar cualquier error o contradicción, incluso con la intención de desinformar o interpretar de manera sesgada algunas cuestiones, frente a lo cual los grupos más "cristinistas" (seguidores de Cristina Fernández) se defienden", añadió el investigador.

    En esa polarización "se juega el destino de estas dos identidades que no representan a la sociedad, sino que representan a tribus políticas que son muy marginales", sentenció.

    En contrapartida, hasta los principales canales de cable, TN y C5N, que expresan a dos públicos distintos y responden a su público, parecen percibir que la audiencia está hastiada de la grieta, "por no ser la mejor forma de expresión social, de modo que ambos están disminuyendo su nivel de virulencia al morigerar la conflictividad que se desarrolla en las redes sociales", añadió.

    El Gobierno de Alberto Fernández tiene mandato hasta diciembre de 2023.

    Etiquetas:
    Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner, Argentina
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