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    Los años iniciales de la Unión Soviética son uno de los períodos menos estudiados de la historia del país. El historiador canadiense Michael Jabara Carley, especializado en la diplomacia soviética de la época, ha compartido con Sputnik sus impresiones sobre esta interesante etapa.

    El investigador ha logrado plasmar en su libro Conflicto silencioso: una historia oculta de las primeras relaciones entre la Unión Soviética y Occidente la naturaleza de la relación entre los diplomáticos bolcheviques y los altos funcionarios de los países vecinos.

    — ¿Por qué eligió este particular período de la diplomacia soviética para su investigación? ¿Fue solo interés científico o tenía motivos personales?

    — Es una pregunta complicada. El primer libro que escribí fue sobre la intervención militar, política y económica de Francia en Rusia, tras la Revolución bolchevique de noviembre de 1917. Después de terminar este tema, me interesé por los años 1920. Quería seguir avanzando en el tiempo y básicamente así fue cómo empezó. Me asocié con otro colega en Canadá, Richard K. Debo, que estaba interesado en la política exterior soviética, y decidimos escribir un libro juntos sobre la década de 1920.

    Solicitamos una beca de investigación del Consejo de Investigación de Ciencias Sociales y Humanidades de Canadá y la obtuvimos. Para investigar fui a París, Londres, Washington, Moscú. Por su parte, Debo fue a Londres, París, Bonn y Potsdam. Recolectamos mucha investigación. Desafortunadamente, él se enfermó gravemente y se retiró del proyecto. Yo seguí adelante por mi cuenta.

    — Usted ha utilizado archivos occidentales para su investigación: ¿cómo se presenta la política exterior soviética en estas fuentes?

    — Muy negativamente. Después de la toma del poder por parte de los bolcheviques en 1917, lo único en que podían pensar las potencias occidentales era en destruir a los bolcheviques y colgarlos en todos de postes de luz entre Moscú y San Petersburgo.

     Enviaron fuerzas militares a varios lugares de la Rusia soviética y trataron de aplastar al Gobierno. Solo que no tuvieron éxito. Así que su actitud fue extremadamente hostil y continuó siéndolo incluso después de la derrota de la intervención extranjera por el Ejército Rojo, que estaba dirigido, como ustedes sabrán, por León Trotski.

    — ¿Y por qué estaban tan preocupados por el Gobierno bolchevique? Quiero decir, ¿eran preocupaciones por los derechos humanos?

    — Lo que pasó después de que los bolcheviques tomaran el poder fue que nacionalizaron la propiedad privada. Nacionalizaron los bancos y la industria y cancelaron el interés a la deuda estatal. Y esto, solo para Francia, representaba la suma de 11.000 millones de francos de oro. Así que si eras miembro de la burguesía francesa, clase media, y compraste bonos zaristas para jubilarte con los intereses de esos bonos y de repente no están ahí, no estarías muy contento. Y presionas al Gobierno para que haga algo al respecto.

    Y, por supuesto, el Gobierno francés estaba indignado, ¿quién demonios son estas personas? ¿Cómo se atreven a nacionalizar los bancos? Abolieron la deuda estatal del zar. Están violando todos nuestros principios capitalistas. No podemos tolerarlo. Imagina si fueras un gerente de banco y alguien te comprara una hipoteca y luego no la pagara. Esa es básicamente la actitud.

    — ¿Qué hechos le impresionaron más?

    — Lo que más me interesa es comparar las diversas perspectivas representadas en estos archivos, en particular, hablo de los archivos estadounidenses, británicos y franceses como los archivos occidentales y luego compararlos con la perspectiva representada en los archivos soviéticos.

    Y las diferencias son a veces bastante notables. La mayoría de la gente no lo sabrá, pero los diplomáticos soviéticos de la primera generación eran realmente muy buenos en su trabajo. Eran bien educados. No eran obreros sin educación. Eran doctores, ingenieros, abogados, maestros de escuela, historiadores. Eran políglotas, multilingües. Hablaban alemán, inglés, francés, quizás otros idiomas. Eran personas muy sofisticadas. Y eran muy pragmáticos.

    Y, ya sabes, al final del período de intervención la Rusia Soviética estaba arruinada. Después de ocho años de guerra, de guerra civil y de intervención extranjera, el país funcionaba a un 15% de su capacidad industrial de 1914.

    El comercio estaba destrozado, el dinero de papel no valía nada. El Gobierno soviético también estaba desesperado por renovar las relaciones con Occidente para comerciar, para revivir la economía soviética. La necesidad hace que la gente sea muy pragmática. Y estos diplomáticos eran muy hábiles y pragmáticos y le plantearon a Occidente la necesidad de olvidar el pasado e intentar construir hacia el futuro y, al menos, establecer relaciones correctas y mutuamente beneficiosas.

    Esa era básicamente la opinión de la parte soviética. Pero el lado occidental no estaba de acuerdo. En principio estaban indignados por el socialismo en Rusia. Les indignaba el hecho de que el Gobierno soviético había abolido la propiedad privada y lo demás. Y estos eran los principios fundamentales de la civilización capitalista. No estaban dispuestos a aceptar que el Gobierno soviético pudiera actuar así y salirse con la suya. Pero por otro lado, había presión de los empresarios industriales que necesitaban llenar sus carteras de pedidos. Y Rusia parecía un mercado extraordinario.

    Así que había presión sobre los Gobiernos para que les dejaran hacer tratos con el soviético y para que adquirieran crédito para financiarlos. Y si hubiera dependido del Gobierno de Estados Unidos, por ejemplo, habría exigido que todo el comercio se hiciera en base a efectivo con la idea de que eventualmente llevarían a la bancarrota al Gobierno soviético, sus reservas de oro y de moneda extranjera. Y, en ese momento, el Gobierno soviético estaría a merced de Occidente. Ese fue el plan norteamericano desde el principio y no funcionó.

    — ¿Cómo evalua las ideas y actividades de la primera generación de diplomáticos soviéticos y sus relaciones con los países occidentales?

    — Como dije, eran personas extremadamente hábiles y pragmáticas. Y lo que resulta sorprendente es que lograron establecer relaciones notables con todo tipo de políticos occidentales, gente del Gobierno, periodistas, empresarios industriales y demás. Relaciones constructivas. Y registraron los hechos que tenían lugar en estas relaciones en informes regulares que enviaron a Moscú. Así que sabemos mucho sobre estas relaciones por los archivos soviéticos.

    Cosas que no podemos averiguar de los archivos occidentales porque, a diferencia de sus homólogos soviéticos, los diplomáticos occidentales no llevaban registros. Así que lo que sabemos, lo sabemos por los archivos soviéticos. A menudo digo a los estudiantes que si realmente quieren profundizar sus conocimientos de la historia francesa, deben aprender a leer ruso e ir a Moscú y leer los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores.

    — ¿Cuáles fueron los desafíos en el establecimiento de las relaciones diplomáticas con otros países en aquellos días? ¿Qué tenían que afrontar los diplomáticos?

    — Básicamente, tuvieron que afrontar una intensa hostilidad de Occidente. Las primeras imágenes de los bolcheviques eran de gente sucia y apestosa con dientes rotos y la sangre de víctimas inocentes goteando de las esquinas de las bocas de estos monstruosos. A veces tenían puñales ensangrentados en sus dientes y otras representaciones de ellos los muestran con una bomba en una mano y un cuchillo en la otra, chorreando la sangre de ciudadanos burgueses inocentes. Esas son imágenes bastante feas.

    Y estas imágenes persistieron a lo largo de los años entre las dos guerra, y a veces los diplomáticos soviéticos fueron maltratados también. En ocasiones, fueron asesinados. Lo pasaron mal. De verdad. Y fueron valientes. Y sin embargo, de alguna manera u otra, persistieron. No se intimidaron. Hicieron su trabajo y a veces tuvieron éxito y a veces no.

    — ¿Cómo reaccionaron las élites gubernamentales occidentales a la política exterior de la URSS?

    — Eso depende del periodo del que se hable. Pero a menudo la malinterpretaban. Veían a la Unión Soviética como un proveedor agresivo de la revolución comunista y socialista, lo cual al principio en parte era cierto. Hay que separar a los diplomáticos soviéticos prácticos de los miembros revolucionarios de la Internacional Comunista. La Komintern, una organización comunista internacional que agrupaba a los partidos comunistas de distintos países, y cuyo objetivo era luchar por la supresión del sistema capitalista, que se formó en 1919.

    Como digo, su trabajo era sumamente difícil, pero lograron perseverar. Sus segundos 10 años eran los años 30. Como saben, Adolf Hitler llegó al poder en enero de 1933, y el lado soviético vio muy rápidamente su peligro y propuso las conversaciones con las potencias occidentales basadas en la seguridad colectiva, la ayuda mutua para recrear y llevar a cabo la unión antialemana de la  compuesta por Estados Unidos, Francia, el Reino Unido e incluso la Italia fascista. Y esa estrategia del lado soviético, que siguieron durante unos seis años, obviamente no tuvo éxito.

    — Si hablamos de la primera parte del siglo XX, ¿cómo se desarrollaron las relaciones entre Occidente y la URSS dadas las sanciones diplomáticas y económicas europeas de los años 1920?

    — Yo le enseño a mis estudiantes que la Guerra Fría comenzó en 1917 y que hubo una tregua entre 1941 y 1945 durante la Gran Guerra Patria y el establecimiento de la Gran Alianza. La Guerra Fría se reanudó en 1945. De modo que el lado soviético siempre se ha enfrentado a lo que un embajador soviético llamó en 1930 sovietofobia y anticomunismo. Y estos obstáculos no podían ser superados. A pesar de todos los esfuerzos del Gobierno soviético y de la década de 1930 para establecer la Triple Entente contra la Alemania de Hitler, no tuvo éxito.

    Estoy escribiendo un nuevo libro sobre los años 1930 para seguir el que se publicó recientemente sobre los años 1920 y está muy claro desde los archivos soviéticos, franceses, británicos, estadounidenses que había una hostilidad insuperable que impidió el establecimiento de esta entente antinazi con la Unión Soviética.

    Básicamente, les digo a mis estudiantes, las élites gobernantes de Europa eran muy conservadoras y tenían mucho miedo al socialismo, mucho miedo al comunismo, y su miedo al comunismo era mayor que su miedo a la Alemania nazi. La pregunta de los años 30 era: ¿quién era el enemigo número uno? ¿La Alemania nazi o la Unión Soviética? Y muy a menudo, con demasiada frecuencia, los miembros de las élites gobernantes de Europa dieron la respuesta equivocada.

    — ¿Incluso después de que Hitler llegara al poder?

    — Incluso después de que Hitler llegara al poder, lo que les va a sorprender. Las élites conservadoras de Europa eran muy favorables al nazismo. Eran muy favorables a Hitler, por ejemplo, el primer ministro canadiense, Mackenzie King, pensaba que Hitler era un hombre notable. Una gran parte de la élite británica compartía también esta opinión. El fascismo era percibido por las élites conservadoras como un baluarte contra el socialismo y el comunismo.

    Los fascistas representaban el poder y la masculinidad y esto impresionaba especialmente a los hombres de las élites gobernantes que no estaban tan seguros de su masculinidad ni de su poder. Y al ver los desfiles nazis con los tambores y las banderas y los desfiles con antorchas en la noche, todo esto creó una reacción, una reacción de que esto era poder. "Quiero ser parte de esto", no estoy exagerando. Fue así.

    — Si pensaban que los nazis representaban el poder, ¿qué pensaban sobre el comunismo? ¿Cómo les parecía?

    — Aterrador. Imagina si tienes una bonita casa en Londres, otra casa en el campo, una cuenta bancaria con muchas libras y los comunistas socialistas toman el poder en el Reino Unido, podrías perder todas esas cosas. Era tan simple como eso para algunas personas. No estaban preparados para tolerar el socialismo. No estaban preparados para tolerar el peligro de que les quitaran sus riquezas y propiedades. Y veían a la Unión Soviética como una amenaza en ese sentido.

    Especialmente entre las clases trabajadoras de Europa, el Partido Comunista en Francia se hizo muy poderoso en la década de 1930. Incluso, el Partido Comunista en Alemania era bastante fuerte antes de ser reprimido por Hitler. Había cierto peligro para las élites y veían a la Unión Soviética como un semillero de peligro para sus intereses políticos y económicos.

    — ¿Podemos establecer algún paralelismo entre la relación diplomática de Rusia y los países occidentales actual con la situación en los años 1920? ¿Cuáles son las similitudes y diferencias?

    — Bueno, la mayor diferencia es que la Unión Soviética ya no existe. Esa es la mayor diferencia. Pero lo que es similar es una profunda hostilidad de Occidente hacia Rusia. La rusofobia. Fue muy intensa en los años 1920 y es intensa ahora hasta el punto en que se ha vuelto absurda.

    Las potencias occidentales en los años 1920 usaban las mismas herramientas que están usando ahora para lastimar a la Unión Soviética. Ahora, lo hacen para perjudicar a la Federación de Rusia, estoy pensando en las sanciones económicas que pretenden sabotear la economía rusa. No funcionó bien en los años 1920 y no parece que funcione tan bien ahora. Pero el hilo rojo es esta intensa hostilidad hacia Rusia. En cierto modo es incomprensible.

    — En aquel entonces estaban preocupados por la propiedad privada. ¿De qué tienen miedo ahora? Es un país abierto.

    — Esa es exactamente la pregunta que hago. ¿De qué demonios tienen miedo? El presidente Vladímir Putin, cuando llegó al poder, era un atlanticista. Habló de un mercado económico desde Lisboa hasta Vladivostok. Más comercio, más esto, más aquello con Europa. Quería integrar a Rusia sin sacrificar su independencia. Quería llevarse bien con Europa. Después del 9/11, cuando los estadounidenses fueron a Afganistán, fue uno de los dos primeros jefes de Estado en ofrecer ayuda. Vamos a llevarnos bien. Y sigue la misma línea. ¿Cuál es el problema? Y no llega a ninguna parte.

    Creo que el presidente Putin es un atlanticista frustrado, está obligado a tomar posiciones que no quiere tomar, pero no tiene opciones. La OTAN, por ejemplo, prometió no acercarse a las fronteras rusas en el momento cuando el Muro de Berlín cayó y Alemania se reunificó. No vamos a empujar a la OTAN hacia sus fronteras. No se preocupen. Esa fue la línea que le dieron a Mijaíl Gorbachov. Alemanes, estadounidenses y los demás. Pero no cumplieron su palabra. Y ahora tenemos a las tropas de la OTAN haciendo ejercicios militares a 160 km de San Petersburgo. Desde el punto de vista ruso no es aceptable.

    Algunos dicen que Occidente no puede tolerar una Rusia fuerte. No pueden tolerar una nación rusa independiente, fuerte y segura de sí misma. Ese es su problema. Y si ese es su problema, va a ser un problema por mucho tiempo. Porque no creo que los rusos estén preparados para ser un Estado vasallo de las grandes potencias occidentales. Ese es el problema.

    — ¿Es una opinión unánime? Quiero decir, en aquel entonces era principalmente Estados Unidos que impulsaba la narrativa antirrusa. Ahora, socios europeos como Italia, el presidente francés, Emmanuel Macron, han subrayado la importancia de cooperar con Moscú. ¿Así que estamos siendo testigos de una discordia interior entre Occidente sobre Rusia?

    — Creo que una vez que se impusieron las sanciones económicas contra Rusia tras el golpe de Estado en Ucrania, ciertas potencias europeas comprendieron que se les estaba perjudicando más que a Rusia y que estaban pagando un precio más alto que incluso Estados Unidos. Washington no estaba pagando un precio. Y Europa estaba pagando el precio de una política liderada por Estados Unidos. Algunos líderes europeos no son estúpidos y podrían leer sus balances nacionales y decir: esto está funcionando contra nosotros. Tenemos que detenerlo. Pero cada vez que se plantea el tema de las sanciones en la Unión Europea, siempre se continúan. Todos votan a favor de la continuidad, tanto si creen que es una buena idea como si no. Y hay que asumir que tienen miedo o no están preparados para romper con la política estadounidense.

    — Sé que es difícil hacer pronósticos, pero ¿cómo cree que las relaciones se desarrollarán? ¿Hay una luz al final del túnel?

    — Miren los últimos 100 años de las relaciones con los rusos y los soviéticos, excepto el periodo de la Gran Guerra Patria. Excepto por esos cuatro años, estas relaciones han sido tensas y hostiles. Han sido malas durante 100 años. No veo ningún indicio de que vaya a haber un cambio pronto en esa situación.

    — Volviendo a la histeria antisoviética, ¿cómo retrató la prensa occidental a la Unión Soviética en aquel momento?

    — Bueno, como ya he dicho, las imágenes clásicas del bolchevique representadas en las caricaturas políticas y en los carteles políticos eran de un bolchevique sucio, apestoso y de aspecto asqueroso con la sangre de sus víctimas cayendo de las esquinas de su boca, con una daga en los labioa o sus dientes rotos o con una daga en una mano y una bomba humeante en la otra.

    Hay otras imágenes de ellos: como zombis, gorilas, monstruos de varios tipos y siempre están destruyendo la inocencia de la civilización capitalista. Y este tipo de representaciones de los bolcheviques han continuado durante mucho tiempo, aunque después de 1945 la atención se centró en Stalin como un alborotador y agresor. En cuanto a mí, creo que a menudo el agresor se encontraba en Occidente y no en la Unión Soviética o en Moscú.

    — En aquel entonces, la Unión Soviética era un Estado cerrado. Ahora estamos con internet y tenemos un mundo interconectado. Si en aquel entonces la URSS hubiera sido un Estado abierto, ¿habría sido más fácil para Estados Unidos o para la URSS y Occidente comunicarse y cooperar? 

    — No. Porque las potencias occidentales esencialmente no estaban preparadas para aceptar a la Unión Soviética como un Estado socialista, si se quiere, comunista. No estaban preparadas para tolerarlo. Y en última instancia su objetivo era tratar de revertir el poder soviético.

    Eso es básicamente lo que lograron a finales de 1991, cuando la Unión Soviética se desmembró. Este era el objetivo político final de los Estados occidentales, con la excepción de la gran alianza de la Segunda Guerra Mundial.

    — ¿Puede comentar la reciente declaración del presidente Putin? Criticó la decisión del Parlamento Europeo de equiparar a Iósif Stalin con Adolf Hitler.

    — Sí, claro. Bueno, este tema ha estado presente durante varios años, y el Parlamento Europeo y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa siguen volviendo a este tema. Dicen que la Unión Soviética fue básicamente responsable del estallido de la guerra en septiembre de 1939. Y parece que olvidan que Adolf Hitler era un problema.

    Tal vez esté exagerando un poco, pero básicamente esa es su línea. Es completamente falso desde el punto de vista histórico. Básicamente, la historia de los años de 1933 a 1939 es la historia de la Unión Soviética tratando de establecer una entente antinazi. Y sus esfuerzos por establecer esta entente eran rechazados repetidamente por Estados Unidos, por Francia, por el reino Unido.

    Y era como si la Unión Soviética fuera una especie de Casandra fea, la que decía la verdad. Nadie en Occidente quería escucharla. Y nadie quería aliarse con la Unión Soviética contra la amenaza nazi. Y el hecho es que el Reino Unido, Francia y Polonia tuvieron una responsabilidad mucho mayor en el estallido de la guerra que la Unión Soviética al firmar en el último minuto el pacto de no agresión con la Alemania nazi.

    ​Porque después de todo, ellos mismos, los polacos, los británicos y los franceses, habían pasado los últimos seis años tratando de negociar con la Alemania nazi. Y el caso más atroz fue, por supuesto, el acuerdo de Múnich en septiembre de 1938, que resultó ser un fracaso. Así que, básicamente, el presidente Putin buscó refutar y condenar la resolución del Parlamento Europeo, lo que fue correcto de su parte.

    — Usted llegó a Rusia por primera vez en 1996. ¿Puede decirnos cómo ha cambiado el país a lo largo de los años?

    — Permítanme compartir con ustedes mis impresiones de Rusia en los años 90. Moscú estaba en apuros y la gente estaba en las calles vendiendo efectos personales, vendiendo cintas, verduras medio podridas. Recuerdo a una mujer que solía estar parada frente a la estación de metro Arbátskaya. La veía todas las mañanas cuando iba a los archivos y ella tenía en su mano unas cremalleras que intentaba vender. Y para mí, esa imagen fue la imagen de las dificultades de los rusos comunes en los años 1990. Solía haber abuelas que vendían patatas y zanahorias. Y la Policía venía y los echaba de allí.

    Un frío y soleado día de invierno en Moscú
    © Sputnik / Grigoriy Sisoev
    Y todo eso se ha ido ahora. Mira alrededor de Moscú: es una ciudad moderna, bulliciosa, con atascos imposibles, con gente que conduce vehículos caros, con nuevos edificios que se levantan por todas partes. Una nueva carretera entre San Petersburgo y Moscú. Hay todo tipo de actividad económica. Gasoductos a China.

    El segundo gasoducto a Alemania está casi terminado, aunque los estadounidenses siguen intentando sabotearlo. La situación es notablemente diferente. Es una transformación extraordinaria en algunos aspectos, aunque si hablas con la gente común, todavía hay muchos problemas. Los salarios no son lo suficientemente altos. Los empleos son inseguros. Todavía el Gobierno ruso tiene mucho trabajo por hacer. Pero si se compara con los años 1990, la transformación ha sido extraordinaria.

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    diplomacia, occidente, comunismo, Unión Soviética
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