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20:23 GMT +322 Octubre 2019
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    Ofelia Fernández, candidata a legisladora en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

    Una legisladora 'centennial' revoluciona el tablero político en Argentina

    © Foto : Barbara Leiva / Frente Patria Grande
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    Integra el Frente de Todos y es candidata a legisladora en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Si en las elecciones generales de octubre se repiten los mismos números que en las primarias abiertas generales y obligatorias (PASO), Ofelia Fernández se convertirá a los 19 años en la legisladora más joven de América Latina.

    Comenzó a militar en el colegio, donde fue presidenta del Centro de Estudiantes del Carlos Pellegrini, uno de los institutos de educación secundaria más prestigiosos de la Ciudad de Buenos Aires. A través de diferentes protestas y tomas escolares ganó popularidad en los medios de comunicación locales y fue el blanco favorito de muchos presentadores de noticias que le cuestionaban sus formas y manera de hablar.

    ​Se apellida Fernández, pero no es hija, ni sobrina, ni guarda ningún parentesco con los otros dos Fernández que encabezan su lista: Alberto Fernández, candidato a presidente y Cristina Fernández de Kirchner, candidata a vice. Es más, tampoco se considera kirchnerista.

    Sputnik entrevistó a la nueva cara de la izquierda argentina que a los 19 años no solo vota por primera vez a un presidente, sino que forma parte del armado electoral. Ofelia Fernández habla desde Buenos Aires del rol de la juventud en América Latina, del sometimiento de la región a EEUU, de Jair Bolsonaro y hasta del papa Francisco.

    — ¿Cómo fue la transición de la militancia en el colegio al centro de la política real?

    — Desde ya que es bien distinto. En el colegio y en el Centro de Estudiantes eran 2.000 personas cuyo abanico ideológico no era tan amplio. Había ciertos sentidos comunes, de común acuerdo. Había otras lógicas. En cambio ahora, tengo que ocupar un lugar de referencia más nacional en cuanto a la juventud. Es mucho más amplio. No solo los y las jóvenes me escuchan, sino todo el mundo, para bien o para mal. Eso ya lo hace muy distinto. Tengo que convencer a muchísima más gente que tiene ideas distintas. Eso apareja mucho más hostilidad, incomodidad por mi candidatura. Me insultan mucho y demás. 

    — ¿Cómo te impactan los insultos que recibes?

    — Mi filosofía es no perder el tiempo. Creo que es un dispositivo que usan para cambiar lo que digo, limitarme humanamente, emocionalmente. Intento no darle mucha más entidad. Un observatorio de violencia política hacia las mujeres reflejó que soy la más violentada básicamente. 

    — El blanco más fácil...

    — Claramente por esto de la edad parece mucho más fácil desestabilizarme y confrontar conmigo. Pero lo que me gusta detectar es saber qué batallas están perdidas, a qué gente no voy a poder convencer y resignar algo de eso. Sobre todo, entender que no hay un empecinamiento individual conmigo, sino con lo que yo puedo expresar después. No es a mí. Es una serie de ideas y propuestas, concepciones de toda una generación que rompen mucho con lo tradicional o la costumbre, entonces entiendo que el miedo no es a mí, sino a lo que puedo llegar a hacer. Tengo que tomármelo hasta como una motivación en algún sentido. Cuanto más violentos se ponen, veo más necesario hacer lo que tengo que hacer. 

    — ¿El centro de los ataques cuál es? ¿Es tu edad o te discuten ideas?

    — Es un poco "esta pendeja de mierda" y además ser feminista que es algo con que se les pega a todas las candidatas feministas, más grandes o más chicas. Pero además, ser tan joven hace que la gente diga "voy a investigar cada gasto que haga". Todas cosas medio psicópatas. Estoy en la mira todo el tiempo. Cualquier declaración, la tergiversan y arman noticias falsas.

    "Hay una generación dispuesta a cambiar todo lo que deba ser cambiado. Somos la generación que tiene en su manos derribar de una vez y para siempre el neoliberalismo en nuestra América porque la tibieza de la burguesía, a mí me seca la concha". (Contracumbre del G20 de Clacso, noviembre de 2018)

    — A partir de tu frase sobre la tibieza y la burguesía hubo un aluvión de artículos.

    — Eso fue cuando lanzamos la plataforma electoral del Frente Patria Grande. Yo ya venía creciendo como referente a partir del debate sobre el aborto. Lo que pasó ahí es que tuve un posicionamiento más político electoral contra Macri. Hay una serie de cosas que molestan en mi perfil, yo no lo reduciría a la edad, ni a ser mujer…

    — Exacto, me acordé de la otra frase en la que decías que te miraban raro por ser hombre y no tener experiencia. Me imagino una candidata joven de la derecha. Los medios la presentarían como la niña tierna y el ejemplo a seguir.

    — Total. Eso lo empecé a pensar y a decir hace poco, después de haber dicho que me miraban raro porque no tenía pija ni experiencia. Si fuese una chica de un colegio privado que se gradúa con mejor promedio y es un funcionaria de Macri, sería la niña prodigio. 

    ​Creo que molesta ser parte del armado político en el que estoy que es completamente estigmatizado por los medios de comunicación. Viniendo de una juventud organizada. Me tiran mucho esto de "es la que toma colegios. Va a tomar la Legislatura". 

    Es todo una combinación de cosas que tiene mi perfil que dan ese resultado. Lo que hace distinto de ser mujer y tener mi edad es qué tipo de ataques recibo, pero lo que genera el nivel de furia es la combinación de ser mujer, tener 19 años e ir por la candidatura de Alberto Fernández y Cristina. 

    — ¿Ves en esos ataques alguna similitud con las agresiones que recibía Cristina cuando era presidenta? Alguna vez ella también dijo que la atacaban por ser mujer.

    — Es una combinación de dos cosas. Si lo pensás, sus ideas las tiene mucha gente que no recibe el mismo tipo de ataques. Ser mujer es el formato y sobre todo qué tipo de mujer le sirve al sistema y qué tipo de mujer sos. Por ejemplo, [la gobernadora de la provincia de Buenos Aires] María Eugenia Vidal, un cuadro de ellos, es una mujer que no la ves en tapas de revistas con látigos y desnuda como lo hacían con Cristina. Es porque es un tipo de mujer del que construyeron un perfil de buena, de tranquila.

    — Funcional.

    Claro, funcional al formato de mujer que necesitan y a los intereses de los grandes sectores de poder. Cristina es irreverente. Es mal llamada soberbia porque en realidad es segura, es confrontativa. Ser mujer y tener todo eso es lo que genera este resultado. 

    La diferencia entre ella y Néstor [Kirchner], por ejemplo, para cómo se la trató en relación a sus políticas es que por ser mujer no se achica, pone el cuerpo y la cabeza y lo dice en ese tono que tiene ella que para mí es increíble.

    — ¿Cómo nace la admiración hacia Cristina Fernández?

    — Yo me identifico más con la izquierda y durante el kirchnerismo fui crítica, no pertenecí a ese proceso ni construí en esa óptica. Al día de hoy sigo sin hacerlo, pero cada tanto hago el chiste "no soy kirchnerista, soy cristinista".

    Ella condensa para mi generación varias cosas. En principio, a mí me empezó a interesar la política por ella. Cuando tenía 11 años la miraba en las cadenas nacionales y por ella me acerqué a la política. Pero después, cuando entré al colegio, incluso con la figura de Cristina no estaba de acuerdo, qué se yo.

    Después, durante la etapa macrista, uno se da cuenta qué cosas fueron operaciones que se construyeron no para atacar los puntos con los que yo puedo tener diferencias, sino todo lo contrario, para profundizar los errores. 

    Para mi generación significa recordar que nos criamos en un proceso de expansión de derechos, de empoderamiento de los sectores populares. Eso nos dio el derecho al voto desde los 16 años, la ley de Centro de Estudiantes, un montón de cosas que nos permitieron politizarnos con otra cabeza y pensar más a futuro.

    Particularmente, Cristina nos presentó a las mujeres la oportunidad de aspirar a ser líderes y dirigentes, que no es poco. Ella una vez mencionó que en un acto se le acercó una maestra de jardín de infantes y le dijo "hiciste muchas cosas bien, pero una que me emociona mucho es que ahora las nenas del jardín no dicen que quieren ser princesas, dicen que quieren ser presidentas". 

    — A los 11 años, ¿qué era lo que te llamaba la atención de Cristina?

    — Yo estaba mirando [la tira juvenil] Patito feo o Casi ángeles, no me acuerdo exactamente. Mi prima estaba conmigo y [cuando empezó la cadena nacional] lloraba porque era un capítulo importante. En ese momento me pasaba que no tenía ni idea de qué era la presidencia y todo eso, pero se hacía real cuando aparecía ella ahí, alguien que toma decisiones que afectan tu vida y la de los demás… está ahí, te pone la jeta y te lo explica. La humanicé de alguna manera y como que dialogaba con ella… Estaba ahí en mi casa, en mi living. 

    Ahora, a veces, hay medidas, cambios radicales o pasan cosas que no se entienden y no tenés una respuesta. El formato de pensar que hay alguien que se hace cargo de lo que va haciendo y te lo puede decir y explicar, creo que politiza y que ayuda a la sociedad.

    — Te definís como "hija del kirchnerismo" y ahora formas parte del Frente de Todos. ¿Por qué no te consideras kirchnerista y buscas diferenciarte de ese sector?

    — Ser hija del kirchnerismo me tiene que permitir no ser una generación nostálgica. No pensar que los mejores años son los que pasaron. El "vamos a volver" y demás. Como joven tengo que pensar que lo mejor es lo que está por venir, porque si no ya está. Hay un techo que te pones que no me cierra. Lo mejor que se puede construir puede ser después. Hay un montón de cosas que faltaron en ese sentido y puntos con los que yo choqué en aquel entonces. 

    Yo vengo de la militancia de base, de la militancia cotidiana. Creo que hubo una filosofía en el kirchernismo de permitir esa organización, pero mantener una dialéctica de confrontación, no ser del todo receptivos a que los procesos de los movimientos populares y organizaciones sociales se den en esa clave. Dialogar y legitimar esa estructura. Eso, en la construcción de sentido y de cuadros, los terminó perjudicando. 

    Hay una cosa de la dinámica democrática que para mí tiene que ver con ser superior a la cuestión electoral. A mí me conmueve pensar en una real distribución de la riqueza, de la tierra, de los servicios y de los recursos.

    — ¿Hay espacio dentro del Frente de Todos para discutir ideas? ¿Cómo es la interacción?

    — Tener diferencias dentro de un espacio político demanda resolverlas. No solo entre dirigentes, no solo entre espacios, sino con el resto de la sociedad. Creo que hay algunos puntos que al haber expresiones tan distintas adentro en relación al largo plazo, porque en el corto plazo hay un acuerdo total sobre los primeros pasos, va a ser obligatorio trasladar esos debates al resto de la sociedad.

    Tiene que haber matices y discusión. Cuando es la grieta macrismo-kirchnerismo, están todos enojadísimos, pero cuando hay diferencias en relación a otras cosas, ¿está mal pensar distinto? ¿Por qué los intereses no pueden defenderse con argumentos, en vez de con amedrentamientos? 

    Se construyó un nivel de 'soldadismo' hasta peligroso. La militancia no tiene que estar para ser moderada y disciplinada. Hasta el propio Alberto [Fernández] dice que tiene que haber esa posibilidad de plantar discusiones.

    Ofelia Fernández, candidata en la primera vez que vota.
    © Foto : Barbara Leiva / Frente Patria Grande
    Ofelia Fernández

    — ¿Crees que va a ser posible para Alberto Fernández cerrar la grieta? 

    — Me genera mucha irritación el concepto de grieta porque no es algo particular de esta época, entre el macrismo y el kirchnerismo. Es algo histórico, es una grieta de intereses. Ellos expresan los intereses de los sectores de poder real, en todos los planos: desde el mediático, hasta el judicial, el financiero, etcétera. Ellos son eso. [En cambio] un Gobierno nacional y popular expresa los intereses del pueblo y busca cómo generar mejores condiciones. Entre esos dos sectores hubo grieta siempre.

    — ¿Pero durante el kirchnerismo no sentís que se generó un odio visceral? A ambos lados de la grieta.

    — A eso iba. Yo creo que lo que Alberto sí puede hacer es bajarle el temperamento. También es posible dialogar con el enemigo. Yo pienso en la Legislatura. Lo que tenemos distinto son ideas, lo más entretenido de la política debería ser discutirlas. Me imagino en la Legislatura tocando sus despachos también y no pensando solo en mi bloque. Intentando dialogar y construir acuerdos con otros.

    Esto es lo que muestra Alberto cuando se junta con toda esta gente, mostrar que uno puede dialogar con alguien que es antagónico ideológicamente, pero con el que quizá se pueden construir acuerdos en función de algunas cosas o al menos tener un debate político más ordenado. Eso sin dudas creo que se puede hacer. 

    Hay que demostrar que lo que destruyeron se puede construir de otra manera y esa es la mejor venganza. Mostrar que nuestro modelo no es lo que ellos dijeron, una fiesta impagable y esas barbaridades.

    — ¿Puntualmente en la ciudad de Buenos Aires qué falencias hay?

    — Muchísimas. El jefe de Gobierno cuenta con un blindaje mediático fenomenal, no visto ni para el propio Gobierno nacional. Parece no haber ningún problema porque hay macetas y alguna que otra obra. El tema de las vacantes es un problema año a año. No para uno o dos pibes. Hay 20.000 pibes sin vacantes. Dijeron que iban a construir no sé cuántos jardines maternales y no hay ninguno. 

    ​En materia educativa, yo que vengo de ese sector, las escuelas están totalmente abandonadas. Hay una dinámica ya planteada explícitamente en la que las escuelas y universidades privadas tienen que construir a los líderes del mañana y el resto de las escuelas dependientes del Estado educan para trabajos precarizados y en relación de dependencia con el mínimo conocimiento.

    — Llegas al seno del kirchnerismo de la mano del dirigente Juan Grabois, cercano o simpatizante del papa Francisco, a quien has criticado en varias oportunidades. ¿Rescatas algo del sumo pontífice?

    — Para la historia, bajo los antecedentes de la Iglesia católica, implica una renovación de ciertos principios. El programa Tierra, Techo y Trabajo que levantan los movimientos sociales acá es algo que impulsó el propio Papa. 

    Lo que a mí me pasa es que entiendo que hay un montón de referentes propios de esos sectores que expresan eso de manera contundente.

    A mí me resulta molesto tener que agradecerle al Papa esos principios cuando en él conviven actitudes de desprecio total hacia las mujeres, hacia la diversidad, además de una moral muy autoritaria hacia nuestros derechos que no siento que tenga que aplaudirle nada. Siento una contradicción.

    — Cristina tuvo esa contradicción. Antes de que Francisco fuera Papa, con Bergoglio tenía una relación muy tensa y luego las cosas cambiaron por el rol que asume como líder mundial. 

    — Eso lo entiendo y puedo afirmar que mejor este [sumo pontífice] que otro. La confrontación que tengo con el Papa, sería igual con cualquier Papa. En cambio, con lo que sí puede estar bien de Francisco no sé si con cualquier otro sería de esa manera. 

    Eso lo valoro, pero no es mi rol interpelar desde ese lugar. No va a modificar en nada que yo lo acepte o lo rechace. El colectivo que represento necesita confrontar con eso porque pretende cambiar y enterrar buena parte de esa moral, pero sin dudas puedo valorar en lo privado que haga sus aportes en un contexto latinoamericano muy injusto.

    Cuando él interviene en relación a la persecución judicial y demás creo que es beneficioso e interesante el estudio de las religiones institucionalizadas pudiendo marcar distinciones. Entender que hay una iglesia que es la evangélica que está gobernando Brasil después de un golpe de Estado, eliminando derechos y legislaciones para poblaciones diversas y pretende gobernar todo el continente con poder político. 

    Entre la Iglesia evangélica y la católica, a mí me interesa mucho profundizar ese tema. Veo esas diferencias. Hay un peligro mayor ahí. Veo que es importante que [Francisco] tenga los pronunciamientos que tiene.

    — ¿Le pones nombre y apellido a ese peligro del que hablas en América Latina?

    — Puede ser en términos generales, la derecha; en términos particulares, el neoliberalismo con el sometimiento a Estados Unidos particularmente. Es muy similar ideológicamente al proceso de las dictaduras latinoamericanas en función de qué intereses representan el avance de la derecha.

    Está este matiz de la Iglesia evangélica que preocupa por esto de la moral y de los valores. No solo tienen un modelo político y económico neoliberal con toda la miseria y hambre que eso implica, sino que también vienen por la destrucción y desarticulación que traen los feminismos y de derechos elementales para nosotras.

    Lo que está pasando en Brasil en relación a eso que ahora llega al punto de censurar libros, películas, los decretos que sacó [Jair] Bolsonaro para erradicar todo tipo de protección a la población LGTBQ+...

    En Brasil ya prohibieron la palabra género. Es un enemigo muy fuerte. La batalla es sin duda regional y latinoamericana. Ellos generan bloques latinoamericanos no para consolidar esa América Latina, sino para coordinar esa relación de sometimiento y dominación voluntaria.

    Yo quiero construir un bloque latinoamericano fuerte que pueda dialogar con el mundo sabiendo que sus principales hermanos y hermanas están ahí, están al lado.

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    — ¿Hay posibilidades de que la región vuelva a enfilarse detrás de Gobiernos más cercanos a la izquierda?

    — Creo que hay condiciones. Lo de México es histórico, si bien está muy arriba. Está más cerca de allá que de acá, pero lo de López Obrador es esperanzador. Es importante que Bolivia se mantenga, hay que aprender mucho de ahí.

    Uruguay que tiene elecciones el mismo día que nosotros y nosotras. Estuve el 12 en Uruguay, espero que el Frente Amplio se mantenga.

    — ¿Cómo fue el encuentro con jóvenes uruguayos?

    — ¡Muy bueno, muy bueno! No esperaba que me siguieran tanto ahí, que me conozcan. Llegué a un salón explotado con gente muy emocionada. 

    — ¿Qué los une viviendo en países distintos?

    — Un montón de cosas. Cuando hablaba, no parecía estar hablando en otro idioma. El feminismo que es claramente algo que está levantándose a nivel mundial, la agenda ambiental. Incluso una cuestión de lógica: cómo pensar la política, qué lugar tiene que tener la juventud.

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    Ahí sentía que todo lo que decía era comprensible. Estaba Macarena Gelman en el panel, hablamos de derechos humanos. Venimos de procesos parecidos, de dictaduras y ellas se emocionaban cuando contaba el movimiento de derechos humanos acá que es único y no pasó allá. No hubo los juicios de acá y no existen las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Me sorprendió, me sentí muy conectada. 

    — Hay un regreso a los orígenes, a militar causas y levantar ciertas banderas más que a afiliarse a un partido político.

    — Hay algo de eso. Hay una agenda. El espacio lo condensa mejor, pero creo que viene primero la agenda y después el espacio. Ocupar espacios ayuda a asegurarse de que esa agenda esté ahí, pero uno no tiene que perder el cable ni la raíz en el movimiento colectivo que lo hace ver esas demandas. Sin dudas. 

    Hay una pedagogía también de menos de conformismo, lo que caracterizó a las juventudes siempre. Tener registro de que no vivimos en una realidad que apareció de repente, sino que se construyó durante décadas. Hay ciertos hechos que eran imposibles y se volvieron posibles con organización. Nosotros sentimos que nos toca la nuestra, al menos eso pienso yo.

    La historia la conozco no solo porque me divierte, sino para saber que soy capaz de escribirla también. 

    — ¿Qué te hace sentir tener la posibilidad de alcanzar el récord de ser la parlamentaria más joven de América Latina?

    — Lo que yo sé es que es un récord compartido. La más joven también tuvo 19 años y fue cubana. Me enteré hace poquito… antes yo vendía humo (risas).

    — Bueno saberlo, ahora no sé si me interesa seguir la entrevista…

    — ¡Anda a entrevistar a la cubana!

    — Bueno, más allá de ese caso, te van a presentar así.

    — Me encanta porque acá en Argentina ese récord se lo saco a [el actual jefe de Gabinete de la Nación] Marcos Peña (risas).... ¡Eso me divierte! Me emociona mucho y cada tanto lo pienso y me parece un flash que me hayan dado la oportunidad de ir tercera en una lista que tiene que contener a tantos espacios con tantas trayectorias, estoy muy agradecida y entusiasmada. 

    Me emociona porque no habla de una capacidad mía, sino de cómo esto fue inevitable gracias al proceso organización y visibilización de las luchas de la juventud y de sus propias referencias, particularmente con la lucha por el aborto. 

    También hay que tener cierta humildad de saber que yo tengo este récord porque las coyunturas de hoy hacen heroicas este tipo de intervenciones, pero acá en Argentina hubo gente de mi edad que fue desaparecida y torturada. Estuvieron muy cerca de hacer una revolución y no tuvieron la capacidad de romper ese récord porque no querían entrar a una Legislatura, querían justamente hacer esa revolución… 

    — Tampoco había Legislatura…

    — No le bajo el precio a la forma de intervención de hoy, pero entiendo que hubo otros jóvenes que rompieron sus propios récords, pero que no quedan formalizados. Sin duda para la actualidad es muy fuerte lo que significa y estoy muy orgullosa, pero lo verdaderamente heroico es transformar las cosas, no solamente proclamar que lo querés hacer.

    — Como referente de la izquierda, ¿qué le decís a todos los que votarían en blanco en caso de una segunda vuelta en las elecciones presidenciales?

    — Bueno, me parece que en un contexto como este no se trata de irse a dormir tranquilo con su conciencia, ni de tener el mejor programa o acuerdo total. No es un momento para discutir acentos, sino para discutir el todo y creo que mostrar indiferencia entre permanecer o cambiar de modelo en una situación de crisis tan profunda no me parece válido...  bueno, válido sí porque pueden hacerlo, pero no la mejor opción. Siempre cito a Rosa Luxemburgo que decía: "Vale más avanzar un paso concreto en la realidad que 1.000 programas teóricos intachables o infalibles". 

    Ofelia Fernández no es solo una promesa. Ya se ha ganado un lugar en el centro de la política y ha puesto en jaque a universitarios, periodistas y políticos cuyos años de carrera duplican la edad de esta mujer que llegó para decir que los jóvenes no son el futuro, sino el presente.

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