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    Sobrevivientes de asalto al Moncada no sabían que atacarían un cuartel cubano

    © CC BY 2.0 / Maxence / Cuartel de Moncada
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    LA HABANA (Sputnik) — ''Ninguno de los que nos unimos al movimiento revolucionario sabíamos que la idea era atacar una fortaleza militar'', comentó a Sputnik Ramón Pez Ferro, uno de los sobrevivientes del asalto al cuartel Moncada, en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, y que se recuerda en la isla como el Día de la Rebeldía Nacional.

    "Ninguno de los que nos unimos al movimiento revolucionario sabíamos que la idea era atacar un cuartel militar, menos el Moncada (la segunda fortaleza militar más importante de la isla), lo único que sabíamos y estábamos convencidos era que queríamos luchar para derrocar la dictadura de Fulgencio Batista (1952-1958)", dijo Pez Ferro, de 85 años.

    Ramón Pez Ferro, asaltante al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953
    © Foto : Miguel Fernández Martínez
    Ramón Pez Ferro, asaltante al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953

    Pez Ferro, natural del poblado de Candelaria en la provincia de Pinar del Río, unos 80 kilómetros al suroeste de La Habana, comenzó muy joven como dirigente estudiantil, y se afilió al Partido Ortodoxo, principal fuerza política que se opuso al golpe de Batista en marzo de 1952.

    "Cuando se produce el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, nos generó un rechazo, y lo asumimos con una forma de evitar que nuestro líder ortodoxo en aquel momento, el doctor Eduardo Chibás, quien planteaba luchar contra la corrupción que imperaba el país, pudiera llegar a la presidencia", comentó.

    Cuando tenía 19 años de edad y estudiaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad de Artemisa —a 66 kilómetros al oeste de la Habana—, Pez Ferro fue contactado por los organizadores de las primeras células de ese movimiento, y una de las razones que lo impulsó a incorporarse fue que, además de luchar para derrocar al general Batista, se proponía generar cambios profundos en la sociedad cubana, según dijo.

    Marta Rojas rememora el juicio a Fidel Castro por la toma del Cuartel Moncada en 1953
    © Sputnik / Oleg Vyazmitinov

    Al primero que conoció de los dirigentes del movimiento fue a Abel Santamaría (1927-1953), que era el segundo al mando del joven abogado Fidel Castro (1926-2016), con quien tuvo contacto más tarde, durante una reunión con los líderes locales en Artemisa, que de manera secreta se realizó en la sede de una logia masónica.

    El núcleo de combatientes de Artemisa lo integraban 28 jóvenes, entre ellos Ramiro Valdés, también sobreviviente del asalto y uno de los más importantes jefes de la Revolución en los últimos 60 años, Ciro Redondo (1931-1957) y Julito Díaz (1929-1957), caídos en combate durante la lucha en la Sierra Maestra.

    El asalto

    Pez Ferro integró el grupo de asaltantes que se dirigieron a tomar el Hospital Saturnino Lora, muy próximo al cuartel Moncada, y uno de los tres objetivos, junto al Palacio de Justicia, de los atacantes.

    En el grupo que tomó el hospital, encabezado por Santamaría, estaban las dos únicas mujeres, Haydeé Santamaría y Melba Hernández, quienes junto al médico Mario Muñoz, tenían la tarea de ayudar a los heridos en el enfrentamiento armado.

    Fracasado el ataque, contó Pez Ferro, soldados y policías de Batista irrumpieron en las salas del hospital, sacando a la fuerza a los atacantes, muchos de los cuales habían tratado de ocultarse vistiendo ropas de enfermos.

    Salvar la vida

    En medio del desespero y la confusión, Pez Ferro fue protegido por uno de los pacientes, que era un veterano de las guerras de independencia llamado Tomás Sánchez y oriundo de la ciudad de Santiago de Cuba.

    "Me senté junto a su cama, y él se puso a conversar conmigo, y cuando llegaron los guardias, el viejo Tomás les dijo que era su nieto y lo estaba cuidando. Era muy joven; tenía apenas 19 años, con cara de niño y mulato igual que el viejo Tomás, y los militares me dejaron, pensando que de verdad era su nieto, lo que permitió salvar la vida y no ser arrestado", contó.

    Después de salir del hospital, deambuló por las calles santiagueras hasta que pudo trasladarse a La Habana, donde encontró refugio en casa de su abuela.

    Allí finalmente fue capturado por la policía de Batista y remitido de nuevo al cuartel Moncada, donde estaban presos los demás alzados.

    "El asalto al cuartel Moncada estremeció tanto al pueblo de Cuba que sirvió, como dijo Raúl Castro, de motor pequeño para encender al motor grande, porque aunque no se pudo tomar el cuartel, la acción no fracasó, sirvió para iniciar un movimiento liberador del pueblo que no se detuvo", sostuvo.

    Pez Ferro fue absuelto en el juicio posterior por falta de pruebas, pero la represión policial y la inseguridad hicieron que su familia lo enviara a Estados Unidos, donde permaneció hasta el triunfo revolucionario en enero de 1959.

    Desde su regreso trabajó en diferentes tareas, en especial en el parlamento, donde cumplió funciones hasta su jubilación.

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