21:43 GMT +312 Diciembre 2018
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    Elias Jaua, Ministro de Educación de Venezuela

    Elías Jaua: Gobierno venezolano y oposición deben ponerse de acuerdo para evitar una hecatombe

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    José Negrón Valera
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    Recientemente se acaban de cumplir veinte años de la primera victoria electoral de Hugo Chávez en Venezuela. Ese acontecimiento inauguró el proceso de la Revolución Bolivariana, y también abrió las puertas a uno de los más grandes asedios que haya enfrentado proyecto político alguno.

    A las puertas del año 2019, quisimos pulsar la opinión de Elías Jaua, un representativo dirigente de dicha Revolución, para hacer un balance de estas dos décadas y evaluar los grandes desafíos que deberá enfrentar la nación suramericana en el futuro inmediato. 

    Jaua ha sido Vicepresidente de la República, Canciller, Secretario del Despacho de la Presidencia y ha ocupado cargos en distintos ministerios como el de Agricultura y Tierras, Economía Popular y Educación. Fue un cercano colaborador del presidente Chávez y también del presidente Nicolás Maduro.

    Entrevista con el exministro de Educación de Venezuela, Elías Jaua
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    Entrevista con el exministro de Educación de Venezuela, Elías Jaua

    — Hace unos días publicó un tuit, en el que decía que se encontraba leyendo al comandante Chávez sobre la campaña victoriosa rumbo al 6 de diciembre de aquel año 1998. Textualmente recomienda "retornar al espíritu y la mística que nos condujo a la victoria" de 1998. ¿Cómo se traduce ese espíritu y esa mística en acciones políticas concretas?

    — La sociedad venezolana de los años 90, quería un país independiente con igualdad social, con menos corrupción, una sociedad honesta, un país con justicia, con una democracia donde el pueblo realmente decidiera. Creo que en este momento ese espíritu, se debería expresar en una sólida unidad nacional contra la agresión extranjera. Creo que ahorita se requiere, unir a todo aquel que quiera profundamente a Venezuela y no la quiera ver víctima de la agresión a la que está siendo sometida, eso implica un gran esfuerzo de reconstruir alianzas, de convocar a los patriotas venezolanos y venezolanas, tal cual como ocurrió en 1998.

    Chávez no ganó solo con el MVR, Chávez logró la victoria del 98, con una gran alianza patriótica y popular. Ese sería un primer elemento, hay que reunificar al pueblo en la base, y hay que convocar una gran alianza de todos los factores políticos sociales y económicos que se opongan a la agresión que estamos viviendo.

    Creo que respecto a la igualdad social, es fundamental avanzar en contener la brecha que la guerra económica ha ocasionado. Nuevamente se puede percibir a una élite con un alto poder adquisitivo y una inmensa mayoría impactada en su vida cotidiana, en su alimentación, en los servicios, producto de estos cinco años de guerra total. Y eso se puede hacer por la vía de impuestos de carácter progresivo, que efectivamente se ejecuten y se desarrollen las leyes para pechar la acumulación de riquezas y garantizar la distribución igualitaria como lo veníamos logrando, hasta que se generara toda esta conflictividad.

    También resulta fundamental retomar el espíritu y el anhelo de una sociedad más honesta. Hoy más que nunca Venezuela requiere que se desmantelen el conjunto de mafias que como parte de la desestabilización, han ocupado la vida económica y buena parte de la vida institucional del país. Creo que así se expresaría el espíritu de aquel año de 1998.

    — Un artículo de opinión de su autoría titulado "Inversiones Sí, Despojo No", ha sido ampliamente comentado. Uno de los puntos, quizá el más polémico, es en el que usted recomienda "resolver el asunto del funcionamiento de la Asamblea Nacional (Poder Legislativo), teniendo como referencia el mecanismo acordado en la mesa de diálogo y negociación, de principios de este año, en República Dominicana; o mediante la convocatoria a la soberanía popular para la elección de un nuevo Parlamento." ¿Podría ampliar este aspecto?

    — Hay que contextualizar esa propuesta que hago. Venezuela ha sido sometida en esta última etapa a un cerco económico y financiero, agravado por desviaciones en materia de ética administrativa que se produjeron en la principal empresa petrolera venezolana, PDVSA. Por lo tanto, esta situación —el cerco financiero—, ha conllevado a que Venezuela no tenga los ingresos suficientes para levantar su capacidad productiva, y por el otro lado, al tener una Asamblea Nacional, un poder legislativo en desacato, desde hace dos años y algo más, muy difícilmente podremos acceder a fuentes de financiamiento sin renegociar la deuda, y no va a ser posible renegociar la deuda, sobre todo en Occidente, en el capitalismo occidental, si no existe el aval jurídico de la institución que la Constitución prevé que haga este tipo de operaciones, que es el poder legislativo nacional. Creo que la Asamblea Nacional Constituyente, como poder originario tiene la capacidad de hacerlo, pero buena parte de los gobiernos de Europa, el gobierno de Estados Unidos, no reconocen a la Asamblea Nacional Constituyente. Entonces, el juego está trancado. Tenemos una Asamblea Nacional en desacato, y tenemos una Asamblea Nacional Constituyente desconocida de manera arbitraria por estos gobiernos. Por ello, se requiere reconstituir el Parlamento para poder iniciar un proceso de renegociación de la deuda, y por tanto de acceso a las fuentes de financiamiento que requiere el país para levantar su producción nacional.

    — ¿Piensa que existe voluntad política tanto del Gobierno como de la oposición para avanzar en un acuerdo de este tipo?

    — Más allá de la voluntad, creo que es una necesidad. Es por ello que en el artículo que escribí, apelo a que la Patria esté primero. Y por encima de nuestras diferencias políticas está la preservación de nuestra independencia de la soberanía económica de nuestro país, y por tanto de la estabilidad económica y social del pueblo venezolano. Como dirigentes políticos de la Nación, tiene que haber una disposición para que el año 2019 en vez de un año de hecatombe, como se vaticina, podamos efectivamente encontrar los mecanismos que nos permitan emprender el camino del crecimiento económico con superación de la pobreza, con inclusión social, como lo veníamos logrando durante la Revolución Bolivariana.

    — Hace algunas horas se realizó en un conocido hotel capitalino una reunión privada del denominado Grupo de Boston, el cual se define como "un grupo de amistad que nació de la Comisión Interparlamentaria entre Venezuela y Estados Unidos en los años 2000-2005". Se considera que en dicha reunión se debatieron distintas estrategias de acercamiento con el gobierno nacional para lograr restablecer el diálogo político con factores de la oposición. ¿Piensa que están dadas las condiciones para que el 2019 esté marcado por un profundo diálogo y no por la confrontación?

    — Hay que crear esas condiciones porque el otro escenario, el que me preocupa, es aquel en el que Venezuela sea víctima de un saqueo, de un despojo, que es a lo que apuesta el capitalismo más irracional, más buitre —como usualmente se le conoce en el mundo financiero—. Llevarla, si fuese necesario, a una guerra civil o a una intervención externa, con lo cual puedan ocupar nuestras riquezas. Por eso, yo insisto en que es el momento de elevar la estatura y la conciencia de toda la dirigencia política, tanto de nosotros los revolucionarios, como de los opositores. Debemos todos preservar la independencia, la dignidad, y la soberanía de Venezuela.

    — El economista Luis Enrique Gavazut, en un artículo denominado "La primera víctima de la guerra económica no puede ser la verdad" escribe lo siguiente: "No puede haber democracia ni libertades si no hay información veraz, si no hay transparencia en la rendición de cuentas ante la Nación toda. Si no hay suficiente difusión pública de esa información. Nadie defiende lo que no conoce… y tampoco nadie se opone". ¿Qué opinión le merece dicha reflexión?

    — La realidad institucional y como se ha venido desarrollando, hay que verla en un contexto. Venezuela fue sometida a una guerra total, somos un país sancionado, un país bloqueado de facto, un país cercado financieramente, y por tanto, si comparto esa premisa de la transparencia de la información que debe dar el Estado, también reclamo una oposición que sea respetuosa de las reglas del juego democrático, que realmente deseche los mecanismo de la violencia, de la desestabilización y de la agresión extranjera, para normalizar la vida institucional del país. Y por eso, he allí lo importante de crear un dialogo y un acuerdo político que nos permita recuperar la vida democrática, en el marco de las instituciones que la Constitución de 1999 ha establecido.

    — Justo antes de llegar a esta entrevista, leía que el dirigente del Partido Primero Justicia, Julio Borges, le había enviado una carta al Banco de Inglaterra pidiéndole no hacer entrega de las reservas de oro que le pertenecen al pueblo venezolano. Estas acciones no parecen abonar el terreno para un diálogo político. ¿Existen dentro de la oposición factores que puedan y estén dispuestos a contribuir a un verdadero diálogo nacional?

    — Frente a ese tipo de actitudes como las del prófugo Julio Borges, señalado de un hecho muy grave como fue el atentado al presidente de la República y a altos funcionarios del Estado y del alto mando militar, es que yo reafirmo la importancia de una gran alianza patriótica, de una unidad nacional que evite que esa política y esas acciones que personas como Borges han ido desarrollando, terminen por afectar la soberanía económica de nuestro país. De manera que todo chavista, revolucionario, opositor que quiera a este país, debemos unirnos para enfrentar esa situación en la que gobiernos extranjeros o bancos del sistema capitalista internacional, nos conculquen las riquezas que nos pertenecen al pueblo venezolano.

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    — En distintas alocuciones públicas usted declaró que el llamado para la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se hizo para detener la posibilidad de una guerra civil en Venezuela. Cuando ha transcurrido más de un año desde que se instaló dicha Asamblea ¿Cuál es el balance que usted hace?

    — Creo que la Asamblea Nacional Constituyente, cumplió con su objetivo central por la cual fue convocada por el Presidente Nicolás Maduro: detener la violencia. Y lo logró desde el propio 30 de julio, cuando se eligió. Permitió normalizar la vida institucional del país, a excepción del poder legislativo. En primer lugar, se recompuso la Fiscalía que había sido colocada al servicio del plan para llevar el país a la guerra civil, garantizándole la impunidad al terrorismo. Se restituyó el Estado de Derecho y la Fiscalía como un instrumento que garantiza del derecho a vivir en paz que tenemos los venezolanos y venezolanas. Luego se convocó a las elecciones que habían sido postergadas, producto de toda la situación de desestabilización, elecciones de gobernadores, de alcaldes, y finalmente se logró ir, a pesar del boicot de un sector de la oposición, a las elecciones presidenciales del 20 de mayo que permitieron la reelección por voto, secreto, directo y universal por parte de más de seis millones de venezolanos y venezolanas del Presidente Nicolás Maduro. Y ahora, estamos a escasos días de culminar la normalización de la vida institucional y del cumplimiento del cronograma electoral, con las elecciones municipales. De manera, que si tú me preguntaras, yo creo que la ANC ya cumplió su objetivo principal, garantizar la paz del país, y recomponer la vida institucional que había sido alterada.

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    — Hace algunas horas, el canciller chileno Roberto Ampuero, declaró que varios países de la región "piensan romper relaciones" con el próximo gobierno de Nicolás Maduro que iniciaría un nuevo período el 10 de enero de 2019. Además, dijo que tenía "la impresión" de que las presiones contra Venezuela iban a aumentar. ¿Qué opina de la matriz mediática que está empezando a conformarse en torno a ese día?

    — Yo parto de una base, y es que aquí hubo una expresión de la soberanía popular el 20 de mayo, y hay un presidente electo en ejercicio. Eso debe ser respetado por la comunidad internacional. En esos países como Chile, los niveles de participación electoral son bajísimos, pero además tienen un sistema electoral plutocrático, y un sistema político orientado al beneficio de la élite. Los presidentes que eligen bajo las reglas de una Constitución fundada por una de las dictaduras más atroces que ha conocido este continente, son reconocidos. De manera que ni el canciller Chileno, ni otro gobierno del mundo, tiene derecho a desconocer la voluntad de la soberanía popular venezolana expresada a través de unas elecciones libres, secretas, directas y universales. Pero frente a eso que viene —pues esa no es solo la opinión del canciller chileno, sino la de todo el sistema que se ha montado para agredir a Venezuela en su soberanía—, es donde vuelvo y reafirmo la necesidad de anteponer el interés nacional, más allá de las diferencias políticas que vamos a seguir teniendo porque son dos proyectos antagónicos, el proyecto bolivariano y revolucionario, y el proyecto de la contrarrevolución. Pero sí asumo que dentro de la oposición hay sectores patrióticos que deberían sumar al esfuerzo del Gobierno para evitar este tipo de agresiones e injerencia.

    — ¿Qué le dice a esos gobiernos que se han conjurado contra Venezuela?

    — A los de afuera, en Venezuela no van a encontrar ni esclavos, ni mendigos. Venezuela tiene una historia de lucha por la libertad, por la independencia, por la dignidad. Quienes se frotan las manos creyendo que vienen por el despojo absoluto de Venezuela, se van a encontrar con una férrea resistencia. Estoy convencido de eso. Nosotros no vamos a dejar que a nuestro país lo expolien. Y al país le digo, que construyamos los consensos mínimos para confrontar esa intención de saquear a Venezuela. No es solo porque venga una intervención militar, ese es un escenario que tenemos que evitar, pero es que también la ocupación de nuestras riquezas puede producirse mediante el ahogo económico, financiero, que conlleve a la desesperación, al pragmatismo, y se termine despojando a Venezuela de sus recursos sin que se dispare un tiro.

    — ¿Teme que la crisis económica pueda originar un efecto como el que llevó a Bolsonaro a la Presidencia de Brasil?

    — Siempre es posible, pero Venezuela no tiene unas condiciones culturales para que un fenómeno como ese surja. Este es un país muy plural, muy laico. Aun cuando existen todas las religiones y tienen su influencia, el venezolano se caracteriza en el caso de la política, por ser absolutamente laico. No vota ni por artistas, ni por religiosos, ni por deportistas, tiene mucha conciencia política. Y eso está más que demostrado. Como digo, siempre es un peligro, sobre todo por la vía de facto, no lo veo tanto por la vía electoral. Esa instalación de una élite racista, clasista, totalitaria, es un escenario que hay que evitar, y yo creo que hasta en eso hay conciencia en factores de la oposición, que aun siendo de oposición han sido víctimas de esas elites fascistas y racistas, y hasta públicamente declaran que no aguantan más esas actitudes de ciertos dirigentes y grupos dentro de la oposición. Esa es Venezuela, un cuero seco, y hasta dentro de la oposición ese cuero seco se le levanta a los elitistas, a los excluyentes, a los supremacistas.

    — Usted fue Vicepresidente y Canciller, ha tenido la posibilidad de hacer grandes miradas estratégicas en torno al país. ¿Cuáles son los grandes desafíos que tendrá que enfrentar el gobierno de Nicolás Maduro en el 2019?

    — En primer lugar, el desconocimiento de un conjunto de gobiernos de la existencia de la institucionalidad en Venezuela. Con lo cual se va a multiplicar lo que ya el señor Julio Borges promueve, que puede ser efectivamente el secuestro de los activos y de los bienes financieros de la nación en el exterior. Eso va a ser una batalla compleja que tenemos que librar en defensa de nuestras reservas en oro, de nuestros activos petroleros en el mundo. En segundo, lugar, en el marco de ese cerco financiero, si no pudiese resolverse la situación de la Asamblea Nacional, yo planteo dos mecanismos: uno, el acordado en República Dominicana, que era el acatamiento por parte de la mayoría opositora de la decisión de la Sala Electoral, y por tanto la desincorporación de manera formal a los tres diputados electos de manera fraudulenta en el estado Amazonas. Hecho esto, el Tribunal Supremo exhortaría al Consejo Nacional Electoral para que convocara nuevas elecciones en Amazonas. Con lo cual se harían unas elecciones transparentes, y dicho estado tendría sus tres diputados. Y, con esto, la Asamblea Nacional entraría en funcionamiento, renunciando, eso sí, a cualquier forma inconstitucional de desconocimiento del presidente de la Republica o de otra institución del Estado. Ese fue el acuerdo en República Dominicana, que fue saboteado por Julio Borges. Lo otro, es que la Asamblea Nacional Constituyente convoque a unas elecciones de un nuevo Parlamento, con todas las garantías de la ley, con acompañamiento internacional, para así resolver el asunto jurídico que nos tiene entrampados en lo que respecta a acceder a fuentes de financiamiento.

    — Durante el Congreso del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) que finalizó hace unos meses, usted abogaba públicamente porque las autoridades del partido fuesen escogidas por las bases. Sin embargo, eso no ocurrió. ¿Cómo percibe el futuro de dicha organización?

    — En un partido político siempre hay debates. A veces se pierde, a veces se gana, a veces no se dan las condiciones para una discusión como fue en ese caso. Se consideró que no era un tema a discutir dentro del congreso, y por tanto los que hicimos la propuesta acatamos esa decisión. Ahora bien, el partido está involucrado en una gran batalla electoral en este momento, pero recordemos el origen del Partido Socialista Unido de Venezuela, como heredero del Movimiento Quinta República, de toda la gran alianza patriótica que en 1998 permitió la victoria del comandante Chávez.

    El PSUV debe avanzar de ser un partido para lo electoral y convertirse en un partido orgánico para la Revolución, y eso pasa por tener la capacidad de crear un sistema de formación de sus cuadros en el Socialismo Bolivariano. Un partido que sea capaz de promover la emergencia de los liderazgos desde las bases, que vayan ocupando paulatinamente las funciones que nos ha tocado ocupar a muchos cuadros, a lo largo de estos veinte años. Un partido, como lo decía el comandante Chávez, que acompañe al pueblo en su batalla diaria, un partido que esté en la lucha de los trabajadores y trabajadoras, que esté en la lucha de las comunidades por la preservación del ambiente, un partido que esté en batalla contra las rémoras del capitalismo que aún persisten en Venezuela, el latifundio, la especulación, la explotación del trabajador y de la trabajadora, en fin, un partido revolucionario vinculado a las luchas por la transformación de la sociedad, y vinculados a la luchas, las demandas y aspiraciones del pueblo venezolano. Ese el gran desafío del Partido Socialista Unido de Venezuela, si quiere convertirse en partido revolucionario proyectado hacia el provenir.

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    — Durante la entrevista han surgido las palabras alianza, articulación de fuerzas, reunificación ¿Cree que las distintas personas que acompañaron en alguna ocasión al Presidente Chávez, puedan contribuir con su experiencia en la gestión del presidente Nicolás Maduro?

    — Te voy a responder con un ejemplo histórico muy conocido. El "Mocho Hernández" era el más feroz enemigo de Cipriano Castro, pero cuando en 1902 Venezuela fue bloqueada y atacada por todas las potencias europeas para intentar cobrar una deuda ilegal, Cipriano Castro soltó al "Mocho Hernández" y juntos pelearon y establecieron una alianza contra esas potencias europeas. No digo que vamos a luchar junto a quienes nos han hecho tanto daño, pero yo creo que quienes fuimos compañeros junto a Chávez en la construcción de este camino podemos perfectamente reencontrarnos y reunificarnos. Creo en eso. Salvo aquellos que hayan cometido traiciones graves, como los que han ido a venderse al imperialismo norteamericano, a vender la Patria, para ellos no hay retorno. Pero hay compañeros que se han relegado o han sido relegados, otros que tuvieron una diferencia, y en un momento quizá de incomprensión de lo que vivíamos tras el fallecimiento del comandante Chávez, quedaron de lado. Los duelos la gente los asume de distintas maneras. Hubo gente que explotó por el dolor y la ausencia del comandante Chávez y enfrentó al Presidente Nicolás Maduro, pero no terminaron siendo traidores. Creo que es un momento de una gran reunificación de las fuerzas bolivarianas, de las fuerzas chavistas para enfrentar los desafíos que a partir del 10 de enero de 2019 vamos a tener, y en especial para defender la independencia nacional, la soberanía nacional. Es un punto de unión mínimo que debe existir entre los chavistas, y muchos más allá, de los patriotas, independientemente que sean chavistas o no.

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    — El ejercicio del poder y el cumplimiento desde las distintas posiciones burocráticas siempre generan sus afectos, pero también dan origen a detractores. Usted fue ministro de Agricultura y Tierras ¿Qué tiene que decirle a aquellos que critican su gestión dentro de ese sector? ¿Qué cree que se hizo bien? ¿Qué faltó por hacer?

    — Mira, una política se mide por los resultados, y no fue la política de Elías Jaua fue la política de la revolución bolivariana, fue la política del comandante Hugo Chávez. Y esa política fue exitosa. Entre el año 2006 y el 2012, que además coincidió con ser el año de la recuperación de tierras que estaban en manos del latifundio y de la nacionalización de empresas, no solo en el área agroindustrial. Fue uno de los periodos de mayor crecimiento del Producto Interno Bruto venezolano. No solo porque el petróleo estuvo a 150 dólares, porque eso solo ocurrió en los años 2010-2011. Ese crecimiento del PIB se produjo con un barril de petróleo con un precio promedio de 60 dólares, de manera que hubo producción agrícola récord, y no lo digo solo yo, lo dicen gremio opositores como FEDEAGRO.

    En Venezuela llegó a producirse 3 millones de toneladas de cereales, cuando en los últimos años de la cuarta república, nunca se había producido esa cantidad. De manera que la política agraria del comandante Chávez, y que a mí me tocó ejecutar y por la cual asumo la responsabilidad de lo bueno y de los errores que se hayan podido cometer, fue exitosa. En materia de producción de alimentos no hay como mentir, hay o no hay alimentos, y aquí a partir del año 2008 hasta el 2012, no hubo ningún tipo de desabastecimiento de alimentos. Hubo producción nacional con autoabastecimiento en arroz, en maíz, en café y se crecieron en todos los rubros y se hicieron las importaciones estrictamente necesarias. Eso fue un elemento clave para el éxito de la política agraria del comandante Chávez, importar solo lo que se necesita. En Venezuela, históricamente la importación ha sido la manera como la oligarquía y las burocracias corruptas se han apropiado de la renta petrolera, por lo tanto fue una gran batalla. Me tocó librar esa batalla, no solo contra el latifundio, sino contra la oligarquía importadora, y vaya que esa fue la más dura. Y tal vez, esos son los que generan la matriz del fracaso de la política agraria, porque les dimos en la madre.

    — ¿Sigue en contacto con el Presidente Maduro?

    — Sigo manteniendo comunicación. Al presidente Maduro lo reconozco como jefe político de la Revolución Bolivariana, el único jefe político. Y ello, porque así lo indicó el comandante Chávez y porque así se ha ratificado a través del voto popular.

    — ¿Podría confiarnos algo que le haya dicho el Presidente Chávez y que le sirviese para enfrentar los años posteriores a su partida física?

    — Estos días hemos estado llenos de muchos recuerdos, de lo vivido. Comencé a trabajar con Chávez desde el año 1996. Hay tantas cosas de esa primera etapa, de la victoria del 98, de los primeros años de gobierno, pero yo diría, si algo yo rescato del comandante Chávez es su conexión permanente con la realidad. Un liderazgo construido en base a la verdad, la transparencia. Al reconocimiento de los errores o de los problemas cuando los había. A no congraciarse o auto congraciarse, sino al contrario, ver cada victoria como un reto más. Oyendo los audios de su discurso del 6 de diciembre de 1998, recuerdo que estábamos todos eufóricos por la victoria, y llega Chávez y dice "Aquí no hay nada que celebrar, aquí en estos momentos hay niños en la calle, hay gente que no está comiendo, qué vamos a celebrar. Aquí lo que viene es trabajo". Ese era Chávez. Esa conexión permanente con la realidad, y con lo que el pueblo pensaba y lo que el pueblo sentía. Recientemente escuchaba en la calle decir "Es que lo que uno pensaba, Chávez lo decía". Creo que eso es lo que más cultivo del comandante Chávez. Siempre ponerse en los pies, en los zapatos, del hombre y de la mujer sufriente. No tenerle miedo a reconocer que hay un pueblo que sufre, porque ese el motivo de nuestra lucha, ¿si no hubiesen problemas para qué estamos luchando? Si el mundo fuese todo felicidad, los revolucionarios no tendríamos tarea ni papel. Tenemos que reconocer que hay una realidad dura, y mucho más después de cinco año de guerra total contra el pueblo, que ha afectado su vida cotidiana, cómo no decirle al pueblo que nosotros sabemos lo que está pasando y lo que está sufriendo y lo que está resistiendo, y reconocerle al pueblo su resistencia heroica y comprenderlo, y estar allí. El pueblo puede comprender que haya problemas, puede comprender que no hayan soluciones inmediatas, pero lo que más le duele al pueblo es la orfandad, sentirse huérfanos.

    Tal vez la gente ni siquiera pide que los dirigentes vivamos lo que ellos viven, pero sí que seamos conscientes de lo que están viviendo en estos momentos. Esa creo que es la mayor enseñanza de Hugo Chávez: Siempre ponerse en el lugar del pueblo, no en el de nosotros, ni en lo que nosotros creemos, ni en la autosatisfacción, sino en lo que nuestro pueblo aspira, sueña y construye.

    — ¿Algún mensaje para Venezuela?

    — Para las fuerzas revolucionarias, reafirmarnos en nuestros principios y en nuestras banderas. Hoy más que nunca está vigente el discurso del Libertador Simón Bolívar en la Sociedad Patriótica de 1811 "Vacilar es perdernos". Hoy vacilar es perdernos, dudar de lo que hemos construido, dudar de las banderas históricas que hemos enarbolado y por la cual ganamos en 1998, sería perdernos. Por el contrario, este es el momento de la reafirmación de la corriente patriótica, popular, revolucionaria que viene luchando desde hace 200 años en Venezuela. Y mucho más allá del chavismo, de las fuerzas revolucionarias, al pueblo entero de Venezuela, no dejemos que lo duro de la situación que vivimos, nos aleje de lo político, porque precisamente cuando un pueblo se aleja de la política, entonces viene el peligro de la ocupación del despojo de nuestras riquezas, de la insurgencia de fenómenos políticos fascistas. Es el momento de la política, contrario a lo que muchos creen. Este es el momento en que más hay que participar, donde más hay que fortalecer la democracia, en las elecciones, pero también en las asambleas de los barrios, de los trabajadores, de los edificios, en los movimientos obreros, solo con una amplia participación del pueblo en la lucha por sus derechos, en la lucha por su derecho a vivir en paz es que nosotros vamos a poder superar esta compleja situación como producto del ataque continuado desde el exterior.

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    Elías Jaua, Venezuela