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    Artiom Ovcharenko, el primer bailarín del teatro Bolshói, en una de las escenas del ballet 'Iván el Terrible'

    Migraciones y sanciones en el ballet: un bailarín ruso se lo cuenta todo a Sputnik (fotos, vídeos)

    © Sputnik / Vladimir Fedorenko
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    Arina Iliná
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    Parece a primera vista que el ballet clásico es un mundo totalmente cerrado. Sin embargo, el primer bailarín del teatro Bolshói, en Moscú, Artiom Ovcharenko, comunicó en una entrevista a Sputnik que en la esfera de la danza se hace posible todo tipo de situaciones como en el mundo donde vivimos.

    Desde la invitación de los maestros franceses en el siglo XVIII, el ballet clásico ha desempeñado un papel muy importante en Rusia. La gloria de este arte escénico llegó a principios del siglo XX, cuando el empresario Diáguilev llevó a Europa sus famosos 'Ballets Rusos' —una compañía que incluía grandes bailarines como Vátslav Nizhinski y Anna Pávlova—.

    Anna Pávlova, una de las mejores bailarinas rusas de los principios del siglo XX
    © Sputnik /
    Anna Pávlova, una de las mejores bailarinas rusas de los principios del siglo XX

    Testigo de la Revolución bolchevique, dos guerras mundiales y la disolución de la Unión Soviética, el ballet ruso no solo sobrevivió al siglo XX, sino que se adaptó y se integró en la vida del país, fuera cual fuera el régimen político.

    "Los años 50-70 fueron el período dorado del ballet soviético, por todo el país sonaban los nombres de las bailarinas Maya Plisétskaya, Galina Ulánova. En aquel entonces el coreógrafo Leonid Lavrovski estrenó la obra 'Romeo y Julieta', más tarde Yuri Grigoróvich produjo su famoso ballet 'Espartaco'", recordó Artiom Ovcharenko.

    También, la ola de emigración de destacados bailarines como Mijaíl Baríshnikov y Rudolf Nuréyev a los países occidentales también resultó ventajosa para la percepción y comprensión del arte del ballet en el mundo, agregó.

    En 1956 el teatro Bolshói por primera vez hizo una gira artística a Londres. Fue un momento crucial no solo para el ballet, sino para la URSS. Por primera vez se vio a un país cerrado, conocido como una potencial 'amenaza', de un lado completamente diferente: el de una rica cultura artística.

    "Entonces casi todo el mundo conoció la grandeza del ballet ruso, el interés hacia el teatro Bolshói creció sin precedentes. Hoy en día las estrellas de la escuela soviética son nuestros maestros y nos transmiten sus conocimientos y su experiencia, como decimos, 'de pie a pie'", expresó a Sputnik.

    • El ballet ruso, 'estrella' de exportaciones

    Aunque el ballet se asocia más con Rusia, en realidad es un arte internacional. Hay rusos trabajando en compañías extranjeras y hay bailarines de distintos países que vienen a trabajar a Rusia.

    Además, en el Bolshói trabajan cuatro personas de Brasil que anteriormente habían estudiado en la Escuela del Teatro Bolshói en Brasil, en la ciudad de Joinville. Ovcharenko elogia las capacidades de sus compañeros extranjeros y cree que reúnen todo lo necesario para el éxito: talento, perfectas características físicas y aptitud para el trabajo.

    "Es casi imposible distinguir la diferencia de técnica y de formación en la escena. Por ejemplo, en el Bolshói trabaja Erick Swolkin, bailarín de Brasil, y en el ballet 'Iván el Terrible' Erick actúa con una audacia muy rusa, aún más rusa que la que muestran los bailarines rusos. Quizá sea su propio talento, por otro lado puede ser el resultado de un profundo trabajo con su maestro. Sea lo que sea, eso demuestra que el ballet puede ser actual y comprensible en cualquier país", destacó el bailarín.

    Artiom Ovcharenko, el primer bailarín del teatro Bolshói, en Moscú
    © Sputnik / Vladimir Fedorenko
    Artiom Ovcharenko, el primer bailarín del teatro Bolshói, en Moscú

    El propio Artiom Ovcharenko ha viajado a América Latina, en particular, a Río de Janeiro y a Caracas.

    "Por supuesto, en algunos lugares no era muy seguro caminar solo, se nos advirtió de antemano sobre las medidas de seguridad. Pero aparte de las precauciones, puedo decir que el público allí es muy abierto y muy vivo. La gente no escatimó en la expresión de sus emociones para mostrar cuánto les gustó. Bailar para los latinoamericanos fue un placer", recordó el artista ruso.

    Mientras que mucha gente cree que el ballet clásico está diseñado para entretener al público, Artiom Ovcharenko tiene una opinión diferente.

    "Sí, hay actuaciones animadas de bravura, como, por ejemplo, 'Don Quijote', en el que se desarrolla una historia alegre en una España soleada y brillante. Pero al mismo tiempo, el ballet también puede convertirse en una herramienta de educación. Hay espectáculos dramáticos y complejos, en los que la psicología del personaje es el centro de la composición. Además, hay actuaciones abstractas y sin trama, más de tipo filosófico, que transmiten ideas al espectador", afirmó.

    En el Bolshói, Artiom Ovcharenko participa en casi todas las actuaciones. Empezó a trabajar en el teatro en 2007 y a los seis años, en 2013, ascendió al rango más alto en el ballet y se convirtió en primer bailarín, el sueño de casi todos los bailarines clásicos. Ha participado en los ballets más conocidos del mundo ('El lago de los cisnes', 'Giselle', 'Romeo y Julieta', 'El cascanueces'), así como en actuaciones contemporáneas.

    • La esencia de un bailarín

    Una cosa muy importante para Artiom Ovcharenko es que cada artista —y cada persona en genera— debe pertenecer a sí mismo.

    "Una vez que te enfocas en demostrar algo a alguien —parientes, maestros, colegas, etc—, te conviertes en rehén de las expectativas y opiniones de los demás", dice.

    Según los antiguos griegos, las personas que no bailaban en público se consideraban sospechosos y no se solía confiar en ellos ya que, obviamente, tenían mucho que esconder. Artiom está convencido de que el mundo cambia cuando la gente empieza a bailar.

    "Hace tres o cuatro años estuve en la República Dominicana y lo que me gustó mucho de allí es que todo el mundo, incluso los ancianos y los niños, bailan bachata. Llevan el baile en la sangre, se ve muy natural y sin duda su relación hacia el baile refleja su estilo de vida. A mí me parece que hay que bailar como niños, sin tener que preocuparse".

    Para Artiom, la experiencia de la vida y los conocimientos —aunque sean esenciales para las personas— pueden llegar a convertirse en obstáculos psicológicos, que impiden al hombre expresarse libremente.

    "En el baile, una persona puede expresarse, decir algo importante. Básicamente la gente que baila quiere que escuchen lo que tiene que decir".

    • Cuando te privan de la posibilidad de expresarte

    Los deportistas rusos apartados de los JJOO 2018 en Pyeongchang, según Artiom, también tenían algo que contar al mundo, pero les arrebataron esa oportunidad.

    "Sé que muchos deportistas están pasando por tiempos muy duros. Casi lo mismo pasó con los artistas del teatro Bolshói durante la preparación para el nuevo espectáculo 'Nuréyev' —sobre el bailarín soviético que se escapó de la URSS en 1961 y pidió asilo político en Francia—, cuando las autoridades cancelaron el estreno del espectáculo", dio un ejemplo.

    Los artistas pasan mucho tiempo ensayando, leyendo y estudiando para los papeles, pensando en cómo representar los personajes, y en aquella ocasión "de repente nos privaron de la oportunidad de decir lo que habíamos estado pensando durante tanto tiempo", agregó el bailarín.

    En una situación como esta, dice Artiom, hay solo dos opciones: rendirse o seguir adelante. Obviamente, la única opción posible para el primer bailarín del primer teatro del país es seguir adelante:

    "Sí, si te caes, te pones de pie y continúas".

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    Como artista que no puede influir en las decisiones políticas, Artiom cree que no debería quedarse "atrapado en lo que no puedo hacer" y en vez de esto, "pensar en lo que sí puedo hacer". Incluso si no bailara en algún espectáculo, como 'Nuréyev', bailaría en otro, usando la experiencia adquirida en los ensayos.

    "Todo lo que sucede te hace comprenderte a ti mismo y al mundo. Creo que lo mismo se puede decir sobre nuestros atletas. Hicieron muchos esfuerzos para llegar a este punto de su vida, y ahora necesitan seguir adelante. Los mejores de ellos marcarán sus propios récords y se les dará la oportunidad de expresarse", puntualizó.

    Finalmente, Artiom Ovcharenko se sinceró sobre la tensa situación actual en el mundo de la que dice que no le da mucho miedo porque "no está pasando nada nuevo". Y eso le da fuerza para "seguir adelante".

    "El mundo siempre ha sido difícil. Guerras, conflictos, todo eso ha pasado en cada momento de la historia, y la situación actual no es peor que en el pasado. Lo único que una persona puede hacer en una situación difícil es sintonizar la creatividad. Cada uno de nosotros tiene una sola vida, y depende de nosotros vivir felices o no, incluso en el contexto de crisis diplomáticas y económicas".

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    Etiquetas:
    cultura, ballet, Teatro Bolshói, Artiom Ovcharenko, Brasil, Rusia