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    Luis Augusto Frappola con un libro de rusos en Uruguay

    La historia del médico uruguayo, conde de Tretiakov

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    Luis Augusto Frappola, médico geriatra - gerontólogo uruguayo, fue adoptado a los 30 años por la condesa rusa Dussia Lutski de Tretiakov y cuenta su historia a Sputnik.

    Dussia Lutski de Tretiakov y su esposo serbio abandonaron Europa al terminar la Segunda Guerra Mundial para instalarse en el Nuevo Mundo. Llegaron a Montevideo en 1947 y alquilaron un apartamento propiedad de la familia Frappola. Los recién llegados no entendían español y por eso se entabló una relación especial entre Dussia y Esther Aurora, la madre de Luis Augusto, pues ambas hablaban italiano. No sabían, entonces, que la relación de amistad iba a durar décadas y que el niño terminaría heredando un título imperial ruso.

    Dussia empezó a jugar un papel muy importante en la vida de Luis Augusto: "Se hacía cargo de mí mientras mis padres trabajaban y me empezó a formar en la cultura rusa. Los trineos de colores con campanas donde ella paseaba en el invierno, las comidas, la sopa borsch, la carne stroganov. Ella me hizo amar a Rusia desde niño, a tal punto que la siento como mi segunda patria".

    Luis Augusto se hizo grande, terminó su carrera de médico y dio un concurso para ingresar a la Marina con grado de oficial. Para ese momento Dussia había enviudado sin hijos. Él tenía 29 años y ella 76. "Le dijo a mi madre: 'Quiero que Luis Augusto lleve mi apellido porque lleva incorporado un título nobiliario'".

    Fue así como se realizó esta adopción de adulto, en la cual la persona conserva los apellidos legítimos y se agregan los nuevos. En este caso, Luis Augusto pasó a ser Frappola de Tretiakov, y además Dussia le donó el título nobiliario en testamento para que fuera heredable.

    Dussia organizó una cena de gala a la cual Luis Augusto asistió con su uniforme de oficial. Ella colocó un sable sobre su hombro y le hizo jurar "lealtad a la familia imperial rusa", frente a un cuadro de Nicolás II.

    De Moscú a Montevideo

    La familia Tretiakov tiene una larga tradición en Rusia. Pavel Tretiakov fue un famoso mecenas que inició con su colección de arte lo que hoy es uno de los museos más importantes del mundo, la Galería Tretiakov, con su valiosa exposición de íconos y de pintura rusa de 1.000 años a la fecha.

    Frappola recuerda los comentarios de Dussia sobre el apellido Tretiakov, al parecer, originario de la ciudad de Taganrog en el Mar de Azov hace más de 400 años. La familia tenía canteras de piedra cuando Pedro el Grande empezó la construcción de San Petersburgo en el siglo XVII y los Tretiakov contribuyeron con grandes cantidades de ese material para la nueva ciudad. Pedro les retribuyó, no con dinero, sino con un título nobiliario.

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    Dussia nació en 1905, año de la primera Revolución rusa. Su padre, Mijaíl Tretiakov, era ingeniero de carreteras y construyó importantes vías en el Cáucaso antes de la Primera Guerra Mundial. Por su talento, fue contratado por el Gobierno del Káiser alemán y la familia se trasladó a Berlín. Como era costumbre, Dussia se educaba con una institutriz, pero al estallar la Guerra, se dio la orden de que todos los niños debían asistir a instituciones de enseñanza. Dussia la pasó muy mal porque sus compañeritos se burlaban de su acento y porque la atacaban por ser rusa, enemiga de ellos, ya que estaban en guerra.

    Dussia Lutski de Tretiakov le confiere el título nobiliario a Luis Augusto Frappola
    © Foto: Patricia Lee
    Dussia Lutski de Tretiakov le confiere el título nobiliario a Luis Augusto Frappola

    Tanto lloró Dussia, que le padre decidió una locura: volver a Rusia en medio del conflicto bélico. La familia viajó a Finlandia para cruzar la frontera por el norte en trineo y estuvieron al borde de ser enviados a prisión porque los tomaron por espías. Los salvó la amistad con la madre del zar Nicolás II, María Fiódorovna, y los autorizaron a pasar.

    "Desde entonces, Dussia quedó con una fuerte picazón en las manos y los pies porque se le habían congelado en la travesía", recuerda Frappola. La familia vivió en San Petersburgo hasta que estalló la Revolución de febrero de 1917. Dussia tenía muy presente el último baile al que asistió su madre en el Palacio de Invierno, con una diadema de esmeraldas y diamantes y los pendientes en juego.

    La familia huyó de la ciudad y se trasladó a Odesa, en el Mar Negro. Dussia recordaba que habitaron una casa de dos plantas en la plaza Catalina la Grande número II. Allí enterraron las joyas de la familia y la diadema de esmeraldas. En 1918, después del asesinato del zar Nicolás y su familia, los Tretiakov decidieron irse de Rusia. Como la ciudad estaba en manos de fuerzas francesas que luchaban contra los bolcheviques, lograron llegar a un barco francés "a donde solo subían los que hablaban ese idioma", es decir, nobles o de alta posición social.

    "No había lugar dónde dormir, los niños lloraban, tuvieron que viajar con lo puesto. El barco se dirigía a Estambul, pero había una tormenta muy fuerte en el Mar Negro y el capitán informó a los pasajeros que no podían continuar el viaje, a riesgo de hundirse. Los que huían de la Revolución le pidieron que siguiera a toda costa, en un viaje terrible, y fue así como desembarcaron en el puerto de Constanza en Rumania", recuerda Frappola de los relatos de Dussia.

    La mamá de Dussia solo logró rescatar una caja de alhajas de oro macizo. Para que no se la quitaran, la pintó de rojo con esmalte, y así, cuando los guardias rumanos pidieron ver el contenido de su bolso, la confundieron con una caja barata.

    Retrato de Sofía Rostok, madre de Dussia Lutski de Tretiakov
    © Foto: Patricia Lee
    Retrato de Sofía Rostok, madre de Dussia Lutski de Tretiakov

    La familia volvió a Berlín, donde les había quedado su casa. Dussia se casó con un serbio y se instaló en Belgrado. Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la pareja decidió abandonar Europa y viajó a Uruguay vía Italia.

    Dussia  murió en 1993, a los 98 años y nunca volvió a Rusia. Hasta ahora, Luis Augusto nunca quiso contar públicamente su historia, pero esta vez accedió "en memoria de ella, porque siempre me acompaña". "Educo a mis hijos con el concepto de que el título nobiliario que van a heredar implica valores solidaridad y responsabilidad", comenta.

    Luis Augusto Frappola (centro). Izquierda Dussia y derecha, su madre
    © Foto: Patricia Lee
    Luis Augusto Frappola (centro). Izquierda Dussia y derecha, su madre

    Luis Augusto suma otra curiosidad, pues es el cónsul honorario de Nicaragua en Uruguay desde septiembre de 2002. En 2003, Luis Augusto visitó San Petersburgo con ocasión de los 300 años de la fundación de la ciudad. Pero a pesar de la distancia, el médico uruguayo siente a Rusia como su "segunda patria", toma parte de todas las actividades de la Embajada rusa en Montevideo y aunque fue bautizado como católico, participa de celebraciones de la Iglesia Ortodoxa, en especial, la del Año Nuevo. Ese extraño cruce de caminos que lo llevó a heredar el título de Tretiakov, marcó su vida para siempre.

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    encuentro, historia, relaciones, Uruguay
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