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    Malecón, Habana

    El Faro de la paz, un proyecto que une a Cuba y Rusia

    CC BY 2.0 / neiljs / Malecón, Havana
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    Por Natasha Vázquez
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    Argel Calcines se graduó de ingeniero en la década del 80 en Moscú, pero después ha dedicado gran parte de su vida a la conservación del patrimonio histórico-cultural cubano como uno de los colaboradores más allegados del reconocido internacionalmente Historiador de la Ciudad de La Habana, Eusebio Leal Spengler.

    Editor general fundador de la revista Opus Habana y profesor en el Colegio Universitario de La Habana, entidades nacidas bajo el auspicio de la Oficina del Historiador de la Ciudad, Calcines ahora ha unido sus dos pasiones en un proyecto ruso-cubano como resultado de una pasantía profesional en la prestigiosa Universidad Técnica Estatal Bauman. Sobre la experiencia y resultados de este intercambio docente-investigativo ha conversado con Sputnik antes de concluir su estancia en Moscú.

    — ¿Por qué una persona tan ocupada como usted decidió hacer un alto en sus responsabilidades para realizar esta pasantía en Moscú?

    He venido con una beca del Gobierno ruso y sobre la base de un Convenio marco que se está implementando entre la Universidad Bauman y la Universidad de La Habana, extensivo al Colegio Universitario San Gerónimo de La Habana, donde se estudia la Licenciatura en Gestión y Preservación del Patrimonio Histórico-Cultural.

    Aunque tengo formación de ingeniero termofísico, ya que estudié en el Instituto Energético de Moscú (MEI), después me reorienté a la humanística, terminé la maestría en periodismo en la Universidad de La Habana y ahora culmino mis estudios de doctorado en Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Valladolid, España. Esto me ha llevado a relacionarme con la disciplina Ecología de la Cultura como miembro extranjero de la Sección de Ecología de la Unión Nacional de Historiadores de la Ciencia y la Técnica de Rusia. Recientemente un trabajo mío ha sido incluido en una monografía dedicada al 110 aniversario del nacimiento de Dmitri Lijachev, el gran defensor del patrimonio cultural ruso en la época soviética.

    Todo esto me ha llevado a profundizar mi interés en desarrollar los lazos entre Cuba y Rusia para que la cultura rusa esté más presente en el Centro Histórico de La Habana, porque he estado al tanto allí desde su comienzo de la construcción y consagración de la iglesia rusa de Nuestra Señora de Kazán y lo he reflejado en la revista Opus Habana.

    Quería también regresar a una institución universitaria rusa para conocerla ahora de primera mano. La Bauman es el fundamento del MEI y demás institutos de perfil técnico que se crearon en la antigua Unión Soviética. Científicos como Serguei Koroliev, diseñador del programa espacial soviético, se formaron en la Bauman, por citar un solo ejemplo de envergadura. Yo opté por integrarme a la Cátedra de Diseño Industrial porque me interesaba cómo se impartía esta especialidad en esa prestigiosa universidad de perfil científico-tecnológico, donde en mi época estudiantil no había estudiantes extranjeros.

    Argel Calcines recibe Certificado de pasantía de manos de Mijaíl Kuznetsov, jefe del departamento de Cooperación Internacional de la Universidad Bauman
    © Sputnik / Natasha Vázquez
    Argel Calcines recibe Certificado de pasantía de manos de Mijaíl Kuznetsov, jefe del departamento de Cooperación Internacional de la Universidad Bauman

    — ¿Cómo describiría usted esta experiencia?

    La Universidad Bauman tiene un enorme reconocimiento a nivel mundial y he tenido la suerte de interactuar con especialistas en Diseño Industrial, tanto diseñadores experimentados como jóvenes especialistas, que ponen en práctica lo que ellos definen como el "método ruso", incorporando las experiencias foráneas, pero siguiendo una metodología propia. Esto para mí fue muy interesante y enriquecedor.

    Mi pasantía ha consistido en adquirir conocimientos del Diseño Industrial, sobre todo relacionados con la aplicación de los métodos más modernos de la cultura digital (modelación y virtualización en 3D, por ejemplo), pero a la misma vez me permitieron insertarme en el proceso educativo como una suerte de profesor adjunto con la perspectiva de la Educación Patrimonial, que es lo que imparto en Cuba. Como resultado de esta experiencia docente-investigativa logramos establecer una metodología conjunta de enseñanza-aprendizaje para aplicarla a estudiantes de los primeros años de la carrera de Diseño Industrial con el objetivo de desarrollar un proyecto intercultural e interdisciplinario: 'El faro de La Habana, faro de la paz mundial'.

    Jóvenes estudiantes de la Universidad Bauman participan en el Proyecto
    © Sputnik / Natasha Vázquez
    Jóvenes estudiantes de la Universidad Bauman participan en el Proyecto

    — ¿Cuál es el concepto del proyecto resultante?

    El concepto principal de todo esto es que la especialidad de Diseño Industrial y la Educación Patrimonial se fortalecen recíprocamente cuando coinciden al estimular el diálogo intercultural y la atribución de valores de universalidad a los bienes culturales y/o tecnológicos, impulsando su reapropiación simbólica hasta legitimarlos como patrimonio compartido entre todos; o sea, entre docentes y educandos. La aspiración a conseguir ese binomio interculturalidad-cosmopolitismo, que son dos categorías fundamentales del pensamientos social contemporáneo, estimula la interacción entre los campos disciplinares (interdisciplinariedad).

    Este enfoque intercultural e interdisciplinario favorece el alcance y originalidad de los proyectos creativos: propuestas de escenarios, infografías, bocetos de maquetas y prototipos, como paso previo a la utilización de las más recientes tecnologías de información y comunicación (TIC) para la difusión, interpretación y educación del patrimonio histórico-cultural, incluido el científico-tecnológico.

    La validez de esta experiencia docente-investigativa es que los estudiantes rusos interiorizaron la importancia patrimonial del faro del Castillo de los Tres Reyes del Morro de La Habana por sus valores (histórico, militar, naval, arquitectónico, científico-tecnológico, estético…), teniendo en cuenta su condición universal como referente de los navegantes que arribaban al Nuevo Mundo durante su etapa de colonización por España y otras potencias europeas (siglos XV al XIX). Hoy este faro es el símbolo por antonomasia de la capital cubana, cuyo Centro Histórico y sistema aledaño de fortificaciones fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1982. Asimismo, este es uno de los pocos faros que conservan en el mundo los llamados lentes de Fresnel de primer orden, un sistema óptico que revolucionó la ayuda a la navegación.

    Una vez conseguido este resultado valorativo, la acción educativa se dedicó a asignarle un valor simbólico al faro de La Habana que fuera aceptado por todos, para lo cual nos inspiramos en el encuentro entre sus santidades el patriarca Kiril y el papa Francisco en tierra cubana, el 12 de febrero de este año 2016, quienes preconizaron la búsqueda de la paz mundial en su comunicado conjunto. Por primera vez en los más de dos milenios de historia de la Cristiandad se produjo un encuentro de esa magnitud entre las más altas dignidades de la iglesia católica y la iglesia ortodoxa rusa.

    Situada en la encrucijada entre el Norte y el Sur, el Este y el Oeste, la isla de Cuba fue el escenario de ese encuentro de alta significación ecuménica. Por eso coincidimos en que el Faro de La Habana fuese resignificado metafóricamente como un faro universal desde donde otear el pasado y futuro del mundo a manera de máquina del tiempo. De ahí el título escogido para la idea de un proyecto hipotético con alcance internacional que involucraría a jóvenes de diferentes países: "Fareros de La Habana, fareros de la paz mundial".

    Argel Calcines ejerce de modelo en las clases de diseño de la Universidad Bauman
    © Sputnik / Natasha Vázquez
    Argel Calcines ejerce de modelo en las clases de diseño de la Universidad Bauman

    — ¿Qué resultados esperan de ese proyecto?

    El proyecto está orientado a revitalizar una sala expositiva en el propio faro de La Habana, para convertirla en una especie de escuela de fareros, un oficio perdido pero que por su valor simbólico valdría la pena rescatar como una escuela de "vigías de la paz". Este tipo de experiencia docente-investigativa contribuye a concebir el proyecto de un futuro Museo del Puerto de La Habana con los métodos del diseño museográfico contemporáneo, incluidos el modelado, impresión y virtualización 3D, siempre puestos en función de los exponentes museísticos con valor patrimonial: el faro y sus lentes de Fresnel, en este caso. Esta idea del Museo del Puerto está en ciernes, pero en Cuba hemos convocado ya a un grupo de especialistas: arquitectos, urbanistas, arqueólogos, ingenieros… para empezar a desarrollarla como una línea de investigación vinculada a todas las iniciativas relacionadas con la rehabilitación de la Bahía de La Habana como ecosistema cultural.

    Por supuesto, en el orden personal estoy sumamente agradecido al apoyo de los profesores y estudiantes de la Bauman al dar este primer paso como parte de su convenio conjunto con la Universidad de La Habana y, en especial, con el Colegio San Gerónimo de La Habana, adscrito a la Oficina del Historiador de la Ciudad. Creo que, desde nuestras posibilidades, hemos contribuido a estrechar los profundos lazos amistosos entre los pueblos de Cuba y Rusia.

    Argel Calcines con el grupo de estudiantes y profesores participantes del proyecto 'El faro de La Habana, faro de la paz mundial'
    © Sputnik / Natasha Vázquez
    Argel Calcines con el grupo de estudiantes y profesores participantes del proyecto 'El faro de La Habana, faro de la paz mundial'

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    Etiquetas:
    Universidad Técnica Estatal Bauman de Moscú, Cuba, Rusia
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