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    María Noel Riccetto, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre y Ciro Mansilla, primer bailarín del Sodre

    La vida y obra de la prima ballerina de Uruguay, en exclusiva para Sputnik

    © Foto : Carlos Villamayor/ Ballet Nacional del Sodre
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    Gabriela Vaz
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    Todavía falta para que el reloj marque el mediodía, pero el sol se siente con fuerza en la zona más céntrica del barrio montevideano de Carrasco, a tres cuadras del mar. Contrasta con la calma y frescura que se respira dentro de la Escuela de Música, Actuación y Danza, donde la bailarina María Noel Riccetto recibe a Sputnik.

    Cordial y simpática, la primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre (BNS) habla con entusiasmo sobre su protagonismo en 'Oneguin', la obra con la que el cuerpo de baile uruguayo está despidiendo el 2016, y que supuso un eslabón fundamental en su carrera, según explica.

    Riccetto, una de las exponentes más importantes en la historia de la danza uruguaya, retornó a su país natal en 2012 convocada por una invitación del argentino Julio Bocca —director del BNS— que no pudo rechazar, dejando atrás 14 años en el American Ballet Theatre (ABT) de Nueva York.

    Fue allí, en la Gran Manzana, donde conoció y bailó por primera vez este ballet de cimientos rusos, basado en la novela en verso 'Eugenio Oneguin', de Alexandr Pushkin, y que cuenta con música del célebre compositor Piotr Chaikovski. La coreografía corre a cargo del sudafricano John Cranko.

    María Noel Riccetto, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre
    © Foto : Diego Garcia Dajas/Ballet Nacional del Sodre
    María Noel Riccetto, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre

    Era principios del 2001 y ella llevaba poco más de un año en el prestigioso cuerpo de baile estadounidense cuando el coreógrafo repositor de la obra, director del Stuttgart Ballet, le dio la posibilidad de hacer un papel principal en esa pieza: el de Olga, la hermana de la protagonista, que tiene un peso muy significativo en la historia. "Recién llegaba a Nueva York. A partir de ahí se dieron un montón de oportunidades más. Por eso es una obra a la que le tengo muchísimo cariño y respeto, que significó un montón, y 15 años más tarde se me da la posibilidad de hacer este otro personaje, el de Tatiana", relata Riccetto.

    Tatiana es la heroína en esta obra de Pushkin que relata la historia de un amor a destiempo entre ella, una joven inocente y frágil, y un hombre de mundo, maduro y cínico, llamado Oneguin.

    ¿Qué diferencias hay cuando bailas un ballet que ya conoces bien, pero desde otro personaje? ¿Es como comenzar de cero?

    En realidad no. Esta fue una obra que para mí significó tanto cuando la hice por primera vez, que estaba como anonadada y fascinada con todo lo que estaba pasando a mi alrededor. Entonces me familiaricé con los demás personajes, con la musicalidad, con la historia. Cuando la empezamos a preparar acá me pasó que me acordaba de pasos que hacía Tatiana. Además, hay muchas escenas que comparte con Olga.

    Sin embargo, sí reconoce diferencias en el esfuerzo técnico que demanda cada personaje. El propio Julio Bocca señaló en la presentación de la obra que esta requiere gran resistencia física por parte de los bailarines. Riccetto lo confirma: "Hay 'pas de deux' [dúos] superlargos, de seis minutos. Si para las chicas son difíciles, para los chicos muchísimo más, porque sostienen a la mujer. También es un ballet en el que todo pasa rápido. Es muy ágil para el público y sumamente rápido para nosotros".

    La obra se presentó este año en el Teatro Colón de Buenos Aires y en el teatro Municipal de Santiago de Chile, adonde viajó la bailarina para preparar este rol. Allí trabajó con la brasileña Marcia Haydée, quien fue la Tatiana original de Cranko. "Estuve una semana allá, como una esponja, absorbiendo todo lo que ella decía. Fue una experiencia maravillosa". A su regreso a Uruguay, trabajó también con Víctor y Agneta Valcu, coreógrafos repositores de la obra. "No solo te enseñaban los pasos, sino los detalles, toda esa parte de entender e investigar el personaje".

    El aplauso ruso y la efusividad latina

    La primera bailarina, quien a sus 35 años lleva casi tres décadas luciendo el tutú, ha contado en más de una ocasión cómo la interpretación de ciertos personajes le implican tal involucramiento emocional que deja toda su energía sobre el escenario. Eso mismo le pasa al ponerse en la piel de Tatiana.

    María Noel Riccetto, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre y Ciro Mansilla, primer bailarín del Sodre
    © Foto : Carlos Villamayor/Ballet Nacional del Sodre
    María Noel Riccetto, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre y Ciro Mansilla, primer bailarín del Sodre

    "El dúo final [dice, en alusión a la última escena entre los dos protagonistas] es extremadamente fuerte. Más allá de la parte física, hay una carga emocional importante. Y yo considero que si no te metés en ese papel de lleno, no transmitís lo que se tiene que transmitir. Es lo que me pone más contenta: saber que el público se va con una sensación superespecial, tocados por lo que hice o cómo lo interpreté".

    En cuanto a las reacciones del público, Riccetto admite que cada país o región tiene sus propias características. En Uruguay, la llegada de Bocca a dirigir el cuerpo de baile nacional logró lo impensado: popularizar el ballet. Pero esta no deja de ser una disciplina relacionada con audiencias de élite.

    ¿Qué diferencias hay entonces entre bailar en Nueva York, Moscú o Montevideo?

    Para mí, en lo personal, no hay nada como bailar en mi casa. Estuve en el Bolshói o el Metropolitan Opera House, que son dos 'teatrazos', pero estar en mi casa y recibir ese cariño de la gente es lo más grande que hay. Reconozco que en Latinoamérica el público es mucho más efusivo; no se controlan tanto, no esperan a que una escena termine para aplaudir. Si ven algo que les gusta lo demuestran, y eso es maravilloso también.

    Teatro Bolshói: El eterno símbolo de Rusia
    © AP Photo / Alexander Zemlianichenko
    En cambio en Rusia, recuerda la bailarina, el público es algo más frío, pero cree que esa actitud se explica en que es "muy entendido, entonces quizá llegue a ser muchísimo más crítico". "Creo que tienen una formación de ballet que no cualquier país tiene. Eso es maravilloso y es intimidante: salir a bailar sabiendo que a la gente que está sentada no la conmueve solo la historia o esa parte sentimental, sino la técnica: una pierna estirada, un buen empeine, unas posiciones altas. No van a dejarse emocionar solo por la interpretación, sino que estarán pendientes del todo, de cada paso".

    Riccetto rememora su paso por el Bolshoi con una gran sonrisa. Pisó las tablas del mítico teatro ruso como parte del American Ballet y, aunque pasaron años, no duda un segundo al responder qué interpretó en aquella ocasión. "Hicimos un programa mixto, con 'Fancy Free' y 'Tema y Variaciones'".

    María Noel Riccetto, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre
    © Foto : Diego Garcia Dajas/Ballet Nacional del Sodre
    María Noel Riccetto, primera bailarina del Ballet Nacional del Sodre

    También tiene claro cómo lo vivió. "Recuerdo la forma de aplaudir del público, al unísono. Es increíble, meterte en ese teatro con toda esa historia. Por ahí pasaron los más grandes bailarines", dice la profesional, que además destaca el aporte de Rusia al ballet. "Su rol es esencial. La escuela Vagánova es reconocida en el mundo entero. Los bailarines que han salido de allí han sido todos maravillosos. Hay una riqueza y una historia que pocas regiones y pocos países tienen. Han sido, son y serán referentes".

    Recuerda haberse cruzado con Mijaíl Baryshnikov en el American Ballet Theatre, mientras ella ensayaba de la mano de Benjamin Millepied, el coreógrafo francés conocido fuera del mundo de la danza por ser el marido de la actriz Natalie Portman. Pero aunque tiene vívido el encuentro, lamenta que haya quedado en un escueto saludo.

    "Me hubiera gustado tener la chance de trabajar con él, pero solo fue un 'hi and bye'", dice.

    No obstante, cuenta que una de sus grandes maestras, que nombra siempre que tiene ocasión, fue Irina Kolpakova, primera bailarina y estrella del ballet ruso. "Fue mi 'coach' en ABT esos casi 14 años que estuve en la compañía. Una persona exquisita en su manera de hablar y expresarse. Trabajar con ella fue un absoluto placer. Tan cálida… tengo solo buenas palabras y buenos sentimientos hacia ella, porque fue una persona que me ayudó mucho y me acompañó toda mi carrera allá", afirma.

    En ese breve 'racconto' de su conexión con Rusia, Riccetto pide no terminar la entrevista sin mencionar a tres antiguas compañeras que también fueron determinantes de una u otra forma en su camino. Nina Ananiashvili —con quien tuvo la oportunidad de compartir escenario varias veces y que le regaló su tutú de Don Quijote cuando se retiró del American Ballet—, Diana Vishniova y Natalia Ósipova. "Todas marcaron mucho mi carrera como ejemplos de artista y bailarinas, pero también sumamente cálidas como personas".

    Competir y superarse

    La uruguaya ha sabido crear fuertes lazos a lo largo de su carrera profesional, en un mundo que desde fuera suele ser visto como demasiado exigente y competitivo. Así también lo retrató la película 'El cisne negro', de 2010, que le valió un Oscar a su protagonista, Natalie Portman, y en la que Riccetto participó como doble de las escenas de baile de la actriz Mila Kunis.

    Ballet
    © Foto : Diego Garcia Dajas/Ballet Nacional del Sodre
    Ballet

    Cuando se le menciona el intrincado y hostil universo del ballet que perfiló ese filme, la bailarina ríe con complicidad, pero sobre todo porque es una conversación que ha tenido infinidad de veces. Luego de aclarar que para ella esa fue una experiencia "mágica", ya que nunca se había imaginado como parte de un 'set' cinematográfico, sostiene que los temas que trata la película son reales. "Siempre hay una persona con problemas alimenticios, siempre hay un director extremo que de repente hace propuestas no muy decentes. No llevado al grado que se muestra en la película, donde todo se 'hollywoodizó' muchísimo. Pero no soy de las bailarinas que se sintieron ofendidas, dolidas o tocadas. Lo que muestran también se da en otros ámbitos, como una oficina: un problema alimenticio, una madre obsesiva, un jefe que cruza las líneas. Pero es cierto que hay obsesión en el ballet, el bailarín está en esa burbuja en la que busca la perfección y la competencia existe. La palabra ambición tiene dos lados, uno que puede sonar sumamente negativo y otro que apunta a superarse, a ser mejor, sin tener que matar a nadie en el camino".

    La conversación con Sputnik tiene lugar en una oficina con paredes de vidrio, en la academia de artes en la que, desde el año pasado, Riccetto dirige el sector de danza. A pocos metros se ve a un grupo de alumnas adultas estirando los músculos cansados, ya sobre el final de una clase.

    ¿Hablas de estas cosas con tus alumnas, en particular con las niñas?

    A veces siento que me tienen mucho respeto y no se animan demasiado a charlar conmigo. Sobre todo después de alguna temporada, si van a verme bailar. Se genera como una distancia.

    Riccetto dirige la escuela de ballet en paralelo con su carrera profesional y confiesa que "ha sido todo un aprendizaje". En particular porque su modelo a seguir era el de la Escuela Nacional de Danza, a la que los niños van cinco días a la semana, mientras que en su academia se inscriben no solo aquellos que tienen intenciones de formarse profesionalmente, sino también los que solo buscan una actividad lúdica.

    "Fue un 'chip' que tuve cambiar. Hay gente que quiere trabajar, pero otra viene con la cabeza puesta en divertirse. Lo ves en los padres; algunos te dicen: 'Quiero que venga para que aprenda a sentarse correctamente, por la buena postura', y otros esperan que venga a jugar. El tema es encontrar ese balance y equilibrio para tener a todo el mundo contento y poder ofrecer un poco de todo. Eso es lo más desafiante que he tenido en el año: darme cuenta que son 180 realidades diferentes. Pero quiero que todo el mundo venga a divertirse. Hacerlo con conciencia y disciplina, pero que sea un disfrute. No quiero que nadie se vaya de acá frustrado porque no puede bailar".

    El 2017 abre con 'El Hamlet Ruso'

    La temporada 2017 del BNS se iniciará con 'El Hamlet Ruso', un ballet que el cuerpo de baile uruguayo presentará por segunda vez. "Es una obra de Boris Eifman que me encantó interpretar, fue todo un desafío. Primero porque el personaje de Catalina la Grande lo han hecho bailarinas más grandes físicamente, más altas, de modo que tuve que trabajar esa parte del pararme enorme, imponer, y sacarme la imagen de bailarina etérea y delicada que es natural en mí. Y me encantó hacer de mala, sacó una parte oscura que tenía muy escondida", se ríe. "Fue muy divertido, así como sumamente exigente en lo interpretativo, así que me da mucho gusto volver a hacerlo".

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    Etiquetas:
    danza, escuela, ballet, música, arte, Montevideo, Uruguay
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