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    Gobiernos progresistas de América Latina afrontan “nuevo ciclo” con embates conservadores

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    Raúl Pierri
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    Los intentos desestabilizadores de la derecha conservadora son una realidad, pero los Gobiernos progresistas de América Latina deben superar las "teorías conspirativas" y admitir sus propios errores ante la llegada de un "nuevo ciclo".

    Es la opinión que expresó en entrevista exclusiva con Sputnik Nóvosti el diputado chileno Marco Enríquez-Ominami, uno de los principales exponentes de la izquierda latinoamericana.

    El también filósofo, cineasta y excandidato presidencial por el Partido Progresista chileno dijo a esta agencia que observa una "desesperación" de los sectores conservadores de la región por volver al poder, aunque sin ofrecer alternativas, pero también advirtió con la necesidad de una autocrítica de la izquierda por no haber batido la desigualdad en una época de bonanza.

    ¿Cómo ve la situación general de los gobiernos progresistas de América Latina en este momento?

    Hay un debate en América Latina sobre si estamos en un mal momento o ante un nuevo ciclo, y yo creo que estamos frente un nuevo ciclo, pues las tasas de crecimiento promedio de cuatro puntos se acabaron y el control de la inflación se acabó.

    La reducción acelerada de la pobreza, del 43 al 38 por ciento promedio de América Latina, fue un tremendo éxito, pero todo eso tiene a mi juicio dos grandes derrotas: la desigualdad y los sistemas políticos.

    Y este nuevo ciclo que viene ahora va a requerir mucha integración para desafíos gigantescos como la infraestructura, la integración política, no solo económica, la ciencia y la tecnología.

    Creo que se cerró un ciclo y estamos en un momento muy complejo, también porque los liderazgos políticos están pasando por momentos muy difíciles, casi todos.

    Yo creo que hay buena parte de los conservadores del continente que decidieron, ya sea por la vía judicial, ya sea por la de tensar y polarizar, derrotar a esos gobiernos progresistas.

    Pero también convengamos que esos gobiernos progresistas, aunque hicieron tremendas reformas contra la pobreza, fueron mucho menos exitosos en derrotar la desigualdad y aún menos exitosos en fortalecer los sistemas políticos.

    El mes pasado se realizó en Quito el segundo Encuentro Latinoamericano Progresista, donde se denunciaron nuevos "intentos desestabilizadores" en la región. ¿Qué opina usted de estas amenazas?

    Creo que es innegable que hay una derecha que ha sido derrotada en Venezuela en 19 elecciones, y que en Brasil lleva más de 12 años fuera del poder. Lo mismo sucede en muchos otros países.

    Es evidente que hay grupos conservadores que se están comenzando a desesperar porque sienten que el modelo neoliberal está seriamente en jaque, por lo cual, no me parece sorprendente y es previsible (que haya intentos desestabilizadores).

    Lo que sí es tarea del progresismo no defenderse, sino seguir haciendo lo que considera correcto, y no tratar de ver una conspiración permanentemente, sino una solución.

    La solución es trabajar más por el crecimiento de la economía para todos, generar las condiciones para que nuestros países tengan prosperidad.

    La teoría de la conspiración, que tiene elementos probablemente fundados, no es suficiente, nuestros pueblos no quieren escuchar líderes preocupados por conspiraciones, quieren soluciones.

    ¿Usted quiere decir que falta autocrítica en la izquierda?

    Algo de eso. Primero, es innegable que ha habido injerencia extranjera, eso es evidente, pero aun así asumamos que, en materia de desigualdad, estos gobiernos, con los cuales yo me siento cercano, tienen que dar una explicación.

    Redujeron la pobreza pero no la desigualdad, e incluso hay economías que aumentaron sus niveles de desigualdad. O sea, hay una discusión que es pertinente.

    Por otra parte, Argentina y Chile, con gobiernos progresistas, no tienen ni solo túnel en su frontera, que es la tercera más larga del mundo.
    El 90 por ciento de las exportaciones chilenas salen por los puertos. Chile mira al Pacífico y Argentina al Atlántico. Esto expresa una precariedad inaceptable habiendo recién terminado una década de bonanza, cuando hubo dinero para hacer cosas mucho más audaces.

    ¿Qué otros desafíos tienen los gobiernos progresistas latinoamericanos, además de profundizar la integración?

    Ser progresista es más difícil que ser de derecha, y si ser progresista en la abundancia es un desafío, en la escasez es otro desafío.

    Estamos entrando en periodo de dificultad económica, de tasas mediocres de crecimiento, y se va a volver muy difícil. Los progresistas vamos a tener que proponer crecimiento para todos pero a su vez mantener nuestras convicciones asumiendo que van a haber menos recursos para hacer más cosas.

    En caso de Chile, el cobre ha llegado a aportar 25 por ciento del presupuesto nacional, y este año va a aportar solo 1,5 por ciento. Uno puede imaginarse el impacto que esto va a tener. Las políticas sociales van a quedar en entredicho.

    En esta transición al "nuevo ciclo" al cual usted se refiere, y cuando se avecinan elecciones en Argentina y Venezuela, y la situación política en Brasil se hace cada vez más delicada, ¿ve factible un retorno de los sectores conservadores al poder?

    Tema: Elecciones presidenciales en Argentina 2015

    Es que no veo a la derecha ofreciendo modelos de desarrollo alternativos, sino más bien preocupada en frenar las reformas.

    Lo que está haciendo la derecha es decir: "Basta de reformas", y yo no me imagino que puedan ganar elecciones con ese argumento. Creo que los países no quieren frenar las reformas, sino que quieren más reformas en la prosperidad.

    ¿Cuál es su opinión sobre el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), que acaba de ser concretado?

    Creo que el Acuerdo Transpacífico obedece a un ánimo correcto, de máxima integración política, cultural, económica, etcétera, pero no me gusta la forma en que se hizo, el procedimiento.

    Hay un secretismo impropio y legítimas dudas sobre los problemas medicinales que va a implicar el TPP, que comprometen a Chile en materia de fármacos y procedimientos médicos.

    Y tercero, Chile todavía tiene muchos desafíos por resolver, como la relación con sus recursos naturales, y el TPP dibuja un modelo de desarrollo, lo predetermina, en esos aspectos.

    Chile no tiene resueltas muchas cosas que otros países que firmaron el TPP sí las han resuelto.

    Como movimiento hemos declarado que nos preocupa y vamos a exigir más transparencia.

    ¿Está de acuerdo en que, como señalan algunos críticos, el TPP es parte de una estrategia de EEUU para recuperar influencia y contrarrestar otros acuerdos regionales?

    No tengo ninguna duda. Yo creo que todo el multilateralismo sudamericano, que nace como superación a la Organización de Estados Americanos, donde está EEUU, es buena noticia.

    Ahí está el Alba (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América), el Mercosur (Mercado Común del Sur), la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas), la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), etcétera.

    Es buena noticia que pensemos en foros internacionales de este tiempo y no herederos de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), como es el Consejo de Seguridad de la ONU.

    Y no tengo duda de que EEUU lee correctamente. Dice: "Mire, si va a haber multilateralismo, mejor participo de él", y entonces apoya con fuerza la Alianza del Pacífico, mucho más que Unasur, y entonces apoya el TPP, mucho más que la Celac.

    A mí me parece que es evidente y elocuente que EEUU lee correctamente. Ya no va a tener la misma influencia en el continente que tenía en los años 80. Ha decidido adaptarse a ello de una manera que me parece a mí astuta. Es agudizar la creación de foros. En vez de que haya uno solo, es fomentar que se creen nuevos.

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    TPP, Marco Enríquez-Ominami, América Latina, EEUU
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