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    La base Plymouth, la residencia de la reina británica, la Universidad de Cambridge y la estación rusa en la Antártida Vostok cuentan con sistemas de seguridad producidos por la empresa rusa Argus-Spektr. Su dueño, Mijaíl Levchuk en una entrevista al portal ruso Gazeta.ru explicó cuál es la clave de su éxito.

    Mijaíl, la lista de instalaciones que cuentan con sus sistemas de seguridad y alarmas antiincendios resulta difícil de creer. ¿No hay errores? ¿La corona inglesa eligió un sistema ruso por sobre un análogo inglés?

    Todo es correcto. Argus-Spektr produce más de 150 modelos de sistemas de seguridad con clientes en muchos países del mundo, incluyendo EEUU, países de América del Sur y Australia. Entre nuestros clientes se encuentra la escuela Rattenberg de Austria, el castillo de Edimburgo en Escocia, el edificio del Senado en Londres, la Universidad Eton, la oficina de Londres del Comité Olímpico y la Biblioteca de Londres que cuenta con más de 3 millones de libros incluyendo 120.000 tomos publicados antes de 1851 y además alberga objetos de arte, obras de ciencias humanas y sociología. ¿Se imagina la responsabilidad de brindar seguridad a todo eso?

    Me hago una idea. Aunque no entiendo, ¿por qué sus clientes los han elegido precisamente a ustedes?

    Al parecer usted piensa que el concepto “sistemas electrónicos rusos” suena como a “vino inglés” o “rock n’ roll francés”, ¿no es así?

    A decir verdad, sí. ¿En qué superan sus productos a la competencia inglesa, japonesa o china? ¿O es que tiene contactos especiales con alguien del palacio real?

    No. Nuestros primeros pasos en el mercado internacional fueron cuando eligieron a nuestro sistema antiincendios el año 2008 para la base Plymouth.

    ¿Me está tomando el pelo? Plymouth es una base militar de la OTAN.

    Es en serio. Efectivamente ese fue nuestro primer contrato que completamos en conjunto con la empresa europea Sterling Safety Systems. Por supuesto, nuestros colegas europeos decidieron arriesgarse e instalar nuestros sistemas antiincendios en las instalaciones de la base militar. Antes de eso estaba el clásico sistema antiincendios: engorroso y con un lío de cables. Nosotros propusimos un sistema inalámbrico. La cosa es que una base militar de la Armada es una zona complicada en lo que respecta a la interferencia electromagnética ya que existen antenas, receptores, transmisores y existían temores de que la señal de la alarma antiincendios se perdería entre tanto ruido electromagnético. Los italianos quisieron probar lo resistentes que son los sistemas inalámbricos frente a un sistema cableado en este tipo de ambiente y resultó ser que los sistemas inalámbricos soportan mucho mejor la interferencia que los cables.

    Otra ventaja es que los sistemas inalámbricos son muy resistentes. Es decir, si un incendio destruye por completo un edificio, el resto del sistema se mantiene intacto ya que no hay cables que puedan quemarse. Los europeos entendieron que efectivamente es una cualidad única y los militares supieron valorarla. Ahora nuestros equipos están en el destructor Tipo 45 Duncan.

    ¿Y cómo les vino la idea de fusionar el concepto de alarma antiincendios con…?

    ¿… con los teléfonos celulares? Pues, en Europa y EEUU desde el principio se construyó toda la infraestructura telefónica cableada, mientras que en Rusia el mercado telefónico se desarrolló cuando ya existía la tecnología de teléfonos móviles. Así nos llegó la idea ¿Y por qué no emplear esta tecnología para las alarmas de incendio?

    Luego de eso pasamos inmediatamente a la siguiente fase. Pudimos aplicar la tecnología de los teléfonos móviles para los sistemas de alarma. Luego llevamos esto un paso más adelante. Simplemente tuvimos la suerte de ser los primeros. No es que seamos unos genios. El software lo desarrollamos nosotros mismos, nuestros muchachos lo diseñaron desde la primera línea de código. Para ellos resulta natural implementar nuevas tecnologías en aplicaciones nuevas.

    Con esto presentamos al mercado algo único a pesar de que nuestras capacidades financieras y tecnológicas fueran mucho inferiores. Aun así los estadounidenses no pudieron competir con nosotros y fuimos poco a poco marginándolos del mercado, junto con los europeos.

    De todas formas resulta extraño que los europeos elijan sus sistemas…

    Existe otro argumento a favor de los productores rusos: El nivel de conocimientos técnicos de los criminales rusos es mucho mayor del que sus colegas en Occidente. Durante los años 90 y la década pasada hubo un verdadero colapso en el mercado de especialistas técnicos en Rusia y muchos de ellos emprendieron en actividades criminales. En Rusia existen los ladrones con cualificación profesional, por lo general se trata de un funcionario técnico en algún instituto de investigación que sabe cómo burlar los sistemas de seguridad.

    Y nosotros, que tenemos que diseñar sistemas de seguridad a prueba de esta gente, nos vimos obligados a elaborar sistemas mucho más complejos que lo que hacen nuestros colegas en Europa o EEUU para proteger las instalaciones de manera efectiva.

    De todas formas en Europa hay productos de alta calidad…

    Sin duda. La historia de nuestro éxito empezó cuando nos sumamos a un centro de desarrollo en Trieste, Italia. Luego abrimos una fábrica en Italia, la segunda luego de nuestra fábrica en San Petersburgo.

    Bueno, y conseguimos reunir un equipo de chicos talentosos, italianos, que lograron adaptar una plataforma diseñada en Rusia a las necesidades de clientes europeos o estadounidenses, desde el color del plástico a la distribución de los botoncitos en la interfaz de usuario.
    Así logramos la combinación perfecta. Unimos la confiabilidad de las tecnologías rusas, como el fusil Kalasnikov que dispara incluso sumergido en el fango, y la atención que tienen los italianos a los detalles, al diseño. Con esto sacamos al mercado un producto de buena calidad y buen diseño, tras lo cual nuestras ventas se dispararon.

    ¿Hay clientes rusos?

    Tenemos al museo del Hermitage, la galería Tretiakov, el nuevo centro de control del aeropuerto Vnúkovo de Moscú, esos son los clientes más conocidos que tenemos. Los contratos con las mayores sumas son todos con clientes rusos. Por ejemplo, el Hospital de Veteranos de Guerra de Moscú, ese contrato vale unos siete mil dispositivos inalámbricos…

    ¿Y en cuánto tiempo se puede violar sus sistemas de alarma?

    Cualquier candado o seguro se puede abrir. El tema está en cuánto tiempo. Para poder violar nuestros sistemas se necesitarían unos tres años.

    Violar en este contexto significa que usted puede ingresar a una instalación protegida por nuestras alarmas sin que nadie se entere. Ese proceso tomaría unos tres años. Es imposible violar nuestros sistemas en secreto. O sea, en teoría es posible destrozar una puerta que esté con nuestras alarmas, pero los servicios de seguridad se enterarán en unos 12 segundos.

    ¿Y si se hace un bloqueo a las señales de radio?

    Es posible imponer un “apagón” a todas las transmisiones de radio a unos tres kilómetros a la redonda. Pero eso equivaldría a tratar de abrir la puerta con un mazo. Los servicios de seguridad se enterarían en 12 segundos ya que las señales de control dejarían de emitirse.

    Etiquetas:
    entrevista, seguridad, Argus-Spektr, Mijaíl Levchuk
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