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    Apertura energética de México es como una telenovela, dice experto del Centro Wilson

    © AP Photo / Dario Lopez-Mills
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    La implementación de la histórica reforma constitucional de 2013 para abrir la industria petrolera de México es como una larga telenovela sobre una pareja en una crisis de confianza, dijo a la agencia Sputnik Nóvosti Duncan Wood, director del Instituto México del Centro Internacional Woodrow Wilson.

    La crisis actual entre el Estado mexicano y la petroleras extranjeras, originada en los complejos contratos de las licitaciones en marcha, una especie de tropicalización a la mexicana de modelos globalizados, debería resolverse este año, pero el entendimiento puede demorar unos tres a cinco años, considera el investigador del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington, y miembro del consejo editorial de Foreign Affairs.

    ¿Cuáles son las principales razones que desencadenaron la reforma energética en México?

    Son un conjunto de diferentes lógicas económicas y razones políticas. La dimensión de la coyuntura política es un punto crucial para explicar por qué se dio la reforma en este momento. Es importante reconocer el trabajo previo del expresidente Felipe Calderón (2006-2012), para convencer a la gente en México de que había una crisis inminente en el país en el sector petrolero (la producción se derrumbó más de 1 millón de barriles diarios desde 2004). La verdad es que el Gobierno depende tanto del petróleo como fuente de ingresos fiscales, (la tercera parte de su presupuesto) que sin la reforma tendría que prepararse para un futuro sin esos recursos; eso fue fundamental para llegar a este punto y poder cambiar el sistema mexicano en materia energética.

    A más de año y medio de la aprobación histórica de la reforma, ¿cuáles son los riesgos en la etapa de implementación, no sólo para el Gobierno sino para el sector privado?

    Existen retos estructurales en el país en cuanto a la falta de infraestructura y capital humano; pero los factores más importantes dependen en este momento del gobierno mexicano: tiene que entender cuáles son las bases de contratación que son competitivas a nivel mundial. El sector petrolero internacional, formado por las empresas privadas y las estatales, está viendo varias oportunidades de inversión en todo el mundo. Y todos quieren invertir en los lugares del planeta donde hay oportunidades de ganancia más alta. Están viendo a México como una oportunidad muy buena y muy sólida; pero hay cosas que tienen que cambiar en el país para que vean el potencial de inversión.

    ¿Qué aspectos deben cambiar en la implementación de parte de las autoridades de México?

    La parte regulatoria de la industria petrolera es muy importante. Las compañías no quieren una exigencia regulatoria demasiado alta y complicada, ni quieren que los temas fiscales sean demasiado exigentes, porque implica menos ganancia para las empresas. Los grandes jugadores quieren que el gobierno mexicano reconozca a quienes están dispuestos a invertir miles de millones de dólares en el país y tengan un trato adecuado de inversionistas.

    ¿Y cómo debería ser ese trato que esperan las petroleras extranjeras?

    Por ejemplo, hay compañías automotrices en México como Toyota, Audi o similares, quienes están invirtiendo miles de millones de dólares en plantas y fábricas en el país; pues bien, el sector petrolero quiere el mismo trato. Esas empresas petroleras esperan un trato justo a largo plazo, para que tengan certidumbre de que en 20 o en 25 años puedan seguir haciendo lo mismo.

    ¿Qué hace falta en este momento para construir esa confianza mutua?

    En este momento hace falta entendimiento mutuo en los dos lados: el Gobierno está aprendiendo cómo son las expectativas de la industria; y la industria está aprendiendo cuál es la perspectiva, la visión del Gobierno de México, y de su mentalidad en cuanto al manejo del sector petrolero. Hay un proceso de aprendizaje bastante difícil para ambos lados. Considero que en el largo plazo todo va a salir muy bien, pero en el corto plazo es bastante complicado.

    La complicación también proviene de la atmósfera internacional, con los bajos precios del crudo, que causan demoran en proyectos de producción muy costosos. ¿Cuál es el papel de los precios en la negociación de las licitaciones?

    Los precios bajos juegan un papel fundamental, obviamente hacen más complicado el proceso de negociación con el Gobierno; porque el sector privado internacional tiene que justificar mucho más que antes cómo gasta su dinero; pero por tratarse de contratos de 20 o 25 años, los precios de hoy no importan mucho. Se ha complicado un poco más el proceso de negociación, pero realmente no es el factor más decisivo.

    De todos los obstáculos que se han presentado, ¿cuál es el factor clave para superar este momento de complicación en la negociación de los contratos de licitación en marcha?

    La clave es la certidumbre legal en los contratos y las condiciones apropiadas para hacer inversiones; y eso significa que las empresas deben hacer más dinero en México que en EEUU o en otras partes de América Latina, como Brasil, o en otras partes del mundo donde ya invierten.

    En relación con otros países del continente, ¿en cuál escalón se coloca México en la competencia por atraer las inversiones petroleras?

    Estamos pasando de un periodo en el cual la industria internacional vio a reforma energética mexicana como una gran oportunidad, a otro donde ahora están repensando, y diciendo: "bueno, México es una buena oportunidad pero creemos que hay otros lugares en el mundo donde invertir".

    ¿Hacia dónde debe transitar la negociación, desde este punto de crisis de confianza?

    Vamos a llegar a un momento en el cual las empresas podrán decir que sí existen las condiciones para hacer ese tipo de grandes inversiones de largo plazo. Eso ha pasado en otros países petroleros, como Brasil, donde hubo un periodo de luna de miel entre la industria y Brasil, después se desencadenó un periodo de crisis; y finalmente han vuelto a ver a ese país otra vez, de otra manera más realista. La historia de la reforma energética es como la historia de una telenovela: primero tuvimos la aventura, y luego el amor entre los inversionistas y México, después tuvimos un poco de incertidumbre, sobre qué estaba pasando, en busca de conocer las razones de cada uno y la lógica en la pareja; después ha sobrevenido una crisis de confianza; pero al fin de cuentas, a la larga creo que todo va a salir bien. No sé cuán larga va a ser esa telenovela mexicana, pero pienso que ya debería terminar.

    Los espectadores se puede aburrir y los actores también, ¿cuántos capítulos debemos esperar?

    El tiempo de duración ideal sería que terminara este año, pero creo que las condiciones para un entendimiento muto van a ocurrir en tres o cinco años.

    Etiquetas:
    reforma energética, Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), Instituto Woodrow Wilson, Duncan Wood, México
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