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    Monumento de José Martí (archivo)

    José Martí, versos de libertad (vídeo)

    CC BY 2.0 / Bit Boy / Jose Marti and Friend
    Ensayos
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    Walter Ego
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    Su dimensión política, la acomodaticia apropiación de su figura y de su obra por paladines de cualquier causa, han hecho de José Martí el poeta cubano más musicalizado; también, y esta es la razón de mayor peso, la exquisitez y cadencia de unos versos audaces que adelantaron el modernismo "en nuestras tierras de América".

    ¡Verso, nos hablan de un Dios
    A donde van los difuntos:
    Verso, o nos condenan juntos,
    O nos salvamos los dos!

    José Martí

    'Martí: versos de Cuba, canciones de libertad' —uno de los muchos espectáculos presentados en Guanajuato, México, durante la edición 45 del Festival Internacional Cervantino— no es una apropiación más del legado poético de un pensador que quiso, con su obra y con su vida, emancipar de la servidumbre del coloniaje al país que llamó a fundar "con todos y para el bien de todos"; 'Martí: versos de Cuba, canciones de libertad' es una obra que va más allá de la simple musicalización de los estrofas espléndidas del poeta para recorrer su vida a través de la recitación y escenificación de las mismas con el apoyo de imágenes y de canciones originales.

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    "Se trata de un proyecto un poco experimental. No es un musical, pero casi, es un concierto, pero no, pues pasa algo más que canciones acompañadas en vivo por la banda y por cantantes", ha dicho el compositor cubano Óscar Gómez, el responsable de poner música a los versos martianos, una tradición de larga data en la que le precedieron, entre otros, César Pérez Sentenat, quien en 1931 compuso un par de canciones con textos de Martí ('Moriré de cara al sol' y 'Mi caballero'); Rogelio Dihigo, quien musicalizó 'La niña de Guatemala', también en 1931; Eduardo Sánchez de Fuente, autor de 'La gran pena del mundo' y de otra versión de 'La niña de Guatemala', canciones ambas de 1935, y Ernesto Lecuona, quien al año siguiente le puso música a varios versos sencillos del Apóstol: 'Una rosa blanca', 'La que murió de amor' y 'Sé que estuviste llorando'.

    Más cercanos en el tiempo, en la segunda mitad del pasado siglo, los trovadores cubanos Pablo Milanés y Amaury Pérez Vidal editaron sendos discos —en 1973 y 1978, respectivamente— inspirados en versos de José Martí.

    A partir fundamentalmente de los 'Versos sencillos' —impresos en Nueva York hacia 1891 "porque el afecto con que los acogieron, en una noche de poesía y amistad, algunas almas buenas, los ha hecho ya públicos"—, el director de escena Juan Carlos Martín estructura un espectáculo en el que la dramatización de la poesía del 'Apóstol de la independencia' de Cuba convive con canciones inspiradas en sus versos, canciones en las que resuenan ritmos nacidos en la campiña cubana —sones, guajiras— junto a melodías de corte más intimista, las que ayudan a conformar un espectáculo minimalista —apenas un escritorio y una mecedora en escena— y multidisciplinario —fotografía, teatro, música— en el que se alternan la vitalidad y la evocación melancólica propias del modernismo hispanoamericano.

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    En su recorrido por la trayectoria vital del político y poeta cubano —desde el niño que juró "lavar con su vida el crimen" de la esclavitud hasta el hombre bueno que murió "de cara al sol"—, 'Martí: versos de Cuba, canciones de libertad' ofrece una visión poliédrica de un ser humano que ha sobrevivido a las reducciones para el mármol, el discurso y la hagiografía, una visión que rescata en sus pinceladas de cantos y recitación al poeta, al pensador, al político, al patriota, ese que dejó dicho que el amor a la patria "no es el amor ridículo a la tierra" y para quien "patria es Humanidad". De ahí, seguro estoy, que habría visto complacido esta modesta recreación de sus versos por un elenco de músicos y actores de variopinta procedencia: la violinista estadounidense de raíces coreanas Maureen Choi, el contrabajista español Mario Carrillo, el guitarrista argentino Diego Mendiboure, el flautista español Patxi Pascual, el percusionista cubano Yuvisney Aguilar, la actriz española Guadalupe Lancho y el histrión Luis Turel, también español, quien precisamente encarna a Martí.

    No es de extrañar la seducción que ejercen los versos de José Martí sobre los músicos, especialmente sus 'Versos sencillos', en los cuales se utiliza la redondilla como forma métrica de los poemas, un recurso formal de uso reiterado en el cancionero popular hispanoamericano; no es de extrañar si se sabe que para Martí "la música es más bella que la poesía porque las notas son menos limitadas que las rimas: la nota tiene el sonido, y el eco grave, y el eco lánguido con que se pierde en el espacio; el verso es uno, es seco, es sólo: alma comprimida". Esta devoción martiana por la música es espejo de la devoción de los músicos por sus versos, la cual tiene su expresión suprema en la canción que es sinónimo de Cuba para el mundo entero y con la que concluye exultante el espectáculo: la 'Guantanamera', una guajira-son de 1938, atribuida al compositor Joseíto Fernández, y a la que el musicólogo y compositor hispano-cubano Julián Orbón adaptaría en 1958 los 'Versos sencillos' de Martí, versión popularizada para la eternidad en los años 60 por el cantante de folk estadounidense Pete Seeger.


    LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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    Etiquetas:
    poesía, espectáculo, literatura, teatro, Festival Internacional Cervantino, José Martí, Cuba, México
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