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    Pável Rodkin

    ¿Cómo será la aportación de Rusia al diseño social de la humanidad?

    © Sputnik / Vladimir Trefilow
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    Club Zinóviev, Pável Rodkin
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    Una labor socialmente útil puede ser la principal ventaja competitiva de Rusia ante Occidente, destaca el miembro del Club Zinóviev Pável Rodkin.

    El crecimiento de la inestabilidad y el caos en el mundo, las acciones agresivas de Occidente contra Rusia, el fantasma de una nueva crisis económica obligan a Rusia a recuperar lentamente y penosamente su subjetidad histórica (política y económica). Esto no puede realizarse sin la regeneración social que constituye a día de hoy el fundamento de la competitividad. Hasta en la época de la 'guerra fría' la ventaja principal de la URSS no fue la fuerza militar, sino la organización social, según el destacado filósofo ruso Alexandr Zinóviev.

    En los restos de la supersociedad

    La aportación principal de la sociedad soviética al progreso social de la humanidad fue la construcción del 'comunismo real', opina Alexandr Zinóviev. Según el filósofo, hay que distinguir el comunismo real 'soviético o ruso' del comunismo ideológico que sigue constituyendo un fundamento para las manipulaciones propagandísticas, el fraude ideológico y las falsificaciones por parte de los partidarios de la sociedad soviética y de los que se pronuncian en contra de ésta.

    El comunismo real tuvo muchos defectos reales criticados por el propio Zinóviev, así como los tenía también el Occidente real durante la historia. Pero, pese a los problemas, se pueden constatar los éxitos de la sociedad soviética, que durante mucho tiempo aspiraba a conseguir el liderazgo mundial en la evolución social de la humanidad y que hasta adelantó a Occidente en una etapa histórica.

    No sólo se trataba de la oposición del sistema socialista al capitalista, sino también de la competencia de las dos supersociedades, algo que determinó el curso de toda la historia mundial en el siglo XX. Parecía que los resultados de la Guerra Fría habían puesto un punto final en este proceso.

    La sociedad soviética fue demoralizada y atomizada, mientras que la supersociedad fue quebrantada debido a la contrarrevolución social. Rusia pasó a ser la periferia del mundo occidental.

    Las dimensiones de la catástrofe social superó su importancia geopolítica. La historia quedó bajo un pleno control de la supersociedad occidental, una unión de nivel más alto que los Estados nacionales tradicionales, lo que dio la posibilidad al politólogo estadounidense de origen japonés, Francis Fukuyama, de proclamar el "fin de la historia" en 1992.

    Rusia se encontró en un callejón sin salida civilizatorio. Como dice Alexandr Zinóviev en la obra 'El colapso del comunismo ruso', "la organización social de la Rusia postsoviética está configurada premeditadamente de tal modo para evitar su recuperación como un fenómeno social capaz de competir con Occidente por dominar en el proceso de evolución de la humanidad, capaz de poner obstáculos a Occidente en su lucha por el dominio mundial".

    En esta coyuntura fue imposible hablar no sólo de liderazgo, tampoco sobre una simple competición. La primavera de 2014 cambió la situación, al conceder a Rusia una nueva oportunidad histórica para restablecer el propio proyecto social y civilizatorio.

    Una labor como base para el nuevo diseño social

    ¿Qué constituye la ventaja competitiva singular de la Rusia moderna en comparación con el Occidente global? La ventaja y peculiaridad principal (la oferta singular en términos de mercadotecnía) la podría constituir la labor socialmente útil, en caso de revisar civilizatoriamente el concepto de labor.

    Se debe calificar como socialmente útil la labor sin el que no puede vivir la sociedad y que al mismo tiempo forma sus valores fundamentales, mecanismos sociales, modos de conducta y prioridades de desarrollo. Se pueden diferenciar hoy dos tipos de labor socialmente útil: relativo y absoluto.

    El tipo absoluto incluye la medicina, la educación, la ciencia, servicios sociales, la seguridad. En el marco del Estado es accesible para todas las clases de la sociedad sin censo social ni de propiedad. La labor socialmente útil absoluto no está vinculado con beneficios o capital privados.

    La labor socialmente útil relativo considera a la sociedad como consumidor, su utilidad está limitada con la capacidad adquisitiva de cada individuo y de la sociedad, en general. Aunque este tipo de labor da cierto provecho mediante la distribución de productos y servicios de consumo, en su mayoría es excesiva, especulativa y es útil sólo para una pequeña parte del capital.

    La labor socialmente útil relativa usa herramientas humanitarias y comunicativas que impulsan el consumo y, en el marco de la economía política moderna, se enmascara en necesidades básicas y reales de la sociedad. Mientras, esta labor produce la pobreza, deshumanización y la descualificación, y destruye el potencial humano a ambos lados del consumo.

    El razonable equilibrio social y económico que existía entre dos tipos de labor en el sistema liberal capitalista de Occidente fue perturbado ya hace mucho. La labor es tomada por el capital y se hace cada vez menos socialmente útil. La vanidad y la falta de sentido de su actividad las sienten muchos empleados de varios sectores de la economía y negocios modernos. Ni siquiera el hecho que son eficaces y demandados no reduce el creciente pesimismo social disimulado y la melancolía.

    La regeneración social y salida del punto muerto histórico

    El proceso de retirar profesiones vitalmente importantes para la sociedad de la labor socialmente útil está vinculado con el traspaso de tal labor al sector de negocios privados, lo que constituye una de las exigencias de la economía neoliberal. La labor para el bien de la sociedad provisto por el Estado se sustituye por la labor para el bien del capital que no tiene compromisos ante la sociedad, como destacó en su tiempo en su artículo programático el multimillonario ruso, Mijaíl Prójorov.

    Por ejemplo, a día de hoy se construye la vivienda no accesible para la mayoría y esta labor ya no se percibe como social. Es para las clases altas y las capas acomodadas de la sociedad. Lo mismo pasa con la educación y la medicina mediante la monetización de estos sectores.

    La labor socialmente útil es más estable, a diferencia del la labor de mercado, y por eso compite con el capital privado, asegurando la independencia de la sociedad y del Estado. La labor socialmente útil crea las condiciones para la unidad social, asegura los vínculos en la sociedad a través de las instituciones que se suplementan una a otra en el marco de la única estructura del Estado.

    El golpe asestado contra los sectores de la labor socialmente útil es una estrategia preconcebida. Esta labor es un rival y una sobrecarga para el capital, porque, a diferencia del sector inflado de la labor socialmente útil relativa, no crea valor añadido y condiciones de explotación.

    El modelo del capitalismo liberal moderno amenaza a la sociedad rusa con una destrucción real, el genocidio social, si llamamos las cosas por su nombre. La situación especialmente cínica en Rusia consiste en que la misma clase liberal que anteriormente decía a nuestros padres que no responden a las exigencias del mercado, ahora nos dicen que los abogados y gerentes no son necesarios.

    En el siglo XXI, el nuevo concepto de labor puede ser la idea rusa fundamental y atractiva para todo el mundo, premisas y partes de las que se puede encontrar en la época soviética y antes de la revolución bolchevique. En la labor socialmente útil se deben integrar las profesiones que hoy están al servicio del capital.

    Hoy esto parece utópico. Pero la supersociedad occidental que ve justamente en Rusia la amenaza principal a su poder inculca este mismo concepto de la realidad social.

    Etiquetas:
    sociedad civil, Club Zinóviev, Rusia
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