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    Zbigniew Brzezinski

    El falso de Brzesinski contra el "chovinista" de Putin

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    Club Zinóviev, Vladímir Lepiojin
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    La idea de que Rusia es un país-civilización asustó sobremanera a los rusófobos y globalistas. Los mejores politólogos e ideólogos de Occidente se lanzaron a desacreditarla, señala el miembro del Club Zinóviev Vladimir Lepiojin.

    Está claro que es imposible describir una ideología, por primitiva que sea, en tres páginas. Pero sí se puede presentar sus elementos principales en una serie de publicaciones, cosa que vamos a hacer. En el anterior artículo sobre la nueva idea nacional en Rusia el autor de estas líneas señalaba que esta idea está encontrada.

    Club Zinóviev
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    El presente artículo contiene una prueba más de que la idea que empieza a cobrar fuerza en la Rusia moderna es la idea del desarrollo civilizacional, y el que nos da esta  prueba no es otro que el viejo miembro del partido de la globalización, Zbigniew Brzezinski. En su reciente discurso pronunciado en el Centro Woodrow Wilson, en el que bendice a las élites occidentales que quieren imponer a Rusia una nueva carrera armamentista, el propagandista empedernido de la exclusividad estadounidense afirma: “Lo que estamos observando en Ucrania no es sólo un conflicto sino también un síntoma… del estable crecimiento del chovinismo cuasi-místico ruso". Ni más ni menos.

    ¿Qué tiene que ver este delirio del dinosaurio superviviente de la Guerra Fría con la idea civilizacional? Mucho. Brzezinski cree que el actual "chovinismo" ruso se basa en "la seguridad (de las élites rusas) de que Rusia no forma parte de la civilización occidental. Tampoco es parte de China… o del mundo musulmán. Se piensa que Rusia, por sí sola, ya es una gran civilización"… La palabra clave aquí es "civilización". Este conocido rusófobo reflexiona sobre la idea de Rusia como país-civilización, lo cual es lógico en él.

    Brzezinski, de hecho, afirma: Kiev puede empezar a construir el Gran Imperio Ucraniano ya que la junta ucraniana no atenta contra la vaca sagrada del papel dominante de EEUU. En cambio, los rusos no pueden ni siquiera pensar en su identidad nacional ya que cualquier idea genuinamente rusa está relacionada, en primer lugar, con el valor de la soberanía. Lo cual para el Departamento de estado de EEUU es más que la subversión, es un reto.

    El corifeo de la difamación hace caso omiso, y lo hace a sabiendas de que  los ciudadanos de Rusia consideran como uno de los elementos más importantes de su identidad el internacionalismo que se está manifestando claramente en el sureste de Ucrania donde las personas de diferentes nacionalidades resisten a la jauría galitziano-nazista. Este ideócrata de Washington tiene miedo justamente a este internacionalismo, por eso se apresura a catalogar el proceso como el "crecimiento del chovinismo ruso".

    Siendo un experto en tejer las telarañas de la Gran Mentira, Brzezinski entiende perfectamente que Occidente no tiene que temer la restauración de la URSS o del Imperio ruso, tampoco los brotes de barbarismo o el "fascismo ruso", sino  la consolidación de la  Rusia-civilización independiente, ya que sólo una mentalidad supranacional y libre permitirá a nuestro país resistir y desarrollarse. Y el hecho de que este abogado del diablo se haya puesto nervioso salpicando su baba venenosa es una prueba directa de que Rusia realmente ha dado con una Idea Nacional (en su versión civilizacional) que va acorde con el tiempo.

    En su casi "discurso en Fulton" Brzezinski expuso todos los argumentos creíbles e increíbles a favor de su obsesión personal de impedir por cualquier medio que en Rusia se realice algún proyecto de desarrollo más o menos eficaz. Para ello hizo uso de procedimientos demagógicos probados en numerosas ocasiones.

    El primero de ellos es hacer pagar a justos por pecadores culpando a Rusia de algo que, en realidad, se podría y se debería achacar a EEUU. En particular, Brzezinski calificó de "ambiciosa" la ideología civilizacional que se está formando en Rusia, sin molestarse siquiera en explicar en qué se expresa la ambición rusa (por lo visto en intentar oponerse a los seguidores de Stepán Bandera apoyados por los anglosajones). Entre tanto, todo el mundo sabe muy bien que la potencia más ambiciosa, para la que hoy en día "el mundo entero no es suficiente", es, y desde hace mucho, EEUU. (Volver la situación del revés es el método predilecto también de los estadounidenses: hace poco Obama tildó a Rusia de "Jano de dos caras", justo cuando la hipocresía de la política del Departamento de Estado se hizo especialmente evidente).

    A principios del siglo XXI, Alexander Zinóviev en su libro ‘La tragedia rusa’ ya señaló: "EEUU siguió las huellas de la Alemania hitleriana, esta es la esencia del cambio vivido por el mundo. Se consolidó también la ideología de los agresores globales, comparable con la ideología racista del fascismo y nazismo, la ideología de la superioridad de las gentes del mundo occidental sobre el resto de las naciones, que se consideran subhumanas". Esta es la verdad si queremos hablar de las ambiciones de cada uno… Por cierto, entre los ciudadanos de Rusia, incluidos los que están en el poder, prácticamente no hay personas que se despierten pensando en aumentar la extensión de nuestro país anexionando algún territorio o en obligar a alguien a aceptar la libertad "a la rusa" (así lo demuestran los sondeos de opinión pública en nuestro país). Así que lo de las ambiciones exageradas no es cosa de Rusia. Es un elemento del nuevo ‘mega sueño americano’ sobre el dominio mundial. Sin embargo, el mentiroso de Brzezinski no necesita los resultados de los sondeos u otras pruebas fehacientes: al igual que Obama y Hillary, él "sabe" a priori que la culpa de todo lo malo que sucede en el planeta Tierra, ayer la tenían los serbios, los iraníes y los sirios y hoy la tienen los rusos.

    Convertido en pacificador, este predicador de la guerra afirma que Rusia representa "una amenaza para los países bálticos, Georgia, Moldavia y… Bielorrusia". Por supuesto esta afirmación tiene que ser interpretada al revés, es el Departamento de Estado de EEUU (que tiene el ojo puesto en Bielorrusia, Moldavia, Armenia y Azerbaiyán para hacer allí lo mismo que hizo en Ucrania al desatar una guerra fratricida) el que representa una amenaza real para los países mencionados, no Rusia. "Tenemos que poner fin a los intentos de Rusia de desestabilizar la situación en las regiones orientales de Ucrania", señala luego el ruiseñor de los iluminados, perfectamente consciente de quiénes son los que dan órdenes a la junta de Kiev de matar a los civiles en estas regiones, y también de quiénes fueron los que derribaron el avión malasio sobre el sureste ucraniano para sembrar más caos en la región.

    Pero no nos dejemos llevar por los múltiples ejemplos de la sofisticada creación de mitos de la que abusa claramente el señor Brzezinski, demasiado honor. Diremos sólo que este personaje, desgraciadamente, sigue influyendo en la formación de la política exterior de EEUU, y su discurso en cuestión no es sólo un síntoma de la demencia senil sino, por desgracia, la esencia de las ideas que algunos políticos estadounidenses tienen sobre el mundo, un mundo donde no debería haber lugar para los Estados y, menos aún, para las civilizaciones, independientes de EEUU.

    Otro procedimiento demagógico, típico para los yanquis de alto nivel, es expresar un profundo desprecio hacia todos los pueblos (incluido el propio) y, como consecuencia, cargar toda la responsabilidad por todas las "insinuaciones" antiestadounidenses sobre los líderes de los países "condenados". Los representantes del Departamento de Estado, como bien se sabe, no están acostumbrados a analizar  escrupulosamente las causas de lo que está ocurriendo. Es por eso que de la tragedia de Ucrania, según Brzezinski, resulta culpable, en vez de los nazis ucranianos y sus protectores allende el océano… el presidente de Rusia.

    Otra tesis "mesiánica" de este jugador de póquer que se hace pasar por un gran ajedrecista suena así: "El papel clave en el crecimiento del chovinismo ruso lo desempeñó Putin”. Y nosotros, los inocentes, pensábamos que la orientación del líder ruso hacia los valores patrióticos se debe a los procesos objetivos del crecimiento de la conciencia de los ciudadanos de Rusia. Es decir, otra vez estamos ante un argumento "al revés": resulta que la idea civilizacional no es una consecuencia del curso natural de los acontecimientos. Resulta que la inventó Putin (por supuesto por unos móviles de lo más sórdidos) y ahora la está "imponiendo a la fuerza" a la población propensa al sentimiento proestadounidense.

    En fin, si creemos a Brzezinski, los ciudadanos de la Federación de Rusia en vez de en un soberano país-civilización, quieren vivir en una colonia de superhombres (o, más bien, de los pseudohombres) abrazando, felices, la bota de la OTAN… Es verdad que en los últimos decenios Rusia realmente se inclinó hacia esta bota pero ahora en nuestro país cada vez hay más personas que quieren recuperar el auténtico significado de palabras como dignidad, verdad y justicia, que representan los principales valores de la civilización rusa. Y es esto de lo que culpan al presidente de Rusia los políticos chaqueteros tipo Brzezinski.

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    Club Zinóviev, Zbigniew Brzezinski, Vladímir Putin, Ucrania, EEUU, Rusia
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