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    Cómo Stalin amplió el territorio de Lituania

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    Tras 23 años de independencia Lituania, no ha logrado la prosperidad sino que se ha convertido en una colonia de la UE. En vez de resolver los actuales problemas sociales y económicos, la élite lituana asusta a la población con historias sobre la ‘ocupación soviética’, opina Oleg Nazárov, miembro del Club Zinóviev

    Hace 75 años, el 10 de octubre de 1939, la Unión Soviética y Lituania firmaron un pacto de ayuda mutua, en virtud del cual la URSS entregó a Lituania la ciudad de Vilna y la provincia de Vilna. Los políticos lituanos pasan de puntillas por esta consecuencia de la llamada ‘ocupación soviética’. No recuerdan tampoco que en la época de la ‘ocupación’ el territorio de Lituania se amplió y el número de habitantes de la república creció, mientras que ahora éste disminuye.

    Este silencio no es casual. Cuando Lituania formaba parte de la URSS fue un escaparate de éxitos del socialismo, pero tras 23 años de independencia el país no logró prosperidad, sino que se convirtió en una colonia de la UE. Siendo incapaz de resolver los actuales problemas sociales y económicos, la élite lituana asusta a la población con historias sobre la ‘ocupación soviética’, cuya negación se penaliza en Lituania.

    Aprovechando un aniversario ignorado por las autoridades de Lituania, quisiéramos recordar la ampliación del territorio de este país que se produjo en la época de la ‘ocupación’. Tales milagros no han pasado nunca con ningún otro Estado ocupado.

    La historia de las pérdidas de Lituania antes de la Primera Guerra Mundial

    Una vez finalizada la Primera Guerra Mundial, las tropas alemanas abandonaron los territorios ocupados que hoy pertenecen a Lituania. De inmediato, distintas fuerzas políticas intentaron llenar el vacío de poder. En febrero de 1919, se creó la República Soviética Socialista Lituano-Bielorrusa con la capital en Vilna.

    Los acontecimientos continuaron produciéndose a gran velocidad. El 19 de abril, Vilna fue ocupada por las tropas polacas. Pasado un año, en plena guerra polaco-soviética (1919-1921), el Ejército Rojo expulsó a los ocupantes polacos de Vilna. En julio de 1921, la República Socialista Federativa Soviética de Rusia (RSFSR) reconoció la independencia de Lituania y por primera vez le entregó Vilna con su respectiva provincia.

    La derrota de los ejércitos del mariscal soviético, Mijaíl Tujachevski, cerca de Varsovia tuvo graves consecuencias no sólo para la RSFSR, sino también para Lituania. El líder de la Segunda República Polaca, Józef Pilsudski, que vivió en Vilna cuando era niño, ardía en deseos de incorporar la ciudad —junto con su provincia- a Polonia. Para tomar Vilna Varsovia jugó una partida de muchos pasos. Todo empezó el 8 de octubre de 1920, cuando la división encabezada por otro oriundo de la provincia de Vilna, el general Lucjan Zeligowski, se amotinó y tomó Vilna sin resistencia por parte de las autoridades ni las Fuerzas Armadas de Lituania.

    Al inicio, Pilsudski se distanció formalmente de la supuesta acción arbitraria de Zeligowski. Pero el 12 de octubre dijo que apoyaba a Zeligowski a los diplomáticos de Francia y Gran Bretaña que le visitaron. Los intentos de arreglar el conflicto por vía diplomática emprendidos en 1921 fracasaron. Lituania rompió  relaciones diplomáticas con Polonia. El 8 de enero de 1922 se celebraron elecciones en la Dieta (parlamento) interina de Lituania Central. El 20 de febrero, éste tomo la decisión de incorporar la provincia de Vilna a la Segunda República Polaca.

    El 15 de marzo de 1923, la conferencia de embajadores de Gran Bretaña, Italia y Japón acreditados en París, que fue presidida por un representante del Gobierno francés, estableció la frontera polaco-lituana. La provincia de Vilna quedaba en la Segunda República Polaca. El Gobierno soviético, por su lado, declaró a Polonia en la nota del 5 de abril de 1923 que no reconocía la decisión de la conferencia de los embajadores. Como ninguna parte cambió de postura, no hay nada sorprendente en el hecho de que durante todo el período entre las dos guerras, Varsovia tuvo malas relaciones con Moscú y con Kaunas (la entonces capital de Lituania).

    Hasta el inicio de la Segunda Guerra Mundial, la región de Vilna seguía siendo la manzana de discordia entre Lituania y Polonia. Durante más de 15 años, Varsovia hizo intentos de restablecer las relaciones diplomáticas, lo que, según creían las autoridades polacas, equivaldría al reconocimiento por Lituania de la pérdida de Vilna. Cuando los partidarios de Pilsudski perdieron la paciencia armaron una nueva provocación. El 11 de marzo de 1938, en la línea divisoria entre Polonia y Lituania fue encontrado un guardia fronterizo muerto. Para investigar lo sucedido Kaunas propuso a Varsovia crear una comisión conjunta. Pero los polacos rechazaron aquella propuesta, al echar la culpa a la parte lituana sin fundamento alguno. El objetivo de esta provocación se puso de relieve el 17 de marzo, cuando Varsovia presentó a Lituania un ultimátum, exigiendo restablecer las relaciones diplomáticas y eliminar de la Constitución la mención a Vilna como capital del Estado. La amenaza de intervención polaca obligó a Kaunas a aceptar tales condiciones.

    Pasado un año, Lituania afrontó una nueva amenaza. En marzo de 1939, la Alemania nazi exigió a las autoridades lituanas entregarle la ciudad de Klaipeda y el Territorio de Klaipeda (Memel). Los lituanos tampoco fueron capaces hacer frente a esto.

    La historia de la expansión de Lituania

    El pacto de no agresión entre Alemania y la Unión Soviética del 23 de agosto de 1939 ha sido el documento más criticado por los políticos y periodistas lituanos durante muchos años. Pero los lituanos no tienen motivos para tal reacción. Después de que la Segunda República Polaca desapareciese del mapa político de Europa, Lituania obtuvo la posibilidad de recuperar la región de Vilna.

    Las unidades del Ejército Rojo entraron en Vilna el 19 de septiembre. Una gran parte de la provincia de Vilna fue incorporada a la República Socialista Soviética de Bielorrusia. Esta decisión hoy puede parecer extraña, pero en aquella época no fue así. Varios políticos bielorrusos pretendían incorporar Vilna a su territorio ya en 1919. Y la población principal de la región de Vilna tanto en 1919 como 20 años después no era lituana por su composición.

    El 10 de octubre de 1939, fue firmado el pacto de ayuda mutua lituano-soviético. La URSS obtuvo la posibilidad de crear bases militares en el territorio de la república y traspasó la provincia de Vilna a Lituania. La ciudad fue rebautizada como Vilnius y declarada capital de Lituania. Esto no gustó a las autoridades de la Bielorrusia soviética. Pero el líder soviético, Iósif Stalin, tomó tal decisión.

    El 27 de octubre, las tropas lituanas entraron en Vilnius. Al día siguiente, la ceremonia de encuentro de las tropas lituanas se celebró oficialmente. Pero los lituanos jubilosos  veían miradas descontentas de los polacos. “Si los lituanos pensaban que los polacos como la parte que perdió su integridad debían obedecerles resignadamente, los polacos, al contrario, esperaban que los lituanos les cediesen la iniciativa voluntariamente, porque se consideraban una etnia más civilizada que los lituanos”, escribe un historiador lituano, Ceslovas Laurinavicius.

    "En su mayoría, los autores que estudian el gobierno lituano en Vilna lo caracterizan como nacionalista y demasiado rígido”, hace constar Laurinavicius. “La región de Vilna se lituanizó por la fuerza. En particular, se prohibía hablar el polaco en las calles de la ciudad. A los que no dominaban el idioma lituano les despedían de sus cargos. La rigidez del gobierno se manifestó también en la deportación de la región no sólo de los refugiados de guerra, sino también de los llamados inmigrantes, o sea, los que no pertenecían a la población autóctona, según los lituanos. Se deportaba de Vilna no sólo a otras regiones de Lituania, sino también a Alemania y la URSS por acuerdo con estos países. Como resultado, no sólo los refugiados de guerra quedaron sin la ciudadanía, sino también muchos de los que vivían en la región en el período del gobierno polaco”, agrega.

    Posteriormente, el Departamento de Seguridad del Estado, dependiente del Ministerio lituano del Interior, y la Gestapo llegaron a un acuerdo secreto, conforme al cual los servicios secretos de Lituania empezaron a entregar a sus colegas alemanes a los polacos quienes formaban parte de organizaciones clandestinas y de los que querían liberarse las autoridades lituanas. Se puede imaginar qué recepción calurosa les esperaba a los polacos en el Tercer Reich…

    Los lituanos volvieron a perder la posibilidad de ser dueños de su capital al segundo día de la Segunda Guerra Mundial, cuando las tropas nazis entraron en Vilna. Pasados tres años, el 13 de julio de 1944, la ciudad fue liberada de los invasores. Especialmente para los escolares y estudiantes lituanos digo que no lo hicieron los milicianos lituanos, sino el Ejército Rojo.

    Nadie más que Iósif Stalin, maldecido por las autoridades y nacionalistas lituanos, le devolvió a Lituania su capital por tercera vez, tras la expulsión de los nazis alemanes y sus adeptos.

    El líder soviético también entregó a Lituania la ciudad de Klaipeda con la respectiva provincia, aunque bien podía no hacerlo. La ciudad, fundada en 1252 por los caballeros alemanes, perteneció durante muchos siglos a Prusia y tenía el nombre de Memel. Fue incorporada a Lituania sólo en 1923 y unos 16 años después el canciller del Tercer Reich, al recibir la aprobación del Gobierno lituano, devolvió Memel a Alemania. Por eso cuando tras el fin de la guerra la Prusia Oriental se incorporó a la URSS, Stalin bien podría haber dejado a Klaipeda junto con su provincia en el seno de la RSFSR. Pero la entregó a la República Soviética de Lituania.

    Entre otros regalos de Stalin se puede mencionar  Druskininkai, que anteriormente formaba parte de la República Soviética de Bielorrusia. Fue entregado a  Lituania  en octubre de 1940. Lo mismo pasó con la ciudad de Svencionys y la estación ferroviaria Hoduciszki (Adutiskis) con aldeas cercanas que anteriormente pertenecían a Bielorrusia también.

    PS. El análisis de los motivos de la generosidad extraordinaria de Stalin respecto a Lituania es un problema de importancia científica. Los colegas lituanos deberían haberlo planteado ya hace mucho y llegar a saber la verdad de una vez. En caso contrario, no se sabrán todas las consecuencias de la llamada ‘ocupación soviética’.

    Etiquetas:
    URSS, Segunda Guerra Mundial, Primera Guerra Mundial, Club Zinóviev, UE, Iósif Stalin, Lituania
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