Widgets Magazine
En directo
    Bandera de EEUU

    Hablando en serio sobre el mundo multipolar: ¿qué nos espera?

    © Foto : US Air Force / Dennis Sloan
    Ensayos
    URL corto
    Club Zinóviev, Timoféi Serguéitsev
    0 20

    Mientras EEUU goce del superpoder avanzará hacia su objetivo, que prevé destruir no sólo a Rusia, sino también a Europa y China, opina un miembro del Club Zinóviev, Timoféi Serguéitsev.

    Ciframos las esperanzas idealistas en un ‘mundo multipolar' que supuestamente debe establecerse. El mundo unipolar global supuestamente forma parte del pasado. EEUU pasa a un segundo plano, vamos a formar nuevas alianzas (BRICS, la Organización de Cooperación de Shanghai, etc.), armonizaremos nuestros intereses en el marco de éstas, ejerceremos una influencia global, determinaremos las reglas del juego a nivel regional y de ese modo obtendremos nuestra cuota en la distribución global de bienes de la economía mundial.

    Estas esperanzas dan lugar a preguntas.

    Si cambia la estructura del mundo, todo el orden de posguerra, ¿qué motivos hay para esperar que sea posible tal cambio y, además, que éste deba producirse sin una guerra mundial? ¿Cómo se puede evitarla?

    ¿Qué quiere decir el mundo ‘multipolar', en general? ¿Y cuántos polos tendrá? ¿Dos? ¿Tres? ¿Cuatro? ¿Cómo es el mundo actual, que sigue siendo unipolar? ¿Cuáles serán las consecuencias de su destrucción? ¿Deberán dos (tres, cuatro) polos hacer lo mismo que hoy hace uno, es decir EEUU? Entonces, ¿qué sentido tendrá tal cambio? Y si se trata de algo cualitativamente distinto, ¿quizás el quid del problema no radique en su polaridad, multiplicidad, sino en esta misma nueva actividad? En este caso, no se trata de su forma, sino de su contenido.

    Ya vivimos en un mundo bipolar en el que existía el bando de EEUU y el campo de la URSS. Los mecanismos de todos los procesos mundiales dependían de su confrontación. ¿Existirá lo mismo con nuevos polos a los que esperamos tanto? A juzgar por todo, sí y aún más. ¿O esperamos sin fundamento que se establezca una armonía de los centros de influencia que pueden no coincidir con los centros de fuerza? ¿Constituiremos el núcleo de tal centro o su satélite?

    El mundo unipolar controlado por EEUU nos trae la muerte representándola como la seguridad, el bien y el estado deseado. No es disuasión lo de EEUU. Es imposible, Washington va a avanzar hasta que se tropiece. Con catástrofe o sin ésta. Así las cosas, el propio mundo debe ser reorganizado y somos capaces de hacerlo. Es la política de nuestra supervivencia. Surge la pregunta: ¿cuáles deben ser los objetivos de la reorganización: posibles, necesarios y suficientes? La retórica que suele acompañar deseos de establecer un ‘mundo multipolar' o su llegada natural no responde a estas preguntas.

    El líder de la Revolución bolchevique, Vladímir Lenin, no tenía razón. El imperialismo no se convirtió en la fase superior del desarrollo del capitalismo. O más bien esto tuvo lugar sólo en una etapa de la historia, el imperialismo fue la culminación del siglo XIX y no más. Los imperios fueron Estados, pese a la crisis del Estado que se manifestó en las revoluciones burguesas y fue causada por la ciencia y un auge industrial en base a ésta. Los Imperios incorporaban territorios sobre los que aspiraban a extender su poder (de eso proviene el término ‘colonias', es decir, lo que va a poblarse) y eran políticamente responsables de lo que pasaba allí. El mundo estuvo dividido entre los imperios. El equilibrio entre éstos fue garantía de paz, lo que constituía, de hecho, el Derecho Internacional y el llamado ‘concierto europeo'.

    Pero en el siglo XX, este orden sufrió un colapso. Las dos guerras mundiales fueron, de hecho, una sola guerra en dos actos con un entreacto. Alemania desempeñó el papel de detonador. Si al inicio este país sólo buscaba restablecer derechos para sus territorios, en el segundo caso los alemanes decidieron hacerse dueños de toda Europa y en realidad alcanzaron este objetivo. Pero Alemania se demoró. Como Vladímir Lenin, los alemanes consideraban que el imperio, el Reich, fue la forma superior del Estado y de la civilización. No entendieron que se había formado una nueva realidad en la que el Estado como institución principal de la civilización pasó de la etapa interna y disimulada de su crisis (la revolución burguesa: la burguesía toma el poder, pero no asume la responsabilidad política del Estado) a una etapa externa y abierta (apareció un poder externo sobre los Estados más fuertes, un superpoder). El superpoder, en principio, no tiene nada que ver con el Estado. No es una simple influencia política externa, sino es el uso de todos los factores de la inestabilidad de los Estados, incluidos los internos: clases, partidos políticos, ideologías, religiones laicas, la primitiva conciencia étnica, el terrorismo. La terminología y el análisis sociológico de este fenómeno de la escuela rusa de la filosofía la elaboró Alexandr Zinóviev como el primer posmarxista ruso.

    Vladímir Lepiojin
    © Sputnik / Vladimir Trefilov
    Alemania llegó tarde al mundo del superpoder. El nazismo fue una débil imitación del racismo colonial practicado realmente por Gran Bretaña. Los alemanes mezclaron las causas y consecuencias: la superioridad del superpoder, es decir, lo insuperable, incluida la superioridad técnica, constituye un fundamento para declarar la ‘superioridad' genética, cultural y no al revés. El racismo no es un conocimiento secreto del poder, sino tan sólo de una ideología. El precio que pagaron los judíos por llevar a Adolf Hitler al poder fue en vano: el odio a los judíos no es más que una técnica política de la movilización militar y política acelerada. No produce ningún efecto estable de solidaridad. No producirá nada en este ámbito el odio a los rusos y el cuasi Estado ucraniano.

    Además, el llamado ‘Drang nach Osten', o sea la política alemana que buscaba extender su influencia y su penetración hacia el este, fue un arma guiada en las manos de Gran Bretaña dirigida contra los rusos, que posteriormente logró triunfar, al luchar con el rival debilitado y casi aniquilado por sus propios armamentos. El beneficiario y heredero de esta política fue EEUU que reemplazó a Alemania como dueño de Europa, mientras el modelo de la guerra empleando títeres pasó a formar parte de la actitud de Washington. Es evidente que los ucranianos no lo entienden, como no lo entendía el expresidente de Irak, Saddam Hussein; el terrorista número uno, Osama Bin Laden, y muchos otros. De ellos los gobernantes estadounidenses decían en la etapa inicial: "Puede ser que sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta".

    Está claro que todo eso se hace por la paz. El politólogo alemán, Carl Schmitt, preveía que ‘la guerra por la paz' (a diferencia de los objetivos concretos de las partes beligerantes) será la más cruel, inhumana y amoral en la historia.

    En 1945, el superpoder fue representado por dos sujetos: no sólo por EEUU, sino también por la URSS. El control del mundo fue repartido entre dos polos que ya no eran imperios. El Imperio se para en su frontera, participa en la guerra para delimitar esta frontera. Pero el superpoder sólo se inicia allí. No tiene intenciones de conquistar algo ni crear algo. La Guerra Fría surgió como una confrontación militar en la coyuntura de la disuasión nuclear (la destrucción mutua asegurada) y se convirtió en la búsqueda de todos los posibles modos de confrontación: desde conflictos locales y la aplicación discreta de la fuerza hasta una interferencia masiva en los asuntos internos por medio de agentes secretos, tanto tradicionales como nuevos, preocupados por la situación con la conciencia de clase. Fue el superpoder el que convirtió la Guerra Fría en su herramienta específica. La Guerra Fría no acabó, porque sus dos elementos principales se conservaron. Nadie la ganó ni la perdió. En el último caso, uno de los rivales sería aniquilado, dejaría de existir. Para eso se ha librado la guerra con una misión específica. Nosotros no hemos desaparecido todavía. Todavía no.

    Es evidente que la eliminación de Estados no lleva a la paz. La ascensión del superpoder y el menoscabo de los derechos de los Estados provocaron guerras mundiales. El superpoder es políticamente irresponsable. El orden global que está creando éste, de hecho, es un caos total. El problema principal del superpoder es la necesidad de conservar su propio Estado, lo que es muy difícil, porque para el superpoder este Estado constituye una herramienta que explotar. Así es el origen de la crisis de la economía estadounidense, atascada en deudas.

    La destrucción de Estados históricos, como Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Egipto o Ucrania, debe asustar a Europa y a Rusia, pero esto no elimina los propios problemas. Está claro que los pueblos de estos países ‘merecen' el caos, la muerte y la sangre, porque ‘no son suficientemente desarrollados para ser democráticos'. No es el fundamento del superpoder, sino tan sólo es la fórmula de su ideología, sólo es una explicación, una indulgencia.

    Renunciamos al superpoder para conservar el Estado, es decir, a Rusia, a la patria y al país natal. Rusia fue demasiado explotada por el superpoder de la URSS. Creo que no es necesario probar que la Rusia histórica fue el núcleo de esta estructura superpoderosa, sin ésta no existiría la URSS como proyecto político. Pero esto quiere decir que estamos en el camino de la rehabilitación histórica del Estado en el mundo después del superpoder. Tenemos que reproducir y desarrollar el Estado europeo de modo distinto a las propuestas de los ideólogos de su degradación, o sea, superar su crisis prolongada, que coincide con la Nueva Era.

    Tenemos que contribuir a la caída del superpoder de EEUU, al restablecimiento de su estatus de Estado cuya responsabilidad esté limitada por sus fronteras (que bien pueden cambiar, como las nuestras). Tenemos que tomar en consideración también que el sujeto del superpoder que está declinando es mortalmente peligroso y no puede ser parte de cualquier tipo de acuerdos por su propia naturaleza, porque considera que sólo él existe. Mientras que EEUU tenga el superpoder seguirá avanzando hacia su objetivo que prevé destruir no sólo a Rusia, sino también a Europa y a China posteriormente (por no hablar del mundo árabe) pese a todas las restricciones. Nuestras exhortaciones dirigidas a EEUU no tienen ningún sentido para éste.

    Dmitri Kulikov
    © Sputnik / Vladimir Trefilov
    Tenemos que ocuparnos del restablecimiento del Derecho Internacional basado en los principios de descripción clara y prohibición expresa del superpoder, el reconocimiento de Estados como la forma principal de la autoorganización de sociedades humanas que garanticen la mayor protección posible y eficaz a cada persona en particular, el reconocimiento jurídico del origen histórico de Estados concretos en vez del dominio jurídico de normas comunes como herramientas del superpoder. Es necesario crear un nuevo ‘concierto' internacional que sea mucho más amplio que el europeo.

    ¿Es posible conseguirlo o el superpoder fue creado para que los demás le obedeciesen? Lo último es la elección de los pueblos que históricamente no tenían su propia filosofía, ni una historia política real, a diferencia de la inventada por los ideólogos, ni un pensamiento estatal propio no sólo para los dirigentes, sino también para el pueblo en general. No somos así. Nuestra fuerza no consiste en la necesidad de corresponder a los estándares del superpoder, sino en nuestras diferencias. Nuestras diferencias no residen en la morfología de los rusos, ni en el carácter mítico, sino en un modo históricamente probado del desarrollo. Su rasgo principal es la capacidad de superar las crisis, sobrevivir, modificarse. Tenemos muchos más resortes de autodeterminación que EEUU: es suficiente comparar a lo que hemos sobrevivido cada uno.

    Solucionamos nuestro problema del siglo XX: pasamos de la autocracia a la monarquía constitucional electiva. El siglo pasado se inició para nosotros con este tema de la organización estatal. Rusia siempre experimentaba cambios que se producían de otro modo —más largo, más frecuente, más radical- que en EEUU. No tenemos que cometer el error principal de la sociología: analizar sistemas sociales sin tomar en consideración la época, la evolución, como los que siempre existían y siempre existirán. Tenemos que pensar sobre los cambios.

    Cualquier ideología, sea la comunista, la neoliberal o la seudo-democrática, siempre se desvía del momento determinado. No se dirige necesariamente hacia un futuro lejano, sino siempre está fuera de la realidad.

    EEUU dejó de entender lo que pasa en Rusia. Los kremlinólogos estadounidenses no entienden la política del Kremlin, y los sovietólogos estadounidenses no entienden a la población rusa.

    Los rusos no son eslavos. Los rusos no forman una etnia. Los rusos son una sociedad multiétnica historico- y políticamente, como los suizos, pero aún más. El entendimiento eslavo de lo ruso es el camino hacia el regreso histórico, una transformación voluntaria en un relicto. Es posible que los ucranianos quieran quedar como eslavos, pero esto les conllevará el caos y la esclavitud. Así las cosas, no hay sentido insistir en la fraternidad, la sangre y la cultura común. Esto no ayudó a Caín y Abel. Hay que ayudarles a entender los problemas políticos.

    No estamos en contra de la democracia como forma del gobierno. Estamos en contra de la seudo-democracia como modo de destrucción de Estados.

    Etcétera.

    Es un nuevo mundo. Es peligroso, poco confortable, pero es real y prometedor. Me parece que no es correcto calificarlo como ‘multipolar'.

    Etiquetas:
    superpoder, mundo multipolaк, Club Zinóviev, EEUU
    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía FacebookComentar vía Sputnik