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    Pável Rodkin

    La propaganda real

    © Sputnik / Vladimir Trefilow
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    Club Zinóviev, Pável Rodkin
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    La sociedad rusa tendrá que superar prejuicios ficticios y mitos propagandísticos contra la propaganda, destaca el miembro del Club Zinóviev Pável Rodkin.

    La percepción negativa de la propaganda que se observa y se extiende hoy en la sociedad rusa obstaculiza la comunicación entre el Estado y la sociedad. Una posible salida de esta situación sería convertir de nuevo a la sociedad en el sujeto de la propaganda, reiniciar la propaganda real que, por su lado, implicaría el regreso de Rusia a la historia real.

    La imagen propagandística de la propaganda en Rusia

    En Rusia sigue formándose hoy una imagen negativa de la propaganda. La propia palabra provoca la alerta, y esta percepción es el resultado de la influencia de prejuicios ficticios introducidos en la agenda política y social.

    Primero. La propaganda se percibe como un fenómeno exclusivamente ruso. Parece que en otros países no existe propaganda tanto a nivel público como privado, como si en Occidente se divulgasen sólo noticias objetivas y una publicidad veraz.

    La imagen del mundo presentada de tal modo parece poco atractiva: Rusia libra guerras informáticas, maneja la conciencia de sus ciudadanos y engaña a todo el mundo civilizado. El filósofo ruso, Alexander Zinóviev, lo describió muy bien: "Durante toda la historia soviética la ideología estatal inculcó al pueblo soviético una imagen negativa de Occidente. Eso no es nada criminal ni amoral. Esto pasa con frecuencia en la historia real. En Occidente solían inculcarse y están inculcándose hoy con una doble fuerza prejuicios ficticios e ideológicamente preconcebidos sobre la URSS y la sociedad comunista en general, incluso sin ideología estatal. Ahora se ha producido un cambio sin precedentes en la actitud hacia Occidente hasta en el ámbito de la ideología oficial. Ésta llegó al otro extremo con la aprobación de las autoridades del país…"

    Segundo. La propaganda se equipara con la desinformación, la mentira, las manipulaciones, aborregamiento, etc. Las noticias, fotos y reportajes de video inconvenientes se califican como propaganda también y se desmienten.

    Las funciones positivas de la propaganda, como la divulgación y la popularización de valores, principios e ideas de una u otra sociedad, se esconden bajo la alfombra. Esta postura se fundamenta con recuerdos históricos sobre la propaganda de la Alemania nazi.

    Tercero. La propaganda se percibe exclusivamente como herramienta política. Al mismo tiempo, se da la espalda el sistema de propaganda corporativa (la mercadotecnia, el ‘branding', la publicidad, la promoción) que queda fuera de las sospechas, pero cuyo papel en la sociedad de consumo ejerce una influencia no menos fuerte sobre toda la humanidad.

    Cuarto. La propaganda se asocia sólo a los medios de comunicación. Otros modos de influencia sobre la sociedad (por ejemplo, libros que representan de manera negativa la historia del país) quedan fuera del sector propagandístico y se les relaciona con la libertad de expresión.

    Todo lo anunciado hace posible crear una imagen negativa de un Estado, al separarlo de la sociedad con la barrera de la mentira y la desconfianza, y además hacer imperceptible y poco importante para el entendimiento el propio contenido de la propaganda: la ideología. Así las cosas, la negación del derecho a la propaganda (se trata de la propia propaganda) destruye y desvaloriza las comunicaciones públicas.

    La ideología es la propaganda real

    Vladímir Lepiojin
    © Sputnik / Vladimir Trefilov
    Al limpiar la propaganda en Rusia de estereotipos propagandísticos, no nos aproximamos al entendimiento de la propaganda real, sus funciones, su estructura, sus mecanismos, etc. Las instituciones de la propaganda no son más que herramientas ideológicas.

    La ideología real se disimula. Porque es antihumana con frecuencia, porque por detrás de la propaganda actual de Occidente hay una rusofobia poco disimulada.

    Una influencia real que puede unir o destruir la sociedad la ejerce la ideología en forma de propaganda. No fue la influencia mecánica sobre la población durante la Guerra Fría, sino la ideológica la que causó el colapso de la URSS.

    Según Zinóviev, "la ideología oficial soviética mostró que era absolutamente incapaz de defender los logros positivos de su régimen social ni criticar defectos de lo occidental, que no estaba preparada para una masiva ofensiva ideológica por parte de Occidente. Se suscitó un pánico ideológico en el país".

    Así las cosas, el elemento principal de la ideología es la sociedad. La sociedad debe ser no sólo un objeto pasivo de la propaganda, como se suele considerar, sino también su sujeto activo para protegerse de virus externos propagandísticos y mentales.

    La sociedad como objeto y sujeto de la propaganda

    La sociedad es el sujeto real de la propaganda. La eficacia de la propaganda se asegura no sólo por su contenido, sino ante todo por su percepción por parte de la gente. En este sentido, la propaganda puede decir tonterías o mentiras, pero si la sociedad las comparte, es eficaz.

    En una etapa histórica determinada, la propaganda soviética empezó a perder ante la occidental. Esto pasó porque pese a todo el volumen de propaganda y pese a las instituciones desarrolladas, la gente dejó de creer en la propaganda soviética y en su contenido, la ideología. Y así, dejó de compartirla. Se reía abiertamente de ésta. Pero según las leyes sociales objetivas, el vacuo formato fue rellenado con propaganda externa, lo que al fin y al cabo llevó a la catástrofe. ¿Cuál es la causa de tal brecha con la sociedad?

    Es curioso que la actual propaganda occidental y sus sujetos dentro de Rusia vuelvan a producir esta brecha, que alcanzó su apogeo a finales de los ochenta. La propaganda occidental queda hoy al nivel intelectual de la evaluación no crítica de la situación de los noventa.

    La sociedad siguió adelante, al conseguir con sufrimientos el entendimiento real de muchos procesos sociales y económicos. La sociedad ucraniana tendrá que pasar por el mismo camino.

    El reinicio de la propaganda como el regreso a la historia

    Rusia carece de un sistema de propaganda, que todavía está formándose. Para llevar a cabo este proceso es necesario resolver las siguientes tareas positivas:

    1) Incluir de nuevo la propaganda a nivel institucional en la agenda social;

    2) Llenarla con sentido social, cultural y político (ideología);

    3) Elevar el nivel de la propaganda simultáneamente con el nivel de la sociedad para evitar que se produzca una nueva brecha entre éstos.

    La última tarea es especialmente complicada, multidimensional y de acuciante actualidad, porque el descenso del nivel de la conciencia social conlleva a su embobecimiento o a la totalitarización. Así las cosas, el paso a la propaganda real es, de hecho, el paso a la historia real en la que debe quedar Rusia. Es una cuestión de supervivencia para este país.

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    propaganda, Club Zinóviev
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