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    La ‘economía’ del superpoder. ¿Hay alternativa?

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    El miembro del Club Zinóviev, Dmitri Kulikov, reflexiona sobre los temas que deben abordar hoy los dirigentes de Rusia.

    “La función del capital se hizo una de las funciones subordinadas a la función del poder. No se guía ante todo por cálculos económicos, sino por otros, es decir, por cálculos de la organización y del mantenimiento del poder sobre la sociedad”

    Аlexandr Zinóviev, ‘El factor del entendimiento’


    Abordamos anteriormente el fenómeno de la actual democracia total dirigida y el fenómeno del nuevo orden mundial. Hoy hablaremos sobre la economía mundial y nuevas formas extraeconómicas (supereconómicas) de su organización y, lo que es más importante, sobre los objetivos de su creación y existencia.

    El vocablo ‘economía’ tiene varios significados. Es una ciencia (o cuasiciencia), es un objeto que fabrica sistemáticamente productos distintos. Pero además, la economía es, ante todo, una forma de organización de la actividad económica de seres humanos. Las principales categorías para la forma económica de la organización de la economía son ‘beneficios’ y ‘pérdidas’. Así es desde los tiempos del filósofo escocés, uno de los mayores exponentes de la economía clásica, Adam Smith, o aún más antes, desde la época de la invención por negociantes venecianos del sistema de contabilidad de doble entrada (balance). En los últimos 25 años del siglo XX, se pasó a otras categorías de regulación y a otra forma de organización de la economía, donde los ‘beneficios’ y ‘pérdidas’ en el ámbito económico de la sociedad no tienen importancia. Sólo las superganancias en el ámbito del superpoder mundial representan interés.

    Los adeptos del liberalismo económico suelen citar como el mejor modelo de la política económica la época del expresidente estadounidense Ronald Reagan, cuando éste logró superar en un plazo muy corto una grave crisis económica que duró desde finales de los sesenta hasta principios de los ochenta del siglo pasado. Debido a una supuesta reducción de impuestos y la liberalización económica, en general se produjo un milagro y EEUU recobró el ánimo. No es verdad. La situación en EEUU sí que mejoró, pero no por la causa anunciada. En la época del gobierno de Reagan, los estadounidenses empezaron a practicar la toma de créditos ilimitados que no se preveía devolver. La llamada ‘reaganomía’ se basa en dos pilares: (1) la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro que fue realizado ya antes de Reagan, a mediados de los setenta, y (2) la posibilidad de tomar créditos ilimitados que empezó a realizarse desde principios de los ochenta.

    El máximo aumento de la deuda pública de EEUU en toda su historia se registró cuando Ronald Reagan ocupaba el sillón presidencial: un 82,85% (de 834.000 millones en 1980 a 1,525 billones en 1986). Se inyectaron en el sistema 800.000 millones de dólares que nunca se devolverían. Se trata de miles de millones de dólares de principios de los ochenta que eran de mucho mayor peso que hoy.

    En la época del gobierno del presidente estadounidense George H. W. Bush, la deuda pública del país creció un 46% más. Durante 10 años, la deuda aumentó más de un 200%.

    Hacia principios de los noventa, EEUU casi agotó las posibilidades de tomar créditos, pero en aquel momento se desintegró la URSS y todo el campo socialista. Durante la presidencia de Bill Clinton la deuda pública sólo creció un 17%, gracias a la inclusión del campo socialista en el sistema de pagos en dólares y a un incremento múltiple del mercado.

    Hacia finales de los noventa, se agotaron las posibilidades de ampliar mercados a cuenta del campo socialista. Durante el gobierno del presidente George W. Bush, la deuda pública de EEUU creció un 77,5% más. Washington no pudo obtener más créditos reales. Esto de hecho provocó la crisis de 2008.

    Cuando Barack Obama fue elegido presidente de EEUU se encontró una solución: se decidió conceder créditos mediante la emisión de dinero.

    Así las cosas, la deuda pública de EEUU en términos absolutos creció desde 834.000 millones de dólares en 1980 hasta casi 17 billones 234.000 millones de dólares en 2013. El incremento absoluto de la deuda de EEUU en 33 años fue unos 16,6 billones de dólares, es decir, a eso de 0,5 billones anuales en promedio.

    Un medio billón de dólares irrecuperable que se inyectó gratis en la economía de EEUU que sólo tuvo que pagar por la impresión de billetes es un verdadero fundamento ‘económico’ de un alto nivel de vida (consumo) en el llamado mundo ‘civilizado’. La deuda pública de EEUU asciende a día de hoy a casi 100% de su Producto Interno Bruto (PIB), igual que la deuda pública conjunta de los países de la Unión Europea. El líder en este ámbito en la UE es el aliado principal de EEUU (que de hecho es su ‘52º estado’): Gran Bretaña que tiene una deuda pública del 400% en relación al PIB. Así las cosas, el ‘milagro de reaganomía’ que en realidad es el mayor fraude financiero en la historia de la humanidad se apoderó del mundo civilizado.

    Nadie devolverá estas deudas nunca. Mientras, hasta con el actual tipo de interés muy bajo se hace más y más difícil financiarlas: el déficit de presupuestos estatales sigue incrementándose, el crecimiento económico (del PIB) se aproxima a cero y hasta está bajo cero, según varios expertos. Pero las deudas acumuladas tienen relación al PIB y hay que pagar los intereses, a pesar de que son baratos, además de financiar las deudas, mientras que cada vez menos dinero llega al presupuesto de la economía estancada. En caso de que se reduzca gastos sociales, el pueblo empezará a protestar, lo que no favorecerá a los resultados de las elecciones. Entonces, se debe continuar tomando préstamos. Es un círculo vicioso.

    El mundo civilizado tendrá que amortizar de algún modo las deudas acumuladas más tarde o más temprano, porque será imposible devolverlas aún en teoría. Así las cosas, parece real el riesgo de que el nivel de vida en este mundo civilizado empeore. Además, la capa social a la que durante los últimos 150 años se solía considerar como el fundamento del poder en los países occidentales, la llamada ‘clase media’, no es así, al menos desde hace ya 30 años. La ‘clase media’ tradicional consta de personas acomodadas, pero no ricas, que realizan el proceso de ahorro y acumulación. Hoy el círculo de tales personas es muy limitado. Ahora se entiende bajo la ‘clase media’ una capa social que consume un volumen determinado de productos (es decir, no ahorra el dinero, sino que lo gasta) y, estando satisfecho con este nivel de consumo, debe apoyar al poder en su Estado. Es absurdo, porque todo el consumo de esta clase media ficticia está organizado con el uso de deudas. Y estas deudas crecen sin cesar, a partir de créditos para adquirir casa o coche hasta préstamos para pagar intereses de los créditos anteriores. En general, a nivel de los ciudadanos pasa casi lo mismo que a nivel de Estados.

    Me preguntan con frecuencia si los que viven en Occidente no lo entienden. ¿Quizás sean tontos y no se den cuenta de la situación en la que se encuentran? Encontrarán la salida seguramente, afirman los que creen en la naturaleza ‘superhumana’ de la sociedad occidental. ¿Cómo han podido permitirlo?

    La respuesta es muy fácil. Quisiera recordar que toda la llamada ‘reagonomía’ y toda la política de EEUU perseguían un único superobjetivo: destruir el “Imperio del mal” (la URSS). El crecimiento ilimitado de deudas seguramente ayudó a EEUU y Occidente a destruir a la Unión Soviética. Para establecer la hegemonía mundial EEUU consideró posible asumir deudas enormes tanto públicas como privadas. Alcanzado el objetivo, hay que dejar de tomar créditos y empezar a devolverlas. Pero es difícil. No se puede reducir el nivel de consumo ni gastos militares, sociales, etc. Se puede comparar esta situación con la de un deportista que ganó, al doparse. No es nada sin el dopaje y es campeón con éste. Sería aún más oportuna la comparación con un drogadicto que debe cada vez incrementar la dosis para conseguir el mismo efecto.

    Al destruir la URSS, EEUU tomó una droga muy fuerte: logró el poder sobre el mundo: es decir, formó un superpoder, según Alexandr Zinóviev. Ahora tiene una única tarea importante: mantener este poder sobre el mundo. Todo lo demás no tiene importancia para los que gozan de tal superpoder.

    Hay esperanzas bien fundamentadas en que este perfecto sistema de créditos irrecuperables e ilimitados deje de existir dentro de uno o dos años.

    Existe sólo una salida honesta: renunciar al poder sobre el mundo e invitar a otros a ser socios equitativos en el gobierno del mundo, ocuparse seriamente de sus propios problemas, apretarse los cinturones y volver a aprender a vivir y trabajar sin el dopaje de créditos y emisiones. ¿Quién cree que EEUU elegirá este guión honesto y confesará que, de hecho, no tiene nada?  Yo no. Nadie renunciará voluntariamente al poder sobre el mundo.

    Entonces, el guión no será honesto y su desarrollo lo podemos observar durante los últimos años. Los acontecimientos de Ucrania son un elemento importante de este guión. Si para seguir con el superpoder mundial en las condiciones de la imposibilidad de mantener el funcionamiento de la pseudoeconomía basada en créditos y emisiones EEUU necesitará una nueva guerra mundial, la desatará si está seguro de poder ganarla.

    Así es el nervio principal de la actual coyuntura geopolítica. Para entenderlo, es necesario hacer varias preguntas, sin cuyas respuestas será difícil actuar:

    ¿Es posible la devaluación de deudas por medio de emisiones hasta su amortización completa sin provocar el colapso de todo el sistema?  Si es posible… ¿Cuál sería nuestra postura? ¿Lo apoyaremos? ¿Qué recibiremos a cambio? ¿Es posible garantizar el ‘pago’ por nuestra participación positiva? ¿Elimina este guión la posibilidad de que se desate una guerra de envergadura o, al revés, la hace más probable?

    Si perseguimos el objetivo de destrucción (por ejemplo, la creación de un petrorrublo real es una parte de tal trabajo), ¿qué precio estaremos dispuestos a pagar? ¿Estamos listos como país, como pueblo, como  nación, a pagar por la participación en la destrucción de la hegemonía mundial?  Entendemos que, al introducir el petrorrublo, al crear el Banco del BRICS (grupo formado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) o al desarrollar la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), lo hacemos?  ¿Qué más hay que emprender para alcanzar este objetivo? ¿Cómo es posible evitar una guerra global con todo esto? ¿Cómo debería ser el ‘nuevo mundo’ tras la destrucción del superpoder mundial? ¿Tenemos el proyecto correspondiente o al menos sus contornos?

    Es sólo una pequeña parte de preguntas a las que deben responder hoy las autoridades de Rusia, al ser responsables por tomar las decisiones en la situación actual. Me parece que la elección ya está hecha en gran medida. Mientras, todos nosotros, los ciudadanos de Rusia, tendríamos que responder a estas preguntas también, tratando de entender de qué se trata en realidad. Trataremos de responder a una parte de estas preguntas en siguientes artículos del Club Zinóviev

    Etiquetas:
    deuda pública, economía, Club Zinóviev, EEUU
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