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    ¡Mi pobre Alemania!

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    La copresidenta del Club Zinóviev, Olga Zinóvieva, reflexiona sobre el papel de peón en el nuevo orden mundial que imponen a Alemania y a toda la Europa sus aliados del otro lado del océano.

    ¡Mi pobre y querida Alemania! Tiene una gran importancia para mí y me une a ella una amistad de 40 años formada en circunstancias muy complicadas ¡Qué tiempos distintos ha vivido este país! Desde su época de auge, con su gran filosofía, su música maravillosa, museos magníficos y ciencia vanguardista hasta una campaña vergonzosa de quema de libros, la noche de los Cristales Rotos (los pogromos y ataques combinados ocurridos en la Alemania nazi durante la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938), todo lo terrorífico que hizo estremecerse a la humanidad. Es imposible recordarlo sin horror hoy en día.

    En la ‘Historia de Alemania de los siglos XIX y XX' de Golo Mann, publicada en 1958 se promueve una idea curiosa que hasta parece paradójica a primera vista: "Alemania no tiene fronteras naturales. Para los alemanes su posición intermedia entre los pueblos romanos y los eslavos es mucho más importante que las fronteras naturales… Debido a esta posición, los alemanes gozan de superioridad sobre los eslavos en el ámbito cultural".

    ¿Es por eso que los alemanes siempre creían que ‘Drang nach Osten' (Empuje hacia el Este) era indispensable para satisfacer los intereses de la civilización, considerando que se trataba de su misión geopolítica y cultural?

    La obsesión por la idea de superioridad alemana junto con la expansión cultural siempre acompañaba el rumbo político de Alemania cada vez que el país empezaba a incrementar de nuevo su fuerza. Y está claro que los alemanes nunca se contentaron solamente con su posición dominante en el ámbito cultural. Incluso si se pudiera imaginar hipotéticamente que el rasgo principal del carácter alemán sea el pacifismo, una participación activa de los representantes de la astuta Gran Bretaña en el gran juego europeo y mundial siempre empujaba a la Alemania romántica y caballeresca a desempeñar el maldito papel del primer agresor del planeta.

    En realidad, casi todos los acontecimientos que tuvieron lugar en Europa se asociaron con Alemania… Recordemos el siglo pasado lleno de grandes esperanzas. En aquella época, los adeptos al mito de la superioridad del espíritu alemán y el carácter invencible de Alemania, bajo la influencia de la ideología geopolítica de Gran Bretaña que quería dominar todo el mundo, sobrevivieron dos veces a una derrota total y el regreso a su patria destrozada…

    Gran Bretaña logró mantener su estatus de primera potencia europea y mundial, haciendo chocar sutilmente a sus principales rivales y competidores en esta parte del mundo: Alemania y Rusia. Alemania se involucró en guerras mundiales porque estaba segura de que era capaz de gobernar en Europa y en todo el mundo. Pero, de hecho, fue objeto de las manipulaciones de Gran Bretaña, que también aspiraba a desempeñar este papel. Mientras, Alemania nunca permitiría ser manipulada si no tuviese ambiciones imperiales basadas en la creencia de los alemanes en su superioridad.

    Se solía imponer tradicionalmente a este pueblo el papel de gendarme geopolítico respecto a Europa en general, y respecto a Rusia en particular, según las declaraciones de los propios alemanes, Karl Marx y Friedrich Engels. Se conoce bien los vínculos estrechos entre las culturas alemana y rusa en lo que se refiere al idioma (los autores de la primera gramática rusa fueron los alemanes), ciencia, arte, diplomacia, arte militar. Pero los alemanes tuvieron que resolver problemas de otros dueños del mundo, satisfacer otros intereses. Todo esto en vez de labrar la tierra, construir edificios, componer la música y crear obras literarias.

    El siglo de un progreso enorme que marcó el fin de la historia fue el más sangriento y el más migratorio, debido a muchas guerras terribles libradas en el siglo pasado la última en el segundo milenio de la era cristiana. El espíritu alemán se manifiesta por todas partes: en el espacio histórico, político, económico y espiritual. Al aplastar a otros pueblos e historias, a veces por suerte, pero en la mayoría de los casos por desgracia, este espíritu trata de convencerse a sí mismo de que cumple una misión especial que justifica cualquier medio aplicado para alcanzar el objetivo planteado.

    Este pueblo de espíritu romántico y combativo con su impaciente resorte genético al cual era muy fácil adoctrinar, entusiasmar con una idea nacional, desobedeció dos veces a su sabio canciller, Otto von Bismarck, que abogó con firmeza para que su país no emprendiera acción alguna contra Rusia.

    Parece que Alemania está dispuesta a repetir su fiasco histórico por tercera vez. Esto no se debe a su masoquismo excesivo. Es imposible olvidar la República de Weimar, el Tercer Reich, el proceso de Nuremberg y la crueldad de la desnazificación después de la guerra a la que sobrevivió mi pobre Alemania. Richard von Schirach, hijo de Baldur von Schirach, un dirigente nazi condenado en el juicio de Nuremberg, recuerda un caso horrible cuando un oficial estadounidense le preguntó cuando era niño de qué nacionalidad era él y su familia. "Somos alemanes", contestó el pequeño Richard. "Dame tu mano", dijo el oficial y la quemó con un cigarrillo. "Recuérdalo para siempre: sois nazis", dijo.

    Es imposible justificar la pérdida colectiva del juicio en un país tan avanzado como era Alemania cuando se le empujó a lanzar una ofensiva contra el único aliado que le entendía, contra Rusia, impidiendo de ese modo crear el eje Berlín-Moscú.

    Hubo un forzado protectorado de EEUU en la Alemania vencida, en su parte occidental, cuando todo lo vinculado con la actividad habitual de este país lo determinaron, controlaron e impusieron los estadounidenses: los manuales escolares, la Constitución, la contratación del personal y la cultura, entre otras cosas. Prácticamente estaba prohibido decir que uno era alemán y estar orgulloso de su patria. ¡Mi pobre Alemania! Experimentábamos este sentimiento, al hablar con el ídolo de los intelectuales alemanes de los setenta Hans Magnus Enzensberger, el editor Klaus Pipper, el director de cine Kurt Hoffmann, el escritor Horst Bienek, el refinado Joachim Kaiser que lo sabía todo sobre música, literatura, historia y podía contarlo a miles de personas.

    Muere poco a poco la generación que pasó por todas las pruebas, al entender y asumir la responsabilidad por desatar la Segunda Guerra Mundial, por el militarismo alemán y por el anhelo de conquistar nuevos territorios.

    Mientras, estallan de manera inesperada en uno u otro lugar focos de la epidemia nazi que, sin ser extinguida de una vez para siempre con la finalización del proceso de Nuremberg, encontró un refugio tanto en la doctrina de la Guerra Fría como en campos especiales en Argentina y Chile o dentro del servicio de inteligencia británico MI5. En particular, se manifestó en la antigua República Democrática Alemana cuyos habitantes, durante la época soviética, estaban adoctrinados con la ideología comunista en mayor medida que en otros países socialistas de Europa Central y del Este.

    En 1989, toda Alemania celebró la reunificación de la República Democrática Alemana (RDA) con la República Federal de Alemania (RFA). Pero inesperadamente los habitantes de la antigua RDA pasaron de ser extraoficialmente hermanos oprimidos a convertirse en ‘ossis' (alemanes orientales) despreciados en su patria histórica, a diferencia de los ‘wessis' (alemanes occidentales) con su conciencia orgullosa de población autóctona.

    La misma contraposición entre el mismo pueblo tuvo lugar inesperadamente en Ucrania también.

    Esto dejó cicatrices profundas en la conciencia y la conducta de los alemanes orientales liberados de la ‘opresión del comunismo' que pasaron de ser corderitos obedientes de la época socialista a convertirse en revanchistas que critican a su país y su historia.

    Y todo vuelve a las andadas: desde la filosofía clásica alemana hasta ‘Mein Kampf' (‘Mi lucha', un libro escrito por Adolf Hitler), desde la poesía revolucionaria de Bertolt Brecht hasta el himno oficial del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán ‘Horst Wessel Lied' (Canción de Horst Wessel).

    El alemán políticamente educado, el que pasó por distintas penas y nunca puso en duda la Constitución de la posguerra que estipulaba su culpa histórica empieza a experimentar bajo la influencia de la coyuntura política un desdoblamiento de la personalidad y siente anhelo de conseguir la recompensa, saber la verdad histórica, la necesidad de finalizar la misión de Adolf Hitler.

    Al inicio, estos brotes de revanchismo desenfrenado sin control parecían absolutamente imposibles en la Alemania antinazi. Se podía calificarlos más bien como una complicación después de una enfermedad grave y prolongada, como una de las consecuencias del aislamiento forzado de la patria. Pero la formación de los movimientos derechistas, que se convirtieron en destacamentos militarizados afiliados a un u otro partido colmó el vaso de la paciencia de los alemanes occidentales obedientes. ¿Por qué la canciller de Alemania, que nació y creció en la República Democrática Alemana manifestó entendimiento respecto a las nuevas autoridades ucranianas? ¿Quizás ella sienta nostalgia también? ¿Es por eso que posiblemente le criticó el líder de la Izquierda Gregor Gysi en una sesión del Bundestag (cámara baja del Parlamento alemán), recordando las lecciones históricas de la Segunda Guerra Mundial?

    Es evidente que se vuelve a indisponerle a mi pobre Alemania contra Rusia, exigiendo imponer nuevas sanciones. Y como un método muy sutil para atacar a Rusia fue elegido el neonazismo de finales del siglo XX que, con apoyo de Washington, fue extrapolado a Ucrania, bien manejada y quebrantada por los ánimos antirrusos. Resultaba tan cómodo transportar a un campo lejano residuos políticos radiactivos, porque fue demasiado peligroso almacenarlos en Europa Occidental nerviosa, exaltada que empezó a protestar de nuevo.

    De ese modo, se hizo un nuevo intento de reprimir con las manos de Alemania a una Rusia eternamente viva.

    Surge una cuestión lógica: ¿A quién echará la Europa políticamente correcta la culpa por lo que pasó en Ucrania? Es fácil adivinarlo: a Alemania y a EEUU. Pero EEUU está lejos, mientras que Alemania está al lado. Siempre fue cómodo echarle toda la culpa en todas las circunstancias históricas y políticas: ¡Son alemanes!

    ¡Mi pobre Alemania! Lo escribo sin cualquier sarcasmo, sino con compasión tanto por Alemania como por toda Europa a la que sus aliados del otro lado del océano imponen el papel de peón en el nuevo orden mundial.

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    Club Zinóviev, Alemania
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