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    La empresa Muebles LUFE se ha desarrollado entre momentos de desaceleración económica. Nació de los estragos de la crisis de 2008 y sobrevive a los efectos de la pandemia. Aunque más bien crece. 2020 podría ser, en cuanto a resultados, uno de sus mejores años.

    El empresario vasco Enrique Arrillaga estaba arruinado a causa del golpe de la crisis de 2008. La corporación que dirigía con su esposa, Indubrik, no pudo sobrevivir al desplome de la economía mundial. Esta se centraba en la venta de tableros de pino. Podía parecer el fin. Sin embargo, de los restos de su anterior aventura, nació Muebles LUFE en 2014. La nueva entidad no corrió la misma suerte que Indubrik. Es más, se ha convertido en un éxito.

    Muebles LUFE arrancó en un taller prestado por un amigo en la localidad guipuzcoana de Azpeitia. Allí, mano a mano, la pareja se embarcó en la producción de camas a bajo precio con los materiales sobrantes del aserradero del que eran propietarios. Su primer anuncio ofertaba una cama por 20 euros. También un tronco de madera maciza, que puede servir de banqueta, silla, mesa o decoración. Ambos se convertirían en estrellas de su catálogo.

    El ascenso fue meteórico. De dos personas han pasado a 30 trabajadores. Del pequeño taller de Azpeitia, Muebles LUFE se mudaría a una nave de 6.000 metros cuadrados en Aizarnazabal (Guipúzcoa). De facturar 200.000 euros en 2014, la entidad hincharía sus cifras hasta los 3,6 millones de euros de 2019.

    Basada en la venta online, la empresa se focalizó en el diseño y fabricación de muebles a partir de pinos insignis de la zona. Su fórmula del éxito radica en el uso de materiales autóctonos y ecológicos, certificados PEFC de sostenibilidad. Pero, sobre todo, porque la compañía se encarga de todas las fases de la cadena productiva. Desde la creación del concepto hasta el ensamblaje del mueble y posterior venta. Un sistema que les hace reducir costes y ofrecer un mobiliario a precios asequibles.

    Un tipo de producto que recuerda al de Ikea. Sencillo y de líneas limpias, similar al estilo del gigante sueco. Además, sus precios son parecidos, al igual que la idea de montar uno mismo el mueble. Es más, sería una comparación en prensa con la empresa nórdica la que impulsaría a Muebles LUFE. El Ikea vasco lo denominaron. Nada más salir en medios, los pedidos pasarían de 20 diarios a 160.

    Actualmente, Muebles LUFE recibe unos 80 encargos por jornada. Su ritmo de trabajo no se ha detenido por la pandemia. Las ventas han aumentado entre un 55% y un 60% y cada mes salen entre 3.000 y 3.500 encargos de la sede de Aizarnazabal. Según la empresa, la necesidad de instalar la oficina en casa o reformar el jardín con nuevo mobiliario están tras el incremento. A diferencia de la mayoría de empresas del plantel español, la mueblería acabará 2020 con resultados positivos. No es de extrañar que esperen superar la barrera de los cinco millones de facturación a finales de año.

    Sin embargo, el coronavirus sí que ha frenado su expansión. La empresa vasca tenía la intención de saltar a Francia en 2020. Las circunstancias han obligado a postergar el plan. Mientras, Muebles LUFE sigue aposentándose en el mercado español. Aguantando la crisis. De una surgió y en otra se forjó.

    Etiquetas:
    empresa, España, IKEA, País Vasco, mueble
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