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    Duralex ha sido declarada en quiebra. La empresa francesa es la autora de una de las vajillas más comercializadas de la historia. Su resistencia y sus tonalidades verde y ámbar son casi legendarias, tanto como su omnipresencia en los hogares de España. Las redes sociales han querido dar un último adiós a esta histórica compañía.

    Los vaivenes del mercado rompen la vajilla indestructible. La empresa francesa Duralex ha sido declarada en quiebra por el tribunal comercial de Orleans. De ella son los platos y vasos de vidrio templado que uniformaron las cocinas de toda España. Tan difícil era que se resquebrajaran como que no hubiese alguno en la alacena. Ahora, tras 75 años de historia, Duralex llega a su fin.

    La compañía nació del fabricante de cristal Saint-Gobain, situado en la localidad de La Chapelle-Saint-Mesmin. En 1939, la cristalera empezó a fabricar lunas para automóviles. Había desarrollado una técnica de vidrio templado a 700 grados y enfriado súbito, que aportaba una resistencia especial y en caso de rotura permitía la creación de fragmentos de pequeño tamaño que reducía la posibilidad de cortes.

    En 1945, la entidad decidió aplicar esta tecnología a la manufactura de vajillas. Entonces, comenzó la revolución. Los productos de Duralex se convirtieron en un éxito en Francia por su resistencia y por su bajo precio. Triunfaron sus platos llanos con forma de margarita, el regordete vaso Gigogne, parte de la historia del diseño europeo, y, más tarde, el vaso Picardía, más estrecho y biselado. Lo hicieron primero sin color, para luego dar paso a sus míticas tonalidades ámbar y verde. 

    En los 50, llegaron a España. Su resistencia era un hito y su carta de presentación. Y es que los trabajadores de la fábrica de La Chapelle-Saint-Mesmin, para probar la calidad del material, tiraban una bola de acero de un kilo sobre las planchas de cristal. De ahí que el nombre de la empresa, Duralex, provenga del principio latino Dura lex, sed lex, que significa la ley es dura, pero es la ley.

    La compañía viviría su momento dorado durante los 60. Tal era su éxito que, en sus picos de producción, llegó a emplear a 1.500 personas y a distribuir millones de vasos, platos y bandejas por más de 100 países. Incluso, fundó una filial en España, Vidriera de Castilla, que centraba su operativa en las instalaciones de Azuqueca de Henares, en Guadalajara.

    Sin embargo, todo lo que sube, baja. El declive comenzó en 1997, cuando el propietario original, Saint-Gobain, vendió la empresa a los italianos Bormioli Rocco & Figlio. Estos la dejarían en números rojos. Tras ellos, Duralex pasó por manos turcas y en 2008 volvió a florecer con los hermanos André y Antoine Ionnaides. La demanda de artilugios más baratos durante la crisis económica de 2008 y el resurgir de la moda vintage dieron oxígeno a la entidad. No obstante, no el suficiente como para salvarla de la quiebra.

    Se rompe la inquebrantable. Una paradoja que no han querido obviar en redes sociales. Con nostalgia, centenares de personas se han despedido de la famosa empresa. De aquella clásica vajilla en la que comió toda España.

    Etiquetas:
    Francia, empresa, quiebra, platos, cristales, vidrio
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