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    Seis meses después de que el COVID-19 ha sido declarado pandemia, la escasez de material para fabricar las mascarillas más efectivas en la prevención de contagios sigue siendo un problema para Estados Unidos. Los fabricantes aseguran que no pueden invertir para producir más si el Gobierno estadounidense no les asegura una ganancia.

    La falta de mascarillas N95, las aconsejadas para el personal de salud por su efectividad en el filtrado de aire, ha sido un problema constante para el personal de salud. En abril, la administración de Donald Trump apeló a la Ley de Producción de Defensa para obligar a empresas de ese país a destinar su capacidad productiva a fabricar insumos médicos. La FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos) también reconoció los problemas de abastecimiento de estas mascarillas y aplicó medidas para intentar mitigar la situación.

    Sin embargo, los esfuerzos no fueron suficientes para evitar que, medio año después del inicio de la pandemia, la falta de materiales para seguir construyendo mascarillas N95 ponga en riesgo a los trabajadores de la salud.

    En efecto, el problema ya no es solo la falta de mascarillas sino directamente la escasez de un material conocido como tela meltblown, un tipo de tela no tejida que se fabrica con la fusión de un plástico y que es la base de las mascarillas N95.

    Un reportaje de la agencia AP da cuenta de cómo los fabricantes de este tipo de telas, en lugar de estar produciendo con toda su capacidad, miden sus acciones en función de la evolución del mercado y la falta de acción de Trump.

    Según la agencia, un relevamiento entre varios fabricantes de este material comprobó que los comerciantes piensan que tendrán graves pérdidas económicas si realizan inversiones millonarias para asegurar la existencia de tela meltblown y luego la demanda se desploma a medida que la pandemia cede terreno.

    Los fabricantes depositan sus críticas especialmente en Trump, a quien reclama que asegure que la Casa Blanca continúe asegurando la compra de la tela.

    El testimonio de Mike Clark, presidente de una fábrica de tela meltblown llamada Hollingsworth and Vose, es elocuente para comprender el temor de los inversores. Clark recordó que en 2009, durante la epidemia de gripe H1N1, su empresa incrementó su producción e invirtió en una nueva máquina para fabricar la tela. El problema, comentó a AP, fue la que demanda de mascarillas cayó estrepitosamente una vez que la letalidad del virus descendió.

    Durante la pandemia de COVID-19, la empresa de Clark triplicó su capacidad productiva para poder alcanzar las 27,5 millones de mascarillas ordenadas por el Gobierno estadounidense, que pagó 1,9 millones de dólares a la firma. Sin embargo, el empresario reclama que suculento contrato no asegura que Washington seguirá comprando en 2021.

    Clark explicó que uno de los problemas radica en que este tipo de máquinas demanda un tiempo de instalación que puede llegar a un año. "Cuando terminamos de instalarla la demanda podría haber desaparecido", se quejó el empresario.

    Por el momento, la respuesta de la Casa Blanca ha sido evasiva. El propio reportaje de la agencia internacional consigna palabras de John Polowczyk, titular del equipo de Estabilización de Cadena de Suministro de la Agencia Federal de Administración de Emergencias: "No voy a sentarme a decir que vamos a garantizar las compras en 2021 o en la fecha que diga".

    Etiquetas:
    mascarillas, COVID-19, pandemia de coronavirus, EEUU
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