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    Hace 60 años, el 10 de septiembre de 1960, en Bagdad arrancó la conferencia que culminó con la creación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Se fijó como principal objetivo controlar la producción de crudo para influir en los precios. Pero cada vez es más difícil lograrlo.

    La OPEP se fundó en el complejo período de posguerra, cuando ya habían empezado a asentarse las bases del nuevo orden mundial. 

    En aquellos años el mercado petrolero estuvo dominado por varias compañías multinacionales bautizadas como las Siete Hermanas. En ellas estaban incluídas la británico-holandesa Shell, las estadounidenses Exxon Mobil y Chevron y la británica British Petroleum, entre otras. Estos gigantes formaron un cartel y actuaron en interés de los mayores consumidores, manteniendo los precios bajos. Dicha política disgustó a los Estados con grandes reservas de petróleo que no controlaban a estas empresas.

    Por ello, en septiembre de 1960 cinco Estados —Kuwait, Arabia Saudí, Irán, Irak y Venezuela— decidieron establecer la OPEP, que representaría los intereses de los países exportadores de petróleo. En 1962 esta organización internacional fue registrada en la ONU, y, en la misma década, Argelia, Libia, Indonesia y Emiratos Árabes Unidos se unieron a ella.

    En 1998, Rusia pasó a ser un observador en la organización. Desde entonces los ministros de perfil energético rusos han participado en las conferencias del cartel. En 2015, Moscú recibió la invitación para unirse a la OPEP, pero la rechazó. No obstante, en 2016 el formato OPEP+ entró en vigor, y en él el país euroasiático pasó a coordinar la oferta de petróleo en el mercado global junto con otros Estados miembros del cartel.

    Los problemas del cartel y las perspectivas para el futuro

    Hasta la crisis petrolera de comienzos del 2020 el principal problema de la OPEP había sido un aumento excesivo de la extracción de hidrocarburos en los países que no eran miembros de la alianza. En este contexto EEUU, que había ido aumentando la producción de petróleo de esquisto durante años, representaba el mayor desafío no solo para el cartel, sino también para el mercado global. Podría llevar a una excesiva oferta, lo que se traduciría en una mayor caída de los precios. 

    Es evidente que ahora la OPEP ya no puede actuar como antes: cada vez que sus miembros acuerdan reducir la producción, van cediendo una parte del mercado a los productores de petróleo de esquisto estadounidenses y a los países que no forman parte del ente.

    Las contradicciones entre sus miembros son otro de los problemas de la alianza. No es un secreto que los países de Oriente Medio cuentan con poblaciones relativamente pequeñas pero disponen de enormes reservas de petróleo extraído a bajo coste. Por lo tanto, estos pueden permitirse reducir fácilmente sus volúmenes en circulación. A su vez, los Estados como Venezuela, Angola y Nigeria sufren severos problemas sociales y, por tanto, luchan por las cuotas para cada barril adicional. 

    Cada vez se hace más difícil observar lo diligentes que son los miembros de la OPEP y sus socios a la hora de cumplir con sus compromisos. Lo único que amenaza con frustrar los actuales planes de la OPEP de reducir la producción diaria de petróleo en casi 10 millones de barriles son sus miembros rezagados, destaca el portal Oil Price. 

    Si bien Irak firmó el respectivo documento —aprobado por los miembros del cártel tras la expansión de la pandemia—, todavía sigue arrastrando el cumplimiento de su parte del acuerdo. Por ejemplo, en julio del 2020 este país produjo 3,7 millones de barriles diarios, y 4,88 millones en agosto del 2020, lo que contrasta con su cuota estimada en 3,59 millones.

    Irak está dispuesto a reducir la producción de petróleo. Pero presenta dos problemas que le dificultarán implementar esta tarea. Se trata del Kurdistán iraquí, que goza de una cierta autonomía, y de la presencia de compañías petroleras extranjeras.

    También es representativa la crisis que vivió el cartel cuando la organización intentó reducir la extracción de petróleo para mantener los precios altos. Rusia se mostró en contra de la iniciativa y apostó por mantener el mismo nivel de producción. 

    De una manera u otra la desintegración del cartel empezó hace años. Hasta la fecha tres miembros han optado por abandonar la organización: 

    • Indonesia en noviembre del 2016;
    • Catar en enero del 2019;
    • Ecuador en enero del 2020.

    Además es probable que, debido al auge de las energías renovables, el consumo de petróleo comience a disminuir en los próximos años, lo que llevará a una reducción aún mayor de las cuotas para la producción del crudo dentro de la OPEP+. De esta manera el cartel y sus socios ya no podrán aplicar una política coordinada y correrá el riesgo de colapsar, según advierten varios expertos.

    "Mirando la OPEP hoy, vemos cierta agonía e intentos desesperados de recuperar parte de su papel. Pero es difícil para los países que no son miembros de la organización respetar las cuotas. Y en los países donde no hay compañías petroleras nacionales (…) prácticamente no hay métodos para influir en los operadores de la industria", destacó en una conversación con la cadena BBC el socio de la consultora RusEnergy Mijaíl Krutijin.
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