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    Rebrotes y la 'nueva normalidad' en España (202)
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    Al desplome del sector turístico registrado durante el primer semestre del año, con 27,3 millones de turistas extranjeros menos respecto al mismo periodo del año anterior, sigue una temporada veraniega peor de la esperada, pues los rebrotes han limitado la afluencia de turistas. Pero el sector se recuperará y podrá reinventarse, dicen los expertos.

    Tras registrar una entrada de tan solo 200.000 turistas en el mes de junio y con una ocupación hotelera de apenas un 40% durante la temporada alta (un 35,6% en julio, según datos del INE, aunque asciende al 40,5% los fines de semana), las previsiones no auguran una recuperación del sector en otoño.

    Las pernoctaciones en establecimientos hoteleros cayeron en julio fue un 73,4% respecto al mismo periodo de 2019. Y en agosto, los rebrotes han terminado por desbaratar la recuperación de la actividad turística. "Está muy difícil", señala Tomás Mazón, profesor de Sociología del Turismo. "Porque el turismo es una actividad que necesita seguridad; un viajero no va allá donde su integridad física está en peligro". En declaraciones a Sputnik, este docente de la Universidad de Alicante recuerda el caso de Túnez, donde tras los atentados terroristas de corte islamista en 2015, "el turismo desapareció por completo".

    También pone el ejemplo de lo que sucedió tras los atentados del 11-S en Nueva York: "Ni dios viajaba a Marruecos, y eso que no tenían nada que ver con esos locos. Así que ahora, que está en juego la salud de todo el mundo, pues imagínate".

    Un sector fuerte

    Pese a los malos datos consignados y los que están a punto de hacerlo, los expertos no dudan de que la industria turística española superará el golpe de la pandemia, pues es un sector con mucha fortaleza.

    "El turismo español tiene mucha fuerza y lleva muchos años reinventándose, también superó la crisis de 2008", recuerda el también sociólogo Luis Miguel Rondón, profesor titular en la Universidad de Málaga. "Es un sector que tiene suelo, no somos un país que acaba de empezar en este sector". "El turismo va a seguir funcionando, dentro de tres meses o un año. Porque hacer turismo ya forma parte de las necesidades de nuestra vida", conviene a su vez Tomás Mazón. "Para un danés tomar el sol diez días en Mallorca no es un lujo, es una necesidad, pues en su país se tira diez meses sin verlo", zanja.

    "En realidad España abrió sus aeropuertos al flujo de turistas extranjeros, pero las restricciones de varios países europeos y la aparición de rebrotes han hecho que, al final, la gente se espante", afirma Rondón, también vocal de la Asociación Española de Expertos Científicos en Turismo (AECIT).

    "En este contexto el turismo nacional ha aumentado, aunque es una falsa impresión, pues lo que ha pasado es que no ha caído tanto como el turismo extranjero", explica, detallando que el flujo de turistas patrios en las costas andaluzas ha descendido entre un 20% y un 30%.

    Su colega Mazón, también colaborador de la AECIT, explica que hay destinos muy bien implantados y que podrán aguantar esta crisis. "Benidorm es uno de ellos", apunta. Pese a la menor ocupación hotelera ("los aviones vienen vacíos") el modelo resistirá "porque es duro, Benidorm funciona como una fábrica suiza de relojes".

    Oportunidad para otro modelo

    La caída de la demanda externa debido a las restricciones impuestas por los principales países emisores de turistas a España desde finales del mes de julio, como Reino Unido o Alemania, parece abocar a la principal industria española a depender de un plan de ayuda lo más potente posible para tratar de asegurar la supervivencia de gran parte de este tejido empresarial y el empleo que de una u otra forma está ligado a él.

    "El momento actual exige una mediación, políticas públicas que inyecten dinero", afirma Luis Miguel Rondón, quien tiene en mente el apoyo al turismo ecosostenible y rural en la España vaciada como una oportunidad que aprovechar con motivo de la pandemia. "Cualquier crisis es una oportunidad", recuerda, "y el turismo necesita en estos momentos una ayuda, igual que cuando se le dan a la industria automovilística o a la banca". "Se necesita inversión para fomentar este tipo de turismo con garantías sanitarias". Sin embargo, la porción que representa actualmente el turismo rural en España es muy exigua. Ni siquiera el turismo nacional puede competir con el que representan los visitantes extranjeros en los grandes destinos.

    "Es imposible que palíe la ausencia del turismo extranjero. Las grandes cifras no las movemos con el turismo rural", asume Tomás Mazón.

    No obstante, sostiene su colega Rondón, puede suponer el acceso al mercado laboral "de gente que ahora no tiene posibilidad de hacerlo". "Por eso, aunque sea pequeño en cifras, es importante para la economía, porque hay pueblos enteros que están hundidos y ahora podrían tener una oportunidad", razona, alegando también que un país moderno se distingue también por modelos inclusivos que ofrezcan "algo más que sol y playa", si bien reconoce que "es un paño caliente y no la solución, dado que en términos porcentuales nunca podrá siquiera aproximarse a las cifras del turismo a gran escala".

    Ambos docentes son de la opinión de que la actividad turística está en un paréntesis, no en un proceso de destrucción. "El turismo va a seguir funcionando, dentro de tres meses o un año", afirma tajante Tomás Mazón. "Este turismo va a volver", prosigue en su explicación. "¿Quiénes lo van a recibir? Aquellos que aguanten el envite del virus. El que tenga un hotelito lo tiene difícil, pero habrá que ayudar a todos".

    La dependencia del turismo español

    La crisis desatada por la pandemia ha puesto de relieve que las características del modelo turístico español, a gran escala, le hacen muy dependiente del exterior. Satisface voluntades cuyo flujo no controla.

    "Dependemos del turista extranjero, de los turoperadores extranjeros y de las decisiones que tomen en Londres, Frankfurt y Manchester", explica Tomás Mazón. "A la gente de fuera la traen los turoperadores alemanes, ingleses, belgas… Nosotros solo estamos aquí para recibirlos. No tenemos turoperadores que traigan a los ingleses, nunca se ha podido conseguir", se lamenta, mientras explica que los turoperadores españoles controlan otros flujos. "Son los que nos llevan a nosotros a Yucatán y Santo Domingo".

    Exceltur, asociación que integra a las 33 empresas más importantes de toda la cadena de valor turística (hoteles, aerolíneas, agencias de viajes, restauración, etc.), emitió el 18 de agosto un comunicado donde solicita un plan de ayudas públicas para salvar las empresas turísticas "viables". Es decir, a diferencia de las pequeñas empresas, los grandes grupos pasarán airosos el apuro. "En la crisis de principios de los 90 los débiles cayeron, cosa que ahora sucederá también", afirma Mazón, quien ve solvencia en las propuestas de las grandes cadenas.

    "Leo las declaraciones de Gabriel Escarrer [vicepresidente y consejero delegado de Hoteles Meliá, quien ya en junio abogaba por tests masivos y la introducción de un pasaporte sanitario para turistas] y yo digo chapeau, es lo que hay que hacer, igual que Viajes El Corte Inglés. Ellos van a sobrevivir, tienen medios para aguantar".

    Por su parte, Luis Miguel Rondón piensa que "hacen falta ideas para activar el turismo nacional". "Tenemos condiciones para desarrollar un turismo sostenible e inclusivo", advierte. Y se muestra "escandalizado" con el modelo turístico de las llamadas economías colaborativas, "que ni generan empleo, ni promueven el consumo, ni garantizan la seguridad en estos momentos, detrás de los pisos de Airbnb figuran empresas holandesas que no pagan impuestos aquí".  

    En opinión de este sociólogo, no es de extrañar que, aun dentro de la bajada del turismo nacional, "haya aumentado el consumo de los productos de las agencias de viajes". "La gente no se fía ahora mismo y quiere garantías".
    Unas cifras previas nefastas

    Según las estimaciones de Exceltur, el empeoramiento de las expectativas conduce a una previsión de pesadilla, con pérdidas asociadas que pueden ascender a 98.753 millones de euros.

    La actual temporada de verano está siendo la peor de la historia reciente por las consecuencias derivadas de los rebrotes y los números de agosto empeorarán los de julio. Hay que tener en cuenta que el cálculo previo en junio, cuando la epidemia parecía controlada, auguraba una caída en los ingresos de este sector de la economía de 83.134 millones de euros. Es decir, el descenso se ha empeorado en 15.620 millones más.

    "Agosto ha sido malo y septiembre va a ser fatal, pueden confinarnos a todos", asegura Mazón, incidiendo en el hecho de que la situación sanitaria determina la turística. "Hasta que no se solucione una, no se solucionará la otra", prevé. "Por el camino, restaurantes y hoteles pequeños, desaparecerán".

    Las cifras previstas suponen una reducción del 64,7% en comparación a 2019, cuando llegaron a España más de 83 millones de extranjeros. El 84% de este encogimiento atiende a la caída de la demanda externa.

    Dos monjas en las calles de Jerusalén
    © AFP 2020 / Emmanuel Dunand
    "El problema es gordísimo, porque se arrastra desde los puentes de marzo y la Semana Santa", detalla Luis Miguel Rondón, que admite que antes de los rebrotes de COVID-19 "se esperaba un verano de rebote que equilibrara un poco las pérdidas, pero no de recuperación". "Se esperaban más extranjeros, porque la segunda ola de contagios se auguraba para otoño, no para agosto". Este sociólogo señala que aunque es lógico hacer pronósticos negativos, "la incertidumbre es máxima a la hora de hacer previsiones".

    "En ningún sector de la economía hay seguridad predictiva cuando discurre una crisis", afir. "Y en esta menos todavía, porque no dependemos de nuestras acciones en el sector, se puede desmontar todo por factores que no controlamos".

    Golpe a las regiones

    El análisis pormenorizado por destinos arroja datos concluyentes: el turismo nacional y rural no parece paliar el golpe propiciado por la escasísima afluencia de visitantes extranjeros.

    Así quedó consignado en julio, por ejemplo, en la provincia de Granada, donde sólo el 5% de sus turistas procedían de otros países. Con una ocupación hotelera inferior al 40%, el dato contrasta con 2019, el mejor en la historia de esta provincia andaluza, cuando sólo el 48% de los más de cinco millones de visitantes que pasaron por la provincia eran de nacionalidad extranjera.

    Toda esta caída representa el 57,5% del descenso de la economía española en 2020 (―15,1% del PIB, según datos del Banco de España). Las cuarentenas y recomendaciones de no viajar al país ibérico, "anticipan el cierre anticipado de la temporada veraniega", según Exceltur. Esta organización prevé que al término del tercer trimestre se echarán a faltar 36.638 millones de euros, que habrán de añadirse a los 43.460 millones de pérdidas acumuladas hasta junio. Es una caída del ―63,3%. Para el cuarto trimestre el pronóstico de Exceltur es también sombrío: 18.655 millones dejarán de facturarse (un ―58,1% menos respecto al mismo periodo del año anterior).

    El impacto sobre el empleo

    Las consecuencias son devastadoras. En julio hubo 823.000 empleados menos, de los cuales, 517.000 se han mantenido gracias los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo) aplicados, según el Servicio Público de Empleo (SEPE). El resto, hasta 306.000, son personas que no llegaron a ser contratadas.

    Por regiones, Cataluña es la más afectada. Ha generado 19.000 millones de euros menos procedentes de la actividad turística (un ―56% menos respecto a 2019). La comunidad de Islas Baleares, con una dependencia máxima del turismo, ha dejado de ingresar 12.717 millones menos (caída del ―80,5%). En general, el sector turístico representa en España algo más del 13% del PIB.

    "En este país, si el turismo no funciona, se va todo a pique. Requiere medidas de apoyo para que las empresas se puedan mantener abiertas, aun dentro de la precariedad. El sector necesita ayuda urgente", explica el profesor Tomás Mazón.

    Ante esta situación, en la que en el mejor de los casos unos 22 millones de extranjeros visitarán España en 2020, Exceltur exhorta a crear un plan urgente de medidas de ayuda para "salvar a las empresas turísticas viables a partir de septiembre". Se solicita la extensión de los ERTE hasta la Semana Santa de 2021, época más próxima en la que reactivar la actividad turística "con unas mínimas garantías".

    Para Mazón, estas medidas son de pura lógica, pues "ahora la gente se está dando cuenta de que este sector nos da de comer a todos los españoles, independientemente del trabajo que uno tenga". "Hay entidades bancarias y comercios que no existirían si no existiese el turismo", concluye el sociólogo e investigador Tomás Mazón.
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