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    El 6 de junio, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados (OPEP+) pactaron la extensión de los recortes en su producción petrolera, con lo cual todos los involucrados reducirán su extracción de barriles de crudo en 9.6 millones por día.

    Un día antes, el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, dijo que el país no se sumaría a este pacto, porque ya había cumplido con su palabra y no podía seguir recortando su producción.

    "Nosotros estamos cumpliendo con reducir la producción petrolera en 100.000 barriles. Hay países, de acuerdo al recorte de la OPEP, que no han cumplido cabalmente con estos ajustes. Nosotros no podríamos ajustar más nuestra producción", comentó.

    En abril, México acordó bajar su producción a 1.681.000 barriles diarios; en mayo, el país latinoamericano logró reducir este número hasta 1.652.000 barriles, según la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH). Esto se dio luego de que México se opuso al primer acuerdo de OPEP+ para disminuir su producción en 400.000 barriles.

    "Nos ha costado mucho esfuerzo aumentar la producción, ya aquí hemos hablado de cómo durante 14 años consecutivos dejaron caer la producción de petróleo en el país. Fue un rotundo fracaso la política petrolera que aplicaron", acusó el presidente mexicano al defender la postura adoptada durante la reunión con OPEP+ de abril.

    Para Fausto Álvarez, extitular de la Unidad de Administración Técnica de Asignaciones y Contratos de la CNH, esta negativa se explica porque el Gobierno de López Obrador mantiene su plan de acrecentar la producción petrolera como parte de su estrategia para rescatar a Petróleos Mexicanos (Pemex).

    "Se pensará, nuevamente, en reiniciar o redirigirse hacia los niveles de producción que ya traía en el primer cuarto de este año (1.726.000 barriles)", comentó en entrevista con Sputnik.

    A su vez, Miriam Grunstein, profesora e investigadora de la Universidad ORT México y académica asociada al Centro México de la Universidad Rice, dijo que esta decisión obedece a la necesidad de recursos para impulsar los proyectos de infraestructura como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México.

    "El Gobierno tiene pánico fiscal. A pesar de que tenemos una producción en declinación, piensan que un recorte mayor va a mermar aún más los recursos fiscales, cuando la declinación ya te dice que es un hecho imparable", explicó.

    En su reporte a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC, por sus siglas en inglés), Pemex informó que, a consecuencia de la pandemia del coronavirus y los bajos precios internacionales del petróleo, la empresa del Estado mexicano abandonaría su meta de producción en 2020, planteada en 1.850.000 de barriles por día.

    Fausto Álvarez afirmó que sería más costoso para Pemex dejar de producir crudo en este momento, ya que el Gobierno debe lidiar con dos importantes costos fijos de la empresa estatal: su pasivo laboral y su deuda en dólares. En ese sentido, los recortes decididos en las reuniones OPEP+ vulnerarían más las finanzas públicas.

    "Es menos rentable dejar de producirlo [el petróleo], porque de todos modos Pemex tiene gastos operativos, administrativos. […] A pesar de que estos costos no impactan directamente a la producción, como podrían ser los taladros, las plataformas, el mantenimiento, el personal de exploración y producción, que sí tiene un impacto directo en el costo, Pemex tiene un pasivo laboral y deudas gigantescas. Sin importar su producción, tiene que pagar ambos. Si Pemex cierra campos y baja su producción, genera menos ingreso y con menos ingreso —si de por sí ya no le alcanza— ahora le alcanzaría menos. [Eso] Sería mayor a una pérdida", indicó.

    Secuelas a nivel internacional

    Los especialistas consultados por Sputnik coinciden en que el papel de México en las reuniones recientes de la OPEP+ puede tener costos muy importantes en su relación con este bloque.

    Miriam Grunstein consideró como una señal negativa que México se desmarque de su tradición de cooperación internacional, puesto que eso puede afectar la capacidad del país para colocar su crudo en otras naciones.

    "Cada vez estamos más ensimismados como país, y eso, habida cuenta que los mercados petroleros son regionales, eso nos puede traer problemas encontrando compradores y haciendo swaps con otros países productores y facilitar la entrada del petróleo mexicano al resto del mundo. Siempre es muy malo estar claramente peleado con tus socios/competencia, porque la industria petrolera es de competencia, pero también de mucha colaboración, porque se comparte infraestructura y demás", lamentó.

    Del mismo modo, la académica consideró que, a la larga, la decisión de no adherirse a los acuerdos de OPEP+ llevará a México a perder competitividad respecto a los principales productores de crudo. En relación con esa idea, Fausto Álvarez explicó el caso de la firma petrolera Saudi Aramco, la cual estableció ofertas de crudo para el mercado asiático poco después de suscribir el acuerdo de OPEP+ en abril.

    "Tenías un crudo de mejor calidad que el mexicano a un menor precio para tratar de ganarle al resto de países participación en el mercado. Eso es lo que podría ocurrir, que tomen algún tipo de iniciativa en este sentido. El riesgo es enfrentarte a potencias mundiales en el tema de exportación que, por no ver un grupo de países exportadores unido —a pesar de que México no es un miembro oficial—, tomen caminos para iniciar guerras de precios o acaparar mercados", advirtió.

    Aun así, en los últimos meses los países productores han coincidido en que los recortes a la producción son necesarios para recuperar los precios de los hidrocarburos en los próximos meses. Por ello, OPEP anunció la extensión de los recortes acordados en abril, así como nuevos ajustes en la producción diaria de los países que no redujeron su extracción de crudo en los últimos meses.

    Cabe destacar que la propia OPEP estima que la demanda mundial de petróleo se contraerá hasta 9,6 millones de barriles diarios en 2020. Sin embargo, hay otros análisis más positivos —la Agencia Internacional de la Energía estima la caída 8,6 millones de barriles diarios— o negativos —Rystad Energy pronosticó un desplome de la demanda mundial de entre 25% y 30%—.

    Pese a las diferencias en las estimaciones, los recortes han dado resultados, según Fausto Álvarez. Por una parte, ayudaron a que los precios de los crudos de referencia, como el Brent y West Texas, se recuperaran en las semanas recientes —lo cual también beneficia al costo de la mezcla mexicana—. Por otra, se adelantan a la posible estabilización del mercado, una vez que más países comiencen a reactivar sus economías en las próximas semanas.

    "Creo que le da cierta estabilidad al mercado el que un grupo tan importante como la OPEP, que controla gran porcentaje de la producción, de esas señales al mercado. Creo a que ayuda a que ahora estemos en el Brent de los 40 dólares, el West Texas de casi los 40. Es el efecto positivo de eso que hicieron. Nada más se extendió por un mes, a julio, pero habrá que esperar a las próximas semanas para ver si deciden extenderlo por más, que probablemente así será, sobre todo para mantener la estabilidad del mercado", juzgó.

    No obstante, para Miriam Grunstein los recortes no podrán aliviar la caída en la demanda, en particular si este fenómeno se extiende por mucho tiempo.

    "El recorte podría traer un ligero aumento en los precios, pero lo que tiene que aumentar es la demanda. Tiene que haber una recuperación económica, porque puedes recortar, recortar, recortar, y vas a tener un truene en tu industria. Lo que se tiene que aliviar es la demanda, para que se llegue a un punto de equilibrio sano con la oferta. Si no, simplemente estás forzando el punto de equilibrio", finalizó.

    Etiquetas:
    Pemex, México, OPEP
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