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    El mayor exportador de petróleo del mundo, Arabia Saudí, que en marzo recurrió a un 'dumping' sin precedentes en el mercado petrolero, se ha topado con graves problemas económicos.

    Durante aquella jugada que el reino realizó tras no haber llegado con Rusia a un acuerdo sobre una mayor reducción de la producción de crudo, la empresa saudí Aramco bajó los precios entre seis y ocho dólares por barril para los consumidores del noroeste de Europa y de la región del Mediterráneo. La rebaja de ocho dólares representó un directo desafío para el país euroasiático, que vende una gran cantidad de petróleo Urals —su marca insignia— al noroeste de Europa.

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    Los efectos económicos causados por esta guerra de precios han sido exacerbados por la expansión del coronavirus, y pasaron a amenazar las reformas económicas que previamente habían sido anunciadas por el príncipe heredero, Mohammed bin Salman. Una de estas iniciativas es NEOM, un proyecto valorado en 500.000 millones de dólares que prevé la construcción en el país de una ciudad futurista que supere 33 veces el tamaño de Nueva York.

    El periodista Maxim Rúbchenko recuerda en su artículo para la versión rusa de Sputnik que muchos expertos han advertido en repetidas ocasiones que "un dumping así acabaría siendo un suicidio económico" para Arabia Saudí, pues su presupuesto público fue ajustado a un barril de petróleo cuyo precio alcanzase unos 80 dólares.

    Las consecuencias económicas de una jugada tan arriesgada no han tardado en llegar. Los beneficios del petróleo de los primeros tres meses del 2020 cayeron un 24% respecto al mismo periodo del año anterior, hasta situarse en 34.000 millones de dólares. 

    A raíz de esta caída el reino se vio obligado a buscar recursos financieros vendiendo sus reservas de oro y de divisas, que menguaron en marzo en casi 24.000 millones de dólares, ubicándose en 473.000 millones. Esta fue la mayor reducción mensual en al menos 20 años, según los datos oficiales publicados por el banco central saudí y citados por la agencia Reuters. 

    El ministro de Finanzas de Arabia Saudí, Mohammed Jadaan, destacó que los ingresos no petroleros se vieron afectados por la suspensión y la disminución de la actividad económica causadas a raíz de la pandemia. Al mismo tiempo el reino pasó a aumentar los gastos debido a la inesperada crisis sanitaria y las iniciativas que iban adoptándose para apoyar a la economía saudí.

    "Todos estos desafíos han reducido los ingresos estatales, han llevado las finanzas públicas a un nivel difícil de afrontar en el futuro sin afectar a la economía en general a medio y largo plazo.  [La crisis que se vive en Arabia Saudí] requiere más recortes de gastos y medidas que garanticen que los ingresos no petroleros son estables" destacó el funcionario.

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    El Gobierno canceló y suspendió algunos gastos operativos e inversiones de capital para algunas agencias gubernamentales. Además, recortó en 26.600 millones de dólares los recursos que esperaba invertir durante el año fiscal de 2020 en un número de iniciativas y megaproyectos realizados en el marco del programa Vision 2030.  

    Por si fuera poco, el reino prevé suspender a partir del 1 de junio de 2020 el subsidio por costo de vida y aumentar el impuesto al valor añadido del 5% al 15% a partir del 1 de julio, informaron los medios locales.

    "Estas medidas que se han adoptado hoy, por duras que sean, son necesarias y beneficiosas para mantener una estabilidad financiera y económica integral a medio y largo plazo para el interés del país y de sus ciudadanos", explicó el ministro de finanzas saudí.  

    Mohammed Jadaan también recalcó que actualmente Arabia Saudí, al igual que otros Estados, se enfrenta a una crisis que el mundo nunca había vivido en la historia moderna. Es "una crisis marcada por la incertidumbre que hace difícil pronosticar su alcance y ramificación debido a acontecimientos diarios que requieren que los gobiernos manejen [dicha crisis] atentamente y tomen las decisiones adecuadas", concluyó el funcionario saudí. 

    Aun así, Rúbchenko remarca que la reducción de los gastos públicos solo aliviará la crisis financiera, pues será incapaz de solucionar el problema del presupuesto. Riad se verá obligado a endeudar más recursos financieros para poder terminar con él. De hecho, el reino ya ha creado para ello las condiciones favorables. En particular, en marzo Arabia Saudí aumentó el techo de la deuda del 30% al 50% del PIB para poder financiar el déficit causado por los bajos precios del petróleo y la pandemia. 

    "La crisis financiera y la reducción del programa Vision 2030 debilitan drásticamente la posición política del príncipe heredero, Mohammed bin Salman, quien anunció que iba a diversificar la economía nacional", concluye Rúbchenko.
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