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    La crisis desatada por el nuevo coronavirus ha supuesto una bofetada de realidad al discurso de prosperidad global que brindaba el neoliberalismo a través de la globalización. Con la economía paralizada y los planes de ayuda atascados en la UE, se cuestiona la idoneidad del modelo neoliberal imperante.

    Las consecuencias del desmoronamiento de la actividad económica a causa de las medidas de paralización adoptadas por la pandemia de COVID-19 revelan también fallos estructurales del modelo económico en sí. El nuevo coronavirus ha acelerado una crisis que venía larvándose desde el otoño de 2018, cuando las previsiones de diversos organismos internacionales empezaron a ser cada vez más pesimistas. Y ahora, con España, Europa y medio mundo parados, se cuestiona la validez del modelo económico vigente y su expansión. Es decir, del neoliberalismo y su globalización.

    La crisis económica y financiera global iniciada en 2008 no se llegó a solucionar del todo. En Europa se controló mediante rigurosos programas de austeridad que sufrieron las poblaciones, especialmente las clases medias y populares. La prosperidad prometida por el modelo neoliberal implantado en buena parte de Occidente desde hace casi 40 años y en casi todo el mundo desde la caída del muro de Berlín, no ha culminado felizmente. Así lo afirmó en otoño pasado el economista estadounidense y premio Nobel, Joseph Stiglitz, quien incluso fue más allá y aventuró el fin del neoliberalismo. "La credibilidad de la fe del neoliberalismo en los mercados sin restricciones como vía más segura hacia la prosperidad común está actualmente en cuidados intensivos", dijo.

    El modelo neoliberal, en entredicho

    Sin embargo, aun cuando parece evidente el declive del modelo neoliberal, ¿cuán realista es darlo por finiquitado? ¿Qué perspectivas surgen a cambio? "No estamos ante el fin del neoliberalismo. Llevamos desde 2008 diciendo que es el fin del neoliberalismo y no lo es. Y no lo es por una razón: porque el fracaso de un proyecto no significa que este proyecto se caiga, tiene que haber una fuerza política que lo rompa", declara a Sputnik el politólogo español Manolo Monereo.

    Este experto asegura que no cabe reducir la cuestión política a un debate académico como el de Stiglitz: "La política es correlaciones de fuerzas y relaciones de poder. Y, hoy por hoy, estas están en manos de los que deciden las políticas neoliberales. Mientras ellos no pierdan el poder y este no sea destruido, no cambiarán",  señala, al tiempo que remarca la diferencia entre la pérdida de legitimidad del neoliberalismo a ojos de la población, y su desaparición:

    "El neoliberalismo no desaparecerá hasta que haya otra estrategia alternativa que sea vencedora y que tenga capacidad de imponerse en la realidad".

    La propia Unión Europea está cuestionada. En su seno se discute el plan de ayuda, para el que no hay consenso. Se alude a la solidaridad como motor del acuerdo, pero las posiciones férreas de Alemania y el grupo de países de su influencia desbaratan la aprobación de los llamados coronabonos. Que cada cual se las componga como pueda, parecen decir. Y si alguien quiere un paquete de ayuda financiera, será con condiciones. Tal es el durísimo plan de austeridad que se avista en el horizonte. La situación exaspera a buena parte de la opinión pública, sobre todo la de los países periféricos. ¿Podrá entonces sobrevenir un cambio en la praxis económica de la UE?

    El cambio en la política económica

    "Algo se mueve, y es el grupo de países que están planteando que los riesgos y los desafíos sean compartidos, porque hasta ahora la postura inflexible de Alemania, Holanda y otros países hacía imposible ese debate", comenta el economista Fernando Luengo. En sus declaraciones a Sputnik, este especialista en Economía Aplicada incide en que la tozudez alemana parte de su idea de la ineficiencia de los países del sur.

    "En cualquier caso, las medidas más audaces ni siquiera están planteadas: que el BCE tome conciencia de que hay una situación de emergencia que obliga a comprar deuda pública directamente de los gobiernos, y a retirar deuda y convertirla en deuda perpetua, de interés cero. Esto inyectaría liquidez inmediatamente en los gobiernos, pero es algo que el BCE no va a hacer", afirma. Luengo señala la imposibilidad de emitir un pronóstico con los datos a día de hoy, pero estima que la emisión de los llamados "coronabonos", la deuda mutualizada, al menos sería un primer paso.

    "Los imprescindible ahora es que el BCE, que tiene capacidad de crear liquidez y que hasta ahora le ha dado el dinero a los bancos y a las grandes corporaciones, actúe directamente sobre la deuda pública de los gobiernos. No en el mercado secundario, comprando los bonos que tienen los bancos y las corporaciones, sino comprando deuda pública en el mercado primario", señala.

    ¿Conducirían unas medidas de esta naturaleza a redefinir el modelo neoliberal? Hay quien augura una reestatalización de la economía, el neoliberalismo vigente podría asumir pautas keynesianas. "Yo no creo que vaya a suceder", discrepa el politólogo Monereo. "Hay que tener memoria, esto ya se planteó en 2008. ¿Y qué ocurrió? Pues que una vez el sistema controló la crisis, vino el plan de austeridad. Y ahora estamos en lo mismo", afirma, apoyando su tesis en que al final se impondrá la correlación de fuerzas:

    "Hoy por hoy, esa correlación de fuerzas beneficia claramente al gran capital, porque las élites políticas y las grandes fuerzas políticas están con él. O hay una rebelión de las poblaciones, o se impondrán irremediablemente estas salidas de la derecha".

    La UE hace frente a esta contingencia atrapada dentro de sus rígidos mecanismos. Como dice el economista Juan Torres, recurrir al Mecanismo Europeo de Estabilidad "convierte a los países que lo reciben en rescatados, como si hubieran fracasado por mala gestión económica".

    Ante esta situación, el primer ministro de Portugal, António Costa, estalló en su crítica a la actitud germana, que calificó de "repugnante". Fernando Luengo lo expresa del siguiente modo: "La opinión pública muestra una desafección total hacia la construcción europea. El problema es qué panorama tendremos después de esta batalla. El proyecto europeo está hoy en coma", afirma. Y subraya:

    "Pero esto no viene de ahora, sino de mucho antes. Desde que se aplican políticas neoliberales, la historia de Europa es una historia de fracaso para la gente y de beneficio para la industria financiera y grandes corporaciones. Pero ahora es mucho más que eso; está al borde del precipicio".

    Si es cierto que el neoliberalismo se halla ahora en su declive, su modificación o sustitución por algo nuevo pasa primero por traducir su desprestigio en capital político. "La gente, más que articulada políticamente, está sobreviviendo para resistir. Pero su ánimo se transluce en preguntarse dónde está Europa y qué va a hacer. La gente ya es consciente de que lo que está haciendo Europa es claramente insuficiente. Más que insuficiente, es una verdadera vergüenza", resume Fernando Luengo.

    "El cambio verdaderamente cualitativo", prosigue, "sería una intervención estratégica del BCE". "Pero sus estatutos no se lo permiten, habría que decirles que estamos en una situación de emergencia, al borde de la catástrofe, por lo que tendría que actuar de forma excepcional, si es que se sigue apostando por Europa", explica.

    Las esperanzas de un nuevo modelo

    Hay una parte de la opinión pública que, tal vez ingenuamente, alberga esperanzas de que la pandemia obre en el futuro un cambio socioeconómico a mejor.

    Al respecto, Manolo Monereo es claro: "Es un placebo. Cuando la realidad no da, tú te inventas una mejor. Y ese papel siempre lo había cumplido la UE. Pero para que las cosas se hagan, tiene que haber una correlación de fuerzas favorable. Y esta siempre se compone de un conflicto entre las clases dirigentes, y de un proyecto de las clases subalternas. En las clases dirigentes puede haber en estos momentos un conflicto importante. La discusión en el seno de la UE sobre las medidas de ayuda demuestra que ese conflicto existe", señala.

    "Ahora bien, si desde abajo no hay una presión popular sostenida y una rebelión, el sistema volverá a articular la gestión de la crisis a su servicio. Es lo que hay que meterle en la cabeza a las personas. Si no hay una sublevación de la opinión pública y la gente no dice basta, el neoliberalismo va a durar eternamente".

    El profesor Fernando Luengo es de la misma opinión. "Todo depende de la correlación de fuerzas y de que haya un actor que sea capaz de condensar todo el malestar. Lo público, lo común, lo colectivo, la cooperación, esto es el elemento vertebrador de la economía. Y eso no es el neoliberalismo". Él explica que el Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento de la UE "es toda una lógica económica basada en la expropiación de las mayorías sociales, y esa lógica está hoy fuera de juego".

    ¿Hacia un nuevo modelo que incorpore medidas socialistas?

    No parece que el modelo neoliberal esté amenazado de sustitución, "pero  sí pueden plantearse políticas que defiendan la soberanía nacional y sectores estatales de la economía fuertes, una política que defienda una banca pública y la socialización de la inversión, una política que demande una democracia económica en el país y en la empresa, una política que constitucionalice los derechos sociales", apunta Monereo. 

    En su opinión, esas políticas sí podrían colaborar a definir un nuevo tipo de Estado. "Ahora mismo lo que hay encima de la mesa es la necesidad de una democracia económica y social. Esto tal vez pueda alumbrarse con la crisis", razona. "Pero la prioridad es la rebelión. Si no hay una protesta de las poblaciones y de la clase trabajadora contra las políticas de austeridad que se nos vienen encima, estas se impondrán razonablemente o irrazonablemente", constata.

    "Lo harán por las buenas, o por las bravas. Ya lo hizo Zapatero y ya lo hizo Rajoy. Y no tengo ninguna duda de que este presidente [Pedro Sánchez] lo volverá a hacer", concluye Monereo.
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    crisis institucional, globalización, políticas gubernamentales, neoliberalismo, ayuda, catástrofe, crisis económica, Banco Central Europeo (BCE), coronavirus en España, coronavirus de Wuhan, coronavirus
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