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    Durante décadas los productos agrícolas ocuparon un importante lugar entre las exportaciones de Israel. Ahora, los productos agropecuarios constituyen tan solo el 2% de todos los bienes que el país vende al extranjero. El declive muestra un evidente cambio en la estrategia del país hebreo.

    Hace dos siglos los granjeros de Israel empezaron a cultivar una nueva variedad de cítricos, la naranja de Jaffa, bautizada así en honor a la ciudad portuaria homónima y cercana a Tel Aviv. Las exportaciones de este producto agrícola se dispararon considerablemente en el siglo XX porque en Medio Oriente y en Europa se enamoraron de su sabor.

    Sus exportaciones tuvieron su apogeo a principios de la década de 1980. En aquel momento Israel exportaba unos 1,8 millones de toneladas de naranjas al año. Sus exportaciones de cítricos se han desplomado casi un 75% desde entonces. La cifra apunta a que Israel ha dejado atrás sus raíces agrarias y se ha convertido en una potencia tecnológica, escribe el periodista Ivan Levingston en su artículo para Bloomberg.

    El cambio de estrategia se debió a una serie de factores económicos:

    • al fortalecimiento de la moneda nacional, que hizo que los productos israelíes fuesen menos competitivos;
    • al escaso abastecimiento de agua, que elevó el coste de los cultivos;
    • a la subida de los salarios.

    A día de hoy los trabajadores del campo cobran en Israel unos 2.200 dólares. Su labor cuesta 10 veces más que la de sus colegas en países vecinos como Egipto, Turquía y Marruecos. Allí, "la mano de obra y el agua son muy baratas, y su moneda es mejor para los exportadores. No podemos competir con ellos", declaró el funcionario Nitzan Rottman, del Ministerio de Agricultura de Israel, responsable de supervisar el cultivo de cítricos.

    A su vez, un granjero, Idan Zehavi, comentó a la agencia que gasta alrededor de 580 dólares al mes para irrigar sus 600 árboles durante la temporada de verano. Mientras tanto, sus rivales al otro lado de la frontera, como Egipto, no gastan nada.

    Como resultado, los productos agropecuarios se atribuyen tan solo un 2% de todas las exportaciones de Israel. Las llanuras y las colinas cerca de Tel Aviv se utilizan para construir centros comerciales, bloques de pisos y oficinas para las filas cada vez más crecientes de los diseñadores de software y de los investigadores farmacéuticos.

    "La tierra aquí en el centro de Israel es tan cara que la mayor parte de los huertos se ha talado", explicó Zehavi.

    Hoy en día solo un 1% de los ciudadanos israelíes vive de la agricultura, frente al 18% de 1958. A su vez, la mano de obra en el sector tecnológico se disparó, pasando de casi cero a un 10% durante el mismo período.

    Este aumento había ayudado a duplicar las exportaciones de servicios desde 2008, que en el 2019 superaron los 50.000 millones de dólares. Se espera que en 2020 las exportaciones de servicios superen a las de bienes por primera vez en la historia de Israel.

    Una cuestión política

    Como consecuencia, el futuro incierto de los granjeros pasó a ser un tema clave durante la tercera campaña electoral en los últimos 11 meses, y que terminó el 2 de marzo. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ganó las elecciones al hacerse con la mayoría de votos y prometió brindar un mayor apoyo a los agricultores.

    Su principal rival, Benny Gantz, que creció en una comunidad de granjeros, había prometido durante la campaña admitir que más extranjeros trabajasen en los campos israelíes con el objetivo de aumentar las exportaciones durante los cinco años posteriores a las elecciones.

    Los granjeros "guardan las fronteras, abren los territorios y ofrecen seguridad alimenticia", escribió Gantz un día en su cuenta en Facebook.

    Etiquetas:
    tecnología, naranjas
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