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    Durante décadas los directivos de varios fondos de cobertura advirtieron de las posibles pérdidas catastróficas que podían producirse cuando llegara a explotar la enorme burbuja de la deuda en China. El brote de SARS-CoV-2 ha aumentado aún más el riesgo de una catástrofe económica a gran escala.

    Uno de estos expertos fue Jim Chanos, el famoso inversor que en 2001 predijo el colapso de la empresa energética estadounidense Enron. En 2010, Chanos supuso que el aumento deliberado de la actividad en el mercado inmobiliario de China con el objetivo de impulsar el crecimiento económico podría allanar el camino "al infierno".

    Los nuevos riesgos se suman a los viejos problemas

    Posteriormente prominentes instituciones e inversores —incluido el Fondo Monetario Internacional y el multimillonario estadounidense George Soros— enumeraron una larga lista de problemas que podían estar presentes en el sistema financiero del país asiático. Estos percances incluían:

    • el endeudamiento;
    • los créditos clandestinos;
    • las burbujas hipotecarias.

    Ahora, a estos problemas puede sumarse el brote del nuevo coronavirus que afecta a los bancos, el riesgo de que la guerra comercial con EEUU persista durante un año más y que Hong Kong se subleve socialmente.

    Los años de vertiginoso crecimiento de una economía tan dependiente de financiación contribuyeron a que China crease el sistema bancario más grande del mundo, con más de 41 billones de dólares en activos. Como resultado, el volumen de deuda privada y pública se disparó, sobrepasando alrededor del 300% del PIB en la década pasada. Se empezaron a cernir las tinieblas sobre las perspectivas de estabilidad económica y financiera, explica la agencia Bloomberg.

    Las medidas que China ha adoptado

    Para 2017 las autoridades de la nación asiática prometieron eliminar los riesgos sistemáticos presentes en su sector financiero. Para alcanzar este objetivo empezaron a reducir la concesión excesiva de préstamos de los llamados bancos clandestinos: las empresas que solían proveer créditos fuera del sector bancario tradicional.

    Los préstamos entre particulares nacieron durante la época de la desregulación china. Los acreedores en línea permitían a los pequeños prestatarios mayor acceso al sistema financiero del país mientras que los propietarios de activos podían acumular beneficios con dobles dígitos. Antes de que China empezara su campaña de desapalancamiento, los acreedores en línea lograron entablar lazos con más de 50 millones de inversores y fueron responsables de generar una deuda en circulación de más de 150.000 millones de dólares.

    China planea continuar supervisando minuciosamente las actividades que las empresas y los prestamistas realizan en internet. Además, Pekín podrá obligar a las compañías y a los bancos a sanear sus balances contables, deshaciéndose de las deudas incobrables, y a que busquen nuevas fuentes de capital, destacó a la agencia el economista de la sociedad suiza UBS Wang Tao.

    Para prevenir una crisis en el mercado inmobiliario China ha desarrollado un amplio abanico de instrumentos que le ayuda a reducir ese riesgo. Los controladores inmobiliarios adoptaron 554 medidas en los primeros 11 meses del 2019 para poder ajustar el mercado y proteger los precios contra el posible colapso o el recalentamiento, comunicaron a Bloomberg desde Centaline Group.

    Muchas ciudades aumentaron un 70% el límite del pago inicial por la hipoteca, otras limitaron la capacidad de las personas divorciadas de tomar préstamos. Varios funcionarios advirtieron a los constructores chinos de que sus proyectos de tarificación son demasiado caros. A su vez, los bancos obtuvieron derecho a quejarse de que los tipos hipotecarios son extremadamente bajos. A raíz de todas estas restricciones ubicuas y meticulosas adoptadas por China, los precios de las viviendas han permanecido estables desde 2016.

    ¿Puede el coronavirus estropearlo todo?

    A pesar de todos los esfuerzos emprendidos por las autoridades chinas, la relación entre la deuda y el PIB volvió a crecer en 2019 y los funcionarios chinos tuvieron que afrontar la desaceleración del crecimiento económico. El aumento de la deuda sin rápido crecimiento puede convertirse en un serio problema para el gigante asiático, consideran en la agencia estadounidense.

    "Una deuda elevada que contrasta con los ingresos implica que los funcionarios chinos no podrán esforzarse más para reducir las tasas hipotecarias y las de créditos de consumo para compensar el impacto de la tensión comercial con EEUU", escribe Bloomberg.

    El nuevo coronavirus echó más leña al fuego porque redujo el efecto positivo de las medidas que tomó China. Recientemente los bancos han recibido instrucciones de bajar las tasas de interés y extender los plazos para reembolsar la deuda en las regiones afectadas por el brote. Esta es la razón por la que los analistas de la corporación estadounidense S&P Global han advertido de que el SARS-CoV-2 podría triplicar el volumen ya demasiado elevado de las deudas incobrables en China.

    Sin embargo, es probable que la economía del país asiático se recupere rápidamente una vez que sea atajada la propagación del coronavirus, aseguró el director adjunto del Banco Popular de China, Chen Yulu, en un artículo para el Financial Times.

    "China tiene suficiente espacio político para apoyar el crecimiento económico constante. Es una de las pocas economías más grandes del mundo con una política monetaria normal. Con la multitud de herramientas que tiene a su alcance, es capaz de hacer frente a la incertidumbre", destacó el financista.

    China ya ha invertido mucha liquidez en su sistema bancario. A su vez, su presidente, Xi Jinping, ha asegurado en repetidas ocasiones que el país alcanzará sus metas económicas pase lo que pase. Su optimismo contribuyó a que los mercados financieros recobrasen las fuerzas a medida que las bolsas nacionales recuperaran más de un billón de dólares tras desplomarse a comienzos de febrero.

    Etiquetas:
    China, coronavirus, epidemia
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