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    Muchos productores agrícolas españoles no han logrado encontrar mercados alternativos para sus cosechas tras cinco de embargo ruso a las frutas y verduras provenientes de la UE. Al persistir las sanciones occidentales, la Federación Rusa prolongó su respuesta: por ahora, el embargo sigue vigente hasta finales del 2020.

    El 6 de agosto del 2014, Rusia prohibió la importación de determinados productos agrícolas, materias primas y alimentos procedentes de países que impusieron sanciones contra Rusia: Estados Unidos, Canadá, Australia, Noruega y la UE.

    La carne y sus productos, el pescado y los mariscos, las frutas y verduras y los productos lácteos quedaron prohibidos.

    Salir a nuevos mercados ha resultado difícil

    Lorenzo Ramos, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos de España (UPA), suministraba ciruelas a Rusia antes de la introducción del embargo. Ahora la cosecha se está pudriendo en los árboles ya que no pudo encontrar un sustituto para el mercado ruso, aunque lo intentó.

    "Intentamos centrarnos en África, pero debido a problemas económicos no fue posible afianzarnos allí", dijo a Sputnik.

    Los productores de frutas que crecen en los árboles (manzanas, peras, melocotones, cerezas, albaricoques, cítricos) son los más afectados por las restricciones.

    "En este sector, como en el caso del melón, es imposible no sembrar semillas o sembrar menos", explica Andrés Góngora, responsable del sector hortofrutícola de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).

    Salir a nuevos mercados ha resultado difícil: "Las entregas a EEUU, Canadá, China o Japón no han aumentado significativamente. Estos países están muy lejos y los productos son perecederos", añade Góngora. Además, el mercado ruso tenía sus propias peculiaridades, tanto en términos de productos como de plazos de entrega. Así, se suministraron grandes volúmenes de tomates y pepinos en vísperas de la Nochevieja, ya que los rusos los suelen utilizar en las ensaladas típicas.

    Sin embargo, Góngora no descarta que una parte de los productos españoles sigan llegando a Rusia a través de terceros países, como Bielorrusia (hubo un aumento significativo de las compras por parte de Bielorrusia) y Marruecos (puede suministrar frutas españolas como si fueran suyas).

    Un embargo 'injusto'

    El representante de la COAG califica las sanciones de "injustas" porque "están relacionadas con la política y no con las normas sanitarias, la calidad o los daños causados por los insectos". Considera que la Unión Europea no ha sido capaz de "aplicar mecanismos para proteger a los productores" desde el principio y que las medidas adoptadas (producción de zumos y compra de frutas para su distribución gratuita) no han sido suficientes. Una enorme cantidad de productos se perdió.

    Lorenzo Ramos también critica a la UE, "ya que los productores se ven obligados a cosechar las consecuencias de las diferencias políticas entre Rusia y la UE".

    "Las consecuencias del embargo son muy negativas: las sanciones se extienden anualmente y hay ciertos sectores que cada vez sienten más las consecuencias. Por ejemplo, los productores de fruta de hueso están en constante crisis, y cada año tenemos más y más problemas", dice el agricultor.

    Al mismo tiempo, como señaló Ramos, algunos sectores no se vieron afectados. Cita el ejemplo de los productores de vino y aceite de oliva, cuyos productos no fueron prohibidos por Rusia. Por su parte, los productores de carne de cerdo pudieron encontrar nuevos mercados (en China, por ejemplo) e incluso aumentar las exportaciones.

    Etiquetas:
    Rusia, España, embargo
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