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    Los pesos argentinos

    ¿Puede la industria argentina recuperarse?

    © REUTERS / Marcos Brindicci
    Economía
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    Francisco Lucotti
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    Devaluación, inflación galopante, aumento de servicios públicos, caída del consumo interno, PBI en picada. Los sectores manufactureros han sido los más golpeados por la crisis económica que azota el país.

    La recesión en Argentina no parece estar ni cerca de dar vuelta la página. Luego de que en 2018 el peso se devaluara más del 100%, se cerrara el año con casi 50% de inflación y el PBI per cápita se desplomara un 3,3%, la economía argentina pareciera haber alcanzado una relativa estabilidad cambiaria y la actividad se sostiene gracias a una cosecha récord del campo. Pero eso es todo en cuanto a buenas noticias.

    Según las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el sector industrial funcionaba al 40% de su capacidad en marzo de 2019, principalmente afectado por el derrumbe de la actividad de las automotrices, que tan solo en abril pasado acumularon una caída de su producción de 34%. En 2018, la industria cayó 5% en total, se calcula que cerca de 3.000 personas perdieron sus puestos de trabajo y solo las automotrices llegaron a tener suspendidos alrededor de 7.000 trabajadores a principios de 2019.

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    En su último informe, publicado en abril, la Unión Industrial Argentina (UIA) destacó que la actividad manufacturera tuvo una caída de más de 13% interanual en marzo y de más de 9% en el primer trimestre de 2019, acumulando un desplome de 11 meses consecutivos. “Este modelo no va más”, dijo como reacción Guillermo Moretti, vicepresidente de la entidad.

    "La Argentina ha tenido por muchos años –no es imputable a este Gobierno– problemas de exceso de gasto público, de alrededor de 40% del PBI, con tasas de inflación muy altas como consecuencia y alto endeudamiento para financiarse, que estacionalmente genera crisis fiscales, produce problemas de competitividad, cierra su economía y dificulta el acceso a tecnología, insumos, bienes de capital", dijo a Sputnik el analista especializado en negocios internacionales Marcelo Elizondo.

    Elizondo explicó que la crisis de la industria se profundiza por la crisis macroeconómica pero que el problema es subyacente debido a que el país castiga al sector privado con altos impuestos y un sistema engorroso, genera poca competitividad a nivel local y prácticamente ninguna a nivel internacional.

    "Esto tiene arreglo, por supuesto. La participación del comercio internacional y las inversiones internacionales en la economía argentina es muy baja, por lo cual debe apuntar hacia una mayor inserción externa: más comercio internacional, emisivo y receptivo, de bienes y de servicios, y más inversiones emisivas y receptivas", opinó.

    "Requiere de un gobierno con liderazgo, que tome decisiones que no siempre son simpáticas, pero si no se hace pasa lo que le ha pasado a la administración Macri, bien orientada pero con dificultades de implementación en las reformas", dijo Elizondo, quien opina que un modelo agroexportador no es incompatible con uno que fomente la industria.

    La crisis afecta a la industria en varios flancos. La inflación los golpea en la compra de insumos, en los aumentos disparados en los servicios públicos y en la caída del consumo interno, que afecta principalmente a las fábricas que tienen como mercado a los propios argentinos y con volúmenes e infraestructura que les impide dedicarse a la exportación.

    Además, las empresas sufren la desaparición del financiamiento y el encarecimiento del crédito, la enorme presión impositiva y la falta de inversión pública en investigación y desarrollo en tecnología. La apertura de la economía permitió el ingreso de productos extranjeros de bajo costo y la crisis en Brasil también golpeó a las empresas favorecidas por el Mercosur.

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    Mientras que el oficialismo insiste en profundizar el modelo de ajuste con el objetivo de eliminar el déficit fiscal, todas las facetas de la oposición apuntan a salir de la crisis a través del crecimiento, aunque no queda claro cómo. Mientras tanto, hoy, fabricar en la Argentina va más allá de ser un acto de fe, es un impulso de resiliencia y supervivencia.

    Etiquetas:
    política interna, economía, crisis económica, Argentina
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