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    Los desafíos del 'supercapitalismo robótico' para Rusia y América Latina

    © AFP 2019 / Dita Alangkara
    Economía
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    El mundo está a punto de entrar en la era del 'supercapitalismo robótico', que traerá consigo cambios globales cuyos primeros efectos ya se dejan notar, escribe el economista ruso Alexandr Zótin.

    En la década de los 2000 estaba muy de moda el concepto de 'decoupling', el crecimiento desbordante de los países no occidentales y el desplazamiento del centro de la actividad económica de Europa y EEUU a otras regiones del mundo. Sin embargo, a mediados de los años 2010 terminó el así llamado 'superciclo' basado en materias primas y la rentabilidad del modelo asiático cayó bruscamente junto con las divisas de muchos países, incluida la de Rusia.

    "Los países en desarrollo han dejado de desarrollarse. La locomotora del crecimiento: la industria, se automatiza y vuelve a su origen, a los países desarrollados. Y casi no hay otros motores", escribe Zótin, de la Academia Panrusa de Comercio Exterior, en un artículo para Kommersant.

    ¿Pero por qué se ha estancado el crecimiento? Los problemas comenzaron incluso antes de que llegara la actual ola tecnológica de robotización que, según Zótin, no hará más que complicar la situación.

    Desindustrialización prematura

    "Ahora los países pobres experimentan algo que no encaja con el modelo clásico: comienzan a desindustrializarse sin lograr altos ingresos per cápita. Los países se vuelven posindustriales con un bajo nivel de desarrollo, o el proceso de industrialización primaria se detiene: el flujo de mano de obra del sector agrario a la industria se produce muy lentamente o va directamente a la esfera de los servicios. O estos dos procesos se combinan".

    El economista turco Dani Rodrik define este fenómeno como la 'desindustrialización prematura', que se produce cuando el peso de la producción industrial en la economía de los países no occidentales cae por debajo del 20% de ocupación en este sector y los 6.000 dólares de PIB per cápita (dólares de 1990).
    Como recuerda Rodrik, la producción industrial tiene algunas características específicas que la convierten en el principal impulsor del desarrollo económico.

    Primero, la producción industrial es un sector tecnológicamente dinámico y destaca por su productividad, independientemente de factores externos como la situación política o el clima para los negocios. Una misma fábrica de automóviles será prácticamente igual de productiva en EEUU que en Zimbabue.

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    En segundo lugar, la producción industrial ha absorbido tradicionalmente una parte importante de la mano de obra no calificada, a diferencia de otros sectores de alto rendimiento como, por ejemplo, el sector financiero o el de la minería. La industria puede absorber mano de obra incluso si el resto de la economía sigue siendo tecnológicamente primitivo, subraya Zótin.

    El experto enumera varias razones para explicar la desindustrialización prematura. En primer lugar, el cambio tecnológico. La robotización y la automatización conducen a una reducción en la demanda de mano de obra en la industria. Las empresas transnacionales están reemplazando cada vez más el trabajo manual por la robótica y están comenzando a transferir su producción a países ricos, más cerca del consumidor final. Este proceso también se conoce como 'reshoring'.

    En segundo lugar, la globalización del comercio y la apertura de los mercados mundiales hizo que las industrias de muchos países no puedan competir con las importaciones baratas provenientes de China.

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    En tercer lugar, según Rodrik, la industria comenzó a demandar más mano de obra altamente cualificada. La mano de obra barata en los países pobres es necesaria para el capital, pero los inversores suelen sobreestimar el atractivo de la subcontratación de la fabricación en países no occidentales y se inclinan cada vez más por crear empresas robóticas cerca de los mercados en sus países de origen.

    "Para los países en desarrollo, los procesos interrelacionados entre sí —la robotización, el 'reshoring' y la desglobalización— implican la imposibilidad de crear nuevos empleos en la industria y la falta de esperanza ante cualquier desarrollo económico", afirma el científico ruso.

    Según él, esto es algo relevante para Asia, América Latina y casi toda África, donde por ejemplo el crecimiento económico per cápita del año 2016-2017 fue negativo.

    Algo similar amenaza a Rusia, pero para este país los problemas se ven eclipsados por resolver la cuestión de hacia dónde debe dirigirse la economía nacional y el envejecimiento de la población, razón por la cual la urgencia de crear nuevos empleos no es tan acuciante.

    La tragedia de la India

    Zótin pone a la India como ejemplo de víctima de la desindustrialización prematura, que en 2017 ha perdido millones de puestos de trabajo. Cada año, en este país, en el que la industria se ha quedado atascada en el 15% del PIB, toda una 'Grecia' —10 millones de personas— es expulsada del mercado laboral. Como contrapartida, no se crean nuevos empleos —en el período 2011-2015 solo se crearon 7 millones de puestos de trabajo y la masa laboral pasó de los 455 millones de personas a los 462—.

    Ante esta situación, los jóvenes no pueden aspirar a un trabajo digno y su destino parece ser el de convertirse en vendedores, conductores de rickshaw o barrenderos. Otra de las alternativas es emigrar, pero los países receptores cada día tienen más dificultades para absorber estos flujos migratorios. Como resultado, el desespero se instala en muchas de estas personas. Diversas teorías sociológicas modernas vinculan las recientes revoluciones con el creciente número de jóvenes desempleados, un ejemplo reciente de ello sería la llamada 'primavera árabe'.

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    El fuerte crecimiento del PIB de la India en la última década no ha cambiado la estructura de su economía nacional y no se ha traducido en la formación de empleos productivos. Dos tercios del aumento del PIB se registraron en el sector financiero y en el inmobiliario, frente al estancamiento de la industria. Como resultado, los frutos del crecimiento económico fueron disfrutados casi exclusivamente por las élites.

    Con la introducción de la automatización, la robótica y el aprendizaje automático se prevén nuevas reducciones de empleo. De acuerdo con las estimaciones del McKinsey Global, en la India el 52% de los trabajos actuales podría ser automatizado. En Vietnam y Bangladesh, la cifra podría escalar hasta el 86% y al 88% respectivamente, advierten desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

    Sin embargo, según Zótin, para Occidente el supercapitalismo robótico que nos espera también traerá desgracias en forma de aumento de las desigualdades sociales y desaparición de la clase media.

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    Etiquetas:
    economía, América Latina, Rusia
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