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    Una investigación indica que el confinamiento por el COVID-19 ocasionó la mayor caída de ruido sísmico de la que se tenga registro, con lo cual se podrán observar nuevas señales sísmicas y así observar el estado de la tierra.

    Las medidas de distanciamiento social para evitar los contagios de COVID-19 provocaron una reducción de hasta el 50% de ruido sísmico producido por la actividad humana —ruido sísmico antropogénico— en todo el planeta, sobre todo en las zonas de alto flujo de personas, de acuerdo con una investigación de la revista Science.

    Durante los primeros meses del año, se analizaron datos sobre la emisión de ruido de este tipo en más de 300 estaciones sísmicas alrededor de todo el mundo. El estudio muestra una reducción de este indicador en varias regiones, que abarcan a China, Italia y el resto del mundo.

    La investigación precisa que la reducción de las actividades humanas durante la cuarentena por COVID-19 produjeron "la reducción de ruido sísmico global más larga y coherente registrada en la historia, destacando cómo las actividades humanas impactan la tierra sólida". 

    El estudio está coordinado por el doctor Thomas Lecocq, en colaboración con otros 76 sismólogos de 66 instituciones en 27 países. Los autores principales del estudio tienen su sede en Bélgica, el Reino Unido, Nueva Zelanda y México. De este último, participaron dos investigadores del Centro de Geociencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

    Si bien la investigación se enfocó en el monitoreo de centros con alta densidad poblacional, se observó que el ruido sísmico también disminuyó en áreas con menor actividad. Sin embargo, las ciudades fueron las más beneficiadas por la reducción del ruido sísmico antropogénico.

    Cabe precisar que el ruido sísmico antropogénico al ser producido por el exceso de actividad industrial —principalmente, pero no es la única— impacta de forma negativa en aquellas especies que habitan en las zonas donde se presentan este tipo de actividades.

    En tanto que, los registros sismológicos que se enfocan en la medición de ondas sísmicas después de la irrupción de un terremoto suelen estar contaminados por vibraciones de alta frecuencia producidas por la actividad humana en la superficie.

    Por lo tanto, este estudio tuvo como objetivo rastrear el movimiento de las ondas sísmicas aprovechando la disminución del ruido sísmico; para ello, se analizaron los datos de las estaciones de monitoreo que hay alrededor del mundo.

    Si bien, durante el 2020 no se ha presentado una baja en el número de terremotos, en este año se ha presentado la mayor caída del ruido antropogénico de la que se tiene registro. La reducción del ruido más significativa tuvo lugar en las zonas urbanas, pero el estudio también abarcó áreas remotas con poca actividad industrial.

    En Central Park, en Nueva York, el cierre de los establecimientos tuvo como resultado una reducción de ruido sísmico de alrededor del 10%. Mientras que, en Sri Lanka, el descenso fue de hasta el 50%. En lo que respecta a México, la ciudad de Querétaro presentó una caída de ruido sísmico del 40%.

    Como consecuencia, diversas investigaciones científicas aseguran que la pausa en las actividades humanas tuvo efectos positivos en el medio ambiente como la disminución de emisiones contaminantes o la posibilidad de que ciertas especies regresaran a sus hábitats. Hubo una "antropopausa", como la han denominado.

    Pero por el momento, los investigadores esperan obtener nuevas señales sísmicas que permitan hacer observaciones sobre el estado geológico del planeta, esencialmente de las zonas urbanas, con el fin de monitorear la posibilidad de futuros desastres que afecten a las poblaciones.

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    coronavirus, pandemia de coronavirus, México, terremoto, antisismos
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