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    Las medidas para contener el avance de la COVID-19 en México han llevado a detener las actividades no esenciales, a reducir la circulación vehicular y, eventualmente, a mejorar la calidad del aire en el área metropolitana.

    Según los últimos monitoreos de la Dirección de Monitoreo Atmosférico de la Ciudad de México se han registrado mejorías en la calidad del aire en las últimas semanas. Es decir, ha habido una disminución de partículas contaminantes.

    Este sistema de medición se basa en los siguientes niveles de alerta de contaminación: extremadamente mala, muy mala, mala, aceptable y buena. De tal forma que, la calidad del aire en la última semana ha oscilado entre aceptable y buena.

    Si bien ha habido una baja de algunos componentes contaminantes, el Doctor Jose Agustin García Reynoso, del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, señaló en la entrevista con Sputnik que no ha disminuido la presencia de ozono, por lo tanto, aún no es posible registrar mejorías en la situación medioambiental.

    Esto a pesar de que en el Gobierno de la Ciudad de México registrara el día de ayer —6 de abril de 2020— una disminución del 50% del tránsito vehicular durante la etapa de contingencia.

    Los beneficios indirectos de la baja de contaminación

    La Jornada Nacional de Sana Distancia —del 23 de marzo al 30 de abril— dictada por el Gobierno de México para el control de la circulación social en exteriores ha tenido como consecuencia la reducción de actividades contaminantes en las principales ciudades. Por lo tanto, la expectativa es que bajen los altos índices de contaminación en las grandes urbes del país que ocupa el segundo lugar en los aires más contaminados del mundo, alcanzando una categoría "peligrosa" según el ranking hecho por el Worldwide Air Quality en 2019. Se espera que la situación de contingencia ayudaría a estabilizar las condiciones medioambientales de México.

    No obstante, García Reynoso apunta que para el caso de Ciudad de México no va a haber grandes cambios, pues tiene una atmósfera que tiende a ser más reactiva, es decir, menos contaminante pero con la misma concentración de ozono, uno de los gases más nocivos para la salud sobre todo si se encuentra a nivel del suelo. Por lo que, su presencia en la zona centro y alrededores de la ciudad seguirá siendo poco favorable.

    Ahora bien, la desmovilización social como estrategia para contener el avance de la COVID-19 a lo largo del país, sí tiene beneficios en términos de la mejoría ambiental, aunque estos no sean precisamente para las principales ciudades

    Por ejemplo, hace días apareció una ballena en la costa de las playas de Acapulco, Guerrero, debido al descenso de la presencia de vacacionistas. Un hecho, sin duda, inusitado para quienes habitan México.

    El hecho de que el beneficio directo de la disminución de la contaminación en la ciudad no la beneficie directamente, explica el también doctor en ciencias, se debe a que los gases contaminantes que se producen aquí se dispersan hacia la zona conurbada.

    Por lo tanto, las bajas contaminantes de Ciudad de México sí tienen beneficios, aunque estos en realidad no sean para quienes habitan en ella. Lo mismo sucede con la baja afluencia en las distintas zonas vacacionales, donde sistemáticamente se notarán mejorías en la situación ambiental.

    Además, otro de los factores colaterales de la tendencia a la baja de agentes contaminantes, precisa García Reynoso, es tener un ambiente más propicio para aquellas personas que tengan enfermedades asociadas al sistema respiratorio.

    Bajo esta consigna, también apunta hacia una mejoría de condiciones climáticas para el sector agrícola de la zona metropolitana de México, aunque repite, la baja de ozono en Ciudad de México prácticamente no se va a notar en el corto plazo.

    Con base en este escenario, se puede manifestar que la estrategia de desmovilización social aplicada en algunos países del mundo sí va a generar mejorías ambientales inmediatas para las zonas aledañas de las ciudades con mayor concentración contaminante. Pero no seguirá esa tendencia, mientras no haya medidas en torno a las actividades que afectan las condiciones medioambientales.

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