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    MOSCÚ (Sputnik) — Entre sorprendidos y desilusionados han despedido los moscovitas el invierno de 2019-2020.

    A una ciudad acostumbrada al blanco del espeso manto de nieve usual por esta época del año, le choca constatar que esta vez hubo que guardar los trineos y esquíes a buen recaudo, al enfrentarse al invierno más cálido de toda la historia de las observaciones meteorológicas.

    Con una temperatura media de cero grados centígrados o 7,7 grados por encima de la norma, los meteorólogos destacan que durante este invierno pasado los récords de temperatura máxima fueron batidos 11 veces.

    Hacia finales de febrero, en gran parte de Moscú había desaparecido la nieve, un fenómeno tan raro que podría ocurrir apenas una vez en cien años.

    Bienvenida primavera

    La primavera en Moscú continuará la tradición del cálido invierno, la temperatura del aire en los primeros días de marzo puede alcanzar más de 13 grados, dijo a Sputnik un destacado especialista del centro meteorológico de Phobos, Evgueny Tishkovets.

    "En Moscú, que, por cierto, es la tercera capital del mundo en climas fríos, la temperatura promedio del aire en invierno fue positiva y ascendió a más de 0,5 grados. Esto es más cálido que los indicadores de temperatura a largo plazo de capitales como Estocolmo, Oslo, Varsovia, Kiev y Bucarest, y es similar al clima invernal de Berlín, Praga, Bratislava, Sofía y Viena", dijo.

    Según el especialista, la primavera continuará esta tendencia. Del 5 al 6 de marzo, el aire se calentará a temperaturas sin precedentes, a 8-13 grados "El récord anterior de 1995 caerá", aseguró.

    La capa de nieve desaparecerá por completo el 5 de marzo. Los pronósticos no excluyen la posibilidad de que todavía pueda caer nieve ligera, pero será un fenómeno a corto plazo.

    Con estos indicadores, los insectos y otros animales comienzan a confundirse. Las mariposas y las mariquitas salieron de la hibernación antes de tiempo debido a un largo período de clima anormalmente cálido, según el Museo Zoológico de la Universidad Estatal de Moscú, que constató hallazgos de invertebrados en la capital en pleno invierno.

    Para los especialistas, todos estos cambios en la temperatura de Moscú y otros lugares del país, guarda estrecha relación con el cambio climático, lo cual genera incertidumbre de cara a próximas temporadas para una población habituada a vivir con intensidad cada estación del año.

    No solo rusia

    Las anomalías climáticas se hacen cada vez más frecuentes por todo el mundo, en particular fueron sensible este año en la Antártida, constató en diálogo con Sputnik el capitán Mauricio Nicolás Laurizi, jefe del Centro Meteorológico de la base argentina Marambio, en el llamado continente blanco.

    En la estación argentina Esperanza, en el extremo norte de la península Antártica, se observó una temperatura récord de 18,3 grados centígrados, la cifra más alta jamás registrada en la instalación desde 1961; mientras, en Marambio, el termómetro llegó a 14,1 grados positivos, la temperatura más elevada para un febrero desde 1971.

    "Estas temperaturas por encima de los valores normales, estas anomalías se están dando cada vez con mayor frecuencia y acompañadas por fenómenos como precipitaciones líquidas, y fenómenos que no eran tan usuales ver con frecuencia aquí en la zona", comentó.

    En este contexto, alertó de los efectos que semejantes temperaturas tienen sobre el ecosistema y "en particular sobre el medioambiente cuando se dan en periodos prolongados de anomalías por encima de los valores normales".

    Según la Organización Meteorológica Mundial (WMO, por sus siglas en inglés), la península Antártica es una de las regiones del mundo más afectadas por el cambio climático, con un aumento de las temperaturas en casi 3 grados centígrados en los últimos 50 años. Si la Antártida se derrite por completo, advierten, el nivel del mar se elevaría unos 60 metros.

    El mundo en peligro

    A pesar de que algunos se empeñan en negar la evidencia, el cambio climático se hace sentir cada vez más, y sus consecuencias son todavía impredecibles.

    Un reciente informe advirtió de las amenazas irreversibles para la seguridad global que puede implicar el cambio climático

    "Incluso en escenarios de bajo calentamiento, cada región del mundo enfrentará riesgos severos de seguridad nacional y global en las próximas tres décadas. Mayores niveles de calentamiento implicarán riesgos catastróficos y probablemente irreversibles a lo largo del siglo XXI", dice el informe del Centro Estadounidense para el Clima y la Seguridad.

    El documento explica que un escenario de cambio climático a corto plazo, en el que el planeta experimente a mediados de este siglo un calentamiento de entre uno y dos grados centígrados respecto de las temperaturas preindustriales, implicará amenazas de seguridad "altas" y "muy altas".

    Un escenario de mediano plazo, en el cual la temperatura media del planeta subiera entre dos y cuatro grados centígrados, entrañaría una amenaza "muy elevada" o "catastrófica" para la seguridad global y nacional, indica el reporte.

    El planeta ya experimenta un calentamiento de casi un grado respecto de las temperaturas previas a la era industrial.

    El Gobierno de Donald Trump en EEUU desmanteló muchos decretos presidenciales y regulaciones destinadas a mitigar el cambio climático, entre ellas el abandono del Acuerdo de París sobre Cambio Climático de 2016, destinado a limitar las emisiones de gases que recalientan la atmósfera.

    El argumento de la Casa Blanca es que las presuntas consecuencias del cambio climático están exageradas, o bien destinadas a obligar a EEUU a pagar miles de millones de dólares a otros países.

    Sin soluciones a la vista

    Incluso ante estas perspectivas, los líderes mundiales no han logrado ponerse de acuerdo y se dan el lujo de desaprovechar intentos como la reciente XXV Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Cambio Climático (COP25), que finalizó en Madrid en diciembre con una sensación general de fracaso.

    Los países participantes no pudieron alcanzar compromisos sobre cómo desarrollar el artículo 6 del Acuerdo de París para regular los mercados de carbono, un asunto central en la agenda de la cumbre.

    Al menos se consiguieron acuerdos sobre la implementación de un Plan de Acción de Género para proteger de forma específica a las mujeres ante el cambio climático o la renovación del mecanismo de pérdidas y daños para proteger a los países más vulnerables, así como para aumentar los planes nacionales de reducción de emisiones —conocidos como NDC— para el año 2020.

    Estos acuerdos no enmascararon la sensación general de fracaso en la cumbre, que tras la prórroga de dos días se convirtió en la COP más larga de la historia.

    "Hoy los países hemos quedado en deuda con el planeta", dijo la presidenta de la cumbre, la ministra chilena de Medio Ambiente, Carolina Schmidt.

    En su discurso de cierre de la conferencia, Schmidt recordó que "el mundo está mirando" y "espera soluciones concretas" para reducir el aumento global de las temperaturas, algo que a su modo de ver no se logró en Madrid.

    "Hoy no estamos satisfechos. Los acuerdos alcanzados por las partes son insuficientes para enfrentar con sentido de urgencia la crisis del cambio climático. Aún no están los consensos para aumentar la ambición a los niveles que necesitamos", agregó.

    Uno de los puntos clave de las discusiones en Madrid consistió en cómo formular una petición para animar a los países a aumentar sus ambiciones respecto a las contribuciones nacionales para frenar el cambio climático.

    El Acuerdo de París obliga a sus firmantes a presentar planes de reducción de emisiones para contener el aumento de la temperatura global por debajo de los 2 grados centígrados —y a ser posible en torno a los 1.5— antes de finales de siglo.

    La comunidad científica alertó de forma reiterada que con los planes de reducción actuales el aumento de la temperatura a finales de siglo estará como mínimo por encima de los 3 grados, lo que supondría un incumplimiento flagrante de los Acuerdos de París.

    Durante la cumbre, tanto la Unión Europea como la mayor parte de actores de Latinoamérica y los pequeños estados insulares empujaron por conseguir acuerdos concretos sobre el aumento de la ambición, con la vista puesta en conseguir la neutralidad de carbono para 2050.

    Sin embargo, permanecen ajenos a esta iniciativa los principales países emisores de gases de efecto invernadero e importantes países petroleros como China, India, EEUU, Rusia, Canadá o Arabia Saudí, que durante la cumbre intentaron evitar la consecución de compromisos concretos para un mayor alcance de las NDC en 2020.

    En su declaración final, la cumbre apenas alentó a los países a "aprovechar la oportunidad en 2020" para aumentar la reducción de sus emisiones ante la "la urgencia de abordar el cambio climático", pero esto se queda en retórica.

    Pero lo cierto es que, si la comunidad internacional no adquiere un mayor compromiso climático de cara al futuro, podemos prepararnos para guardar permanentemente los esquíes… y ese será el más pequeño de nuestros problemas.

    Etiquetas:
    COP25, Acuerdo de París, cambio climático, invierno, Rusia
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