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    Jair Bolsonaro, presidente de Brasil

    Bolsonaro, sin piedad contra la Amazonía

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    Medioambiente
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    Desde que el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, asumió el cargo en enero, el área boscosa de la Amazonía ha perdido más de 3.000 kilómetros cuadrados. A pesar de los esfuerzos de los Gobierno anteriores y de los grupos ambientalistas por recuperar la zona, la motosierra de Bolsonaro no tiene piedad y está acabando con todo a su paso.

    El mandatario y todo su ejecutivo están empeñados en negar las cifras de deforestación reveladas por el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe). El ministro de Medio Ambiente, Ricardo Salles, anunció este 1 de agosto que Brasil adoptará en breve un nuevo sistema para obtener los datos de deforestación.

    En la actualidad, el Inpe, vinculado al ministerio de Ciencia y Tecnología, ya capta imágenes vía satélite en tiempo real, aunque los último datos revelados no agradaron nada al mandatario, quien ha recibido fuertes críticas de importantes expertos internacionales.

    Según el Inpe, en junio en junio la deforestación de la Amazonía aumentó un 88% respecto al mismo mes del año anterior, aunque tanto el presidente como el ministro de Medio Ambiente niegan tal aumento.

    Salles atacó los datos oficiales del Inpe y dijo el sistema de Detección de Deforestación en Tiempo Real (Deter) no puede usarse para medir la deforestación porque éste tiene lapsos temporales y añadió que las talas de árboles que sólo se contabilizan hasta meses después y que los datos estaban doblemente computados. Por tanto, "el salto de 88% no es verdad", insistió el ministro este jueves.

    Brasil contiene el 40% de las selvas tropicales de la Tierra y alberga entre el 10 y 15% de las especies terrestres del mundo. Todas las maravillas naturales contenidas en la Amazonía han sido agredidas en los últimos 50 años, para la construcción de carreteras y represas, o por la tala, la minería, la agricultura de soja y la ganadería. 

    Después de un esfuerzo por frenar esta destrucción, los Gobiernos de Luiz Inácio 'Lula' Da Silva y de Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores) lograron que en 2013 se vieran los primeros resultados de la recuperación en la zona, tras frenar con leyes y decretos el efecto de la acción humana.

    Pero desde que la llegada al poder del Bolsonaro, la destrucción ha vuelto y, aunque en el 80% de la Amazonía la tala sigue siendo ilegal, los árboles han comenzado a desaparecer a un ritmo vertiginoso: más de 3.000 kilómetros cuadrados de bosque han sido talados, indicó The New York Times.

    Aunque el Congreso brasileño y los tribunales han bloqueado algunos de los esfuerzos del mandatario por eliminar la categoría de "área protegida" a algunas zonas de la Amazonía, Bolsonaro ha dejado en claro que está por encima del bien y el mal.

    Durante una conferencia de prensa en julio, dijo con toda la autoridad del mundo: "La amazonía es nuestra, no de ustedes (...) y los datos de deforestación son falsos". Pero su asesor de Seguridad, Augusto Heleno Pereira, ya lo había augurado dos meses atrás cuando sin parpadear señaló que "toda esa idea de que Amazonas es Patrimonio de la Humanidad es una tontería".

    Según los expertos, esta degradación en el ecosistema de la Amazonía puede afectar la absorción de dióxido de carbono, lo que aumentaría gravemente el calentamiento global y provocaría la extinción de disímiles especies de animales y plantas, y por supuesto, marcaría el fin de la humanidad.

    La Amazonía es la mayor reserva forestal del mundo, reconocida como el gran pulmón del planeta con 7,4 millones de kilómetros cuadrados. La responsabilidad que tienen las autoridades brasileñas de salvaguardar este ecosistema es enorme, pues tienen en sus manos la supervivencia humana. 

    Etiquetas:
    amazonía, deforestación, Jair Bolsonaro, Brasil
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