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    "La desalinización es algo que Brasil tiene que empezar a considerar a nivel estratégico"

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    RÍO DE JANEIRO (Sputnik) — Con 12% del agua dulce del planeta, Brasil es el país con mayores recursos hidrológicos del mundo, pero su distribución es tan desigual que a mediano plazo técnicas como la desalinización serán prácticamente obligatorias para garantizar su acceso a toda la población, advirtió un especialista a Sputnik.

    "La riqueza hídrica del país es un hecho, pero también sabemos que la distribución es muy desigual (…) no hay agua suficiente, hay que repensar la matriz hídrica, tenemos aguas superficiales y subterráneas, ok, pero hay que introducir la reutilización, el control de pérdidas y la desalinización", dijo a Sputnik Gertjan Beekman, coordinador de Recursos Naturales, Gestión Ambiental y Adaptación a los Cambios Climáticos del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).

    En Brasil existe la creencia popular (en cierta forma verdadera) de que el país está bendecido con todo tipo de recursos naturales; pero mientras que el agua abunda en la cuenca del Amazonas (donde sólo hay 4,12 habitantes por kilómetro cuadrado) escasea en otras regiones.

    En el sureste del país, donde se encuentran metrópolis como Sao Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, la densidad de población es de 86,92 habitantes por kilómetro cuadrado, pero la región apenas concentra el 6% de los recursos hídricos del país.

    La situación es más extrema en el noreste, con 3,3% de las aguas del país pero con una densidad de 34,15 habitantes por kilómetro cuadrado, según datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

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    Esta región está dominada por un ecosistema semiárido, donde históricamente se suceden las sequías y que hasta hace pocos años sufría con hambrunas que diezmaban su población en los peores años.

    Una de las medidas que ayudó a cambiar ese panorama fue el trasvase de agua del río Sao Francisco, un enorme proyecto de infraestructura que tuvo el impulso definitivo durante el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011) pero que no es suficiente para calmar la sed de esa zona del país.

    Beekman apuntó que la solución está en la desalación y puso como ejemplo el programa Agua Dulce del ministerio de Medio Ambiente, que opta por usar aguas salobres subterráneas en pequeñas aldeas del interior, posibilitando el consumo humano y la agricultura.

    Desde su inauguración, hace 12 años, el programa atendió a más de 3.000 municipios y a 100.000 beneficiados sin necesidad de grandes obras faraónicas.

    "Ha funcionado a las mil maravillas porque está condicionado a la capacidad de los acuíferos", explicó Beekman, y añadió: "La población recibe agua de excelente calidad y el impacto es muy positivo, ya apenas hay enfermedades relacionadas con el agua".

    Además de los beneficios obvios de disponer de agua en un lugar donde no antes no había, el proyecto tiene otros efectos secundarios positivos, ya que los residuos de la desalinización van a un taque donde se practica la piscicultura (crianza artificial de peces a gran escala) de Tilapia, especie de pez que enriquece de nutrientes el agua, la que también sirve para regar una planta que después se usa como alimento para la ganadería

    "La desalinización es algo que Brasil tiene que empezar a considerar a nivel estratégico", subrayó el especialista, alertando de que el cambio climático traerá sequías más extremas y duraderas y que podrán repetirse episodios como el de 2015, cuando Sao Paulo casi se queda sin agua al secarse la reserva de Cantareira.

    De a poco las autoridades parecen estar tomando conciencia de la situación.

    Hace unas semanas el Gobierno de Ceará (una de las regiones más secas del noreste) anunció la construcción de una planta desalinizadora en la capital, Fortaleza, junto al mar; será la primera de sus características en Brasil.

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    Beekman remarcó, no obstante, que la desalinización debe ir acompañada de otras medidas, como aumentar el porcentaje de uso de agua reutilizada y reducir las pérdidas que se producen debido al mal estado de tuberías y canales.

    "Brasil pierde más del 40% del agua en distribución; eso en sí es un enorme manantial", explicó.

    De origen holandés pero afincando en Brasil desde hace años, Beeekman trabaja para el IICA, organismo internacional ligado a la Organización de los Estados Americanos (OEA), con actuación en 34 países, y participó en un programa de desertificación en América del Sur que involucró a seis países, así como en la construcción de la mayor presa de Brasil, la de Tucuruí, entre otros proyectos.

    Es uno de los cientos de especialistas en gestión de recursos hídricos que en los últimos días pasó por el VIII Foro Mundial del Agua que se celebró en Brasilia.

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    Etiquetas:
    abastecimiento, recurso, medio ambiente, agua dulce, reservas, agua, Brasil
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