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    Inundaciones en Argentina (archivo)

    La catástrofe natural olvidada: la Pampa argentina bajo el agua

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    La Pampa argentina, conocida como el 'granero del mundo', se encuentra completamente inundada por las copiosas lluvias que azotaron a la región. Cambio climático, mal manejo de los suelos y falta de inversión en infraestructura se mezclan en una catástrofe para la zona más productiva del país.

    Las inmensas llanuras de la Pampa argentina, normalmente cubiertas de infinitos mantos de soja, maíz o trigo, ahora están completamente anegadas. El país está en vilo y no es para menos: se encuentran bajo agua al menos 10 millones de hectáreas —una superficie ligeramente menor a la de Cuba— de la tierra más productiva de las provincias de Buenos Aires y La Pampa, motores del modelo agroexportador de Argentina.

    Esta situación de crisis hace temer a los productores rurales, especialmente en un contexto económico tambaleante, explicó a Sputnik Manuel Lucero, dirigente de la Federación Agraria Argentina (FAA).

    "El distrito de la provincia de Buenos Aires donde vivo, General Villegas, tiene 726.000 hectáreas. El 80% es agrícola —en los últimos años especialmente con soja— y el 20% restante, ganadero. Ahora venimos sufriendo inundaciones desde hace un año y medio, por el aumento de la media de lluvias", explicó el productor.

    "De una media de 900 milímetros, en los últimos cuatro años el registro anual de lluvias pasó a 1.300 o 1.400 milímetros. Se incrementó entre un 30 y 40%", agregó.

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    El territorio argentino presenta una pendiente desde el oeste hacia el este en dirección al Atlántico, indicó Lucero, por lo que todos los ríos provenientes de las demás provincias pasan por tierras bonaerenses. Allí, "el declive es muy pequeño, así que el escurrimiento natural es muy lento".

    Es especialmente preocupante la situación en la cuenca del río Salado, "una gran depresión" que abarca unas 11 millones de hectáreas "muy importantes desde el punto de vista productivo agrícola y ganadero". La canalización de esta zona está en el debe de las autoridades: de cinco etapas, faltan dos por concluir, indicó el dirigente de la FAA. Culminar este proceso, puntualizó, "lleva su tiempo".

    La región, azotada ya por la caída de los precios de las 'commodities' y el fuerte golpe que ha sufrido el sector lechero —de 15.000 establecimientos hoy hay unos 9.000, según Lucero— necesita acciones inmediatas. Entre las exigencias están obtener "créditos blandos" con plazos de 10 años para poder recuperarse de los embates del clima.

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    Según cifras de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) citadas por el periódico Ámbito Financiero, las pérdidas económicas por las inundaciones ascenderían a 1.500 millones de dólares. Lucero indicó por su parte que "se habla de 4.000 millones de dólares". El dirigente destacó que no solo se debe considerar "lo perdido" sino lo que no se podrá hacer debido al agua.

    "En mi zona esta semana recibimos en promedio entre 40 y 60 milímetros. Esto hace que se hayan vuelto a inundar los campos. La napa está muy alta y pronto comienza la siembra del maíz. Si sigue lloviendo posiblemente no se pueda hacer nada o por lo menos la superficie de siembra del maíz, sobre todo el de primera, se va a ver restringida", indicó el productor.

    "En este momento no hay piso para realizar labores", remató.

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    Hay quienes ponen el énfasis del problema no solo en el aumento de lluvias sino en el manejo de los suelos. El 'boom' exportador de la soja en la época de alza en los precios de ese producto multiplicó las extensiones dedicadas a su cultivo, que en la actualidad es el "principal" de Argentina, de acuerdo con un informe del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de ese país (INTA).

    El 'granero del mundo' pasó de producir 40,5 millones de toneladas de soja en la temporada 2002-2003 a 57 millones en 2014-2015. Ese cultivo es el mayor, "no sólo por la producción, sino por la superficie ocupada. En la actualidad representa el 55% de las casi 37 millones de hectáreas que se siembran", dice el documento.

    Según explicó al diario Página/12 el director del Instituto de Suelos del INTA, Miguel Ángel Taboada, "lo que sucedió en los últimos 25 años fue que desaparecieron 8 millones de hectáreas de pasturas y 5 millones de hectáreas de bosque, que consumían muchísima agua por año".

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    "Esas 13 millones de hectáreas fueron destinadas principalmente al monocultivo de soja —que no tiene nada de malo en sí como cultivo—, que consume la mitad o menos de agua y hace que el suelo tenga menos absorción", dijo Taboada al periódico argentino.

    De acuerdo con el especialista, en 2001 el nivel de lluvia era casi el mismo que el actual, pero el negocio de la soja no había alcanzado un desarrollo tan grande.

    ​Hay similaridades entre estas inundaciones y las provocadas por el huracán Harvey que provocaron un desolador panorama en Houston (Texas), la cuarta urbe de EEUU. En el último caso, se trató de la urbanización no planificada que dejó de lado la sustentabilidad y el manejo responsable del suelo.

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    La población de la ciudad norteamericana creció en un 42% entre 1995 y 2015. El negocio inmobiliario se expandió y al menos 10.000 hectáreas de pantanos y humedales fueron drenados y urbanizados, de acuerdo con un estudio de la universidad A&M de Texas citado por la agencia AFP.

    Este manejo del suelo quitó la posibilidad del territorio de absorber el agua. El resto ya pasará a la historia: la inundación alcanzó un metro y medio, dejó 47 muertos, desplazó a miles de personas, destruyó hogares y oficinas y medio millón de autos quedaron inutilizados.

    ​En estas catástrofes, así como en la devastación que provocó el huracán Irma, la furia de la naturaleza parece aterrar al hombre. Quizás es momento de que la humanidad se siente a reflexionar si no es a sí misma a la que le debe tener miedo.

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