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    La superpotencia barata

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    En esta edición de nuestro programa hablaremos de superpotencias caras y baratas y de cómo proyectan su poder en el mundo.

    Cabe precisar que no hemos inventado estas definiciones nosotros, sino las encontramos en los medios internacionales."Rusia: La "superpotencia barata" que ha puesto a temblar a los países más poderosos del mundo", es el titular que aparece esta semana en la página web de la televisión NTN24.

    Se refiere a un programa de televisión llamado Efecto Naím del reputado columnista Moisés Naím, uno de los más leídos en el idioma español. Sus columnas semanales sobre la realidad mundial son publicadas por los principales diarios de América Latina así como por El País de España y La Repubblica de Italia. En 2011 recibió el Premio Ortega y Gasset, el premio más prestigioso del periodismo español.

    Pues nuestro colega sostiene que actualmente existen dos tipos de superpotencias mundiales: caras y baratas. Según la clasificación de Naím, hay Estados que gastan miles de millones de dólares para proyectar su poder en el escenario global.

    Pero, continúa Naím, también hay superpotencias baratas. En uno de sus programas recientes explora cómo, en su opinión, Rusia ha logrado influir más allá de sus fronteras, a muy bajo costo.

    Esa clasificación o división parece tanto curiosa, como muy sintomática. Les ofrecemos un fragmento del programa Efecto Naím para que tengan mejor idea.

    Una introducción perfecta para entender a qué conduce el autor…

    La tesis que defiende es que no solo hay que saber gastar miles de millones de dólares en intervenciones por todo el mundo, sino también ser inteligente, saber calcular bien…

    Porque una de las razones que permitió que Rusia surgiera de nuevo como una superpotencia tras la desaparición de la Unión Soviética, sea cara o barata, es un error de percepción por parte de Estados Unidos. Nos acordamos perfectamente de las palabras de a la sazón presidente de Estados Unidos Barack Obama de que Rusia es una potencia regional con numerosos puntos flacos, o algo así.

    Nuestro colega, columnista internacional y periodista Moisés Naím, también considera que se trata de un momento clave para la carrera de las dos superpotencias. Les ofrecemos otro fragmento del programa Efecto Naím.

    Es decir, un enfoque erróneo de una superpotencia cara, o sea Estados Unidos, ha ayudado a Rusia actuar como una superpotencia barata en el escenario internacional pagando menos de la cuenta habitual…

    Sin duda se trata de un planteamiento muy inteligente por parte de Rusia.

    Más aún, por que gastar miles de millones por si solo no garantiza que consigas tus objetivos. Tiene toda la razón nuestro colega Moisés Naím, cuando dice que actualmente hay atajos que le permiten a un gobierno intervenir en otro país, o en más de uno, debilitando a sus adversarios internacionales, o dominándolos, sin tener que hacer inversiones masivas.

    Entonces ¿para qué gastar tanto dinero? En su reportaje Naím trata de analizar cómo la Rusia de Vladímir Putin proyecta poder más allá de sus fronteras a bajo costo, y qué consecuencias tiene todo esto para el mundo.

    Hay que destacar que el columnista no es original a la hora de enumerar todos los pecados de Moscú en el escenario internacional. Habla de los hackers y las injerencias rusas en procesos políticos en Occidente, en particular en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, se refiere al caso Skripal, a "los envenenamientos". Su tesis es que para ser una superpotencia barata hay que ignorar las reglas de juego en el escenario internacional… 

    El analista político Andrew Weiss considera que la política internacional de Moscú cambió después de las protestas callejeras no autorizadas en Rusia del 2012 y que este cambio fue una sorpresa para Occidente.

    Les ofrecemos un fragmento de su comentario al programa Efecto Naím.

    El señor Weiss defiende la misma tesis que el autor del programa Moisés Naím, que Occidente al igual que Barack Obama desestimó las posibilidades de Rusia de influir en los procesos que se llevan a cabo en el escenario internacional. Por lo que hemos visto en los últimos ocho años, la influencia rusa va mucho más allá de la que tiene una potencia regional.

    Más aún, el señor Weiss advierte de que Occidente sigue prestando demasiada atención a la situación económica en Rusia, viendo como una debilidad la dependencia de la economía rusa del mercado internacional de hidrocarburos.

    El analista destaca que las potencias occidentales tienen que darse cuenta de que incluso una potencia que no va bien económicamente puede tener una fuerte proyección en la política internacional si es suficientemente inteligente para hacerlo.

    Les ofrecemos otro fragmento de su comentario al programa Efecto Naím para que tengan mejor idea.

    Aunque la tesis de una superpotencia barata parece totalmente acertada, no podemos estar de acuerdo en que Rusia tiene la culpa en lo que Weiss llama "la desestabilización" de las potencias Occidentales.

    La realidad es que en muchas ocasiones la propia política nacional o internacional de estos Estados es la razón de que la situación dentro o fuera de sus fronteras se desestabilice.

    Un buen ejemplo en este sentido es cómo Rusia aprovecha el colapso, según algunos medios internacionales de relaciones entre Estados Unidos y Palestina. "Palestina estrecha lazos con Rusia mientras colapsa su relación con EEUU", titula a uno de sus reportajes la edición en español de la CNN.

    Es verdad que el interés del presidente de Rusia Vladímir Putin en Palestina viene desde antes de la presidencia de Trump y el colapso de las relaciones entre Estados Unidos y Palestina. Incluso durante los años de la administración de Obama, Rusia estaba ocupada dejando su huella en lugares como Jericó y Belén.

    Y la mejor prueba de que el Kremlin ha prosperado con su política en Oriente Medio es que el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, actualmente busca el apoyo de Rusia con el "Acuerdo del Siglo" de Trump que algunos líderes palestinos ya han denominado como la "bofetada del siglo".

    "Netanyahu busca el apoyo de Putin con el "Acuerdo del Siglo" de Trump", titula la edición en español de la CNN.

    Es decir sin el "sí, quiero" de la superpotencia barata, alias Rusia, el llamado "Acuerdo del Siglo", que iba a ser un triunfo del presidente de la superpotencia barata, alias Estados Unidos, Donald Trump, no tiene futuro. Y eso incluso lo entiende el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu…

    ¿Qué quiere decir esto? Que no es tan malo ser una superpotencia barata y que Occidente, en particular Estados Unidos, efectivamente ha hecho un error estratégico al considerar en serio a Rusia una potencia regional partiendo de sus resultados económicos.

    La respuesta de Rusia a semejante "falta de educación" ha sido una sorpresa para el mundo occidental. Pero al parecer el principal problema de Occidente es que pese a lo que ha pasado en los últimos ocho años no ha aprendido de la lección y sigue viviendo en un imaginario mundo unipolar, con el único polo del poder ubicado en Washington.

    Mientras tanto, Rusia, "la superpotencia barata", en la clasificación de nuestro colega Moisés Naím, está presente más que nunca en el escenario internacional. Y no hay más remedio que adaptarse a esta realidad.

    Etiquetas:
    intervención, caso Skripal, EEUU, influencia, economía, Vladímir Putin, Rusia
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