En directo
    Deporte
    URL corto
    Por
    0 30
    Síguenos en

    MANAGUA (Sputnik) — En las transmisiones de la reciente Serie Mundial de las Grandes Ligas de Béisbol de Estados Unidos los acercamientos de la cámara a la mancha negra que lucía sobre la espalda el uniforme del tercera base de Los Ángeles Dodgers, Justin Turner, constituyó un pequeño sello del espectáculo televisivo.

    Muchos llegaron a preguntarse si el manchón de "Barba Roja" sería un fetiche o una cábala de las que tanto abundan en el deporte.

    Sin ir muy lejos, en el mismo circuito beisbolero las barbas que exhibieron en sus rostros todos los jugadores de los Medias Rojas de Boston hicieron historia cuando ganaron la Serie Mundial de 2013.

    La moda iniciada por el defensor de primera base, Mike Napoli, a quien sus compañeros elogiaban la barba cuando conectaba un jonrón, terminó por ser el amuleto de la escuadra y al final de la temporada todos la portaban.

    Los "patirrojos" venían de una marca perdedora de 69-93 en la campaña precedente, y el hirsuto pelambre facial pareció empujarlos hacia la conquista del anillo en la recordada "Serie de David Ortiz", en referencia al desborde ofensivo del dominicano más conocido como "Big Papi".

    A propósito de barbas, el astro sueco del tenis Bjorn Borg acostumbraba a dejársela crecer justo cuatro días antes del comienzo de su torneo fetiche, Wimbledon.

    Las cinco veces consecutivas que alzó la piña dorada sobre la pista central del All England Lawn Tennis and Croquet Club (1976-1980) fueron un buen argumento para prescindir de la maquinilla durante los 15 días del torneo de tenis más antiguo.

    Quizá la Copa Mundial de fútbol ganada por Francia en París, el 12 de julio de 1998, sea menos recordada por los dos goles de Zinedine Zidane en la Final frente a Brasil, que por los besos que al inicio de cada partido depositaba el zaguero central galo Laurent Blanc sobre la calva del portero Fabien Barthez.

    El exfutbolista Diego Armando Maradona besa una réplica de la Copa del Mundo en el balcón de la Casa Rosada
    © AP Photo / Marcos Brindicci
    Ninguno de los dos quiso explicar luego el porqué del beso-amuleto.

    Blanc debió ver la final desde las gradas del Stade de France, por sanción en semifinales, pero antes de saltar al césped camino de la gloria sus compañeros protagonizaron el ritual colectivo en el vestuario.

    Otro portero exitoso es el argentino Sergio Goycochea, quien satisfizo unos deseos irresistibles de orinar previo a la definición por penaltis del partido contra Yugoslavia en el Mundial de Italia 1990, en un rito que también le dio rédito en la tanda desde los 12 pasos contra la escuadra anfitriona, en la fase siguiente.

    En la final contra Alemania, "el Goyco" no pudo parar el polémico penal decretado por el mexicano Edgardo Codesal y convertido por Andreas Brehme en el minuto 85, para revertir la final de cuatro años antes en México, donde Argentina alzó la copa.

    Quizás esa fue la historia porque la dinámica del juego no le dio al arquero la oportunidad de aliviar la vejiga, aunque sea detrás de un biombo improvisado con las piernas de sus compañeros.

    El mítico Michael Jordan jugaba al máximo nivel del baloncesto mundial con sus propios talismanes: los pantalones del Tar Heels, el equipo de su universidad (Carolina del Norte), debajo de los shorts de Chicago Bulls y debido a ello terminó convirtiendo en una tendencia el ancho de la prenda inferior en los uniformes de la NBA.

    El infaltable polo rojo del golfista Tiger Woods en la última fecha de los torneos, las ocho botellas de agua por partido que se bebe el tenista suizo Roger Federer, o el mismo cinturón negro de toda la vida usado por el judoca francés y doble campeón olímpico Teddy Riner, son parte de la colección de amuletos del deporte mundial.

    De las grandes estrellas contemporáneas, el crack portugués Cristiano Ronaldo aporta buena cuota a la colección de manías: es el último en entrar a la cancha, religiosamente ocupa el penúltimo asiento de la fila del conductor en el autobús del equipo, la primera pisada la césped la hace con el pie derecho y en los partidos de selección el capitán luso a diferencia de sus compañeros juega con camiseta de mangas largas.

    Para el entrenador brasileño José Roberto Guimarães, una institución del voleibol mundial, en sus triunfos olímpicos de Barcelona (torneo masculino) y Londres (femenino) le acompañó la suerte de encontrarse con un jorobado y tocarle la giba el día de la final.

    El astro argentino Lionel Messi mira y apunta al cielo con sus dedos; dedica cada uno de su ramillete de goles a la abuela Celia, y, en el plano doméstico, no se va a la cama sin dejar preparada la mesa para el siguiente día, cuando cada miembro de la familia debe ocupar el mismo sitio para tomar el desayuno.

    La mancha involuntaria de Turner

    Ah, la mancha negra que enfocaban las cámaras de la Serie Mundial sobre la espalda del pelirrojo Justin Turner, nada tiene que ver con superstición o manía alguna.

    El tercer bate de los Dodgers realiza las prácticas de bateo previas al juego con tantas ganas que el madero, empavesado de alquitrán de pino, termina el recorrido (swing) sobre la parte inferior del hombro izquierdo.

    Y el poderoso movimiento imprime su particular sello de tizne sobre las primeras letras del apellido del jugador marcado con el número 10, y considerado el corazón y el alma de los "Excavadores".

    Etiquetas:
    deporte
    Normas comunitariasDiscusión
    Comentar vía SputnikComentar vía Facebook