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    El fútbol moderno en Rusia es deudor de la impronta que dejaron primero una selección vasca y luego la carrera deportiva de varios de sus niños de la guerra. Su talento, resistencia y método obraron una modernización del fútbol en la Unión Soviética. Especie de gen, los españoles nacidos en la URSS también destacaron en hockey y baloncesto.

    Los éxitos acumulados por el deporte español en los últimos años son innegables, sus deportistas han ganado los trofeos más importantes tanto en deportes colectivos como en disciplinas individuales. Apellidos como Gasol, Nadal, Induráin, Iniesta o Fiz son de común reconocimiento en el mundo.

    A raíz de la transformación a la que España sometió a su deporte de cara a la organización de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona, el país pasó a imbuirse de un halo de profesionalidad ―en algunos casos, incluso de sofisticación― que superó el marchamo más reconocible, importado del mundillo futbolístico desde décadas anteriores: la furia. Pero más allá de esta palabra, que parece aludir a una cualidad que mezcla pundonor y una entrega total, hay algo intangible en los deportistas de España que los distingue allá donde comparezcan. Una especie de don cuyo más importante ingrediente es una capacidad competitiva muy alta.

    Este don se reveló de manera especial en la antigua Unión Soviética, país que acogió a unos cuantos miles de niños y exiliados españoles durante y después de la Guerra Civil en España. En la URSS confluyeron dos factores: la garra deportiva congénita de vascos y españoles, y las posibilidades para su desarrollo que les brindó el país de acogida.

    Un talento para la resistencia

    De todas las gestas de los deportistas españoles, las que protagonizaron los futbolistas españoles en la antigua Unión Soviética ilustran perfectamente esta capacidad de resistencia, de superación del desaliento.

    Llegados a la URSS en 1937 siendo todavía niños producto de una evacuación en principio temporal para esquivar los desastres de la Guerra Civil española, las circunstancias históricas obraron que se quedaran por mucho más tiempo. Así fue como los nombres de Agustín Gómez Pagola, Juan Usatorre o Ruperto Sagasti se hicieron célebres en el país soviético en tanto que futbolistas de prestigio. Su historia es la de un talento innato combinado con una capacidad de sufrimiento fuera de lo común, sin duda también labrada durante los años que padecieron las calamidades de la Gran Guerra Patria, que es como se conoce en Rusia a la Segunda Guerra Mundial.

    Y los hijos de los Niños de la Guerra españoles, de alguna manera también dotados con ese don intangible, gestaron figuras del calibre del baloncestista José Biriukov y del as mundial del hockey sobre hielo, el doble campeón olímpico Valery Jarlámov.

    El germen: la gira de la selección vasca de fútbol por la URSS

    El acontecimiento deportivo que actuó como influjo indirecto en aquella generación de españoles en la URSS fue la gira que realizó por el país a partir de 1937 una selección de futbolistas vascos con el fin de recaudar fondos para la causa de la República española en su lucha contra con las sediciosas tropas franquistas.

    En aquel equipo, de nombre oficial Euzkadi (y también Baskonia), había figuras como Guillermo Gorostiza, Isidro Lángara, Emilio Alonso Emilín o los hermanos Luis y Pedro Regueiro. En Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Georgia se enfrentaron a los mejores equipos soviéticos, ganando siete partidos, empatando otro y perdiendo solo uno, envuelto en polémica. El equipo vasco encandiló al público con su fútbol moderno. En Georgia, el espectáculo que rodeó al encuentro contra los locales del Dinamo de Tiflis fue total, fílmico. Los habitantes de la república, además, conectaron emocionalmente con ellos, pues esa parte del Cáucaso, que antaño se denominaba Iberia, se considera como el origen geográfico de la lengua de los vascos: el euskera.

    En Tiflis y Batumi los lugareños, también de nariz grande, además iban naturalmente tocados con boinas: como ellos. Hasta 300.000 personas solicitaron entradas para un estadio en la capital georgiana donde sólo cabían 40.000, seducidos por los comentarios que aseguraban que aquellos parientes lejanos jugaban tan bien de cabeza como con los pies. Un gran cartel dominaba la tribuna: "Bienvenidos". Y los futbolistas locales se referían a ellos como "hijos de la heroica España, del País Vasco". El partido terminó con un resultado de 2-0 favorable para Euzkadi.

    Al término de la gira, en la que solo el delantero Lángara metió 17 goles, los entrenadores soviéticos adoptaron muchos de los criterios tácticos presentados por la selección de Euzkadi: juego por las bandas y un medio centro combinado por la defensa, una apuesta que superaba a la entonces dominante en la URSS densa barrera de cinco centrocampistas que porfiaban por conducir al equipo en línea. La atención que el juego de los vascos mereció, derivó en una especie de prestigio a priori para con los niños evacuados de la República, algunos ya adolescentes y con notables aptitudes futbolísticas.

    "Los vascos nos abrieron la mente en el plano táctico", comentaba a los medios durante el Mundial de Rusia de 2018 uno de sus embajadores, Nikita Simonián, de 93 años en la actualidad, exvicepresidente de la Unión de Fútbol de Rusia y exjugador del Spartak. Nikolai Starostin, fundador del Spartak de Moscú, dijo en su tiempo que el fútbol soviético nació gracias a la gira de la selección vasca.

    Futbolista y activista político

    La vida del vasco Agustín Gómez Pagola da para una película y de las buenas. Fue defensa titular en el Torpedo de Moscú y miembro de la selección olímpica soviética en los Juegos de Helsinki de 1952. Acabó su carrera en el Atlético de Madrid, luego de volver a España en el marco del regreso de parte de los niños evacuados veinte años atrás. En la URSS estudió ingeniería en la Universidad Técnica de Moscú, en cuyo equipo de fútbol destacó.

    La invasión de las fuerzas del III Reich en junio de 1941 le sorprendió cuando integraba las filas del equipo Krasnaya Roza [Rosa Roja]. Se alistó al Ejército Rojo y cuando acabó la contienda jugó en la ciudad de Samara integrado en el Krylia Sovietov. En 1947 le fichó el Torpedo de Moscú, donde desarrolló una rutilante carrera que sazonó con diversos triunfos y su participación olímpica en Helsinki en 1952. Era uno de los favoritos de la afición, impresión que agrandó su decidida intercesión en favor de un árbitro al que unos hinchas querían agredir durante la disputa de un partido contra el Dinamo de Tiflis. Disputó 185 partidos con el Torpedo entre 1949 y 1956.

    Pero la vocación política de Agustín Gómez es igualmente importante. Era miembro del Partido Comunista de España (PCE) y se implicó en la vida política de la comunidad española de la URSS, donde la histórica dirigente Dolores Ibárruri llegó a asistir a las reuniones convocadas en su casa. Cuando regresó a España en 1956, tuvo dos misiones: intentar fichar por un equipo de fútbol español y ayudar en la organización del PCE en la clandestinidad. Logró jugar un partido amistoso con el Atlético de Madrid frente a los alemanes del Fortuna de Dusseldorf, pero su edad (35 años) y bajo estado de forma no dejaron una buena sensación y finalmente fue descartado. El público lo trató mal, gritándole desde las gradas "¡Rojo!" y "¡Ruso!" de forma peyorativa.

    Las fuerzas de seguridad del régimen franquista ya le habían interrogado nada más desembarcar en Valencia en 1956, recién llegado de la URSS. Los interrogatorios eran supervisados por la CIA. Días después del partido lo volvieron a hacer, habida cuenta de sus sospechas. La presión agobiante policial llevó a Agustín Gómez a trasladarse al País Vasco, a Tolosa, donde entrenó al equipo local y al Real Unión. En 1961 fue arrestado en San Sebastián en el marco de una redada contra dirigentes comunistas en la clandestinidad y conducido a la prisión madrileña de Carabanchel, donde se le torturó brutalmente. Pero no habló.

    La presión internacional promovida por la URSS obró su liberación, pues el régimen franquista se vio atrapado en un escándalo diplomático en un momento en que se jugaba una tímida apertura de cara al exterior. Gómez se exilió primero a Venezuela y luego a París. Durante los años sesenta mantuvo una línea de enfrentamiento con Santiago Carrillo, secretario general del PCE, pues este abogaba por llevar al partido hacia posiciones eurocomunistas y el exfutbolista defendía una línea prosoviética. Su enfrentamiento con Carrillo resultó en su expulsión del PCE, destino que también sufrieron otros de sus compañeros, como el legendario Enrique Líster. Agustín Gómez murió en Moscú en 1975, unos pocos días antes que el dictador Franco. Tenía 52 años.

    Una institución como jugador, entrenador y profesor

    El nombre de Ruperto Ignacio Sagasti San Vicente trasciende el terreno de juego y llega hasta el de la docencia. Nacido en 1923 en Cabredo, una aldea navarra, su infancia transcurrió en Bilbao hasta que en junio de 1937 se embarcó en el puerto de Santurce junto con otros niños rumbo a Odesa.

    Sus dotes futbolísticas no pasaron desapercibidas. En 1942 ya formaba parte del potente Spartak de Moscú, pero la competición se suspendió a causa del conflicto y Sagasti fue destinado a una fábrica de armamentos. Acabada la contienda, vuelve al Spartak. Aunque solía jugar de mediocentro, su prestación era polivalente y contribuyó a los éxitos del equipo: campeón de Copa de la URSS en 1950 y de liga 1952. Pero una grave lesión de rodilla cercenó su progresión en el césped, que trasladó al Instituto de Cultura Física, donde se licenció. Entrenó a varios equipos y el Athletic de Bilbao quiso ficharle como técnico, pero las autoridades franquistas lo impidieron. También trabajó en Argelia, en la ciudad de Batna.

    En 1957 obtuvo la cátedra de Fútbol en el citado instituto y comenzó una labor metodológica de la que se benefició todo el fútbol soviético, pues Sagasti formó a los entrenadores que dirigieron a los equipos soviéticos en sus primeros éxitos europeos a nivel de clubs (Dinamo de Kiev, campeón de la Recopa de Europa en 1975 con Valery Lobanovski como técnico). El Athletic de Bilbao intentó de nuevo contratarle en 1975 para dirigir su escuela de fútbol en Lezama, pero la operación se frustró (de hecho las negociaciones transcurrieron en París, pues a Sagasti no le fue concedido un visado para entrar en España). Sagasti formó parte del equipo técnico de la selección soviética que acudió al Mundial de México'86.

    Cada vez que un equipo español se cruzaba en una competición europea con un equipo soviético, allí estaba Ruperto Rupertovich Sagasti, haciendo de todo: enlace, intérprete, gestor, lo que hiciera falta. Durante los años de la perestroika, fue Sagasti quien medió en los fichajes de futbolistas soviéticos para equipos de la liga española. El del portero tártaro Rinat Dassaev para el Sevilla CF en 1988, fue el primero y el más sonado, pues Dassaev estaba considerado como el mejor guardameta del mundo en los años ochenta. A partir de ahí, toda una cascada de jugadores llegaron de su mano, como Valery Karpin, en cuyo fichaje para la Real Sociedad de San Sebastián también intervino. Sagasti falleció en Moscú en 2008, a los 85 años de edad.

    Del césped al campo de concentración

    Otro de los futbolistas españoles que alimentó una voluntad de hierro fue el donostiarra José Larrarte Belaustegui. Junto con otros 73 compatriotas se alistó como voluntario en la Milicia de Leningrado en 1941 para combatir a los agresores nazis. Tenía 17 años.

    El joven Larrarte, que ya destacaba como futbolista, fue hecho prisionero en el frente de Karelia y encerrado en un campo de concentración antes de ser repatriado a España en 1943. Como todo español proveniente de la URSS, tenía la obligación de presentarse cada 15 días en comisaría y soportaba el hostigamiento de las autoridades de un país que era aliado del Eje. Buscó un equipo con denuedo y acabó por incorporarse al Málaga en calidad de defensa, donde jugó varias temporadas hasta 1959. Tiene 95 años.

    Los nacidos en la URSS

    Juan Usatorre Cánovas nació en Moscú en 1941, hijo de padres españoles exiliados (su padre fue un teniente-coronel del Ejército de la República). Fue el defensa central titular del Dinamo de Minsk en los años sesenta y llegó a ser internacional con la URSS, si bien solo en una decena de partidos amistosos.

    Usatorre llegó a ser muy apreciado por la prensa y la afición. Espigado (1,85 m), contundente y de apellido impronunciable para los rusos, antes de recalar en Bielorrusia jugó en equipos como el Torpedo, Lokomotiv e incluso el Spartak, todos de Moscú. De estilo adelantado a su tiempo ―según sus excompañeros―, jugó 108 partidos entre 1962 y 1965 con el Dinamo de Minsk, no pasando desapercibido para los responsables de la selección soviética, que lo reclutaron para el equipo nacional. Así fue como Usatorre compartió equipo con el insuperable Lev Yashin, la legendaria Araña Negra, durante una gira de la URSS por Latinoamérica, donde empataron 2-2 con Brasil en el mismísimo estado de Maracaná. Usatorre se retiró a principios de los años setenta con la frustración de no haber podido ser oficialmente internacional. Retornado a España en 1983 junto a su madre, murió prematuramente en Barcelona en 1989 a causa de un agresivo sarcoma en su pierna derecha.

    Nemesio Pozuelo Plazuelo fue otro destacado futbolista español en la URSS. Nacido en Járkov en 1940, era hijo de Nemesio Pozuelo Expósito, destacado dirigente comunista y miembro del Comité Central del PCE que se exilió a la Unión Soviética con su esposa tras el fin de la Guerra Civil en España. Entre 1959 y 1964 Nemesio hijo jugó en el Torpedo de Moscú. Delantero habilidoso, contribuyó al doblete que su equipo logró en 1960: Liga y Copa de la URSS. Después jugó una temporada más en el Spartak de Moscú y en el Zenit de Leningrado. En 1996 se mudó a España, donde reside en Velilla de San Antonio, al sureste de Madrid.

    Y no sólo destacaron en fútbol

    Algo tenían en la sangre los españoles en la URSS, una especie de gen deportivo. La prueba es que no sólo destacaron en fútbol, como muestra el hecho de las grandes carreras que desarrollaron dos hijos de matrimonios mixtos (española y ruso) en hockey sobre hielo y baloncesto.

    Citar el nombre de Valery Jarlámov es entrar en el olimpo de los dioses del hockey sobre hielo. Hijo de Carmen Orive Abad, alias Begoñita, una niña de la guerra natural de Bilbao acogida en la URSS en 1937, Jarlámov, que nació en 1948 en Moscú, está considerado como una de las mayores estrellas mundiales de todos los tiempos en este deporte. Doble campeón olímpico (en Sapporo'72 e Insbruck'76) y ocho veces del mundo, el delantero del CSKA de Moscú es autor de una de las jugadas más geniales de toda la historia, que ejecutó durante un enfrentamiento legendario: el que protagonizaron en 1972 la selección de la URSS contra la de Canadá, formada íntegramente por jugadores de las ligas profesionales de Canadá y Estados Unidos.

    Era el primer partido de las Summit Series, que con un formato de cuatro partidos disputados en Canadá y otros cuatro en la URSS, enfrentó por primera vez en la historia a jugadores profesionales contra los teóricamente amateurs. La prensa canadiense y la opinión pública no concedían a priori ninguna posibilidad de triunfo a los soviéticos, que a los dos minutos ya iban perdiendo 2-0. Pero una impresionante reacción de la escuadra roja obró un vuelco increíble en el marcador y acabó dominando el partido por 7-3. Jarlámov consiguió dos tantos, uno de ellos de factura inconcebible, desbordando hábilmente a sus defensores a velocidad de vértigo. El periodismo especializado norteamericano cayó a sus pies. Auténtico ídolo de masas en la URSS, falleció en 1981 junto a su esposa en accidente de tráfico. Su vida ha sido llevada a la gran pantalla.

    José Biriukov Aguirregabiria, o simplemente Chechu Biriukov (Moscú, 1963) es otro de los representantes de la estirpe deportiva de origen vasco que se desarrolló en la URSS. Hijo de Clara Aguirregabiria, natural de la localidad vizcaína de Ortuella que partió junto a otros miles de niños hacia a la URSS en 1937 desde Santurce, tuvo una amplia carrera baloncestística en la Unión Soviética y en España.

    Alto y de piernas poderosísimas (1,93 m y 90 kg), destacó en las filas del Dinamo de Moscú, donde se desempeñó en la posición de escolta y desarrolló un peculiar pero muy efectivo tiro de larga distancia, al que no dotaba prácticamente de arco. Fue internacional junior por la URSS y también jugó en una veintena de ocasiones con su selección absoluta en partidos de carácter amistoso, si bien algunos de ellos fueron legendarios, como los celebrados en EEUU durante la gira de la selección soviética en el otoño de 1982 por ese país para enfrentarse a los mejores equipos universitarios estadounidenses.

    Junto con toda su familia y con apenas 20 años de edad, Chechu Biriukov retornó a España en 1983, estableciéndose en Madrid. Había fichado por el Real Madrid, club con el que consiguió varias ligas y copas a nivel nacional y, sobre todo, la Euroliga de 1995, así como una Copa Korac y dos Recopas de Europa. Fue olímpico en dos ocasiones con la selección española, en Seúl'88 y Barcelona'92. A su retiro en 1995, se dedicó a la representación de actores. En la actualidad regenta en la capital española un restaurante de éxito, el Bistró Biriukov.

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    Valeri Jarlámov, Nikita Simonián, evacuación, Guerra Civil de España, URSS, niños de la guerra, Athletic Club de Bilbao, Rinat Dasáyev, Atlético de Madrid, FC Spartak, fútbol
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