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    El partido de octavos de final de la máxima competición europea enfrenta en suelo italiano al Nápoles con el FC Barcelona. Choque a cara de perro y de resultado a priori incierto, la presencia en el estadio San Paolo de Leo Messi y el persistente recuerdo en la grada de Diego A. Maradona condicionan de inicio el ambiente que rodea al encuentro.

    Las comparaciones son inevitables. A la espinosa pregunta de quién es el mejor futbolista de la historia, la respuesta se zanja definiendo su nacionalidad: un argentino. Y en el encuentro de ida de los octavos de final de la Liga de Campeones, tal cuestión revolotea necesariamente sobre el partido que enfrenta el 25 de febrero al FC Barcelona con el local Nápoles.

    Tal es la magnitud de las dos figuras emblemáticas de cada equipo. Uno juega en la actualidad para el club catalán, el otro lo hizo en el pasado para el equipo napolitano. Pero el envite para Messi es doble; porfiar en pos de la victoria del conjunto blaugrana y ofrecer un juego que dispute el recuerdo de la monoteísta grada napolitana, donde Maradona sigue siendo su Dios todopoderoso. Porque San Paolo es tal vez el único estadio del mundo en que Leo Messi no es reconocido como el mejor futbolista de todos los tiempos.

    Un cruce eliminatorio

    El partido en sí encierra muchos alicientes, aparte de dilucidar quién continuará adelante en la competición europea. Alojado en posiciones intermedias de la tabla en el campeonato italiano, el Nápoles no obstante ha sido capaz de derrotar (2-0) esta temporada en San Paolo al vigente campeón de Europa, el Liverpool.

    Sucedió en la fase de grupos de la Liga de Campeones, cuando el equipo que entrena Gennaro Gatusso también arrancó al campeón un empate (1-1) en su casa de Anfield. Y es que el Nápoles se crece en Europa, donde no arrastra sus modestos resultados en la liga italiana. Por el contrario, el Barcelona acude a Nápoles luego de golear al Eibar en la competición doméstica con cuatro tantos de su figura argentina a pocos días del choque con su archirrival, el Real Madrid. El equipo que entrena Quique Setién desde enero tiene ante sí confirmar la recuperación de su juego y resultados, todavía en duda.

    Un partido lleno de simbolismo

    Internacionales ambos por Argentina y con numerosos títulos ganados para sus clubes, la gran diferencia deportiva entre Leo Messi y Diego Armando Maradona estriba en que el primero todavía no ha podido conquistar el cetro mundial con la selección albiceleste. Pero la dimensión del segundo excede al ámbito deportivo.

    De resultas, Maradona representa la versión de un dios futbolístico de naturaleza dionisíaca, mientras que la personalidad de Messi quepa tal vez calificarla de apolínea. Si al primero lo caracteriza un talento desbordante en consonancia con su gusto por el exceso, su relación con el lado salvaje de la vida y la confesión de su ideario político, al juego del segundo, tan cerebral como fascinante, cabe encuadrarlo dentro de una forma de ser más recatada y de declaraciones comedidas.

    El público dicta sus favoritos. En el caso del napolitano, la cuestión es de una fe basada en datos mensurables. Porque aun cuando Messi y el Barcelona les machacaran, en Nápoles el recuerdo de Maradona, una suerte de presencia omnipresente, aquel que recogió un pingajo de equipo y lo hizo campeón, aquel al que incluso los oscuros poderes fuera de la ley del sur de Italia determinaron como intocable, es y seguirá siendo inabarcable

    Etiquetas:
    Real Madrid, Liverpool, Lionel Messi, Diego Maradona, FC Nápoles, Champions League, Liga de Campeones, FC Barcelona, fútbol
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