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    SAN SALVADOR (Sputnik) — Como periodista y apasionado de las carreras de fondo, el cubano Javier Clavelo ha visto muchas proezas en la evolución del atletismo, pero nunca pensó ver a un maratonista romper el muro de las dos horas, como hizo en Viena el keniano Eliud Kipchoge.

    "Pensé que nunca vería algo así, pero este hombre es una excepción, puro talento", confesó Clavelo a Sputnik desde Canadá, a propósito de la hazaña materializada por el recordista mundial de la maratón, que cubrió los 42 kilómetros y 195 metros de la carrera en una hora, 59 minutos y 40 segundos.

    El corredor de 34 años de edad se impuso así en el Desafío Ineos 1.59, organizado en la capital de Austria bajo condiciones especiales, con el solo propósito de poner a prueba la capacidad humana para empujar sus límites y superarlos.

    Para Clavelo, que este registro no sea homologado por la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés) no le resta mérito a Kipchoge, pues su meta no era el récord, si no demostrar que el ser humano podía correr una maratón en menos de dos horas.

    "Parecía que esa marca sería inaccesible, pero desde que ganó el Mundial de París-2003 con apenas 18 años se sabía que Kipchoge era una excepción, y ahora que lo logró, estoy seguro de que luchará por repetirlo en una maratón oficial", aseguró el experto cubano, colaborador habitual de la IAAF en sus grandes citas globales.

    Sin dejar de reconocer el talento y la preparación del keniano, Clavelo advierte que este tiempo será muy difícil de conseguir sin la ayuda de las "liebres", como son llamados los corredores que sirven de impulso en la ruta y paraban contra el viento.

    "Es muy difícil hacerlo solo, puedes tener una liebre que te acompañe, pero a lo sumo te lleva hasta el kilómetro 30, y de ahí en adelante mantener un ritmo tan alto en solitario es muy difícil", señaló el también experto en pruebas de triatlón.

    Aún así, Clavelo insistió que fueron las piernas de Kipchoge las que lo llevaron hasta el final del desafío en el Prater de Viena, por eso confía en que el keniano pueda rebajar la plusmarca que estableció el 17 de septiembre de 2018 (2:01.39 horas).

    Para el reto de este sábado 12, Kipchoge corrió tras un vehículo cortavientos que le marcó el ritmo con un láser sobre el asfalto; vistió ropa y calzado especiales, recibió vituallas en la marcha y contó con un equipo de 41 "liebres" de primer nivel que se turnaban en grupos de siete cada cinco kilómetros.

    Entre las "liebres" estaba el estadounidense Matthew Centrowitz, actual campeón olímpico de 1.500 metros, y los legendarios maratonistas de origen keniano Bernard Lagat y Paul Chelimo, medallistas olímpicos y mundiales.

    La maratón comenzó poco antes del amanecer bajo una ligera neblina, con temperatura de 10 grados Celsius y una humedad del 90%, en un circuito llano y recto de 9,6 kilómetros que Kipchoge tuvo que recorrer cuatro veces y media de ida y vuelta.

    "Ya dije que los límites los tenemos en la cabeza", declaró Kipchoge tras romper la barrera de las dos horas, algo que intentó en el circuito italiano de Monza en 2017, con el patrocinio de Nike, pero falló por apenas 25 segundos.

    La propia marca de indumentaria deportiva también estuvo presente en el Prater: el corredor y sus acompañantes usaron las Nike Vaporfly %, cuarta generación de un modelo aún fuera del mercado, que mejora el rendimiento del atleta en un 5%.

    "Yo solo sé que he trabajado mucho. Siempre correr y siempre dormir. Así es mi vida. Y ahora tengo la Luna", replicó Kipchoge a quienes vislumbran un mero caso de dopaje tecnológico, incapaces de arruinar la felicidad del maratonista.
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    Eliud Kipchoge, maratón
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