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    Hermenéutica Geopolítica (150)
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    La adquisición del sofisticado sistema de defensa de fabricación rusa entraña todo un contexto de intereses geopolíticos que han desembocado en un hecho sin precedentes: la imposición de sanciones por parte de Washington a un Estado miembro de la OTAN. Los expertos relacionan el juego dual de Turquía con una agenda propia en un mundo multipolar.

    Tras la confirmación en octubre de que Estambul está probando las baterías del sistema defensivo de fabricación rusa que adquirió en julio de 2019, violando así la política de sanciones de Washington contra Moscú, el presidente estadounidense Donald Trump anunció represalias contra Turquía.

    Las sanciones fueron formuladas el 14 de diciembre por el Departamento del Tesoro de EEUU y tienen como objetivo la presidencia y directivos de Industrias de Defensa (SSB, por sus siglas en turco), el consorcio que aglutina en Turquía a las empresas del sector militar. La compra de los S-400 supuso la conculcación de un régimen de sanciones aprobado en el verano de 2017 por el Congreso y el Senado estadounidenses, dirigido también contra Irán y Corea del Norte, que prevé castigar a cualquier país que realice "adquisiciones significativas" de material militar o de inteligencia con Rusia, que, como manifestó el Secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, EEUU "no va a tolerar".

    Este programa de sanciones (CAATSA, por sus siglas en inglés) solo se había aplicado con anterioridad una vez. Fue contra China, luego de que este país comprara a Moscú sistemas S-400 y aviones de combate polivalentes Su-35.

    Se tensa la relación

    A la compra de los S-400, siguió la expulsión de Turquía del programa de los cazas F-35, el caza más sofisticado de la Fuerza Aérea de los EEUU, por lo que ya no puede optar a su compra ni a colaborar a su producción. El Pentágono afirmó entonces que los S-400 rusos ponían en riesgo a los F-35 y dañaban la capacidad de cooperación de la OTAN. Pero Turquía lo negó.

    "El objetivo [de Turquía] es diversificar para poder tener un sistema de defensa-ataque ante cualquier posible conflicto", declara a Sputnik Juan Antonio Aguilar, director del portal especializado Geoestrategia.es. "El empecinamiento de EEUU para que los turcos no compraran los S-400 cuando tienen la posibilidad de venderles los F-35, no es una cuestión económica; la OTAN sabe que en el momento en que se dispone de sistemas de armas no controlados por la propia Alianza, se convierten en un factor de soberanía a la hora de la política exterior".

    Las sanciones no se implementaron tras la compra, pero sí la presión sobre el presidente estadounidense. Trump, reticente a aplicarlas, sostenía que podían evitarse si Turquía finalmente no ponía en funcionamiento el sistema misilístico ruso, cosa que finalmente hicieron los militares turcos en octubre. La lógica de Trump se gobernaba por descargar las culpas en la Administración de Barack Obama, que según él rehusó vender a Ankara el sistema antiaéreo Patriot, de fabricación estadounidense, circunstancia que a juicio de Trump obligó a Erdogan a mirar a Moscú.

    Al respecto, Aguilar sostiene que los Patriot se beneficiaron de una publicidad que no se corresponde con su eficacia. "En la Guerra del Golfo, contra los Scud iraquíes de fabricación soviética de los años 50, su eficacia no fue muy elevada, tampoco en Arabia Saudí frente a los ataques de los rebeldes hutíes de Yemen, recuerda. "Es un sistema inferior al S-400 y al que tienen los israelíes. Y los turcos los conocen bien, pues unidades alemanas y españolas los han operado en la base de Incirlik, y de hecho las españolas siguen allí".

    Altos cargos de la Administración de EEUU han negado que a Ankara no se le ofreciera la oportunidad de adquirir sistemas Patriot, tal y como aseguró el 14 de diciembre a los medios de ese país Chris Ford, secretario de Estado adjunto para la seguridad internacional y asuntos de no proliferación. A su vez, el ministro de Defensa de Turquía, Hulusi Akar, afirmó el 15 de septiembre que las sanciones socavan "todos los valores de la alianza" entre ambos países.

    "Condenamos esta decisión que no cumple con la Alianza ni se ajusta a la actual realidad militar o política", declaró a la agencia turca de noticias Anadolu.

    ¿Pueden comprar armas rusas los países de la OTAN?

    India, China, Argelia, Irak o Venezuela se cuentan entre los habituales compradores de armamentos fabricados en Rusia. Y aunque es bastante inhabitual, varios países miembros de la alianza atlántica han suscrito en alguna ocasión contratos con el país eslavo en este ámbito. Grecia, Bulgaria y Eslovaquia, por ejemplo.

    En el caso de Grecia, el país heleno compró en su día los sistemas S-300, la versión anterior al S-400, así como helicópteros Mi-26, lanchas de desembarco aerodeslizantes y misiles antitanque, entre otros elementos. EEUU también ha adquirido armamentos rusos en algún momento, sobre todo en los años noventa, aunque mayoritariamente para fines de estudio. En general, la cuota que ocupan estos países en las ventas militares rusas es ínfima.

    En muchos casos la cooperación se reduce a contratos de mantenimiento y modernización del material soviético del que ya se disponía previamente, como ocurre con Eslovaquia, Bulgaria y también Hungría. Corea del Sur, que aunque no pertenece a la OTAN sí posee vínculos muy fuertes con EEUU, también adquirió en su momento, hasta 2007, tanques T-80, vehículos blindados BMP-3 y helicópteros Ka-32.

    "Es una especie de prohibición tácita, pero es algo que se ha cumplido a rajatabla", explica Juan Antonio Aguilar, detallando que en realidad la Alianza no tiene una norma que prohíba expresamente comprar armamento a Rusia u otros países ajenos a la organización. A su juicio, la cuestión de los estándares se convierte de facto en esa normativa. "Porque si hay que coordinarse entre países, cuanto más estandarizados estén, más sencillo será. Un estándar diferente, y el ruso lo es, afecta a todo: a los lanzacohetes, al software, a los calibres de la munición, a las frecuencias de comunicaciones y las de detección por radar… sería muy difícil de coordinar".

    En los materiales publicados por su servicio de Prensa en Bruselas desde 1993, se dice que los países miembros "conservan su entera soberanía y total libertad de acción para determinar la importancia y naturaleza de su contribución a la defensa común". Se consigna que la estructura defensiva de la OTAN precisa de parte de los Gobiernos "que tengan en cuenta en sus decisiones las necesidades globales de la Alianza".

    Entonces, ¿qué pasa porque Turquía compre unos misiles antiaéreos? "Se podría pensar que no es tan grave, pero sí lo es, porque esto entraña otras cuestiones muy importantes", explica Aguilar, que señala que a Grecia se le consintieron sus adquisiciones "porque ni eran importantes y, sobre todo, porque no tiene una agenda política propia. Y aquí está el quid de la cuestión".

    "Turquía tiene una geopolítica propia y con esto está poniendo ya una pata fuera de la OTAN, claramente"

    El contexto geopolítico

    El país otomano despliega una política internacional cuyas acciones se dejan sentir en varias zonas de calado estratégico, como pueda ser el Mediterráneo oriental y sus prospecciones de hidrocarburos en pugna con Grecia, su incursión en la guerra de Siria chocando con los intereses de EEUU y la actuación de Rusia, o incluso su apoyo a Azerbaiyán durante el último conflicto en Nagorno Karabaj.

    Para el politólogo Manuel Monereo, este contexto es "la transición geopolítica que estamos viviendo de un mundo unipolar a un mundo multipolar". En declaraciones a Sputnik, Monereo sostiene que en la situación actual el mundo "se abre" de nuevo. "Es como si en una partida de cartas, estas empiezan a repartirse de nuevo sobre una realidad ya concretada". "Ante esta oportunidad, Turquía no tiene empacho en jugar a ser una potencia político-militar emergente, cosa que ha sido toda la vida. Y es la propia transición geopolítica la que permite que juegue este papel".

    "Es decir, la decadencia de la hegemonía norteamericana hace que países que habían estado fuertemente alineados con EEUU, se den cuenta de esa debilidad y se planteen no tanto romper abiertamente como ganar autonomía, capacidad de intervención propia en un escenario cambiante, que en el caso de Oriente Próximo está cambiando radicalmente".

    "Turquía ha decidido hacer una cosa muy peligrosa, que es sentarse en dos sillas a la vez", añade Juan Antonio Aguilar. "Una es la de la OTAN y la otra la de Rusia, que le puede permitir un respaldo de apoyo militar si la OTAN decidiera cortárselo. Esto crea una situación de alta inestabilidad. Y también es un aviso a la OTAN: compra un sistema de armas que no está controlado por la Alianza, pues aunque la aviación de la OTAN es la más potente, los S-400 disponen de un software que no es bloqueable".

    Es decir, si Turquía operase sistemas antiaéreos del estándar de la OTAN, "cualquier país miembro conoce el software, por lo que llegado el caso lo podrían bloquear con facilidad. Con los S-400 esto no pasa". Aguilar explica que Turquía desea adquirir los cazas estadounidenses F-35 también por esta razón: "Ante cualquier potencial enfrentamiento con países que dispongan de armamento y aviones de origen ruso, el software de estos aviones no sería bloqueable. Si Turquía adquiriera cazas rusos, los rusos podrían bloquearlos".

    El juego a dos bandas y las sanciones

    "Viene de tiempo atrás", afirma Manuel Monereo, resaltando que Turquía está vinculada a la Organización para la Cooperación de Shanghai, "uno de los grandes organismos del mundo", al igual que Irán.

    "Es decir, mientras EEUU intenta por un lado propiciar una coalición antichina, pues se vislumbra una coalición global contra el eje chino-ruso, también se generan movimientos importantes, como el papel de Turquía, con una pata en los dos mundos".

    Turquía estaría tratando de obtener ganancias mediante una agenda geopolítica en la que se interponen rivales "como Grecia y Francia en el Mediterráneo oriental, por ejemplo", apunta Aguilar. "Y con Arabia Saudita lo mismo; los turcos son los valedores de Catar en estos momentos". Su posición se irá afianzando a medida que el tiempo transcurra, piensa este especialista. "Si no se toman medidas, a medio o largo plazo, Turquía abandonará la OTAN, provocando una crisis brutal, porque sería inimaginable que la OTAN se quedara sin ese espacio, sin ningún control sobre el Mediterráneo oriental, sin el control del estrecho de Los Dardanelos y el canal del Bósforo".

    Y estas medidas han venido en forma de sanciones. Para Monereo, estas solo son "el intento de salvarse del mundo que viene" por parte de EEUU y la OTAN, "una estructura político-militar que ha generado una cultura militar y relaciones interpersonales entre ejércitos y oficialidad a través de los años, pero que necesita redefinir su papel".

    Este politólogo apunta que el nuevo papel de la OTAN irá dirigido a contener a China "y al eje ruso-chino", pero no cree que las sanciones provoquen la salida de Turquía de la OTAN, aunque sí la suspensión de relaciones en un momento determinado "o su retirada del mando militar unificado". Su previsión es que el nuevo presidente de EEUU, Joe Biden, "contemporice mucho más" y no profundice en la política de sanciones.

    "Pero la trascendencia es enorme, se sanciona a un país dentro de la OTAN por comprar armamento ruso".
    Tensiones con EEUU

    Las relaciones de Turquía con este país son tensas, y no solo a cuenta de los S-400. Uno de los motivos es la negativa de Washington a extraditar al clérigo Fethullah Gülen, acusado en Turquía de instigar el fallido golpe de Estado en julio de 2016. A su vez, Turquía también detuvo ese mismo año a ciudadanos estadounidenses, bajo acusación de espionaje y de brindar apoyo a lo que Ankara considera "organizaciones terroristas".

    "Erdogán acusa al clérigo porque no tiene pruebas para acusar a quien lo manejaba", subraya Aguilar. "Es impensable que un líder religioso residente en EEUU [desde 1999] pueda planificar un golpe en Turquía sin el acuerdo, complicidad, complacencia o lo que sea de los servicios de inteligencia norteamericanos". Este experto entiende que fue tras el intento de golpe de Estado cuando el primer ministro Recep Tayyip Erdogan vio que "EEUU no tiene amigos". "Ahí ve la realidad y piensa que es mejor tener enemigos en otro lado cuando los amigos son peores, ahí empieza a tener un plan propio, buscando primero la conciliación con Rusia", explica.

    "Turquía tiene la percepción de que EEUU intervino directa o indirectamente en el intento de golpe de Estado contra Erdogan", conviene Monereo, aludiendo al "poder interno" que ejerce este país mediante los militares turcos "históricamente más ligados" a la OTAN.

    "La OTAN siempre ha tenido un componente político-ideológico muy fuerte que se tiende a ignorar en países como España, y es una zona de influencia interna de EEUU a través de las estructuras militares de los países miembros". En el caso de Turquía, concluye este politólogo, esta circunstancia se tradujo en el país "en una red de oficiales y servicios secretos que en algún momento EEUU activó y movilizó para intentar echar a Erdogan. Por eso él sabe que EEUU ha estado interviniendo".

    En este complejo equilibrio que busca Turquía aun a costa de las tensiones euroatlánticas, Erdogan también está "cerrando frentes". "Ahora mismo está abandonando sus posiciones en Siria", recuerda Juan Antonio Aguilar. "Ha abandonado cinco puestos, cediéndoselos al Ejército sirio. Se retira tal vez con la intención de que los rusos hagan la vista gorda en la zona kurda, es evidente que hay acuerdos ocultos. Él sabe que no puede mantener tantos frentes a la vez". Aun así, este especialista recalca que el líder turco no solo ha sobrevivido a la difícil coyuntura de la que partía en 2016, sino que su posición ahora es fuerte y "no le importan las sanciones".

    "Es difícil mantener este equilibrio. Al final alguien te quita una de las sillas. Pero de momento Erdogan está jugando sus bazas de manera muy inteligente".
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    Manolo Monereo, Juan Antonio Aguilar, F-35 Lightning, seguridad, geopolítica, Mike Pompeo, Rusia, compra de armamento, sanciones, OTAN, Recep Tayyip Erdogan, Ejército de Turquía, Turquía, S-400 Triumf
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