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    Japón y Estados Unidos habían alcanzado un acuerdo para que el país norteamericano colocara en suelo nipón una base del Sistema de Defensa de Misiles Balísticos Aegis. Sin embargo, Tokio decidió abortar el proyecto en el último momento. ¿A qué se debe esta decisión tan inesperada?

    El plan inicial, trazado ya en 2017, era adquirir dos sistemas Aegis como complemento a los sistemas antimisiles marítimos y los misiles Patriot, destinado todo a proteger a Japón tanto de Corea del Norte, cada vez con más potencial balístico, como de la vecina China.

    No obstante, la prefectura de Akito, donde se planeaba instalar el nuevo sistema, temía a la radiación electromagnética que podía provocar la instalación, y tras una serie de protestas por los habitantes de esta región japonesa se tomó la decisión de buscar una nueva ubicación para el sistema de misiles.

    En principio, esta decisión tenía que ser anunciada antes de finales de mayo, pero fue aplazada hasta el 10 de julio. Al parecer, ahora, con casi 1.700 millones de dólares ya invertidos, el emplazamiento del nuevo sistema ha sido cancelado.

    Según el ministro de Defensa nipón, Taro Kono, esta decisión fue tomada porque los diseñadores de Aegis no pueden garantizar que las etapas de los misiles no caerán sobre áreas urbanas e incurrir en gastos complementarios para garantizar las medidas de seguridad ha sido calificado como ilógico por Kono.

    Con ello, el columnista del medio Vzglyad Guevorg Mirzayán destaca que lo más probable es que esta decisión fuera tomada personalmente por el primer ministro japonés, Shinzo Abe. No obstante, Mirzayán considera que esta decisión no parece ser típica de Abe.

    Recordemos que el primer ministro nipón tiene una agenda política basada en el apoyo incondicional a EEUU y su Gobierno, en el que encuentra prácticamente a su único aliado a nivel mundial hoy en día. Abe fue el primero y casi el único dirigente de un país aliado a EEUU en felicitar a Trump por su elección como presidente en 2016.
    Por lo cual, podría considerarse que con esta decisión el primer ministro japonés está retando a Donald Trump, opina Mirzayán.

    Un giro en los acontecimientos

    Desde entonces, la clase política japonesa se ha mantenido fiel a la Administración Trump y ha permanecido como uno de sus principales socios comerciales. Pero ahora la situación ha cambiado y a Japón no le es tan rentable la fórmula que ha venido utilizando estos años.

    Por un lado, ahora invertir tantos recursos en un proyecto del que la población no está convencida y que no es imprescindible, dado que el país del sol naciente cuenta con otros sistemas antimisil, no es, ni mucho menos, prioritario. Además, existe la versión de que el Aegis Ashore resultó ser un proyecto excesivamente costoso.

    Así, la suma inicial del contrato ascendía a 2.000 millones de dólares, pero desde entonces se ha duplicado hasta los 4.200 millones de dólares. Según los funcionarios japoneses, este sería el coste de la adquisición de este sistema y su mantenimiento a lo largo de 32 años.

    Especialmente teniendo en cuenta que tras la pandemia de coronavirus será necesario que el Gobierno japonés invierta millones y millones de dólares en apuntalar la debilitada economía y que quizá no sea demasiado inteligente tratar de seguir contentando a Trump cuando puede que este abandone la Casa Blanca muy pronto, opina el columnista.

    Sin embargo, James Schoff, exfuncionario del Pentágono tiene otra forma de interpretar este cambio del rumbo del Gobierno japonés.

    "El ministro de Defensa Kono y su equipo, con el beneplácito del primer ministro Shinzo Abe, simplemente se han tomado una pausa para replantearse la situación. Y, de paso, para presionar a EEUU para que este se involucre más en la regulación de los precios de las exportaciones y en las cuestiones técnicas", considera Schoff.

    Por su parte, Mirzayán opina que Trump se va a tomar esto como un reto personal, dado que con este movimiento Japón beneficia a China y Rusia, quienes acostumbran a criticar los sistemas antimisil estadounidenses por ser demasiado caros, peligrosos e inservibles.

    Pero, sobre todo, porque hasta ahora Japón daba a EEUU la vía perfecta para instalar misiles muy cerca de China y Rusia, ya que el país insular no forma parte del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio ni de otros acuerdos similares. Por lo tanto, si Tokio corre su cortina, Washington tendrá que añadir un ítem más a su lista de preocupaciones.

    Etiquetas:
    Aegis, Japón, EEUU
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